lunes, 13 de diciembre de 2010

Una unidad superior





Teódulo López Meléndez

Recogí mis ideas sobre una tercera opción en un e-book de ese nombre disponible en Google. Lo hice antes de las elecciones legislativas a conciencia de que los resultados polarizantes opacarían el planteamiento. En efecto, la “victoria” proclamada por la oposición reforzó en los venezolanos la idea de que una unidad opositora era la única vía para afrontar los graves riesgos que se abatían sobre la república. De nuevo invito a mis compatriotas a leer ese mi libro porque tengo la certeza ética de que sus planteamientos están absolutamente vigentes.

La forma misma en que quedó conformada la nueva Asamblea Nacional indicó con toda claridad que se había sacrificado todo en aras de un electoralismo insensato. Se había aceptado la LOPE, el REP, el abuso oficial y se habían utilizado marchas sin sentido para diluir la voluntad de la gente a la espera de un proceso electoral donde la determinación de nuevas circunscripciones hacía imposible que la votación obtenida se reflejase en número de diputados electos.

Advertimos también que el resultado no conduciría a otra cosa que a la proclama de que en el 2012 se obtendría una resonante victoria. Obviando por los momentos los alarmantes resultados de la elección parcial del 5 de diciembre debo decir meridianamente que la unidad representada en la MUD por los disminuidos partidos políticos, cuya votación no es más que muestra de una que el país concede por su monopolio de las postulaciones, no basta ni es autosuficiente para enfrentar los graves dilemas que nos acosan.

La polarización es dañina, extremadamente dañina. El régimen vive de ella y debemos decir que la MUD también. Es una retroalimentación donde gana siempre el que detenta el poder. Es más, una simple lectura de las primeras páginas de los diarios nacionales muestra una peligrosa tendencia a una confrontación más grave. Por ejemplo, los ganaderos acosados por expropiaciones a granel reaccionan diciendo que defenderán sus propiedades con sus vidas, lo que nos recuerda situaciones de países vecinos. No están dadas las condiciones para una guerra civil –he dicho- observando paralelamente que todos los días se riega esa semilla. No soy oráculo para adivinar el futuro y para saber de antemano si esa peligrosa planta crecerá, pero constato que se riega.

Entrampados entre quienes tienen como única estrategia la participación electoral y un régimen que burla los resultados electorales e impone su voluntad conservando el tenue disfraz democrático, es menester que el país comience a preguntarse sobre nuevas e innovadoras salidas a una crisis que no arrastra sectores al despeñadero sino a la nación toda. Mantener el cuadro actual, seguir eludiendo las responsabilidades para decirle a los venezolanos que en el 2012 se ganará con este diseño es un absurdo, como lo es la prepotencia descabellada del poder que llega a los extremos de aprovecharse de una tragedia natural no sólo para incentivar el odio social sino para avanzar en un proyecto que sólo conduce a la eternización de un hombre.

Aquí no se trata, entonces, de una unidad de un sector; se trata de la unidad de diversos sectores, chavistas y no chavistas, disidentes del oficialismo o de quienes aún permanecen dentro de él por falta de alternativa, aunque estén seriamente preocupados por el rumbo que lleva este proceso. Se trata de una unidad superior, una que excede a MUD o a opositores. Lo que se requiere es la convergencia hacia la constitución de lo que ahora denomino un Frente de Rescate Nacional que debe tener como primer propósito la reapertura de un verdadero juego democrático.

Para reabrirlo tiene que haber acuerdos básicos. Respeto al Estado de Derecho, lo que implica cese de persecuciones o abstención de las mismas sin fundamento jurídico válido, de manera que no se produzcan retaliaciones por viejos rencores. Un acuerdo de respeto a todo avance social que se haya logrado en este período y el mantenimiento o conformación de una real política de atención a la pobreza y una revisión cuidadosa y sin prejuicios sobre el cuadro legal heredado. Nada excluye la participación electoral, pero ella sólo puede ocupar el espacio que le corresponde en una estrategia global, no ser la estrategia misma. Es obvio que mi planteamiento pasa por un respeto absoluto a la legalidad.

No es menester hacer una incisiva lista de acuerdos, bastan los ejemplos citados para unir en torno a la necesidad de búsqueda de una salida absolutamente enmarcada dentro del texto constitucional vigente. En mi libro “La tercera opción” –y en otros- creo hay suficientes conceptos sobre una democracia del siglo XXI como para discutir sobre el proyecto político que deseamos, uno que va más allá de la simple democracia tradicional.

Es mi llamado al país, esto es, un llamado a una unidad superior donde participen sectores de las más variadas tendencias bajo la convicción de la necesidad de reapertura de los espacios de libertad, participación y respeto.

Chavistas y no chavistas tenemos enfrente un serio problema llamado Hugo Chávez.

teodulolopezm@yahoo.com

jueves, 9 de diciembre de 2010

Las autopistas científicas asociales





Teódulo López Meléndez

Es obvia la influencia de la ciencia y la tecnología para la configuración de las sociedades modernas. Entre ambas -que conviven en beneficio mutuo- han modificado, no siempre para bien, la relación con la naturaleza y la interacción entre los seres vivos, han influenciado sobre las posiciones filosóficas y han delineado estructuras sociales y políticas.
El siglo XX fue especialmente rico en avances en estas áreas, desde el inicio mismo de la revolución industrial, con consecuencias dramáticas sobre la organización social. La teoría de la Relatividad abrió el espacio a la especulación cosmológica y la aparición de la teoría cuántica revolucionó las leyes de la física. Luego vino el auge de la biología, con el desciframiento del ácido desoxirribonucleico (ADN), de la biología y genética molecular. El estructuralismo, la antropología, el auge del neoliberalismo, infinidad de cambios y perspectivas. La noción de progreso ilimitado ya se tambaleaba a fines de este siglo prolijo en avances científicos y el papel de la razón como guía suprema era cuestionado.

En el campo filosófico se trasladaba el tema científico-tecnológico a la crítica social. Luego de tan notables avances el hombre llegó a creerse el dueño de todo. La Conferencia Mundial sobre la Ciencia (Budapest, 1999) planteo con claridad la necesidad de generación de un nuevo contrato social para la ciencia y la tecnología, entendido como el adaptarlas a las nuevas realidades políticas, sociales y medioambientales. La exigencia es la de orientar la ciencia y la tecnología hacia las necesidades de las poblaciones humanas para propiciar un desarrollo integral y atender la demanda social sin valor de mercado. Se asignaba un papel a la ciudadanía sin que se precisaran mecanismos para lograr esta democratización.
Lo cierto es que hoy las sociedades se voltean hacia la ciencia reclamando un papel de poder en la producción de conocimiento, de control social y el de un nuevo estatuto epistémico para la ciencia.

Las tecnologías actuales de la comunicación y la participación privada en el financiamiento de las investigaciones científicas convierten los resultados en mercancía. Desde el mundo pobre se reclama investigación sobre líneas no capaces de producir beneficios económicos y en otros se procura la obtención forzada de medicamentos para enfermedades como el SIDA o se cuestionan las patentes de las grandes empresas farmacéuticas. El propio informe del PNUD de 1999 dice con meridiana claridad que en los programas de investigación es el dinero el que decide y no las necesidades sociales. En este mundo unos 2000 millones de personas carecen de acceso a medicamentos esenciales como la penicilina y sólo la mitad de los africanos de un año de edad están inmunizados contra la difteria, la tos ferina, el tétano, la poliomielitis y el sarampión.

Se asiste al planteamiento de la necesidad de un nuevo contrato social para la ciencia que permita ponerla al servicio directo de los problemas sociales. Esto es, se debe partir de la ciencia como base de valores de desarrollo cultural, bienestar, equidad y justicia social (entendida como la satisfacción de las necesidades básicas de todos los miembros de la sociedad) y una influencia determinante de esa sociedad en determinar los valores a satisfacer.

Lo que hemos tenido es una concepción según la cual, el desarrollo científico y tecnológico se supedita a lo que tiene de aportar al crecimiento económico. Una subida en el Producto Interno Bruto no significa desarrollo social. La ciencia y la tecnología deben ser insumos para ayudar a este proceso. El PNUD ha estado publicando numerosos informes sobre desarrollo humano cambiando el énfasis sobre los aspectos económicos y procurando sustituirla por una visión del hombre. La concepción del desarrollo sustentable pasa por la aceptación de que es la capacidad de la gente para decidir e implementar el arma fundamental contra el subdesarrollo. Ciencia y tecnología son herramientas para ello, pero hay que ponerlas al alcance de esas poblaciones, lo que implica esfuerzos de comunicación y educación y un diálogo de intercambio, no un discurso monologante.

