El escenario robado

 



Teódulo López Meléndez

Analfabeta no es sólo quien no sabe leer y escribir, analfabeta es el incoherente. Hablo de política, claro está.

La forma es tan importante como el contenido. En muchas ocasiones la exploración de la forma se sobrepone a la realidad aparente. Quien no maneja la forma entierra pilares en lo inconsistente. Una de las formas sustentables de la política es hacerla capaz de generar realidad. Hay que notar que la agencia publicitaria que se dedica a asesinar la política es porque está descontenta con ella y quien está descontento con la política en verdad está descontento con todo, incluyéndose a sí mismo.

Lo real no puede separarse de la forma. Cuando algo resiste a la mirada de quien quiere transformar o sustituir hay que aprender a superar la capacidad de resistencia que opone y ello pasa por sembrar de manera tal que las posibilidades se hagan muchas. Para ello se requiere creatividad, porque cuando se riegan formas creativas se multiplican las opciones y las alternativas. La creatividad no puede calificarse como una excelente forma de defensa, porque la creatividad se convierte en un cuchillo que corta el analfabetismo, lo paraliza y le quita la iniciativa.

 

El discurso, la forma, va pues a contracorriente del medio, la realidad.  Hemos regresado tanto que uno nota el brote de los viejos conceptos para oponérselo al rebrote de lo antiguo disfrazado con adjetivos supuestos de este siglo. Si aquél habla de una especie de refundación de un ismo, desde el otro lado se recurre a viejos preceptos del siglo XIX como si la teoría social no hubiese evolucionado, es más, como si no estuviera en la obligación de evolucionar. Si en este análisis, que no sabe deletrear el alfabeto, esto es izquierda, pues lo lógico de oponerle es derecha. Si este dice que la propiedad es mala el discurso de quienes resisten responden reotorgándole valor absoluto al mercado.

La paradoja de este planteamiento de regreso a lo cuasi-tribal está, en primer lugar, en que arrastra a su oponente a la misma atmósfera mental y, en segundo lugar, lo que constituye lo más grande del ángulo paradójico, es que hace imposible el regreso al pasado que se pregona. He allí el encierro en un alfabeto con cuyos elementos no se sabe construir frases y conceptos: no hay códigos sustitutivos, nadie sabe lo que es el mañana, nadie tiene el manejo de lo que política se llama “los tiempos”, nadie logra articular frases, la forma, para hacerle entender a un país cohabitante con un espasmo de retorno temporal y espacial, que la palabra futuro aún se conserva en el diccionario y en el campo de las posibilidades. Si nadie sabe deletrear esta palabra, el pueblo está y estará con la nueva ópera que se canta desde el escenario robado.

 @tlopezmelendez

 

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