miércoles, 23 de febrero de 2011

El combate a la inseguridad: 16 propuestas





Teódulo López Meléndez

1.Droga 2. Armas 3.Odio social e ingrediente político 4. Policías y jueces honestos 5. Sicariato 6.Recursos 7. Cárceles 8. Cuerpo especial para las cárceles 9. Salud, empleo, educación 10. Tribunales especiales 11. Retraso procesal 12. Prevención 13. Policía de punto 14. Tolerancia cero 15. Servicios básicos 16. Formación de criminólogos

La inseguridad ataca en casi todo el mundo, aunque en Venezuela, por razones generales y específicas, seamos el escenario de una multiplicación delictiva que nos coloca entre los países más peligrosos del mundo. El hecho criminal ha cambiado en la medida que el escenario global lo ha hecho. La criminología ha mirado al delito como algo imposible de erradicar en su totalidad, desde las concepciones antropológicas y fisonomistas hasta las sociológicas o ecológicas.

El mundo contemporáneo presenta complejidades, por lo que las Naciones Unidas aprobó en 2000 el Protocolo de la Convención contra el Crimen Transnacional Organizado para enfrentar el delito de tráfico de personas. Lo que queremos hacer resaltar es que el asunto del delito no en simple y que está enmarañado en las relaciones sociales y políticas, hasta el punto que los más actualizados teóricos del delito atacan conceptualmente el problema de la criminalidad como empresa. El hampa tiene capacidad económica fuerte. Pero dejando atrás la teoría podemos concluir que existe el crimen organizado y el crimen ordinario. En Venezuela tenemos ambos.

El organizado generalmente ronda en torno al negocio de la droga, implica una organización y una jerarquía, usa la violencia y corrompe a los organismos encargados de combatirla. Quiero señalar entonces que el delincuente ordinario actúa en infinidad de ocasiones como consumidor, en estado de drogadicción, como víctima final del negocio empresarial de los estupefacientes. Combatir este cáncer ha requerido de una intervención transnacional, dado que las ramificaciones son tales que ningún país puede por sí solo enfrentarlo. Esta es una de las causas fundamentales del crimen desatado que vivimos en Venezuela. Somos un país de tráfico, como lo demuestran los continuos señalamientos de la prensa nacional e internacional que reseñan la captura de alijos en países incluso lejanos y transportados por medios venezolanos. Cabe preguntarse entonces hasta donde llega nuestra efectividad y nuestra colaboración internacional en el combate a este tráfico ilícito.

El segundo grave problema es el de la posesión ilegal de armas en una gruesa parte de la población, el que también se deriva de un tráfico ilegal muchas veces vinculado al de las drogas. Sin una operación de desarme efectiva, sin una restricción fuerte a la permisología para el porte de armas y sin labores de inteligencia que detecten las procedencias y las fuentes, será imposible erradicar el delito violento, el que infinidad de casos no tiene necesidad de ella, pero que la ejecuta en un ritual de drogadicción o de desprecio absoluto a la vida. Las mafias organizadas penetran toda estructura a su alcance.

En Venezuela tenemos un ingrediente político: desde el régimen se ha sembrado el odio social y se ha llegado, incluso, a intolerables justificaciones. El hampa entre nosotros bien podría ser considerada como instrumento de siembra de miedo.

Damos por sentado que el combate se debe dar con policías y jueces honestos, formados e incorruptibles, presunción que en este país no podemos adoptar, pero aún teniéndolos son de hecho sometidos a presiones intolerables. Aparece el sicariato, el encargo al delincuente menor de la ejecución de la violencia mortal. Incluso llega a hablarse de “empresas” de sicarios, una exigencia de organización y jerarquía adoptada del delito transnacional. La complejidad es tal que no basta con crear policías: hacen falta los premios continuos a los funcionarios del orden, una intensa labor de inteligencia que lleve a comprar infiltrados en las organizaciones criminales y una determinación absoluta de que los bienes de todo criminal apresado deben ser expropiados de inmediato, seguramente para la creación de un fondo en beneficio de los afectados y de los policías actuantes. Es obvio que no podrá darse efectividad al combate con tribunales que violan todos los lapsos procesales.