Ya no podemos mirar a las sociedades en su relación con la ciencia como sujetos excluidos o pasivos, para considerarlos activos en el sentido de su capacidad de exigir y obtener proyectos de investigación útiles a sus intereses. Es lo que algunos han denominado apropiación social de la ciencia y la tecnología. No se trata de que la ciencia no haya tenido siempre el propósito de atender necesidades humanas, lo que se trata ahora es de definir a los agentes científicos como parte de un sistema dirigido a la resolución de los problemas sociales.

Por supuesto que paralelamente hay que llevar a las comunidades a la capacidad de reconocer sus problemas productivos, sociales o ambientales. Esto es, el concepto de desarrollo humano autosustentable. Como se ha sido dicho en numerosos documentos el conocimiento científico y tecnológico ha ampliado la brecha entre países industrializados y los países en vías de desarrollo, amén de haber causado deterioro del medio ambiente y exclusión social. Así se plantea una internalización de la ciencia para una cultura de paz, lo que implica ampliación de los seres humanos que se benefician de la investigación, la expansión del acceso a la ciencia como un componente central de la cultura y un control social de la ciencia y la tecnología y su orientación a partir de opciones morales y políticas.


teodulolopezm@yahoo.com

Las autopistas científicas asociales





Teódulo López Meléndez


Es obvia la influencia de la ciencia y la tecnología para la configuración de las sociedades modernas. Entre ambas -que conviven en beneficio mutuo- han modificado, no siempre para bien, la relación con la naturaleza y la interacción entre los seres vivos, han influenciado sobre las posiciones filosóficas y han delineado estructuras sociales y políticas.

El siglo XX fue especialmente rico en avances en estas áreas, desde el inicio mismo de la revolución industrial, con consecuencias dramáticas sobre la organización social. La teoría de la Relatividad abrió el espacio a la especulación cosmológica y la aparición de la teoría cuántica revolucionó las leyes de la física. Luego vino el auge de la biología, con el desciframiento del ácido desoxirribonucleico (ADN), de la biología y genética molecular. El estructuralismo, la antropología, el auge del neoliberalismo, infinidad de cambios y perspectivas. La noción de progreso ilimitado ya se tambaleaba a fines de este siglo prolijo en avances científicos y el papel de la razón como guía suprema era cuestionado.

En el campo filosófico se trasladaba el tema científico-tecnológico a la crítica social. Luego de tan notables avances el hombre llegó a creerse el dueño de todo. La Conferencia Mundial sobre la Ciencia (Budapest, 1999) planteo con claridad la necesidad de generación de un nuevo contrato social para la ciencia y la tecnología, entendido como el adaptarlas a las nuevas realidades políticas, sociales y medioambientales. La exigencia es la de orientar la ciencia y la tecnología hacia las necesidades de las poblaciones humanas para propiciar un desarrollo integral y atender la demanda social sin valor de mercado. Se asignaba un papel a la ciudadanía sin que se precisaran mecanismos para lograr esta democratización.
Lo cierto es que hoy las sociedades se voltean hacia la ciencia reclamando un papel de poder en la producción de conocimiento, de control social y el de un nuevo estatuto epistémico para la ciencia.

Las tecnologías actuales de la comunicación y la participación privada en el financiamiento de las investigaciones científicas convierten los resultados en mercancía. Desde el mundo pobre se reclama investigación sobre líneas no capaces de producir beneficios económicos y en otros se procura la obtención forzada de medicamentos para enfermedades como el SIDA o se cuestionan las patentes de las grandes empresas farmacéuticas. El propio informe del PNUD de 1999 dice con meridiana claridad que en los programas de investigación es el dinero el que decide y no las necesidades sociales. En este mundo unos 2000 millones de personas carecen de acceso a medicamentos esenciales como la penicilina y sólo la mitad de los africanos de un año de edad están inmunizados contra la difteria, la tos ferina, el tétano, la poliomielitis y el sarampión.

Se asiste al planteamiento de la necesidad de un nuevo contrato social para la ciencia que permita ponerla al servicio directo de los problemas sociales. Esto es, se debe partir de la ciencia como base de valores de desarrollo cultural, bienestar, equidad y justicia social (entendida como la satisfacción de las necesidades básicas de todos los miembros de la sociedad) y una influencia determinante de esa sociedad en determinar los valores a satisfacer.

Lo que hemos tenido es una concepción según la cual, el desarrollo científico y tecnológico se supedita a lo que tiene de aportar al crecimiento económico. Una subida en el Producto Interno Bruto no significa desarrollo social. La ciencia y la tecnología deben ser insumos para ayudar a este proceso. El PNUD ha estado publicando numerosos informes sobre desarrollo humano cambiando el énfasis sobre los aspectos económicos y procurando sustituirla por una visión del hombre. La concepción del desarrollo sustentable pasa por la aceptación de que es la capacidad de la gente para decidir e implementar el arma fundamental contra el subdesarrollo. Ciencia y tecnología son herramientas para ello, pero hay que ponerlas al alcance de esas poblaciones, lo que implica esfuerzos de comunicación y educación y un diálogo de intercambio, no un discurso monologante.

Ya no podemos mirar a las sociedades en su relación con la ciencia como sujetos excluidos o pasivos, para considerarlos activos en el sentido de su capacidad de exigir y obtener proyectos de investigación útiles a sus intereses. Es lo que algunos han denominado apropiación social de la ciencia y la tecnología. No se trata de que la ciencia no haya tenido siempre el propósito de atender necesidades humanas, lo que se trata ahora es de definir a los agentes científicos como parte de un sistema dirigido a la resolución de los problemas sociales.

Por supuesto que paralelamente hay que llevar a las comunidades a la capacidad de reconocer sus problemas productivos, sociales o ambientales. Esto es, el concepto de desarrollo humano autosustentable. Como se ha sido dicho en numerosos documentos el conocimiento científico y tecnológico ha ampliado la brecha entre países industrializados y los países en vías de desarrollo, amén de haber causado deterioro del medio ambiente y exclusión social. Así se plantea una internalización de la ciencia para una cultura de paz, lo que implica ampliación de los seres humanos que se benefician de la investigación, la expansión del acceso a la ciencia como un componente central de la cultura y un control social de la ciencia y la tecnología y su orientación a partir de opciones morales y políticas.


teodulolopezm@yahoo.com

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Cancún: el agua cae





Teódulo López Meléndez
I

Se contamina el agua, el aire y la tierra en un acto de prepotencia indescriptible. La ciencia y la tecnología parecen desbordadas en sus efectos dañinos, pero más allá se requiere un alto grado de conciencia en la población toda. El consumismo sin freno sin reutilización de los envases de aquello que consumimos, empresas voraces devorando selvas o poblaciones pobres desforestando para obtener el combustible con que cocinar y países desarrollados enviando a la atmósfera emisiones contaminantes, son apenas puntos de un extenso listado.

Se deteriora la geoesfera con pesticidas y productos químicos peligrosos. Se deteriora la hidroesfera, advirtiéndonos que el agua puede ser causa de serios conflictos futuros. Se poluciona la atmósfera con tóxicos originados en la quema de energías impuras. Cambia el clima y la temperatura ambiental se ve trastocada con efectos de extrema gravedad. Residuos nucleares circulan en busca de un depósito, la capa de ozono se adelgaza permitiendo el paso de dañinos rayos ultravioleta. Se extinguen especies animales y vegetales con la consecuente ruptura de la cadena alimenticia y desaparecen numerosas especies.

Entre el hombre y la naturaleza están los procesos de producción, distribución, consumo y acumulación, de manera que la relación entre el hombre y la naturaleza resulte indefectiblemente marcada por la economía. El inmenso volumen de recursos naturales que devoran las empresas de esta economía y que son procesados indiscriminadamente, la concentración de la producción en reducidos espacios urbanos y el afán desmedido de lucro, pueden mencionarse someramente al inicio. Pero los pobres también contaminan como efecto directo de su pobreza, porque se ven obligados a deshacerse de los residuos de cualquier manera ante la carencia de adecuados servicios o porque deben quemar materiales de alto valor ecológico para satisfacer sus necesidades básicas. El consumismo desenfrenado alentado por una obsolescencia planificada y una publicidad que fabrica necesidades, más un proceso hambriento de acumulación de riqueza, conllevan a enmarcar el problema ecológico en el campo de la economía mundial y, por supuesto, en el campo cultural. Pero hay más, mucho más. La determinación de los recursos a utilizar y la concentración en lo que se ha dado en llamar expresas transnacionales que llegan a la explotación intensiva.

Entra en juego el concepto de desarrollo sostenible dentro del cual pareciera debemos hacernos de nuevo preguntas básicas, como las relativas a quién el hombre, qué es el mundo y la relación entre ambos. El problema, entonces, no es simple, pues implica una reflexión antropológica, cosmológica y ética. La pérdida y dispendio de recursos son fuente de pobreza y la pobreza así creada en fuente de deterioro ambiental. Hay que adecuar el progreso al bienestar común, al de todos, simple fórmula para el desarrollo sostenible, pero de infinidad de aristas políticas que lo impiden.

