La imbricación ciencia-sociedad

 



Teódulo López Meléndez

Ya no podemos mirar a las sociedades en su relación con la ciencia como sujetos excluidos o pasivos, para considerarlos activos en el sentido de su capacidad de exigir y obtener proyectos de investigación útiles a sus intereses. Es lo que algunos han denominado apropiación social de la ciencia y la tecnología. No se trata de que la ciencia no haya tenido siempre el propósito de atender necesidades humanas, lo que se trata ahora es de definir a los agentes científicos como parte de un sistema dirigido a la resolución de los problemas sociales.

Es obvia la influencia de la ciencia y la tecnología para la configuración de las sociedades modernas. Entre ambas -que conviven en beneficio mutuo- han modificado, no siempre para bien, la relación con la naturaleza y la interacción entre los seres vivos, han influenciado sobre las posiciones filosóficas y han delineado estructuras sociales y políticas.

En el campo filosófico se trasladaba el tema científico-tecnológico a la crítica social. Ya desde la Conferencia Mundial sobre la Ciencia (Budapest, 1999) se planteaba con claridad la necesidad de generación de un nuevo contrato social para la ciencia y la tecnología, entendido como el adaptarlas a las nuevas realidades políticas, sociales y medioambientales. Debemos hoy reiterar la exigencia de orientar la ciencia y la tecnología hacia las necesidades de las poblaciones humanas para propiciar un desarrollo integral y atender la demanda social sin valor de mercado.

Lo cierto es que hoy las sociedades se voltean hacia la ciencia reclamando un papel de poder en la producción de conocimiento, de autocontrol social y el de un nuevo estatuto epistémico para la ciencia.

Se asiste al planteamiento de la necesidad de un nuevo contrato social para la ciencia que permita ponerla al servicio directo de los problemas sociales. Esto es, se debe partir de la ciencia como base de valores de desarrollo cultural, bienestar, equidad y justicia social (entendida como la satisfacción de las necesidades básicas de todos los miembros de la sociedad) y una influencia determinante de esa sociedad en acordar los valores a satisfacer.

 Lo que hemos tenido es una concepción, según la cual, el desarrollo científico y tecnológico se supedita a lo que tiene de aportar al crecimiento económico. Una subida en el Producto Interno Bruto no significa desarrollo social. La ciencia y la tecnología deben ser insumos para ayudar a este proceso. La concepción del desarrollo sustentable pasa por la aceptación de que es la capacidad de la gente para decidir e implementar el arma fundamental contra el subdesarrollo. Ciencia y tecnología son herramientas para ello, pero hay que ponerlas al alcance de esas poblaciones, lo que implica esfuerzos de comunicación y educación y un diálogo de intercambio, no en un discurso monologante.

Por supuesto que paralelamente hay que llevar a las comunidades a la capacidad de reconocer sus problemas productivos, sociales o ambientales. Esto es, el concepto de desarrollo humano autosustentable. Así se plantea una internalización de la ciencia para una cultura de paz, lo que implica ampliación de los seres humanos que se benefician de la investigación, la expansión del acceso a la ciencia como un componente central de la cultura y un control social de la ciencia y la tecnología y su orientación a partir de opciones morales y políticas.

@tlopezmelendez

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