Dedicar todos los recursos necesarios al combate contra la inseguridad es una exigencia manifiesta u obvia, pero no basta. En buena parte, los anuncios en este sentido no son más que reacciones frente al clamor de la gente y muestra de una ausencia de política criminal con visión de Estado. En Venezuela tenemos otro problema, el de las cárceles, con hacinamiento y fuerte “educación especializada” en delinquir. Se arrastra este asunto desde hace muchos años sin que ningún gobierne encuentre la manera de resolverlo y de enfrentarlo. Por supuesto que la corrupción también llega a las cárceles, como vemos en los intercambios de disparos entre internos, en el consumo de droga o hasta en la dirección de delitos desde su interior. La desesperación ante el vencimiento de los lapsos procesales hace disparar la paciencia de los hacinados, lo que parece hacer necesario la constitución inicial de tribunales penales especiales para hacerle respetar sus derechos a los reclusos. Más aún, ya parece necesaria la formación de un cuerpo especial para dedicarse a la vigilancia de las cárceles y retirar a la Guardia Nacional de estos menesteres.

La delincuencia, ya casi parece una obviedad decirlo, se combate con educación, salud, empleo, con una determinación de acabar con la discriminación y la exclusión, por lo que toda lucha contra el delito y la inseguridad va inserta también en el programa de lucha contra la pobreza.

Hay que prevenir, como primera política, y en ella deben participar todas las instituciones y de manera especial la ciudadanía. Si en este país todas las denuncias se formulasen nuestros índices delictivos se dispararían, pero no se denuncia porque no se tiene ninguna confianza en las fuerzas del orden, porque los ciudadanos o no son atendidos o lo son mal y porque la respuesta ante la denuncia es una sin consecuencias.

Hay que prestar atención a todos los aspectos de la vida en la lucha contra el delito. Diversos organismos de la Organización de las Naciones Unidas han insistido sobre esto y puesto a la disposición todo el asesoramiento y asistencia que han recopilado desde la teoría criminalística y desde la experiencia. Hay que pedir esa asistencia.

Pero hay muchas cosas que se pueden adelantar. Debemos admitir que tenemos tribunales penales insuficientes, retraso procesal, cárceles como escuela del crimen, pero en la labor preventiva se pueden determinar factores como escasez de alumbrado público, puntos ciegos, drogas, armas, hábitos delincuenciales del secuestro y muchos más. La labor de inteligencia es vital: si se sabe donde están los delincuentes se sabe dónde irlos a buscar. Ya a esta hora debería estar trazado un mapa de los sitios donde el hampa se ceba.

Muchos funcionarios hacen hincapié en patrullas, motos y bicicletas para los agentes y eso está muy bien, pero debe regresarse al policía de punto, al que conoce su pedazo de ciudad, está familiarizado con los vecinos, se ha ganado su confianza, anda caminando su zona. Aquí hay que aplicar el principio de impunidad cero que comenzó a implementarse en el Metro de Nueva York y redujo considerablemente los índices delictivos de esa metrópolis. Hay que hacer redadas de localización de delincuentes como forma represiva. Hay que instrumentalizar un plan de choque.

Hay que formar criminólogos, dado que en este país cualquiera es el director de una cárcel e incorporarlos en todos los niveles, incluso el local. Un criminólogo es aquel que se dedica al estudio de la delincuencia desde su propia disciplina, pero una que contempla la sociología, la psicología, el derecho y la antropología. Con ellos, y bajo una exhaustiva investigación, otros organismos del estado pueden coadyuvar porque me permito recordar cómo se ha establecido que muchos barrios peligrosos de América Latina la falta de alcantarillado, de energía eléctrica y de gas, por citar sólo estos servicios, eran causas fundamentales del crecimiento delictivo. Por supuesto que entre esas causas el desempleo juvenil tenía prioridad.

Son apenas ideas, no puedo saberlo todo, pero a la hora de convocar a los expertos el político debe saber de que se le está hablando. Van estas ideas para una lucha contra la inseguridad, una que debe ser de todos. Lo propongo.

teodulolopezm@yahoo.com

Hablo de Libia, la apetecible"




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viernes, 18 de febrero de 2011

Educación e integración: lo propongo





Teódulo López Meléndez

Educación: el signo del nuevo gobierno

Comencé mis planteamientos al país advirtiéndole sobre las graves dificultades de la transición. Si bien el cuadro económico nos llamará a alarma y a previsiones drásticas, el nuevo gobierno democrático deberá dar señales inmediatas de su camino en la globalidad de lo que será su propósito y esencia. Es por ello que he dicho que debe declarar de inmediato la emergencia educativa.

Considero que el decreto de emergencia deberá incluir la revisión total del sistema, un aumento general de salarios a los educadores y un compromiso claro de cursos inmediatos e intensivos de actualización y modernización. Ya tengo visualizados esos cursos y quien los dirigiría. Ello incluye el uso masivo de la tecnología y el cumplimiento al cien por ciento de una computadora en manos de cada niño o joven escolarizado, programa ya iniciado por el presente gobierno.