Estamos, como es obvio, ante uno de los problemas fundamentales del mundo, sin obviar las posiciones catastrofistas de algunos. E implica aristas como un replanteamiento del modelo energético o un punto de gravedad sobre el sistema económico hegemónico. El calentamiento global se debe a los gases de efecto invernadero. Un habitante de los Estados Unidos emite 20 toneladas al año y un chino 3,8 toneladas al año.

Ya vivimos intensos períodos de sequías y largos períodos de inundaciones lo que conllevará a la disminución de la producción agrícola especialmente en los países pobres. El agua disminuirá, también especialmente en zonas planetarias pobres lo que hace estimar que en 2080 unos 1.800 millones de personas sufrirán escasez del líquido. Subirá el nivel del mar y las estimaciones sobre personas que serán víctimas de inundaciones son aterradoras. Numerosos ecosistemas se verán afectados con el riesgo de extinción de especies. La salud empeorará, especialmente entre los pobres. La Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático (CMNUCC) ha puesto la agenda, pero no sin la queja esperada: los países ricos no cumplen con esta convención.


II


No se puede avanzar sin acuerdos mundiales y ellos han sido intentados. Llamamientos éticos sin traducción jurídica se quedan en el ámbito individual. Algunos de estos eventos han tenido un éxito relativo, como la Conferencia de Montreal en 1987 que logró la reducción de clorofluorcarbonados en un alto porcentaje o la de Río en el 92. La cara amarga comienza a aflorar frente al cumplimiento del llamado Protocolo de Kioto (1997) que tenía como propósito reducir la emisión de gases que provocan el efecto invernadero. Estados Unidos no firmó y los países emergentes rápidamente compensaron las reducciones anunciadas. La Cumbre de la ONU sobre Cambio Climático celebrada en Poznan (Polonia) para buscar salidas a Kioto no presentó avances. Como se recuerda Kioto procuraba reducir 6 por ciento en gases de infecto invernadero y los países industrializados se comprometían a reducirlos en un 5.2 por ciento para lo cual debían emplearse tres mecanismos: de desarrollo limpio, de comercialización de emisiones y de implementación conjunta. La Conferencia de Copenhague fracasó en la emisión de un acuerdo para sustituir al incumplido Protocolo de Kioto. Sin embargo, se acordó que no debía permitirse un aumento de la temperatura ambiental promedio en más de 2º C cuando se esperaba se estableciese en 1,5º C y sin que se acordasen las reglas del juego. El fracaso impidió establecer metas a largo plazo (2050) y se dejó a cada nación la voluntad de reducir las emisiones contaminantes para el 2020. Para “compensar” las naciones industrializadas se comprometieron a aportar 30 millardos de dólares para ayudar a las naciones pobres a superar los efectos perniciosos sin precisar quienes los aportarían, que naciones se beneficiarían o qué tipo de energía renovable se preferiría.

Por su parte el Comité IPCC de la ONU constataba que para 2008 se había registrado un aumento del 40% en emisiones de CO2 sobre los niveles medios de 1990 que las capas de hielo de la Antártida y Groenlandia se derretían a una taza de diez metros por año y un sinfín de advertencias nada tranquilizantes. Es evidente la falta de voluntad política, la ausencia de un liderazgo en la lucha contra el cambio climático y fallas originales en la organización del evento danés.

En esta situación se produce la reunión de México, bajo un gran pesimismo. En Estados Unidos, por ejemplo, disminuye el número de ciudadanos que cree sea verdad el calentamiento global, no sin aristas políticas, pues es entre los republicanos y entre los afiliados al Tea Party donde la descreencia es mayor.

III

Estamos frente a un problema de modelo económico, político y cultural. Lo que se requiere es quizás demasiado para el hombre de este tiempo: un planteamiento filosófico ontológico, una sensibilidad biófila que procure una reafirmación de la vida en sustitución del nihilismo que hemos descrito profusamente en nuestros textos. No se trata de marchar hacia un ecocentrismo, se trata de desmontar al hombre como dictador de la naturaleza. Más aún, se requiere fijar la observación sobre los medios de producción, sobre la infraestructura económica. Estamos frente a un sistema de producción depredador y frente a una “descultura” de la vida.
Absorción barata de recursos naturales, comercio desigual, explotación indiscriminada por un lucro igualmente indiscriminado. La crisis del planeta es una crisis de civilización. Como siempre, se trata de un asunto de filosofía política, siempre pensando que cuando usamos la palabra filosofía implicamos pensamiento y acción. Es menester sacudir la inercia global y exigir una reconfiguración del modelo civilizatorio, lo que incluye la descentralización del poder y de la toma de decisiones y un ataque frontal a un sistema productivo depredador, una deshomogeneización que permita recuperar la diversidad y el retorno a una ciudadanía de pleno ejercicio, la superación de las transacciones del mercado como límite a lo económico y hacer de la ética y la equidad elementos fundamentales para la comprensión de la sustentabilidad, la introducción de la sustentabilidad ecológica de la economía como una oposición lo suficientemente fuerte a la visión exclusivista del crecimiento económico, la difusión de los ecosistemas como escala de la economía y su imposibilidad de sustitución por el capital fabricado por el hombre.

En suma, también en la economía deben ser cambiados los paradigmas. Una vez más, la reaparición del dominio de la política sobre la economía, pues esta última debe estar sometida a objetivos de evaluación social, democráticos, amplios y consistentes. De flujo circular de dinero, de circuito cerrado entre producción y consumo, de sistema mecánico autosostenido, a una nueva mirada sobre las interrelaciones dinámicas entre los sistemas económicos y el conjunto de los sistemas físico y social. En suma, articular la economía sobre nociones biofísicas fundamentales como las leyes de la termodinámica: el respeto por los ecosistemas pasa por impedir generar más residuos de lo que ellos toleran, no extraer de los sistemas biológicos más de lo renovable, rescatar los indicadores biofísicos del dominio del dominio de los indicadores monetarios. Todo esto y más, pero el envoltorio es el sistema socioeconómico que domina todos los problemas medioambientales. Richard Norgaard (Una sociología del medio ambiente coevolucionista) lo definió con precisión: interpretar la actividad económica y la gestión ecológica como un proceso coevolucionario. Un dominio retomado de la política sobre la economía impondría a las decisiones un límite ecológico, la toma en cuenta de los efectos no contabilizados en el mercado, esto es, rompiendo la disociación entre la formación de los precios y la biosfera y la comunidad.

La palabra solidaridad no está en los textos de economía. Esto es que hemos definido repetidas veces como economía con rostro humano también puede serlo como “economía de solidaridad”. La economía, sí, pero la crisis ambiental debe ser enfrentada como parte de la crisis general que es el núcleo de este interregno donde los paradigmas caen, los episteme se disuelven o el universo simbólico se encuentra envuelto por una nebulosa. Hemos estado, y seguimos estando en este campo, en un paradigma tecnológico ahora desafiado por un paradigma ecológico. La filosofía se ha preguntado sobre el destino del hombre y ahora la pregunta, desde el tema que nos ocupa, se repite. En economía se sustituye la periclitada idea del crecimiento ilimitado por la nueva del desarrollo sostenible. En sustitución de las viejas ideologías brotan movimientos feministas, pacifistas y ecologistas, pero es el paradigma ecológico como nueva ciencia el que responde a este desafío concreto, a esta crisis específica que afecta a la supervivencia humana por agotamiento de la casa. El demiurgo se tambalea. Deben revisarse las relaciones entre ciencia y política y repolitizar el campo de los debates epistemológicos.

Esta es la sociedad del riesgo, qué duda cabe (Ulrich Beck, La sociedad del riesgo, 1986), pero de uno donde el valor de una ciudadanía emergente con conciencia política lo influye. Es necesario someter la tecnociencia a un control político democrático y ello implica educación y mecanismos de decisión acordes con el desafío. La vieja alianza entre ciencia y política ya llevó sus productos al extremo del agotamiento, tal como lo hemos repetido, productos como el Estado-nación o la economía depredadora. La crisis ecológica al menos ha servido para cuestionar el dominio de la economía sobre la política. El alborozo de una filosofía ecologista servirá para terminar de ponerle fin. La nueva alianza entre ciencia y política deberá servir para delinear y construir las instituciones del mundo que llega. La política, así, reabsorberá al poder y lo reconvertirá en un encuentro con la potencialidad de la vida humana.

teodulolopezm@yahoo.com

viernes, 26 de noviembre de 2010

La señora Irlanda acepta ayuda




Teódulo López Meléndez

Nuestras miradas estaban centradas en las manifestaciones de París y en segundo lugar en las que ocurrían en Italia, cuando se produjo la sorpresiva declaración de Angela Merkel proclamando la muerte de la Alemania multicultural.

