Navegar en la noche y la bruma
Teódulo López
Meléndez
El mundo en que vivimos es de alta complejidad, uno donde unidad y
diversidad deben darse la mano. El origen unitario de la vida nos obliga a la
concepción de un humanismo global hacia un comunitarismo de entendimiento y
aceptación de la diversidad. La diversidad del mundo nos obliga a revalorizar
la solidaridad en un gran gesto de conciencia. Este tiempo vive la ruptura. Hay
que darle respuestas.
Es menester una pluralidad de
ángulos de visión que la urgencia de encontrar una certidumbre sepultó. Ya no
se requiere un corpus homogéneo, lo
que se requiere es un intercambio fluido y permanente de diversas
comprensiones. Algunos hablan de ofrecer no una mirada sistemática sino
sintomática. Hablamos sobre una realidad, no sobre la inmortalidad del cangrejo.
Sin pensamiento democrático renovado la tendencia será fuerte al enfrentamiento
y al totalitarismo.
La sociología del conocimiento nació porque se daba por sentada la
relación esencial entre pensamiento y sociedad. Temas políticos y filosóficos
entremezclados están ya en Lao Tse o en el profeta Isaías. La cultura griega es
prolija para estos ejemplos. Al fin y al cabo, hablar sobre la Polis era un
método de decir y escuchar lenguajes. sociales. O el uso de la tragedia como
expresión de las aporías de la ciudad.
Bobbio nos es útil cuando señala las
tres preguntas filosóficas básicas: ¿Qué me cabe esperar?, ¿Cómo debo de
actuar?, ¿Qué puedo saber? Quizás estas sean exactamente las tres preguntas que
no se están haciendo sobre la política y por ello no genera ideas y se hunde en
el estancamiento político.
En medio de la actual crisis de
transición el pensamiento es rechazado y los políticos no ejercen lo político,
no recurren a la forma de conocimiento superior que permita hacer inteligible
la realidad política. Tal vez el quid se encuentre en una racionalización
efectista de la práctica política y en una consecuencia de la llamada muerte de
las ideologías, sin darse cuenta que lo que esto último implica no es el
abandono de un corpus de ideas sino
una libertad adicional para afrontar los problemas concretos sin tapaojos.
En apoyo a mis constantes exigencias
de un pragmatismo con ideas, hoy se acepta que resulta imposible establecer
previsiones de tipo nomológico-deductivo y ni siquiera regularidades de larga
duración en el camino de la política. Y muchos menos son susceptibles de
verificación, medición o cuantificación. Todo conocimiento político a ofrecerse
lo he definido, también hasta el cansancio, como una interrogación ilimitada.
Para medirse con la creciente complejidad de las exigencias de la política de
esta etapa de transición habría que usar la expresión del filósofo vienés Otto
Neurath (Philosophical Papers) sobre la nave en situación de
circularidad, que habla de cómo los marineros se empeñan en reparar la nave en
mar abierto, sosteniéndose sobre viejas estructuras e imposibilitados de
llevarla al muelle para proceder a reconstruirla.
Parecemos ensimismados en sacar cuentas. Edgar Morin dejó dicho: “En este final de milenio, la nave-Tierra
navega en la noche y la bruma. Estamos ante la gran aventura desconocida.
Nuestras esperanzas, sin ser en tanto que utópicas, son improbables. Pero lo
improbable ha tenido siempre su azar histórico. En la historia hemos visto a
menudo, ¡qué pena!, que lo posible se convierta en imposible y podemos
presentir que las más ricas posibilidades humanas sean todavía imposibles de realizar.
En ocasiones hemos visto que lo improbable se produce más que lo probable.
Sepamos pues esperar lo inesperado y trabajemos por lo improbable”.
@tlopezmelendez
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