Es, por supuesto, complicada la revisión total de los pensa, pero menos lo es adaptar el cuerpo educativo a las nuevas realidades y paradigmas del siglo XXI. Las disponibilidades financieras podrán imponer etapas en el reconocimiento salarial a nuestros educadores, pero se debe cumplir bajo el principio de que todos nos adaptamos a una enseñanza que exceda al caletre o a la memorización para convertirse en un proceso de formación de hombres y mujeres. Para ello tenemos la capacidad de magníficos profesionales que delinearán un proyecto educativo que nos permita avanzar aceleradamente hacia una sociedad del conocimiento y hacia una educación para la vida.

La educación está íntimamente ligada a la cuestión social. Hay elementos de especial atención como la deserción escolar o simplemente el no registro de un niño en una escuela, problemas ligados a violencia doméstica o a la pobreza extrema. No puede haber un plan educativo sin equipos asistentes en lo psicológico, en la atención a la familia de donde proviene el alumno y en el suministro de una alimentación balanceada. El Ministerio de Educación deberá ser un ente completo y complejo, uno de variadas especificaciones en su actuar.

Mención especial merece la educación universitaria. Entre los puntos esenciales de la deuda social está el atraso ya eterno en el cumplimiento de las obligaciones para con las universidades. Creo que puede establecerse un lapso de dos años como propósito para cancelarla, pero las universidades deben saber que, sin imposiciones de ningún tipo y en la absoluta libertad de la academia, deben avanzar hacia un proceso de reformas. Las universidades no pueden seguir como están. Debemos convertirlas en instituciones de primera. Entre todos debemos señalarnos un período no superior al de un período constitucional en busca de un nivel académico que las sitúe entre las primeras 500 del mundo, al lado de las universidades chilenas y mexicanas que han alcanzado ese rango.
La educación, entonces, debe ser mostrada como la prioridad del nuevo gobierno democrático. No podremos replanificar sin la declaratoria de emergencia. Tenemos personal de sobra para intentarlo, como podremos perfectamente enviar al exterior el personal que se lo merezca a estudiar los sistemas que han tenido éxito en el mundo y traer personal extranjero de alta significancia a participar en los cursos de actualización y empuje hacia adelante.
Nuestra participación en el contexto económico

Uno de los más grandes errores del presente régimen fue, por circunstancias políticas muy mal medidas, voltear la atención del país hacia Brasil y dar la espalda al camino andino. Con absoluta propiedad nuestra vía hacia la integración es el proceso ya viejo hoy llamado Comuinidad Andina de Naciones. El primer paso en esta materia deberá ser retirar nuestro retiro –valga la reiteración- de la CAN. El segundo, obviamente nuestro ingreso al MERCOSUR, el que sería aprobado sin contratiempos por tratarse de un gobierno democrático el que lo solicita. Discutir aranceles, hacer lista de productos, establecer excepciones, es un trabajo que podemos llamar fastidioso, pero indispensable en un proceso de integración. Mi propuesta es que una vez que estemos en ambas de organizaciones de integración nuestro país se convierta en un puente efectivo de conjunción de ambas en procura de un mercado común que concrete, al fin, los anhelos integracionistas.

Las relaciones con Colombia deben ser privilegiadas. Es inútil abundar en las razones, pero debo añadir un elemento: Venezuela debe salir hacia el Pacífico en procura de una vocación asiática. Casi el mismo día que reclamaba esta acción como urgente el Presidente Santos habló de la construcción de un gran ferrocarril que otorgaría a Venezuela esa condición. Deberá procederse a los estudios preliminares con urgencia y pensar en el puerto sobre la costa colombiana tal vez como un producto conjunto. Entre Colombia y Venezuela se ha conversado mucho y las ideas se quedan en el papel. Esa salida hacia otro océano de nuestro país tendrá, sin lugar a dudas, mucha oferta de financiamiento, de manera especial en los hambrientos países asiáticos que corren rápidamente en búsqueda de nuevos posicionamientos parea sus economías.

Ese ferrocarril, así lo ha dicho el presidente Santos, podría ser considerado una alternativa al mismísimo Canal de Panamá. Pero hay otro proyecto que tiene siglos en la especulación, ya pensado por los Padres Libertadores, y es de la integración fluvial del continente. Algunos estudios han sido hechos, pero está claro que podremos construir la red de carreteras de agua conectando nuestros ríos y convirtiéndolos en la más espectacular autopista para que nuestros productos viajen en todos los sentidos. Ese es un desafío Que hay que asumir. Lo deberá asumir el nuevo gobierno democrático.