La reflexión debe comenzar por alguna parte y la primera que nos viene a la mente es la crisis económica, que es apenas un ángulo dentro de una crisis humana, psicológica y cultural. Mueren más europeos de los que nacen y eso absorbe ingentes sumas en jubilaciones –detonante aparente de la crisis francesa- que se pretenden reducir con aplazamiento de la edad de retiro.

Los tres países que nos motivan inicialmente –Francia, Italia y Alemania- han estado violando el pacto de estabilidad acordado cuando se lanzó el euro. Los repetidos No a la Constitución Europea, el retorno de los viejos complejos nacionalistas entre los sectores excluidos del bienestar, un reclamo desde los más ricos por sus aportes en beneficio de los más pequeños, enfrentamientos o discordias en materia de política exterior, son algunos de los elementos a enumerar en esto que llamaremos la crisis de Europa.

La huida hacia los nacionalismos evidencia un fracaso. Por otro lado se argumenta que no han sabido las élites construir una verdadera Europa sino una especie de patchwork institucional basado sobre equilibrios que en nada contribuye a la mejoría real de la vida. Hay, pues, una crisis de confianza. Y la vertiente económica que afecta al empleo y las prestaciones sociales. Surgen así los ultranacionalistas, con tintes xenófobos y claramente fascistas. El paro, las privatizaciones de algunos servicios públicos y sobre todo la impotencia política hacen mella.

No se pueden negar los esfuerzos hechos sobre estas vertientes sociales. Desde el 2008 fue anunciado un paquete de 200.000 millones de euros por la Comisión Europea en noviembre de 2008; se han simplificado los criterios del Fondo Social Europeo (FSE), y en el Fondo Europeo de Adaptación a la Globalización (EGF), así como se ha instituido un Instrumento Europeo de Microfinanciación y la Estrategia Europea de Empleo, que es uno de los pilares de la estrategia que sigue proporcionando un marco para que los Estados miembros emprendan una acción coordinada para fomentar el empleo en el contexto de la crisis; si alguien advirtió fue Felipe González, que dirige el Grupo de Reflexión sobre el Futuro de Europa. González pintó un panorama realmente crudo ante los dirigentes socialistas europeos reunidos en Madrid. Subrayó la debilidad de la Unión por la crisis institucional, la crisis económica que en su opinión "no se resolverá en 2009 ni en 2010", y advirtió de "la pérdida de competitividad y productividad, sin la cual no habrá cohesión social". Y puso al descubierto las torpezas de la UE en política migratoria al recordar que "habría que agradecer a los inmigrantes que los europeos tuviéramos pensiones". Frente a esta advertencia Francia expulsa a los gitanos y Merkel proclama que ha muerto la Alemania multicultural.

Surgieron problemas graves en Grecia y menos vistosos en Portugal y España. Los mercados financieros siguieron inquietos: grandes franjas del sistema bancario europeo estaban ampliamente subcapitalizadas. De acuerdo con las estadísticas del BCE, los bancos de la eurozona tenían alrededor de 20 euros de pasivo (incluida deuda interbancaria) por cada euro de capital y reservas. Esto implica que por cada pérdida de capital de un euro en algún banco, habría aproximadamente 20 euros de deuda dudosa.

En pocas palabras, Europa se convirtió en el segundo escenario de la crisis financiera global, a pesar de la creación de un Instrumento de Estabilidad Financiera Europea (EFSF por su sigla en inglés). Tal vez porque el dinero se utilizó para financiar gobiernos que necesitaban financiar a sus bancos. Por otra parte los países de Europa Oriental se dividieron entre avanzados y atrasados Hungría, Rumania y los países del Báltico recibieron la mayor presión. El proteccionismo económico y la xenofobia nacionalista de las grandes potencias europeas han establecido una fisura con los países del Este. The Times sentenció: “El sistema bancario es insolvente, el desempleo se acelera, los ingresos por impuestos caen, los mercados están en un estado de choque, la construcción se derrumba, los déficits aumentan vertiginosamente y la confianza de los consumidores sufre una masiva contracción en todo el sistema que podría salirse de control". En este contexto se produjo una primera decisión irritante de Francia al conceder préstamos y subsidios a sus fabricantes de automóviles (6.000 millones de euros), pero con la condición de que las empresas mantuviesen el empleo en Francia y bajo ningún pretexto llevaren parte de su producción a República Checa, Eslovaquia y Rumania, países donde Peugeot-Citroën y Renault tienen plantas de ensamblaje. Suecia también siguió medidas similares. Italia, que tiene a Fiat operando en Polonia, también ha dado incentivos al sector en el mismo sentido, mientras que Alemania -con producción en Eslovaquia, República Checa, Hungría y Polonia- puso en marcha un plan similar.

Los jóvenes huyen de España por millares, en general no encuentran manera de hacer carrera ni recursos para la investigación ni salarios atractivos. Europa vive lo que parecía un mal endémico latinoamericano: la fuga de cerebros. Europa se hunde en nacionalismos chauvinistas, en odios étnicos o a las divisiones como las que parecen deseosos de protagonizar flamencos y valones. Hay una subyacente barbarie política que no encuentra alivio en su extraordinaria historia cultural del pasado. Italia se consume en el consumismo, valga el pleonasmo y ya no es el esplendoroso hogar de la poesía o de la filosofía. Francia no se reconoce en los inmigrantes. La señora Merkel cede antes las encuestas que muestran la creciente xenofobia. Europa ya no es un ejemplo.

Algo menos de cien mil millones de euros para salvar a Irlanda y la estabilidad monetaria europea. Falta el acuerdo para salvar la estabilidad del alma europea.

teodulolopezm@yahoo.com

miércoles, 17 de noviembre de 2010

El pensamiento como forma de realidad






Teódulo López Meléndez

I

El mundo parece un paciente diagnosticado al cual no se le ofrecen demasiadas esperanzas. Desde la organización mundial o regional de los Estados hasta el problema del agua, desde enfermedades sociales hasta el problema de los refugiados, por doquier se enlistan las calamidades y los desajustes.

La queja recurrente sobre el agotamiento de la ONU o sobre la inoperancia de la OEA son respondidas con ofertas de cambio que no se materializan. Estos mal llamados organismos internacionales, dado que no son otra cosa que intergubernamentales, padecen los latidos de sus integrantes en busca de oxígeno.

No obstante, en este período de transición de viejas formas a formas aún borrosas, los organismos intergubernamentales cumplen una función esencial como lo es la de tratar de coordinar esfuerzos sobre este paciente llamado planeta.

Durante la Cumbre del Milenio celebrada en la ciudad de Nueva York, en septiembre de 2000, los 189 estados miembros de Naciones Unidas adoptaron la Declaración del Milenio. Este documento contenía un grupo de metas y objetivos clave, algunos de los cuales fueron redefinidos más adelante en una proyección de trabajo plasmada en la Declaración del Milenio. Las ocho metas fijadas son harto conocidas: Erradicación de la pobreza extrema y el hambre, acceso universal a la educación primaria, promover la igualdad de géneros, reducción de la mortalidad infantil, mejorar la salud materna, combatir el VIH/SIDA y otras enfermedades, asegurar la sostenibilidad medioambiental y desarrollar asociaciones globales.

Sobre cada una de estas metas se han redactado extensos documentos de análisis y señalado las fallas de su implementación, así como mediciones necesariamente diversas sobre los avances logrados. Personalidades e instituciones u ONGs han incidido señalando particularidades como la desigualdad en el reparto de la riqueza antes que falta de ella, definiciones sobre exclusión, menciones sobre la feminización de la pobreza, los gastos militares, el acceso a la educación, el trabajo infantil, el derecho a la salud, esto es, un enriquecimiento de los conceptos sobre Derechos Humanos que se extienden desde lo civil y político, hasta lo económico, social y cultural.

A ello se suman los cientos de miles de refugiados que han debido abandonar sus hogares, las migraciones que desafían el concepto de espacio delimitado, la degradación del medio ambiente, todo lo cual implica la necesidad de una nueva colaboración todavía afectada por prácticas inefectivas, la implementación de nuevos y audaces métodos que permitan equilibrar de manera pareja la reducción de la pobreza y de la hambruna y un uso extensivo de la tecnología de la comunicación en ese combate.

Por encima de los listados afloran planteamientos de fondo, muchos de los cuales se ven obviados en la terca hipocresía de las relaciones mundiales.

II

La economía, alzada por encima de la política, puede conducirnos –de hecho nos conduce- a un aumento de las desigualdades entre países y entre seres humanos. Ya se ha señalado el peligro del surgimiento de una “sociedad disociada”.

