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La cultura del desvarío

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  Teódulo López Meléndez   Se han establecido comportamientos uniformados. Y se hacen hábito. La experiencia cotidiana se estructura y a su vez estructura a la sociedad. Podríamos decir que tenemos una “cultura del desvarío”. Reproducimos, así, el estado del cerco. Esta es ya la manera de vivir de los venezolanos. Ya somos otros. Ahora somos un capital social disminuido. Dentro de esta sociedad reconformada se está haciendo inviable el ejercicio democrático, no se le considera forma de expresión lógica. Negar es el nuevo hábito, pero lo compensamos con reflejos amenazando con las acciones más violentas, mientras acusamos, al que se mueve sobre la lógica, de colaborar con la nueva estructura de hábitos y comportamientos. Los principios esenciales han sido trastocados y ya no funcionamos derivando de ellos. Es posible cambiar la subjetividad humana, lo que hace necesaria la multiplicación de la voz de la inteligencia hoy adormecida. Por ejemplo, el hábito del crecimi...

El continuo de la degradación

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Teódulo López Meléndez Para esta fecha todo indica un agravamiento de la situación del país, uno progresivo como hasta ahora, pero uno que puede dar saltos cuantitativos y cualitativos. Cuando hablo de ello me refiero a los venezolanos, a su cotidianeidad, a un día a día preñado de sobresaltos y de carencias, todo enmarcado, obvio, en un cuadro político de cegatos irresponsables.  El elemento clave de este último se llama elección parlamentaria, pues continúa degradándose. Se gira sobre ella desde el ángulo de la miseria, en ningún caso como el de asimiento de una posibilidad de apertura de las ventanas a la entrada de aire a una población con serios problemas respiratorios. El oficialismo juega mezquino, como es su hábito, pensando sólo en liquidar de una vez lo del “gobierno interino”, y obviando el inmenso daño que se causa a sí mismo cada vez que cruje cuando se le plantea el aplazamiento electoral. El oficialismo ha llegado a tal grado de torpeza que se asume como el más r...

Un nuevo realismo

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Teódulo López Meléndez Hay obsesiones rondando el imaginario colectivo. Una de ellas es la palabra legitimación, una que surge cualquiera sea el movimiento o la toma de postura de alguien. Otros alegan no podemos depender de la voluntad ajena, olvidando quien tiene el ejercicio real del poder y, por consiguiente, a quien habría que torcerle el brazo para obtener un resultado acorde al planteamiento que se quiere materializar. La obcecación preside. Todo lo que se haga legitima, a lo que hay que añadirle los cierres de toda capacidad de raciocinio, encerrados como andan en posiciones tan sólidas como las de un bulto en henil. La ley de Sturgeon es un adagio derivado de una cita del escritor Theodore Sturgeon: "Nothing is always absolutely so" (Nada es siempre absolutamente así). Períodos drásticos como el que aún nos acosa hacen pensar que cualquier cosa que quede en pie posiblemente se requiera como un elemento a la construcción del futuro. La población,...

El hombre sin futuro

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  Teódulo López Meléndez Es evidente que si influenciamos el advenimiento de una nueva realidad es porque el presente no nos gusta y pensamos que el mantenimiento de las tendencias pueden conducir a resultados catastróficos. Como ya la utopía no es el incentivo es menester repensar al hombre inerte para que ejerza la reflexión sobre las ideas que han sido lanzadas al ruedo y crea en la posibilidad de su realización. La tarea comienza con la descripción de las taras del presente, con un llamado a la rehumanización, con el análisis puntual de las consecuencias posibles y con una acción que conlleve a su adopción y práctica. Es menester perseverar y verificar su grado de modelación sobre la realidad. Algunos ensayistas han llamado a esta sociedad democrática que he descrito como instituyente, y en permanente movimiento, una “sociedad de transformación”. Está basada, obviamente, sobre la auto-organización, una donde la interacción cumple su papel de mejorar mediante una toma de c...

Breve noticia

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  Teódulo López Meléndez Estos días he estado organizando un pequeño volumen que he titulado “Breve noticia sobre el hombre”. En efecto, las noticias sobre el hombre son cada día más escasas. Una paradoja se le agrega en el caso venezolano: si uno se remite a lo que escribía años atrás, décadas atrás, encuentra una repetición de los comportamientos viciosos, unos que escapan a las características democráticas o autoritarias de un régimen en turno, unos que parecen sembrados en nuestra psiquis y en nuestras prácticas políticas. En el contexto global vuelve a aparecer un divorcio entre las ideas y los gobernantes. El hombre se llena ahora de populismo y autoritarismo convencido de una democracia enclenque que no da respuestas. Si uno mira los años finales del siglo XX, el agotamiento ya está anunciado. Sin caer en determinismos históricos se presencia como, coincidente con esa medición del tiempo, brota el cansancio como norma, uno donde cambian las denominaciones o los adjetiv...

La falsa conciencia

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  Teódulo López Meléndez En los tiempos de las innovaciones tecnológicas el hombre posmoderno intuye que ellas se quedarán cortas. La decepción de este hombre lo lleva a la convicción de que restar sensible es utópico pues mantener los sentidos en alerta ante una felicidad que no llegará es necio. Diógenes irrumpe en la Atenas decadente. Siempre el cinismo lo hace en tales circunstancias. Sin embargo, el cínico de la antigüedad era un original solitario y un moralista provocador. En otras palabras, un marginal. Ahora el cinismo crece en el anonimato. El cínico de la posmodernidad es un asocial integrado, alguien que no comparte, pero que hace rutina de las prácticas y cumple los rituales que se le imponen. El hombre cínico de este tiempo cree saber lo que necesita, paradójicamente se cree un iluminado y así se hace apático. El cinismo se mezcla con sexismo y un falso concepto de “objetividad”, constituyendo así el tobogán por donde occidente se desliza. No subsiste una Aufk...

El hombre receptor

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  Teódulo López Meléndez El asunto que comienza a plantearse es el de los efectos del mundo tecno-mediático sobre la democracia. Ahora vamos más allá del poder massmediático en sí, para arribar al planteamiento de una eventual incompatibilidad de los valores democráticos con las normas universales de la comunicación. Si el hombre se convierte en un   mero animal simbólico este sistema político habrá perdido toda racionalidad. Giovanni Sartori lo define como “la primacía de la imagen, es decir, de lo visible sobre lo inteligible”. El hombre que “mira la pantalla” se está convirtiendo en alguien que no entiende. Los sistemas de medir la llamada “opinión pública” están trasladándose a un botón del telecomando y quien aprieta ese botón es alguien sin capacidad de pensamiento abstracto. Ese viejo carcamal llamado partido político depende ahora de fuerzas que escapan al trabajo de captación de miembros o a los planteamientos profundos sobre proyectos de gobierno. Las encuestas ...