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El nuevo mundo apenas se asoma

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      Teódulo López Meléndez El mundo se fracciona para recomponerse. Ambos movimientos se están dando en paralelo, aunque alguno se sucederá con mayor prisa, esto es, no se puede pretender una concordancia. El mundo no marcha hacia la anarquía, simplemente estamos en un proceso de creación de un nuevo orden, con toda la sismicidad que ello implica. La globalización sigue aquí, a pesar de movimientos aislacionistas, como también una regionalización supranacional. Al mismo tiempo los acuerdos se extienden entre países de continentes distintos. David Held ( La democracia y el orden global: Del Estado moderno al gobierno cosmopolita ) ha llamado al proceso una “democracia cosmopolita”, pues resulta obvio que la nueva forma implicará la necesidad de reinventar la democracia y la participación pluralista de los ciudadanos. Es obvio que habrá de redefinirse lo que hoy llamamos nacional ante el nacimiento de estos nuevos niveles espaciales y multidimensionales, como lo...

El dólar en la diana

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    Teódulo López Meléndez La clave está en Bretton Woods (1944) donde se decide que es el dólar la reserva monetaria mundial y donde se crean dos organismos, el Banco Internacional de Reconstrucción y fomento (BIRF), que luego se transforma en el Banco Mundial (1946) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Desde 1948 el sistema de comercio vino a ser regulado por el Acuerdo general sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT). Es esta la estructura del mundo económico internacional que hemos conocido en algo más de siete décadas. De la enfermedad terminal de Bretton Woods se habla desde hace años, pero ahora es más que obvia. El dominio ejercido por Estados Unidos sobre BM y FMI se originó en una realidad económica mundial agonizante. Ambas instituciones han ido perdiendo facultades y entorpeciendo iniciativas. Numerosas conferencias de la ONU sobre bienes públicos globales y desigualdad social se vieron obstaculizadas. Instituciones de Bretton Woods y la Organización...

Vigorizar la política

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  Teódulo López Meléndez Muchas cosas se aferran a formas caducas y cuando menos lo esperan una espita se abre y se desinflan. Lo mismo le sucede a sistemas políticos que ignoran la renovación y el cambio. Pueden durar hasta la edad madura -50 años se mantuvo el sistema político venezolano conocido como ‘etapa democrática”- o languidecer de adolescentes e incluso de niños. Sobre las ruinas de lo anterior se conforma lo nuevo, para bien o para mal, y a la amalgama hay que ponerle nuevas ideas y conceptos, pues bien puede suceder que se elabore una mala copia del pasado lo que conlleva a males mayores. La corrupción, enfermedad que liquida a muchos procesos históricos, proviene de herederos políticos que se dedican al gasto y al gesto ilimitados. La obra humana se desgasta como los cuerpos lo hacen al paso del tiempo. La vida de un hombre puede resultar en extensión insignificante frente a la duración de los procesos históricos, aunque hay procesos que no llegan a la vida de ...

Develar la palabra

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    Teódulo López Meléndez La palabra está devaluada, ha perdido su condición de apertura. La palabra como riesgo ha sido abandonada. La palabra se hizo tejné , es decir, técnica y cedió su espacio a la imagen. Tecnología y palabra han sido alzadas una frente a la otra; la primera es presentada como futuro y la segunda como inútil. El desvalimiento de la palabra conduce a un pensamiento comprimido. Se está falsificando hasta la memoria y sin memoria no hay lenguaje. Para entender al mundo no es necesaria a la palabra la conversión en espejo. La literatura, por ejemplo, aun conviviendo con la realidad, debe dejarnos visiones de cómo ese mundo podría ser. Cuando hablamos de literatura realista no estamos condenando la existencia de una, no, lo que alertamos es sobre una desprovista de fantasía. La palabra debe ser, como la filosofía, un escenario del choque entre el ser y el deber ser. La palabra construye anticipadamente y eso no excluye que la realidad pueda convertirse ...

El tiempo del desencanto

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  Teódulo López Meléndez La sociología del conocimiento nació porque se daba por sentada la relación esencial entre pensamiento y sociedad. Temas políticos y filosóficos entremezclados están ya en Lao Tse o en el profeta Isaías. La cultura griega es prolija para estos ejemplos. Al fin y al cabo hablar sobre la Polis era un método de decir y escuchar lenguajes. El discurso filosófico sobre la política tiene un ejemplo en La República de Platón. Si la oratoria “propiamente” política es sometida a una mirada incisiva vemos de inmediato su aspecto filosófico. Quizás podamos recurrir a una expresión un tanto extraña, como asegurar que la filosofía se encuentra en una discusión política de plaza. Grecia tenía dentro de sí el impulso crítico que le permitía revisar las concepciones sociales. O el uso de la tragedia como expresión de las aporías de la ciudad. O los historiadores en la búsqueda de una explicación para el obrar humano. Norberto Bobbio en Teoría General de la Polític...

La concretización de los símbolos

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      Teódulo López Meléndez Reclamemos a la sociedad venezolana un personalismo social y una relacionalidad en todos los ámbitos. La digresión permanente en que parecemos vivir se traduce en incoherencia. Es un requerimiento frente a una mediocridad que tiende a uniformar. Es urgente una reconsideración social del hombre venezolano que lo porte a la autoafirmación. Es menester llevarlo a un espacio de apertura a lo ilimitado. Para ello es necesario recurrir a un nuevo análisis del dinamismo social. El hombre venezolano sigue marcado con convicciones pasadas y aún sin comprender las formas emergentes. La existencia de otros como él aún le sigue pareciendo un ensamblado extraño y el desconocimiento de su poder le lleva a caer en el divertimento de un luego político a todas luces absurdo. Ya no puede haber mundos autárquicos como los que describe Fossaert, volcados hacia adentro, apenas transformados por un leve influjo gatopardiano. La situación venezolana no ad...

La aceptación de desafíos

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    Teódulo López Meléndez El asunto que comienza a plantearse es el de los efectos dañinos del mundo tecno-mediático sobre la democracia. Si el hombre se convierte en un mero animal simbólico este sistema habrá perdido toda racionalidad. El hombre que “mira la pantalla” se está convirtiendo en alguien que no entiende. Los sistemas de medir la llamada “opinión pública” están trasladándose a una tecla y quien la aprieta es alguien sin capacidad de pensamiento abstracto. Si la democracia es un ejercicio de opinión, o “gobierno de opinión” conforme a la definición de Albert Dicey, la democracia es un cascarón vacío, pues como bien lo observa Sartori las opiniones son “ideas ligeras” que no deben ser probadas. Numerosos analistas han señalado la desaparición de lo sensible y como hace del hombre un receptor que ve sin comprender. Ello explica la creciente e indetenible ignorancia de los políticos. Hemos llegado a una regla “tecnológica”: quien aparece conceptual no puede...