Los patrones económicos cambian mientras los líderes mundiales se comportan como si todo se limitara a una crisis puntual, persistente pero superable con procedimientos habituales. Continuamos explotando fuentes de energía fósil con una voracidad creciente, pero paralelamente afectamos los mares, la agricultura y los bosques. El rendimiento de los alimentos, considerados por hectárea, han subido, pero generalmente a un precio nada deseable. Los medios de producción han cambiado a tecnología intensiva. Aquello que llamábamos campesinos sobreviven en zonas reducidas del planeta y no hay quien absorba la mano de obra sobrante por causa de la técnica o por mudanzas a zonas nacionales de mano de obra barata. Ha aparecido por todas partes lo que se ha dado en denominar “economía informal”, la cual ocupa en los países en desarrollo algo más del 50 por ciento de la población, dependiendo de continentes y zonas. Para producir se necesitan cada vez más conocimientos y ellos no parecen alcanzar a la parte del mundo donde hay que reducir la pobreza. Atraer la tecnología parece exigir condiciones que sólo países como aquellos que integran el BRIC u otros asiáticos logran ofrecer. Estados con gran burocracia –el Estado como supremo empleador- han tenido que afrontar disminuciones dramáticas para enfrentar déficits que hacían inviables sus economías. Por lo demás cabe recordar una vez la pérdida de poder de los Estados-nación inmersos en un proceso de reorganización política mundial que no termina de cuajar.

Frente a las metas del milenio crece la desigualdad entre países. Y es aquí, seguramente, donde brota en toda su dimensión la crisis política de un mundo globalizado que carece de mecanismos mundiales de poder efectivo, que funciona con organismos de posguerra y no de tercer milenio. Y, más aún, con una crisis conceptual de la política, con un envejecimiento inocultable de sus métodos y procederes que contrasta en años luz con los avances de la ciencia y de la técnica.
A pesar de los buenos propósitos de los objetivos del milenio la polarización entre ricos y pobres sigue estando allí, entre naciones, entre hombres y mujeres, causando serios planteamientos sobre la permanencia de la democracia e, inclusive, sobre la preservación de la paz. Las guerras parecieran no amenazar al siglo XXI desde la óptica tradicional. Ahora vienen de conflictos interétnicos (África ha sido un ejemplo patético), del racismo, de la xenofobia, del terrorismo, de los nacionalismos extremos renacidos como fogatas, de la intolerancia religiosa como se manifiesta en asesinatos masivos del otro.

Zonas específicas del planeta –caso Europa- deberán enfrentar el envejecimiento de su población mientras en ella aumenta la xenofobia hacia sectores migratorios a los que deben buena parte de su estado de bienestar. Ya dijimos que la palabra “campesino” abarca cada día a menos gente, lo que indica una concentración urbana cada vez mayor, al tiempo que las migraciones se le asemejan en volumen y en características. Al mismo, en muchas ciudades se forman barriadas casi sometidas a aun apartheid y que, de cuando en vez, estallan, produciendo destrozos generalizados. Se entremezclan los problemas, como lo hacen migración y urbanización. Como lo hacen unos y otros con el deterioro medioambiental que se manifiesta en los mares, en el aire y en la tierra. Parece asomarse la ética como tarea prioritaria.

La globalización avanza como fenómeno que se justifica a sí misma, un avance indetenible, mientras la política se estanca, o mejor se sumerge, para dar paso a tendencias autoritarias, a un eventual brote generalizado de totalitarismo. Hemos abogado por un encuentro de culturas, por un respeto a la pluralidad y a la diversidad. Sólo con tecnología no se puede, aunque la usemos para el bien del conocimiento y como una oportunidad única de aprender a respetarnos por el saber que adquiramos del otro.

III

Escasean los inventores de mundo. Se requieren protagonistas de la visión teórica de la política. Aquí las verdades se han derruido y hay que ir sobre las nuevas formas de la organización social. Lo que preside al mundo es la incredulidad. Los discursos viejos están deslegitimados. Alguien ha hablado de un cielo ahistórico. Si no hay planteamiento filosófico-político emancipatorio en el sentido de dotar al sueño de un corpus de ideas tampoco habrá emancipación de los graves problemas que nos afectan.

Nadie habla de un encierro. La filosofía se hace de teoría y praxis. Hay que desconstruir los viejos paradigmas y realizar los nuevos modelos partiendo de la realidad del hoy. Los que se dedican a cultivar el pasado pierden la capacidad de pensar. Este ser humano inteligente está por alzarse del envoltorio terrestre hacia la búsqueda de una nueva casa y debe reorganizarse hacia la aparición de un nuevo orden social. El que no se de cuenta que ha terminado una época jamás estará en condiciones de iniciar otra. El fracaso de las ideologías se debió al intento totalitario de envolver la historia, la naturaleza y la vida. Debemos hacernos de un pragmatismo atento a las incitaciones del presente y a los desafíos de las circunstancias teniendo en la mano las respuestas de una filosofía política renovada. El amontonamiento de hechos y más hechos al que nos fuerza este presente de transición exige pensamiento.

El origen unitario de la vida nos obliga a la concepción de un humanismo global hacia un comunitarismo de entendimiento y aceptación de la diversidad. La diversidad del mundo nos obliga a revalorizar la solidaridad en un gran gesto de conciencia. Tenemos deudas pendientes por saldar: el diálogo intercultural, la admisión y el respeto de las diferencias, la ruptura de los lastres a las viejas formas de organización política. El hombre de este tiempo vive la ruptura con un mundo que se tambalea. Hay que darle respuestas partiendo del principio de que el pensamiento es una forma de realidad.

La teoría política debe, pues, enfrentar al siglo XXI. Quizás el vacío provenga de la aplicación a las ciencias políticas del principio de que aquello que no fuese empíricamente demostrado quedaría fuera de significado. Es menester una pluralidad de ángulos de visión que la urgencia de encontrar una certidumbre sepultó. Ya no se requiere un corpus homogéneo, lo que se requiere es un intercambio fluido y permanente de diversas comprensiones. Algunos hablan de ofrecer no una mirada sistemática sino sintomática. Hablamos sobre una realidad, no sobre la inmortalidad del cangrejo. Es lo que otros denominan la teorización de la política y la politización de la teoría. Por ello hablamos de los problemas del mundo.

Tiene que haber una relación entre la teoría política y el funcionamiento de las democracias, hay que darle una respuesta común a las exigencias cotidianas de la democracia, por la muy sencilla razón de que la globalización ha tenido un efecto particular: todos los hombres, en buena medida, se están enfrentado a los mismos problemas, lo que para nada lleva al olvido de las particularidades, las que, por el contrario, se hacen manifiestas al pedir políticas de reconocimiento.

Sin pensamiento democrático renovado la tendencia será fuerte al enfrentamiento y al totalitarismo.

teodulolopezm@yahoo.com

jueves, 11 de noviembre de 2010

La ausencia de la función imaginante




Teódulo López Meléndez

Hemos tenido grandes avances en la informática, la tecnología espacial o la biología y en una creciente demanda a favor de los derechos de los homosexuales. Desciframiento del mapa genético, celulares con 3G, GPS y WiFi, la manipulación de embriones o la web 2.O, pero la política ha planteado retos que no han sido abordados con pensamiento complejo capaz de trazar coordenadas en este momento de la historia y de la cultura universal. Ha faltado, diría, la razón poética, esto es, la posibilidad de soñar las nuevas formas de organización comunitaria del hombre desde la luz de la conciencia hasta la creación de un cuerpo especular, lo que se llamaría la función imaginante.

La proclamación de la victoria de la técnica, la falta de sentido como nuevo sentido y la prevalencia del pensamiento débil debe ser contrarrestada con el fuerte resurgir del pensamiento. Es una caída vertical que venimos sufriendo desde más allá de esta década que termina en zona oscura. Si el ciudadano de este siglo deja de padecer como víctima y se decide a realizar las nuevas formas son bastantes probables los nuevos surgimientos, en especial en la política y en las ideas que deben envolverla.

Quizás podamos definir a esta sociedad de la primera década del nuevo milenio como una sociedad enmascarada que vive su sojuzgamiento como víctima. Es menester transgredir la oscuridad. Se transgrede en momentos de crisis. Ya Tucídides utilizaba la palabra en la Guerra del Peloponeso. Crisis las ha habido de todos los tipos y de todas las duraciones. Si la palabra crisis cabe se debe a causas endógenas en lo institucional, en lo cultural y en lo político, como lo hemos señalado en ya cinco ensayos donde hemos abordado la lectura del nuevo milenio. Está claro que esta turbulencia del presente es transicional hacia un nuevo mundo, pero el sistema social padece ahora tal sacudimiento que debe conducirnos a desechar componentes y a incorporar las indispensables innovaciones. De esta presente decadencia puede venir el colapso con la reaparición plena del totalitarismo o un renacimiento sobre las nuevas ideas y las nuevas formas políticas. Este es un tiempo de decisión, de empujones que alienten los nuevos caminos.