Finalmente me parece que en este campo hemos privilegiado relaciones hacia Europa no siempre satisfactorias. Insisto en que tenemos delante las Antillas Neerlandesas, cada una ahora con un estatuto especial, pero que, en mi opinión, son la vía correcta para nuestro acercamiento, para nuestra aproximación comercial con la Unión Europea.
Emergencia educativa y rápido proceso de entendimiento con los pueblos de América. Lo propongo.

teodulolopezm@yahoo.com

martes, 15 de febrero de 2011

La transición más difícil de nuestra historia




Teódulo López Meléndez

He estado pensando en las inmensas dificultades que nos esperan, de manera especial con el nuevo gobierno democrático que se deberá instalar en enero de 2013, y llegado a la conclusión de que la situación será tan compleja, dificultosa y desafiante que no se puede dejar el destino sólo en manos de aquellos que los encuestadores colocan en sus preguntas. Es por ello, para acentuar el carácter pedagógico de mis propuestas y dar un mayor alcance a las mismas, que he sostenido en las redes sociales que debo ser considerado precandidato a la presidencia de la república.

Las encuestas reflejan que el régimen es vulnerable, pero es el candidato “ninguno de los anteriores” el que mayor votación obtiene, mostrado de manera fehaciente que el país quiere un outsider, una cara nueva para sustituir a Chávez en la presidencia. Aparte de esta tendencia irrefutable es menester advertirles a mis compatriotas que esto no es un juego de niños ni lo será, que aquí no se trata simplemente de ir de manera alegre a elegir un aspirante en unas primarias, ganar las elecciones y luego tomar posesión del gobierno. En primer lugar hay que ganar, en segundo lugar ver si se entrega el poder o si se hará necesario apelar a un cobro compulsivo y, en tercer lugar, enfrentar la realidad que sospechamos tétrica en cuanto la situación del Estado y específicamente en cuanto a las finanzas públicas.

Ya he manifestado algunas ideas de gobierno en torno a educación, política económica internacional y reformulación del Estado, pero, para iniciar esta conversación con mis conciudadanos, me permito hacerme varias preguntas, tales como si se permitirá el establecimiento de comisiones de enlace o si se procederá a un saqueo como se hizo en la entrega de las gobernaciones y alcaldías que perdieron. Luego, auditar, conocer el verdadero estado de la Hacienda Pública puede convertirse en un laberinto. Recuerdo que cuando Luis Herrera Campins tomó posesión de la presidencia, a pesar de entregarle el poder otro gobierno democrático, se tardó varios meses en medir el alcance de la situación económica para luego concluir que recibía un país hipotecado. Pueden imaginarse cómo será la situación dramática que implica recibir el poder de este gobierno.

He dicho que podemos encontrar tal inexistencia de recursos que no haya para pagar a los empleados públicos o para cubrir otros gastos ordinarios. El nuevo gobierno va a ser sometido a exigencias sociales mayúsculas, estará en la obligación de crear empleo y de correr al salvamento en materia de salud y seguridad, al mismo tiempo que deberá reducir el gasto público, evitar la caída de la moneda y enfrentar la inflación. Una situación de alto conflicto. He dicho que, aparte de un Ministro de Cordiplán y otro de Finanzas, se deberá proceder a nombrar una Comisión Económica Asesora de la Presidencia con los mejores talentos disponibles para enfrentar los retos puntuales a los que la anomalía de recibir un gobierno de 14 años de duración nos someterá. Los economistas pondrán las respuestas a la emergencia, pero la decisión final es la del político, esto es, de quien ejerza la primera magistratura. Se requerirá un pragmatismo a toda prueba para sortear el desafío, pero también una voluntad muy recia. El único proyecto económico posible de intentar ahora, desconociendo la realidad y arriesgándonos a encontrar cifras falsas, es el de prepararnos para el schock, estabilizar los indicadores macroeconómicos, devolver la confianza, restituir la seguridad jurídica y proceder como un buen padre de familia. Una vez logrados estos objetivos, podrá el nuevo gobierno desarrollar su propia política económica que he dicho debe abandonar el paradigma del crecimiento para sustituirlo por el de desarrollo humano, por el de desarrollo sustentable.

