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La teoría de la conspiración

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  Teódulo López Meléndez Podemos hacer seguimiento a las “conspiraciones” en las redes sociales. Todavía encontramos tuits que nos dicen que Hitler escapó a América Latina o que a Trump le robaron las elecciones los pedófilos que controlan Washington o que China lanzó el Covid de manera intencional para dominar el mundo. La teoría conspirativa explica los sucesos de manera contraria a la verdad. Los tratadistas prefieren usar la palabra conspiranoia , una que se adapta perfectamente a buena parte del conglomerado venezolano. Siempre hay grupos en un acuerdo secreto para perseguir objetivos malvados. En la conspiranoia hay grupos poderosos, desde gobiernos hasta grupos étnicos, aseguran. Y las creen porque son sencillas y asequibles, porque responden a lo que previamente creían, lo que los afinca en la seguridad de sus creencias. En el terreno de la psicología nos “confirma” que estamos enterados de lo que sucede, da seguridad de que controlamos la información y, por ende, e...

Reinventar contra el desencanto

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  Teódulo López Meléndez Los conflictos forman parte connatural de lo humano, pero el hombre siempre tuvo la intención de comprenderlos y de ejercer sobre ellos toda la fuerza que permitiera transformarlos. Hoy mira la realidad con cansancio y el pesimismo se establece como un pesado herraje que impide el poder transformador de la cultura. Quizás piense que el conocimiento que ya tiene de la historia es suficiente para autocondenarse. Es una particular ataraxia que sustituye con   imperturbabilidad la condición alerta.    La insatisfacción con lo existente parece haber perdido su capacidad de motorizar el eterno viaje hacia el conocimiento. El hombre ha perdido la fuerza para imponer la sumisión de la realidad al orden simbólico. El cansancio ha alcanzado hasta el comprenderse a sí mismo. Parecemos presididos por una renuncia a la necesidad básica de sentido. Nunca como ahora el hombre ha dejado de saber lo que es. El hombre no es un simple marchante hacia ...

La pasividad erradicada

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    Teódulo López Meléndez   Frente a las elecciones hay que erradicar la pasividad. No se puede andar con lamentos sino imponiendo mediante una decisión de elegir al mejor con chance de ganar. Frente al abuso de algunos no podemos convertirnos en consumidores pasivos, sino dejando de comprar a quien abusa calculando el valor del dólar como le da la gana e imponiendo precios abusivos.   La pasividad es una renuncia a la propia vida, puesto que recibe la acción del agente sin involucrarse en lo que es una etapa de ella. La pasividad es una renuncia a la voluntad, un abandono del compromiso.   Es lo que los filósofos han denominado capas situadas por debajo de la actividad yoica.   Quizás fue Edmund Husserl (Problemas fundamentales de la fenomenología) el primero en abordar el tema de la pasividad al afirmar su abandono del platonismo estático y afirmar que  “la conciencia se origina a partir de la conciencia”, o que se asume el deven...

El olvido a los flautistas

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  Teódulo López Meléndez Las primeras decisiones deberán, en buena parte, ser modificadas por las segundas decisiones. Una cosa son los enunciados y otra los que elegiremos. El discernimiento obliga a superar la mera condición de elector para ser algo más, si es que el país en su conjunto logra visualizar que estamos ante una elección que va más allá del mero nombramiento de gobernadores, alcaldes, diputados y concejales. El estentóreo fracaso obliga, no sólo por primera vez en mucho tiempo a un recuento real y verídico de la alineación de las fuerzas, sino a una siembra de un liderazgo emergente. Estamos ante un caso de implosiones, de caída de mitos y leyendas, de falsos liderazgos y de invenciones a la manera que se las fantasearon los trovadores. El país está obligado a liberarse, a votar por encima de gríngolas y tapaojos, realmente obligado a elegir. El país debe dejar de lloriquear y de seguir utilizando esas expresiones que se leen en las redes, tales como “se me qu...

Letanía

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  Teódulo López Meléndez   “Mi interino será eterno”, resuena por los pasillos del Parlamento europeo y no, no es que estemos invocando a Apuleyo y a El asno de oro en términos de transformaciones. No es que haya más apelaciones en Cabo Verde que ambiciones en materia de candidaturas en Venezuela. Es que la lógica se disloca y caminamos hacia la fecha y todo exige se diga con frases breves, no más de dos líneas en resumen de las desventuras. Es que los caballos texanos van a ser reemplazados por camellos. Es que “la chica de Helmut Kohl” se marcha a hacer mercado. Es que los volcanes deciden eructar. Es que las universidades ahora se descubren perseguidas cuando negaron al país la lucidez sobre la sombras. Si el 21N se hace fecha de desastre será responsabilidad de los ciudadanos que no terminaron de serlo. Si la última bofetada no les causa efectos y la política no implosiona, pues tendremos ad infinitum a Agustín Lara cantando “cuando llegues a Madrid...

Plauto el truculento

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  Teódulo López Meléndez Este país se llena cada día de truculencia. Son los hechos truculentos los que constituyen nuestra cotidianeidad política. Los truculentos están por todas partes, desde el funcionario público que cree su obligación es no responder ni a una solicitud de información hasta el que atribuye a las iguanas hechos de sabotaje; desde el que acusa a un líder comunista de ser agente de la CIA hasta los maniobreros que reviven personajes extintos de la anterior administración norteamericana para justificar su fracaso y encontrar un chivo expiatorio. Se dice que este país ha regresado al siglo XIX pero, ante tanta truculencia, uno va a dar al siglo II a.C a encontrarse con el comediógrafo latino Plauto. Allí, en su obra Truculento , uno encuentra los caracteres bárbaros, el relato de los bajos fondos, en fin, una obra pesimista y una cínica visión de la condición humana. Truculentos, del latin truculentus , tal como da la palabra la RAE manteniendo sus raíces la...

La copia desmejorada

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  Teódulo López Meléndez   El asunto es el de los efectos dañinos del mundo tecno-mediático sobre la democracia hasta arribar al planteamiento de una eventual incompatibilidad de los valores democráticos con las normas universales de la comunicación. Si el hombre se convierte en un   mero animal simbólico este sistema político habrá perdido toda racionalidad. El hombre se está convirtiendo en alguien que no entiende, en alguien sin capacidad de pensamiento abstracto. Ese viejo carcamal llamado partido político depende ahora de fuerzas que escapan al trabajo de captación de miembros o a los planteamientos profundos sobre proyectos de gobierno. Si la democracia es un ejercicio de opinión, o “gobierno de opinión” conforme a la definición de Albert Dicey, la democracia es un cascarón vacío, pues como bien lo observa Sartori, las opiniones son “ideas ligeras” que no deben ser probadas. Hemos visto como los llamados “programas de gobierno” que antes elaboraban los asp...