Los pasados supuestamente enterrados adquieren vitalidad en situaciones como la presente, lo que parecen olvidar los conservadores a ultranza que sólo confían en lo conocido que precisamente nos condujo a este punto. La acumulación de fallas puede conducir a una crisis general que se manifestaría en todos los ángulos, en el conjunto de lo que podríamos llamar la reproducción social, esto, es, lo que se acostumbra llamar ‘crisis mixta”, pero que en la presente década tiene como causa fundamental la política. Las crisis civilizatorias se enfrentan no con retornos sino con saltos hacia adelante. Con rigidez no se superan los marcos civilizacionales agotados. La economía siempre ha sido un factor político, aunque hayamos vivido su imposición por encima de la política, de manera que como concepto político hay que superar un modo de producción y arribar a una economía humana y solidaria. En otras palabras, estamos en un mundo envejecido y no podemos pretender que sólo con la técnica basta para el escape. No es posible la colocación de parches. No podemos responder así a la era de la incertidumbre. Esto es un laberinto fáustico, muy propio de las acciones humanas. Todo determinismo está excluido. No hay una determinación histórica causalista. La disutopía en que estamos envueltos abre las espitas para el pensamiento y las nuevas prácticas sociales. Hay que convencerse de que el pasado ha perdido su función, a no ser el propio de un muestrario de los caminos que nos condujeron hasta la situación presente. Los escenarios a desarrollar deben partir del ahora. Estamos inmersos en un presente que parece eternizarse y al cual debemos administrar una intensa dosis de pragmatismo e ideas. Carecer de estrategias derivadas de un pensamiento en ebullición equivaldría a sujetarlo a la espera del quiebre.

teodulolopezm@yahoo.com
En Twitter: @teodulolopezm

miércoles, 20 de octubre de 2010

Se solicita condominio





Teódulo López Meléndez

Este planeta que habitamos no será eterno. Está demostrado que la estrella que llamamos Sol se extinguirá arrastrando en su desaparición a los planetas que la orbitan. Faltan miles de millones de años para que ello suceda, pero una conclusión es irrefutable: si el género humano pretende sobrevivir deberá establecerse en otra parte.

Stephen Hawking no cree que falte tanto tiempo para esta mudanza obligatoria. Según él tenemos alrededor de mil años para colonizar otros planetas, no sin obviar que una supernova, un agujero negro o un asteroide nos destruyan antes, si no es que el propio hombre por una acción guerrera o por su instinto egoísta de consumación de los recursos logre el objetivo en 200 años.

No hay duda que el único futuro posible del hombre está en el espacio exterior. Y vamos hacia él inclusive por un instinto natural, porque está allí y si está allí debemos conocerlo, descubrirlo, explorarlo. En la incalificable jugada, boutade, anticipo o aproximación a la verdad The Sunday Times lo puso hace algunas semanas sobre el tapete al asegurar que la astrofísica malaya Mazlan Othman había sido nombrada Embajadora de Naciones Unidas para el Espacio. Ella, en realidad, es directora de la oficina de la ONU para el espacio exterior (Unoosa, por sus siglas en inglés). El diario británico le atribuía a la supuesta nueva funcionaria la tarea de coordinar la respuesta de la humanidad al momento de producirse el contacto con una raza alienígena. La versión fue inmediatamente desmentida tanto por el organismo internacional como por la propia doctora Othman, pero sigue siendo una verdad no demostrada que no estamos solos en el inmenso universo o en los otros universos que la ciencia constata existen. Ese contacto se producirá tarde o temprano, aunque Hawcking lo considere peligroso y asegure debemos evitarlo. Al fin y al cabo los astrónomos de todo el mundo se afanan por conseguir señales inteligentes provenientes del espacio y la propia NASA ha enviado por esos predios espaciales “Across the Universe” de los Beatles.

Está más que justificada, entonces, la inversión en los descubrimientos espaciales. Buscar un planeta fuera de nuestro propio sistema solar no es una actividad vieja y son relativamente pocos los años en que comenzamos a descubrirlos. Si bien Marte podría servirnos como alojo largo y los planes para construirle una atmósfera están claros, nunca olvidamos que debemos salir de nuestro sistema planetario. Muchos planetas han sido descubiertos, pero por vez primera hemos encontrado uno cuyas características de temperatura y composición indican que tiene todos los requisitos para albergar agua y vida. Gira alrededor de una estrella roja, una de las cien más cercanas a nuestro sistema solar. Tiene una temperatura similar a la terrestre y, como decíamos, está cerca en términos galácticos: 193 billones de kilómetros. Algunos científicos aseguran su certeza absolutamente en cien por cien que allí existe vida. Un astrónomo sin sueño, creo que australiano, hace un par de año aprovecho una noche clara para observar el universo y recibió una señal de luz que identificó como proveniente de un rayo láser. Al producirse el descubrimiento del planeta que relatamos declaró que era de allí que provenía la señal captada y un rayo láser es señal de inteligencia desarrollada. Lo sabremos con precisión cuando la NASA lance en 2015 el satélite Darwin, de manera que no estamos nada lejos de saber si conseguimos otra vida inteligente o si el planeta copia del nuestro está allí esperándonos como la posible casa nueva.

Quizás fue el marketing o una publicidad bien calculada lo que llevó al escándalo con el último libro de Stephen Hawking, The grand design. En verdad no hay un pronunciamiento sobre la fe o la teología pero sí una tajante afirmación de que la filosofía ha muerto y la conclusión de que para explicar la génesis del cosmos no es necesaria la hipótesis de Dios, lo cual no es ninguna novedad en la historia de la cosmología. Dejando de lado lo que llamaremos el escándalo publicitario hay cosas más interesantes de que ocuparse en ese texto, como la idea de universos múltiples. Se denomina la teoría M o teoría de todas las cosas según la cual el universo en que está nuestro planeta no es más que una parte de una serie infinita de universos o multiversos. Recordemos que unificar la teoría de la relatividad de Einstein –la gravedad- con la mecánica cuántica –las fuerzas que rigen los átomos- es una de las tareas más álgidas que ha enfrentado la ciencia. Sobre los años 70 se planteó la llamada teoría de las cuerdas que describía la existencia de siete dimensiones que agregar a las tres ya conocidas, pero llegó a tener demasiadas versiones y fue apartada. De allí la teoría M, considerada una red de teorías, o una familia de teorías interconectadas, cada una de las cuales describe su propia versión de la realidad. Para ello está la teoría de la inflación cósmica, esto es, el mismo proceso que dio origen a nuestro universo puede haber ocurrido muchas veces lo que conlleva a la existencia de muchos universos. En esa multiplicidad de universos es obvio que existirían muchos planetas como el nuestro y tal vez una raza humana como la nuestra, con el problema de que nunca lo sabríamos porque se expanden a tal velocidad que nunca veríamos su luz. O tal vez el Big Bang fue el estallido de un universo previo.

Los secretos siguen guardados, pero los grandes telescopios otean ya miles de galaxias y el acelerador de partículas reproduce condiciones. Hawking utiliza una metáfora: los seres humanos somos como peces en una pecera redonda viendo una realidad distorsionada que otros seres fuera verían de manera diferente.

La prisa comienza a manifestarse. La propuesta ha llegado suave y sin mucho ruido. En Journal of Cosmology, Dirk Schulze-Makuch, de la Universidad de Washington y Paul David, físico y cosmólogo de la Universidad Estatal de Arizona, advierten que la hora ha llegado y debemos enviar cosmonautas a Marte sin boleto de regreso. El propósito sería establecer una inicial colonia en el planeta rojo. Alegan que la humanidad está ya en condiciones de poner al hombre allí, pero los problemas están en el costo de traerlos de vuelta.

Proponen enviar dos naves con dos tripulantes cada una, tripulantes que jamás regresarían. Previamente se habrían enviado materiales, herramientas, vehículos y provisiones llevados por misiones no tripuladas. Su misión, construir un campamento base para acoger a futuros nuevos colonos.

Los argumentos de fondo son los que hemos mencionado, la vulnerabilidad del planeta que habitamos, uno que puede ser víctima de cualquier acontecimiento cósmico como el impacto de asteroides y cometas o la explosión de supernovas. Lo que proponen, en pocas palabras, es que la preservación de la raza humana debe comenzar de inmediato.
Cuando uno se pregunta sobre voluntarios para esta misión sin regreso, para esta primera colonización del espacio exterior, para el inicio de esta aventura humana que puede preservarla, se consigue con una sorpresa: la NASA dispone de una lista de voluntarios que llenan todos los requisitos. Y los requisitos son: haber superado la edad reproductiva, tener esperanzas de vida por debajo de los 20 años, que al menos uno sea un físico experimentado y que se tengan amplios conocimientos científicos y técnicos y un fuerte compromiso con la investigación.