Antes de entrar en la segunda fase, que tendrá la inmediatez que los tiempos requieran, será necesario enfrentar serios problemas de gobernabilidad provenientes de la estructura misma del Estado y de una frondosa legislación heredada. Es decir, en el mismo primer año será necesario llamar a una Asamblea Constituyente para la cual tengo varias ideas. La primera es establecer la elección del vicepresidente con la del presidente: no podemos seguir en esta variación continua y caprichosa de nombres. Luego, hay que restituir el Senado. De joven me inclinaba por el parlamento unicameral, pero la experiencia me indica que es necesario un equilibrio que serviría, además, de refuerzo invalorable a la descentralización. Los métodos para hacer respetar la representación proporcional de las minorías están todos inventados.
Otra cosa que es cierta es que la división político-territorial de la república no responde a ningún criterio de desarrollo y menos a hechos históricos relevantes. Antes de entrar en un conflicto con los estados prefiero instituir mecanismos compensatorios, tales como la creación de cinco Consejos Regionales de Desarrollo (Centro, Oriente, Andes, Llanos, Centrooccidente y posiblemente un sexto específico para el Zulia) integrado por los gobernadores y alcaldes. Igualmente creo necesario eliminar los Consejos Legislativos Estadales y su sustitución por una Asamblea de Alcaldes que cumpliría las funciones hoy atribuidas a esos entes, tales como la aprobación del presupuesto, el control político, la aprobación de leyes locales y todas aquellas que las constituciones regionales establecen. Nadie mejor que los alcaldes para pelear por una distribución presupuestaria equitativa que haría bajar el poder al ente local. Esas reformas tienen que incluirse en el texto constitucional, aparte de que deberá procederse de inmediato a liberar los poderes actualmente secuestrados y con cuya permanencia será muy difícil el ejercicio del gobierno. Así como con un conjunto de leyes que deberán ser revisadas cuidadosamente.

Al fin y al cabo una Constituyente será independiente y estas y otras propuestas deberán balancearse con absoluta independencia de criterio. Lo importante es atenazar la posibilidad de gobernar real y efectivamente y para ello hay que tener claro que nos enfrentaremos a la situación más conflictiva y difícil imaginable. Aún así, ya he expuesto en las redes sociales mis planteamientos sobre educación, política económica internacional y política militar las que seguiré explayando desde ahora en adelante en mis artículos. Abordaré, por supuesto, el tema de la inseguridad, del desempleo, de la salud y de mi concepción general de país, como cada asunto en concreto.

No ha sido fácil llegar a poner mi nombre en este torneo indeterminado. He dicho que no tengo ni recursos ni medios para enfrentarla, pero si 70 mil voluntarios responden afirmativamente inscribiré mi nombre en las primarias que se realizarán a finales de este año o a comienzo del próximo. De lo contrario, al menos quedarán las más de las 50 propuestas que formularé al país y que pasarán a ser de todos los hombres y mujeres que encuentren en ellas factibilidad y sueño.

teodulolopezm@yahoo.com

jueves, 10 de febrero de 2011





El momento en que cada cosa parece posible


Teódulo López Meléndez


En el suelo de la plaza El Tahrir los jóvenes juegan a inventar el futuro. Son los protagonistas de una revolución, son los dueños del instante. Comparten con las mujeres que se tapan el cabello o lo llevan al aire desafiante, escuchan a los mayores profesando valentía y teorizan sobre cómo será la vida después de la victoria.

Las revoluciones suelen ser emocionantes, inflamatorias, inolvidables, a pesar del alto precio en vidas que se debe pagar. El protagonista es un cuerpo colectivo muchas veces sin cabeza, aunque las cabezas van creciendo del cuerpo en la medida en que los factores no idealizados entran en juego, tales como las potencias extranjeras, los militares y los intereses estratégicos.

Los políticos de todas las layas negocian transiciones, el poder agonizante se aferra a las últimas maniobras, pero en la calle, en la Plaza de la Liberación, un fervor desatado fabrica libertad y democracia, oportunidades y crecimiento humano. Nadie sabe en que concluirá el sueño, hacia donde en verdad girarán los acontecimientos o cuales serán los resultados, pero mientras tanto los jóvenes y las mujeres y los ancianos se creen dueños del destino. Quién dirigirá después del fulgor es algo indeterminado. Nadie conocía, en sentido estricto, los nombres que se inscribieron en la historia después de la revolución francesa.
Ahora, sobre la plaza a reventar, una donde debe hacerse cola para participar del sueño, aparece de golpe un ejecutivo de Google, alguien que estuvo desaparecido por dos semanas prisionero de la dictadura y del pasado que se quiere echar. Se llama Wael Ghonim, tiene 30 años y, como símbolo de estos tiempos, es experto en Internet y tuvo una participación clave en la organización cibernética de las protestas. El muchacho va por vez primera a la plaza y helo allí micrófono en mano hablando a la multitud y aclamado. Ya han creado una página web donde hasta el momento 130 mil egipcios han firmado concediéndole la autoridad para ser su vocero.

