Aprender del tiempo
Teódulo López Meléndez Era de día o era de noche, para aquellos que comenzaban a medir el tiempo. Tan elemental procedimiento no aparece aplicable en los contextos de la evolución actual de un mundo deformado. Los relojes de sol o de arena hoy han sido sustituidos por unos atómicos de extrema precisión, mientras los alborotadores –así podrían ser denominados- se enredan en drones y en misiles que pueden portar lo atómico y crean calendarios contradictorios de los ciclos lunares y solares. Se podría argumentar, en paradoja, que ya no miden el tiempo, sino que se esconden de él. Por los cambios estacionales, por solsticios y equinoccios, observaban, para siembras y eventos, mientras hoy no saben ni siquiera distinguir la oscuridad o las fases de la luna. El tiempo, ahora, para algunos, depende de la fantasía imaginaria, de los deseos de poder y del encendido de una vela que se chamusca. Ya el tiempo se mide con precisión, pero parece que el político sigue siendo una flor ...