Deberán enriquecer el terreno para hacerlo apto para el cultivo, construir los refugios para los nuevos colonos y construir su propia bioesfera .En diez años la primera colonia podría llegar hasta 150 miembros y entonces se planearía el nacimiento de los primeros marcianos.

Tendríamos así nuestra primera nueva casa, pero saldríamos a buscar otras. Algún día la raza humana recordará su origen terráqueo como un emigrante de varias generaciones recuerda la proveniencia de los abuelos. Aunque no seamos los únicos seres inteligentes –lo que seguramente no somos- debemos intentar nuestra preservación en casa nueva. Por ahora está Gliese 581g, a la espera de develarnos si ese condominio está libre u ocupado.

A pesar de todos los esfuerzos, la raza humana será difícil de extinguir.

teodulolopezm@yahoo.com
En Twitter: @teodulolopezm

jueves, 14 de octubre de 2010

Hikikomori




Teódulo López Meléndez

La palabra japonesa hikikomori significa aislamiento. Lo está padeciendo uno de cada diez jóvenes japoneses. Se encierran en su casa o incluso en sus propios dormitorios durante largos períodos, duermen de día y en la noche se refugian en la televisión o en el computador. Algunos dicen que viven de la imaginación. Los psiquiatras hablan de enfermedad social. Otros se refieren al asunto como consecuencia del crecimiento de la economía japonesa en la segunda mitad del siglo XX. Los interesados en los problemas culturales ven a los hikikomori como una consecuencia de las mentiras incrustadas en los valores históricos de la sociedad japonesa que celebran la soledad. Los psiquiatras vuelven a la carga y hablan del papel asignado a la madre que debe cuidar a estos chicos hasta que entran en la madurez.

A veces se ponen violentos. Son, tal vez, el extremo de la pasión por la cultura digital y un rechazo extremo a la vida de competencia. En cualquier caso crean un espacio ficticio, uno donde paran el tiempo y limitan a extremos al espacio. Es lo que Star Trek se llamaba holosección. La psiquiatría aún no habla de síndrome, pero la verdad es que implica ya la desaparición del acontecer cotidiano de un millón de jóvenes japoneses.

Cuando los escritores nos aislamos para cumplir nuestra tarea o cuando los mayores ya consideran haber visto lo suficiente podemos parecernos a una conducta que fue llamada “síndrome de Diógenes”. Sin embargo, este abandono de los hikikomori en la abulia y el hastío no proviene de ninguna causa relacionada con dolencia física y aparentemente ninguna psíquica que pueda ser descrita dentro de los manuales conocidos. Tal vez pudiéramos llamarla una nueva enfermedad del siglo. Por lo demás, quien encarna a la perfección el síndrome atribuido a Diógenes de Sinepe es el matemático ruso Grigori "Grisha" Yákovlevich Perelmán, considerado el más grande de entre todos los matemáticos vivos, quien resolvió la famosa conjetura de Poincaré, propuesta en 1904 y considerada uno de los problemas abiertos más importantes y difíciles en matemáticas. Rechaza premios, vive con su madre, sale apenas a comprar comida y viste casi con harapos.

Pero mostrada la excepcionalidad del gran matemático de los suburbios de San Petersburgo es menester hacer notar que el fenómeno hikikomori tal vez no sea una particularidad de la sociedad japonesa. En el Reino Unido se habla ya de “hikikomori social”, denominado NEET en sus siglas en inglés (Not currently engaged in Education, Employment o Training). Pueden estarse acercando a una cifra millonaria y no quieren saber nada de contacto social o competitividad económica o laboral. Mi contacto con adolescentes me indica una norma: duermen hasta muy tarde, prefieren la noche, son pesados en sus reacciones, no manifiestan interés por el mundo circundante.

Mientras más se le estudia más se encuentra un rechazo pasivo-agresivo a una sociedad que consideran injusta, paradójica y absurda. La cultura es un producto de la conciencia humana, un producto de la mente del hombre. La palabra crisis se refiere a comportamientos críticos y refieren una insostenibilidad. Sobre ella se va creando una nueva subjetividad colectiva y una nueva apropiación simbólica. Jamás se puede plantear como la reconquista de una unidad perdida. Tal vez con Habermas podríamos hablar de un actuar dramatúrgico. La anulación de la visibilidad implica una disolución de la identidad. Es evidente que el mundo requiere una reconstrucción de identidad, lo que pasa por la elaboración de una nueva versión de la realidad y de la vida.

Cultura ya no es un complejo de conocimientos. Es el vocabulario con el cual leemos el texto. El conjunto de símbolos heredados está conllevando a una ruptura de conocimiento de la vida y de las actitudes hacia ella. Los códigos internos de sistemas de significación no están reconociendo la realidad social y menos formas de interpretación, a no ser este paroxismo aislacionista en que una parte de la juventud se está refugiando. El distanciamiento implica un abandono del hecho histórico y la intuición se usa para rechazar lo que se considera “hechos sin sentido”. Se abandonan las convenciones y se asume una especie de arte figurativo virtual. Para los hikikomori no hay posibilidad de transformación de los hechos sociales en relato. Es tan deleznable la historia que transcurre –piensan- que la poesía se oculta imposibilitada de ser una vía a la reconstitución del ser.

La forma para ellos no proviene de la vida y las reglas de construcción se limitan a crear un efecto de realidad. Los límites entre realidad real y realidad virtual han llegado a disolverse. Los jóvenes hikikomori son incapaces de producir una sintaxis. El discurso pasa a ser la ausencia de discurso. La referencia a lo real es un efecto de realidad. Este desdibujamiento conduce a una representación atemporal. Marginarse pasa a ser la forma argumentativa predilecta. La renuncia a la exposición procura la ruptura de la continuidad narrativa. Lo que los hikikomori buscan de manera inconsciente tal vez sea esta ruptura y sustitución por una especie de ilusionismo. Sin embargo, la conexión es demasiado tenue y se pierde la degradación de la herencia cultural y de la realidad que se rechaza. No se poseen los códigos y sus claves de acceso, el aislamiento pretende constituirse en símbolo sustitutivo. Al fin y al cabo desde el poder se les ofrece un teatro y desde la oposición al poder otro similar. Los hikikomori resisten una hegemonía cultural y en el fondo se aproximan como nunca al nihilismo. Tal vez eso sean, unos nihilistas categorizados en una nueva versión del nihilismo generalizado del hombre contemporáneo que apenas comienza a vislumbrar las transformaciones hacia un nuevo mundo. Ciertamente la transición es exigente.

teodulolopezm@yahoo.com
En Twitter: @teodulolopezm

jueves, 7 de octubre de 2010

Said, el intelectual de la piedra contra el tanque





Teódulo López Meléndez

El 25 de septiembre de 2003 moría el gran intelectual palestino Edward Said, luego de haber luchado por largo tiempo contra la leucemia. No lo habíamos olvidado, sólo que el día 26 se produjeron elecciones legislativas en Venezuela.

Said, el de la dura palabra contra lo que él llamaba prejuicios euro-céntricos contra los pueblos árabes-islámicos y su cultura. El fundador de la orquesta Diván Este-Oeste con Daniel Beremboim y de quien el gran músico israelí-palestino dijo que en realidad el oriundo de Jerusalén era un músico. El Premio Príncipe de Asturias 2002. El columnista de importantes diarios del mundo y el que resumió un rol de manera terminante: “Un intelectual es el autor de un lenguaje que se esfuerza por decirle la verdad al poder”.

Orientalismo es seguramente su libro más famoso. Al fin y al cabo fue traducido a más de treinta idiomas. Imágines estereotipadas de Oriente y occidente construidas sobre el imaginario occidental etnocentrista, el manejo de cultura e imperialismo como clichés ideológicos, el poder colonialista para impedir que surjan otros relatos, el análisis de los movimientos de resistencia, la mirada sobre los estereotipos culturales racistas, el implacable análisis sobre la administración Bush. Por allí andaba y anda este libro.

Said, quien rompe con Arafat por los llamados Acuerdos de Oslo, el que mira la derrota del pueblo palestino, el que se ata al tumulto de la historia contemporánea, el que queda marcado por la trágica guerra civil del Líbano, el que asiste a la segunda intifada. El profesor de Columbia cumple su rol, de intelectual mientras imparte clases a sus alumnos. Se desgarra frente a la destrucción de las bibliotecas y museos de Irak, tragedia magistralmente narrada por el venezolano Fernando Báez.

El intelectual Said se pregunta desde la invasión de Napoleón a Egipto finales del siglo XVIII y sobre este constructor semimítico del hoy que olvida la variedad de pueblos, lenguajes, culturas, relegados a un banco de arena. Es implacable el hijo de Jerusalén. Y se alza la mirada estereotipada sobre el demonio extranjero. Y se proclama humanista y cuando se le dice como puede estar tan cerca de Foucault, de pensamientos estructuralistas y postestructuralistas, alega que para ser humanista hay que ser un crítico feroz del humanismo. En algún momento escribí que el antihumanismo de muchos los hacía cada vez más humanistas. Said lo entendía como un modo de romper los grilletes y usar el pensamiento histórica y sabiamente para un entendimiento reflexivo, más un sentido de comunidad con otros intérpretes.