Wael Ghonim aferra la luz que proviene del instante. No se puede predecir su destino. Se lo comerá la revolución, hará historia o se convertirá en el símbolo del momento efímero, tal vez como los protagonistas claves del mayo francés. Nadie lo sabe, pero el muchacho de las redes sociales vive la emoción propia de todo aquel que es protagonista de ese hecho imprevisto, telúrico, mágico y catastrófico que se llama revolución.
“Choque de civilizaciones”, vuelven a repetir los absurdos que no oyen la voz que clama por un principio general de lo humano: libertad. “La turbación de la paz” susurran los absurdos que creyeron en la tranquilidad definitiva de los sueños luego del fin de la Guerra Fría y del supuesto establecimiento de un orden mundial inequívoco. “Peligro” exclaman los absurdos que no oyen que el grito pide democracia, quizás pensando que para el pueblo árabe era improbable su realización y práctica, más aún, un deseo no anidado ni en su cultura ni en su psiquis.

“Peligro islámico” arguyen los absurdos que mantuvieron la democracia y la libertad fuera de esos confines de su control quizás pensando que la única manera de practicarla era a la manera prostituida a la que han reducido. “Fatalidad” remueven inquietos los que utilizaron el Islam como argumento para mantener a dictaduras hereditarias en el poder, mientras los extremistas provenientes de Irán claman por el establecimiento de un régimen islámico, extremista, teocrático y dictatorial como el que ellos practican, puesto que –como lo he leído no sin rabia de un profesor alta autoridad de un organismo iraní- el establecimiento de la democracia en Egipto sería una verdadera calamidad dado que el país se convertiría en una base imperialista de dominio de las potencias occidentales. Mientras tanto, en nombre del Islam unos dictadores oportunistas o unos monarcas caducos, viven la vida propia del rey con mansiones y lujos mientras sus pueblos nacen y crecen analfabetas, la miseria extrema alcanza a la mitad de sus poblaciones o los jóvenes van a la universidad a perder el tiempo dado que nada hay que hacer cuando egresan, la mayor parte de las veces excepcionalmente preparados.

Este es un mundo global donde sólo no se propagan –en el argumento de la izquierda obsoleta- MacDonalds o hamburguesas, jeans y maquillajes, modas e irrelevancia, capitales y transnacionales, sino también un virus peligroso llamado libertad, uno que utiliza el modo más expedito del contagio: la tecnología, el Internet, las redes sociales. Cada quien tiene sus maneras y sus procedimientos, cada revolución termina aplastada o triunfante, cada una tiene alternativas y caminos diversos delante. Puede terminar en una teocracia como en Irán o puede concluir en una democracia o en el caos que llame a una dictadura. Nadie lo sabe, pero el hecho de cambiar es el relámpago sobre la plaza. Qué se vaya Mubarak, es la exigencia, que el pasado se evapore, pero tal vez en los jóvenes, en los viejos y en las mujeres que acampan en la Plaza de la Liberación se cocine una idea, se delinee un camino que exceda meramente a la salida de la obsolescencia.

La servidumbre se echa al pipote de la basura porque ella es un producto humano y los humanos pueden destruirla. La revolución conduce a todo y todas las posibilidades están delante. Ha sido el mundo árabe el que ha despertado a una posibilidad que excede sus confines para convertirse en una epopeya seguida por millones a través de los medios electrónicos. El hombre todavía es capaz de soñar, es el efectivo mensaje, a pesar de haber estado inmerso en las tinieblas. Qué sea para bien, es el deseo de una voluntad mundial que excede a las palabras fe y esperanza, para convertirse más bien en un impulso de apoyo y de respeto.

Mientras, el mundo observa o interviene. El presidente de los Estados Unidos entiende el nacimiento, pero no sabe practicarlo. Cuando la revolución comienza no se ha concretado nada. Lo hará en su camino, con todos los peligros y asechanzas que son propios del andar por el bosque lleno de depredadores. No hay nada que nos garantice el resultado de la revolución árabe, pero la saludamos con entusiasmo, porque demuestra que el hombre es aún capaz de levantarse.

teodulolopezm@yahoo.com

jueves, 3 de febrero de 2011

El mundo del presente




Teódulo López Meléndez

La Unión Europea actúa, lo que no se sabe bien es hacia dónde, tal vez hacia la mera sobrevivencia. Una rápida mirada al año 2010 nos muestra cumbres con China y con el conjunto de Asia, participación en el G-20, las conferencias de la OTAN, el encuentro con África, las reuniones con Rusia y Ucrania y sus intervenciones en la reunión sobre el cambio climático en Cancún. El listado no pretende ser exhaustivo, lo que quiere significar es que Europa tiene una presencia, una comprendida dentro de las características de este tiempo: la fuerza militar ya no mide la influencia, lo hace la economía, en el caso europeo una tambaleante que nos ha deparado numerosas crisis, tal vez teniendo como eje central, a su favor, la preservación del euro.

