El hombre contraído

 


  

Teódulo López Meléndez

El abandono de la ilusión social produce una homogenización del mensaje con la ayuda de la tecnología. El planteamiento de los que protestan contra las injusticias no es para sustituirlas, sino para que se ablanden, se comporten debidamente, para que asuman alguna característica de compasión: perdonar la deuda a los países pobres o no imponer recetas que aumenten la pobreza o una mejora de ingresos expuestos a las coordenadas danzantes de la economía. No estamos en un redescubrimiento de la vida como solía suceder cuando la amenaza de muerte había cesado.

La anterior rebelión contra el cansancio tenía abiertos grandes objetivos. La actual rebelión contra el aburrimiento no busca otra cosa que destruir al propio aburrimiento.

No es que Sartre esté reviviendo estos días y con él el existencialismo, como algunos ensayistas franceses han querido hacerlo ver. Es que se hace necesario recordar a Sartre por las proximidades que existen entre cansancio y aburrimiento. En realidad, ya Sartre goza de la historia de la cultura.

La necesidad existencial, la de la preocupación por los temas fundamentales de ser, ha sido sustituida por un hedonismo exacerbado. A medida que ha excitado esa necesidad, el avance tecnológico nos ha ido colocando en la ubicuidad. Para decirlo de otra manera: ya no hay apariencia sostenible. Sobreviene, así, la indeterminación. Virilio, con acierto, ha dicho que la industrialización que viene es la de la “no mirada” En otras palabras: el proceso que se lleva es el de la ceguera, la producción de “una visión sin mirada”. Cuando digo indeterminación me estoy refiriendo a un fraccionamiento del cuerpo tal como lo hemos entendido hasta ahora. Hablo de la absoluta inmovilidad a la que estamos siendo condenados; pues bien, a este hombre paralítico hay que estarle suministrando constantes dosis de sobreexcitantes.

En cualquier caso, lo fundamental es el presente. Así, la protesta por la “causa justa” se evaporará en la medida que el sistema logre sobreexcitarlos momentáneamente y un nuevo período de aburrimiento sobrevendrá hasta un nuevo sobreexcitante. Es más, la tecnología permite que esos medios satisfacientes, cada uno individualmente y en solitario, se los porte consigo. Se trata de la eliminación total de diferencias entre el adentro y el afuera. Esta reducción conllevará, a su vez, a un aumento de la necesidad hedonista y a una ruptura total de la relación del aburrido con lo real, quiero decir con lo real exterior, pues el mundo se reducirá a sí mismo. El resultado podría ser, simplemente, el de la ausencia. El hombre podría terminar como algo contraído.

@tlopezmelendez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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