Dedicó su tiempo y esfuerzos a la defensa de los derechos del pueblo palestino sin olvidar jamás los sufrimientos a que fue sometido el pueblo judío y abogó por una coexistencia pacífica que lo llevó a plantear la tesis de un Estado dos naciones. El profesor hablaba en Columbia de Giambattista Vico, filósofo y filólogo napolitano cuyas ideas anticiparon a pensadores alemanes como Herder y Wolf, y después a Goethe, Humboldt, Dilthey, Nietzsche, Gadamer, y finalmente a los grandes filólogos del siglo XX, como Erich Auerbach, Leo Spitzer y Ernst Robert Curtius. Resaltaba el interés de Goethe por el Islán y de sus ideas de todas las literaturas del mundo como si fueran un todo sinfónico que pudiera aprehenderse teóricamente preservando la individualidad de cada trabajo sin perder la visión del todo. Se alza la voz de
Said contra la estandarización de las ideas.Critica a los gobiernos árabes incapaces que reprimen a su propia población y a la falta de entendimiento de lo que es Estados Unidos como sociedad. En lugar de choque o enfrentamientos aboga por la reunión de las culturas. Llama a leer en todas las formas posibles del mundo. Su interpretación del fatídico ataque contra las torres gemelas como originada en la guerra y el uso del sentimiento islámico contra el comunismo, como lo podemos constatar en la guerra afgana contra la invasión soviética, más el fracaso político de algunos países musulmanes, lo que conllevó a la idea de la religión como una repuesta a los problemas modernos, le valieron suficientes críticas.

Su condena al terrorismo palestino fue clara y contundente. Una de sus frases alegaba que había que hacer entender a los israelíes el daño que hacía a su pueblo sólo con palabras. Le molestaba de manera suprema que el debate sobre el Islam se pareciese a una controversia teológica cuando debía ser política e intelectual. Orientalismo y cultura e imperialismo es otro de sus libros imprescindibles. La soledad del intelectual aparece en toda su dramática magnitud, aunque alega que es preferible este destino a dejar gregariamente que las cosas sigan su curso habitual. Sus memorias tituladas Fuera de lugar lo atestiguan. El ataque israelí contra Cisjordania en 1967 lo mete de cabeza en la política, pero también aparece The question of Palestina. Toma de posiciones, escritos políticos, crítica literaria-cultural. El intelectual Said escribe, reflexiona y actúa. Repite su oposición a todo movimiento, sociedad o estado teocrático o religioso llámese cristiano, sionista o islámico. Y vuelve: el papel del intelectual es elevar la libertad y el conocimiento. Lo describe en Representations of the Intellectual. Y es siempre contra las autoridades que deben ser responsables ante los ciudadanos. Caricaturizado, acusado de resentimiento filosófico, señalado como envidioso y lleno de desaliento, Edward Said cumplió su papel en este mundo, el muy desgraciado de ser un intelectual lúcido. Cuando murió hasta sus más acérrimos críticos debieron expresar su pesar, porque había muerto una voz inigualable del pueblo palestino. Tal vez sea un desconocimiento de su metodología, la de la trilogía que concluye con Cubriendo el Islam.

Para este breve recuerdo hemos utilizado la imagen del brillante intelectual que desesperado al ver como se destruye el sembradío de un palestino toma una piedra y la lanza contra un tanque. Quizás en esa imagen del hombre que alegaba sólo debía recurrirse a las palabras quede de manifiesto la impotencia del intelectual.

teodulolopezm@yahoo.com

En twitter: teodulolopezm

sábado, 11 de septiembre de 2010

La historia de amor y el agujero negro





Teódulo López Meléndez

Pensaba que una historia de amor no podía ya conmoverme, pero he aquí que, por azar, por andar en Internet como anda uno ahora con acceso a todos los secretos, me topo con un polaco que por tejer sacos en Auschwitz se topó con una tejedora judía. El polaco no lo era, estaba allí por esas deportaciones masivas que a ratos excedían los ejecutantes de las órdenes del III Reich. Enviaron a tres muchachas a ayudar y el polaco alzó los ojos para ver lo que determinaría su existencia. Se las inventó todas, desde un uniforme de las SS hasta una identificación falsa, desde un acento alemán cercano a la perfección hasta un gesto de autoridad para convencer a los guardianes que la judía debía ser interrogada en otro sitio fuera del campo.

Y con ella se internó en el agujero negro de la noche, kilómetro tras kilómetro, oscuridad tras oscuridad, hasta que la dejó a salvo con la promesa de encontrarse para siempre. El siempre no fue más que inmensidad y misterio de universo. Ella terminó en Estados Unidos, él en Polonia, hasta que un día ella preguntó y alguien dijo que un polaco con una historia parecida había sido entrevistado en la televisión y contado algo parecido. Lo encontró, pero ya cada uno había tomado su camino, cada uno se había casado, cada uno tenía sus propios hijos. Ella rogó volver al agujero negro de la vida, abandonarlo todo y cumplir la promesa hecha de la fuga. Él respondió que no podía hacerle eso a sus hijos y los misterios de las ecuaciones quedaron sin resolverse. Nunca más ella contestó las cartas. Einstein había quedado vagando por Viena en busca de la velocidad de la luz.

No recuerdo sus nombres. Cuando leí la historia he debido copiarlos, pero a él lo llamaré Nikodem Poplawski y a ella inmensidad. Ahora –sea así por siempre- la fuga no se produce desde un campo de concentración. Se produce desde la Universidad de Indiana donde un polaco enamorado asume las vestes de físico teórico para revisar las ecuaciones de la relatividad general de Einstein y asegurarnos que todo nuestro universo puede estar dentro de un agujero negro. Nikodem Poplawski nos lo dice desde Physics Letters, como si se tratase de una carta a la amada que ya no las responde. Lo que no sabía el enamorado de Auschwitz es lo que nos dice este otro polaco de origen: puede que los agujeros negros del centro de la Vía Láctea sean puentes hacia otros universos. Y así la infinitud escapa de nuestras capacidades de medición. Más aún, si nosotros mismos vivimos en un agujero negro, si somos un agujero negro del cual no podremos salir sino comprendiendo la singularidad, esto es, lo que el judío alemán llamó densidad de la materia que tiende al infinito. El destino del polaco enamorado de la judía era densidad inalcanzable: ahora parece –desde la paradoja de la historia- una irregularidad matemática.

Líbrenme de inmiscuirme en la variante Einstein- Cartan- Kibble- Sciama para describir el momento angular de las partículas elementales. El polaco y la judía lo eran, unos seres sometidos al juego de los dados. Einstein había asegurado que Dios no jugaba con ellos. Ahora los físicos hablan de torsión, para calcular una propiedad de la geometría del espacio- tiempo. La materia rebota y empieza de nuevo a expandirse, nos dice Poplawski. La materia rebota, pensó la judía cuando el recuerdo la volvió a asaltar y buscó al polaco que la liberó, pero el polaco estaba ya en otro agujero negro. El universo se expande porque rebota. Este ya no sería llamado con propiedad nuestro universo, pues estar dentro de un agujero negro equivaldría a estar en un universo diferente. El polaco de la universidad norteamericana dice que podemos comprobarlo midiendo si existe una "dirección preferida" en nuestro propio universo.
Juegos de materia y antimateria. Pareciera que en las pequeñas grades historias humanas el agujero negro donde vivimos-no vivimos reproducen el universo donde estamos y no estamos.

Cuando apareció la teoría de la relatividad se dijo que apenas diez humanos serían capaces de entenderla. Ahora este gringo-polaco de Indiana nos desata una versión que será criticada por la comunidad científica. Lo único cierto es que su tesis me ha llevado a recordar una vieja historia de amor nacida en un campo de concentración y a interrogarme sobre la compleja sencillez de lo humano. Cuántas historias multiplicadas por los universos infinitos. Los agujeros son negros porque no pueden reflejar la luz y no podemos verlos. Creo que la historia del polaco y de la judía en Auschwitz sí puede verse. Los humanos sí somos capaces de entender y entenderemos los agujeros negros. Palabra de destino.

domingo, 9 de mayo de 2010

La tercera opción (el libro)


La tercera opción

Teódulo López Meléndez


He decidido organizar en libro (e-book) mis ideas sobre la presente situación venezolana que me conducen al planteamiento de la necesidad de construcción de una tercera opción. Lo coloco en versión PDF y en versión word.

http://www.scribd.com/doc/31105227/La-tercera-opcion

https://acrobat.com/#d=FCfMS1b6sBOZXesAeT7T*g