Sin embargo algo falla en Europa y seguramente las razones las encontraremos en los numerosos traspiés en su avance hacia la unidad política. La Unión Europea no ha podido avanzar hacia una consistencia que le permita utilizar adecuadamente su red comercial y su aún existente poder económico. El ejemplo más avanzado en integración continental parece ser víctima de una falta de aliento debido a una clase dirigente mediocre. Su política exterior es vacilante y sus graves problemas de envejecimiento poblacional le impiden definir políticas de seguridad, de inmigración y, en términos generales, sus intereses superiores.
En noviembre de 2010 la Unión Europea, celebró –si contamos desde los primeros pasos- 61 años de existencia. Lo hizo, desde la OTAN, adoptando lo que denominó un nuevo concepto estratégico sobre seguridad y defensa y reiterando el principio de la ‘defensa mutua” al tiempo que se detenía en los misiles de largo alcance o en la seguridad energética y dando un paso hacia Rusia invitándola a unirse al escudo antimisilístico. Si entendemos bien, apenas a finales de 2010 Europa cesa la guerra fría con Rusia y tranquiliza a los ex miembros del bloque soviético reafirmando el artículo 5 del Tratado de Washington, esto es, el ataque contra un aliado es contra todo el bloque. Luego, la reafirmación de lo existente con o la realización de operaciones de defensa fuera o dentro de su territorio, lo ya visto en Afganistán. En definitiva, un reconocimiento tardío de la realidad del mundo actual donde la tendencia es a la constitución de una policía supranacional, no sin mantener las reservas con Turquía, un viejo vicio europeo que no termina de comprender que ese es el punto clave del mundo en formación. La insistencia alemana sobre lo innecesario de la disuasión nuclear encuentra en París su más fiero oponente, pues París no quiere renunciar a su propio arsenal y menos a entrar en la tesis de que el propósito de los aliados es un mundo sin este tipo de armas. Una contradicción cuando se admite que ya el poderío militar no es el punto clave de la conformación de un poder real. De hecho, Europa no aumenta sus gastos de defensa, tiende más bien a congelarlos, a pesar de su industria armamentista que encuentra salida hacia los otrora llamados países del tercer Mundo y hacia sus propios miembros, siendo inmoral en el caso de Grecia y Turquía.

Encontramos el reporte del conservador Consejo de Relaciones Exteriores Europeo (ECRF) de octubre de 2010 donde se plantea que Europa dejará de ser unipolar y que la seguridad pasará por un triángulo UE-Rusia-Turquía. En resumen, se plantea una marginalización de Europa al reducirse su papel –sólo de compañía en las que creemos últimas operaciones militares norteamericanas como lo es Afganistán- debido a los alcances del entendimiento ruso-americano y al tardío reconocimiento europeo de la existencia de un mundo muy diferente. Otros hablan de un eje París-Berlín-Moscú, en el cual no creo tengan ningún interés los rusos, plenamente integrados a la comunidad internacional y a un entendimiento cada vez más profundo con los Estados Unidos.

Podría argumentarse que una guerra nuclear no existe como posibilidad como no existe entre las grandes potencias agonizantes. Las posibilidades de conflicto podrían estar en el nordeste de Asia, en el África subsahariana o en el cinturón de quiebre euroasíatico, todo girando en este último sobre la crisis palestino-israelí, la carrera nuclear iraní y en menor caso el conflicto de Líbano. En el nordeste de Asia es evidente que nos referimos al conflicto intercoreano y en menor grado al permanente reclamo chino sobre varias islas bajo dominio japonés y el no resuelto problema entre China y Rusia sobre las islas Kuriles. El reclamo chino sobre Taiwan creemos se resolverá por la vía del diálogo.

En África Subsahariana hay un potencial para guerras localizadas. Desde allí opera Al Qaeda y el listado de Estados inviables es larga, así como la de conflictos que se han extendido por tanto tiempo que bien podemos hablar de enfermedades crónicas.

Es obvio que los problemas exceden a la geopolítica, como el narcotráfico, el terrorismo, el cambio climático o la crisis económica aún burbujeante, pero hemos insistido en que en el mundo en transición las viejas concepciones de poder deben ser tomadas en cuenta. Hay problemas globales geopolíticos inclusive en la determinación de zonas donde la pobreza extrema conduce a inestabilidad política. Los recientes sucesos de Túnez -aún inmedibles en su eventual contagio- nos hacen preguntarnos sobre el destino de la “teocracia de poder”. En América Latina algunos problemas fronterizos de larga data no parecen preocupantes en cuanto a enfrentamientos bélicos que sabemos –inclusive si estallan- duran muy poco. En términos de duración el reclamo boliviano de una salida al mar no indica, inclusive por la flaqueza boliviana, la posibilidad de un conflicto armado.

