La política como fenómeno pensable
Teódulo López
Meléndez
El mundo se ha hecho estéril y con él la forma ideal de organización política, la democracia, sólo que tal declive parece no angustiar al común, sólo a una minoría alerta. Es que en este mundo mediatizado sólo se está disponible para la manipulación comunicacional y la democracia ha sido reducida a ella. La “cohesión” viene ahora desde allí, no de las instituciones políticas que pasaron a ser enredadoras de la libre velocidad con que el mercado y la manipulación deben desarrollarse. Esta es la era de la velocidad impuesta por lo técnico-mediático y las viejas ideas que inspiraron a la democracia no congenian con la velocidad.
Démonos cuenta de que estamos perdiendo la memoria. El totalitarismo de nuevo cuño lo primero que intenta es desterrarla, signándola como dañina. Sin memoria la política carece de sentido. Los políticos se han hecho la rutina, los administradores del aburrimiento, se han hecho innecesarios. Las nuevas formas no los necesitan.
En otras palabras, la denominación “intereses generales” se subroga ahora a la manipulación en los medios que la tecnología ha instalado. Eso hace saltar por los aires infinidad de conceptos sobre los cuales se ha basado la democracia. Más claro aún: se está tornando imposible definir una “identidad social”. Vivimos en lo que Lipovetsky llamó “la era del vacío”.
V. Marcel Gauchet señala un hecho muy interesante y es el de la ascensión de los derechos humanos a elemento dominante, pero como uno despolitizado. Este filósofo francés piensa que existe una situación de desequilibrio entre el elemento del derecho en relación con la política. Para Gauchet estaríamos entrando en lo colectivo sin colectivo, esto es vamos hacia una democracia contra sí misma y lo explica arguyendo que antes se conjugaban en la ciudadanía lo general y lo particular, o lo que es lo mismo, cada uno asumía el punto de vista del común desde su propio punto de vista. En lo que ahora tenemos prevalece la disyunción: cada uno hace valer su particularidad.
Jacques Rancière se centra en la relación entre política y filosofía, una que se torna vital analizar en esta hora de rebrote totalitario. La política ha entrado en el terreno de la ausencia y Rancière nos propone rescatarla como “fenómeno pensable”, en su “operatividad como acontecimiento”.
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