El reino de las apariencias
Teódulo López Meléndez
La “realidad” de lo “real” es hoy cosa distinta. Estamos inmersos en el afán de la desaparición y, por ende, lo que hemos hasta ahora denominado significaciones retrocede a un segundo plano. Esta situación es perfectamente definida por Baudrillard como “teoría de la simulación” o “patafísica de la otredad”
Queda claro que entramos en una situación definible como alteridad radical producto directo de la desaparición. Si la realidad era un conjunto de interpretaciones humanas ahora se impregna de extrañeza y esas interpretaciones se ahogan en su propia impotencia. La “realidad” ha girado sobre sí misma, queda consumado el vértigo, y ha desaparecido.
La desaparición no tiene que ver con muerte, ni siquiera con una detención de la vida que, al fin y al cabo, no es más que repetición. A lo que ahora asistimos es al amoldamiento de lo real a la forma. Esto es, el mundo se ha desrealizado, la representación es la norma, la única hipótesis del hombre pasa a ser la forma. Ya estamos ausentes.
La civilización de la inteligencia artificial es en sí misma una representación. La aparición dejó de orientar, murió para dejar paso a la apariencia. Al ver el suceso todo se convierte en representación, en una momentánea y efímera, que se marcha apenas mostrada y luego de engañar. La IA fabrica la imagen a voluntad dejando, así, en entredicho hasta aquella afirmación que definía lo presente con el argumento “una imagen vale más que mil palabras”.
Ahora bien, es necesario precisar que el espectáculo es una formación histórico-social. El proceso ha pasado por un alejamiento del espectáculo de la realidad y por la eliminación de todo espacio de conciencia crítica y de toda posibilidad de desmitificación. El espectáculo se convirtió en sí mismo. Entramos, así, en una era describible como la de edificación de lo irreal que entrama.
El simulacro es la nueva “realidad”, una sin sustancia. La realidad encontró el método para la evaporación en la tecnología, en los microchips. Cuando la vemos a lo que estamos asistiendo es al paso de un meteorito errático en un espacio vacío. Por supuesto que todo va acompañado de otra desaparición, la del pensamiento. Ello porque la civilización de la imagen, también ahora falsificable por la IA, nos sobresatura, acumula sobre nosotros tal cantidad que no acumula nada, esto es, la acumulación se autodevora como un disco duro de computadora infectado por un virus. El resultado: el hombre, en el terreno de la política, se convierte en una sombra ajustable a todo el entramado de apariencia.
Ahora tenemos la netgeneration, una que marca en una observación que se cree el fiel reflejo de la realidad. La indeterminación del participante sobre su validez, y su validez misma, conlleva a la creación de muchos de los fenómenos sociales que hoy vemos. Se nos plantea así una discusión sobre el valor del conocimiento desde otros ángulos impuestos por la manipulación simuladora. También, claro está, desde el mero punto de la acción política. Una sociedad que espera y no genera es incapaz de luchar por impedir la conviertan en apariencia.
@tlopezmelendez

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