La reagrupación sigue su curso, como en el caso del BRIC, con la interesante invitación a Sudáfrica a incorporarse a su última reunión o el caso del subgrupo ISBA (India Sudáfrica, Brasil) o las coincidencias entre Brasil y Turquía sobre el programa nuclear iraní. El anuncio de retiro en 2014 de Afganistán o las conversaciones con los talibanes hacen imprecisos los eventuales resultados de esa intervención armada.

En medio de este proceso sigue lenta, por no decir paralizada, la construcción de un orden mundial sustitutivo. China y Rusia, entretanto, han logrado un modus vivendi, con desmilitarización de sus fronteras y un compartir de influencias en Asia Central. India y Japón se aproximan ante la irrupción china. Son todos reacomodos en búsqueda de mejores posiciones frente al nuevo orden global.

Inclusive podemos anotar en este contexto la crisis intercoreana. Corea del Norte, con serios problemas inclusive de hambre, está gobernada por una especie de secta religiosa, pero si sacamos algunos pueblos como los kurdos podría generalizarse al decir que es la única nación asentada sobre dos estados, es decir, jurídicamente es la única nación que permanece dividida luego de la reunificación de Alemania y Yemen. Esa división sigue siendo una herencia de la guerra fría y una anomalía por resolver, si bien los orígenes se encuentran claramente en la invasión japonesa de China, origen que se mantiene en la actual crisis, dado que los herederos norcoreanos de aquellos hechos siguen en el poder en una especie de monarquía hereditaria. Y porque ven a los del sur como un apéndice norteamericano. No hay tropas extranjeras en Corea del Norte, pero sí miles de soldados norteamericanos en Corea del Sur. Mientras se siga mirando al Norte como un problema simplemente de desarrollo de armas nucleares no habrá arreglo. Por supuesto que su régimen es una dictadura de las peores y su récord en derechos humanos incluye todo tipo de violaciones. Sin embargo, la mayoría de los estudiosos del tema creen que con un proceso de distensión el régimen podría evolucionar hacia un proceso parecido al chino.

No creemos en la posibilidad de una guerra intercoreana y mucho menos en una repetición del conflicto anterior, pero la cuestión coreana es un ejemplo claro de cómo deben cambiarse los paradigmas en un análisis de agonizante geopolítica. Hay dos ejemplos de desarrollo económico en la región: Taiwan y Corea del sur y dos ciudades estados (Hong Kong y Singapur), todos conocidos en su momento como los tigres asiáticos” o Nic's (Newly Industrialized Nations), hoy con un crecimiento muy moderado o de estancamiento, pero que conservan la bonanza alcanzada. En el sudeste asiático aparecieron los llamados “jaguares”, Indonesia, Malasia, Tailandia e inclusive Vietnam, con un importante desarrollo económico. Lo que queremos significar es –incluida China, por supuesto- como la zona Asia-Pacífico ha adquirido un relieve determinante donde existe una vieja herencia por resolver: la crisis intercoreana.

Frente a la complejidad del mundo naciente, y mientras nace un poder supranacional, asistimos a un multilateralismo que no puede ni debe ser definido como multipolaridad. La mitad del crecimiento económico de los últimos años se ha producido en los países denominados emergentes y en desarrollo. En consecuencia hay un desplazamiento, y hasta podríamos decir democratización, del poder mundial. Aún así, allí están los países pobres con baja renta per cápita y con bajas tasas de desarrollo, en total unos 25 países que pueden catalogarse como de pobreza extrema. Las cifras son contrastantes en este reacomodo. Por ejemplo, el 37 por centro del comercio mundial está en los países en desarrollo. Al interior mismo de los países crece la desigualdad, aunque las cifras de la pobreza disminuyen. Queremos indicar la profundidad y velocidad de los cambios. Un caso de particular ejemplo de país emergente es Sudáfrica, hasta el punto de agregar al viejo BRIC la letra S para convertirlo en BRICS. La presencia de este país se producirá en Beijing el primer trimestre de 2011.

Es obvio, en cualquier caso, que no existe aún un sistema de gobernanza global y que los cambios en las instituciones de internacionales a globales se están retardando de forma preocupante. No existe una fiscalidad para los problemas globales con autoridad suficiente de tomar un rumbo convincente, incluido un asunto fundamental de nuestro tiempo, las migraciones humanas.

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