Teódulo López Meléndez
Deberemos comenzar por decir que la comunicación no es otra cosa que la expansión de las conciencias. La incomunicación del hombre ha impedido su plena realización. El “darse cuenta” no es un proceso fácil. La comunicación, principalmente entre distintos grados de conciencia, produce cambios cualitativos.
Debemos mirar, entonces, la comunicación como un derecho, como uno que es distinto al de estar informado por la simple razón de que no existen “productos neutros”. Las formas políticas han dependido de la información unidireccional. Ahora deberán depender de la comunicación horizontal.
Conocemos los graves problemas del planeta. El nuevo mundo está naciendo en medio de serias injusticias. La comunicación es la panacea para la conformación de nuevas mentalidades. Son necesarios nuevos marcos éticos, bajo nuevas formas políticas y con nuevos grados de conciencia.
La única manera de salir del “no me doy cuenta” es mediante la comunicación. Comunicarse es establecer relación con el otro (con los otros) para intercambiar mensajes, información e ideas. La reconfiguración del orden físico y espiritual ha estado asociada a los medios de comunicarse. Muchos de esos medios inventados por el hombre han contribuido a su alienación. En el mundo global que se asoma debemos llevar la comunicación a grado de medio de liberación.
El intercambio de ideas se concreta en ideas nuevas que al anunciar salidas novedosas reducen la incertidumbre. Por supuesto que los medios tecnológicos de hoy son la clave, pero la invención humana no terminará y aparecerán nuevas maneras. Hoy debemos ocuparnos de las disponibles, sistemas, herramientas, software, redes, bases de datos. Son herramientas. El desafío está en que permitan conformar sociedades del conocimiento donde el mundo pasa a centrarse en el capital humano.
Los actuales medios tecnológicos de masas emiten el mensaje, en infinidad de casos manipulado de acuerdo a los intereses del emisor, esto es, en el fondo medios que se hacen impersonales. Es menester universalizar el conocimiento, integrar y personalizar.
Hay que romper el carácter lineal de la comprensión y el carácter inamovible del texto. Los roles se invierten, pues es el receptor el que debe dirigir el discurso y no el emisor. Se reclama a la sociedad (mejor llamada hoy comunidad) su cualidad de productora.
Las palabras crean mundo y se habla, por ejemplo, de economías del conocimiento para abrir actividades de valor agregado intangible. Así saltan expresiones como sociedades de la comunicación incluyentes y equitativas.
@tlopezmelendez
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