lunes, 24 de enero de 2011

Literatura y política: habitar el lenguaje





Teódulo López Meléndez

La filosofía se apropió del texto literario. En él desde entonces conviven los discursos. La filosofía se abrió a esta multitud de otros. Hablo de la relación establecida por los griegos. En el concepto mismo de discurso encontramos el vínculo.

La crisis de la noción de representación de la democracia contemporánea se emparenta con la representación literaria en el sentido de que representar es hacer presente lo ausente. En política nos planteamos enfrentar esa “mediación” –reducida a restos hoy en día- entre representante y representado. En la literatura los personajes son “representantes” que fijan conexión con lo universal, son medios. Podría alegarse que también lo son en la democracia, pero los caracteriza tal alejamiento y frialdad que se convierten en abstracción. Más vivo está el personaje literario. Lo importante es el relato. Las prácticas políticas vencidas y agotadas dejan de relatar. La literatura pone a la política en escena. Así, la ficción nos muestra otras aristas de la realidad e, inclusive, se hace ella misma realidad.

Entre memoria histórica y cultura política han desafiado sobre las formas de narrar el pasado. El género testimonial ha convertido a muchos escritores en figuras centrales de la historia política. Algunos sostienen que la participación política afecta al rigor literario. No necesariamente. La literatura contribuye de manera notable a los avances políticos en el sentido de estímulo social. En infinidad de ocasiones el escritor ha sido un descubridor de los secretos del poder y un lugar de resistencia. En términos generales, la verdadera literatura siempre impugna.

La relación entre política y literatura no es invariable, tienen que producirse hechos sociales que lleven al escritor a esa preocupación. Por lo demás, no debe dejarse de lado la mirada sobre la obra literaria recordando el tiempo en que fue escrita. Ninguna es una reconstrucción simple de la realidad, un espejo, simplemente una referencia al contexto. Así, el Quijote debe ser leído también como una referencia a la locura medieval.

Hay que recordar los tiempos del mecenazgo en el cual la pintura, la escultura, la música y la literatura automáticamente estaban en una relación radicalmente política. Hoy en día aquellos que puedan declararse apolíticos están tomando una decisión política. Considerar a la literatura como algo puro no contaminado, es simplemente una mentira. El arte es un poder político. La literatura nunca escapa de la realidad aunque esté escrita oscuramente, entre otras razones porque la supera. Y la literatura habla de los hombres y de sus acciones, buenas partes de las cuales son políticas, inquietantes concepciones hacia el futuro. Habitar la casa del lenguaje no es otra cosa que hablar sobre los temas esenciales del hombre. Nunca como ahora estamos ante el desafío de construir una nueva casa.
Todo escritor tiene una visión que se traduce en su estilo y en la simbología de sus obras. “Todo libro es un diálogo” dejó dicho Borges. Hay escritores dogmáticos, pero no nos interesan. Tampoco una distinción entre eso que llamaban “escritores comprometidos” y los que se centran en la literatura. Lo que sí podemos señalar es que resultaría muy extraño que a un dictador le gustase un buen libro abierto, no dogmático.

En América Latina ha sido constante la vinculación entre cambios sociales y cambios estéticos. No estamos hablando de costumbrismo originario o de realismo social. Lo hacemos de una literatura que experimenta con el lenguaje y la forma. Hay escritores que construyen nación. Tampoco hablamos ya de lo testimonial o del poeta-guerrillero. Lo hacemos del escritor que vislumbra al hombre superadas las grietas de esta transición y logra imaginarlo en un nuevo contexto social. El texto es libre y desde su libertad es que toca a la realidad. Tampoco hablamos de realismo versus imaginación, pues ahora toca a la literatura lo segundo, aunque debamos admitir no cumple con su propósito, diluida como anda en el envoltorio global de la incertidumbre.

La literatura parece haber olvidado su tarea de introducir lo inadmisible. No existen algunas dicotomías prefabricadas, tales como política-poética. La literatura debe subvertir ahora los estancamientos inducidos y fosilizados por las viejas ideologías y, obviamente, las relaciones de poder. No se convierte el texto por ello en eminentemente político, en un ensayo político. La tarea se cumple desde la utilización del lenguaje sin propósito político, si se quiere, pero adelantándose al hombre como será, porque con ello basta para delinear las formas políticas de su organización social.

En América Latina la relación que describimos ha sido constante, no por lo testimonial, denuncia de dictaduras o proclamas de liberación, sino por su esfuerzo de mostrar las iniquidades del hombre. No en vano muchos señalan su búsqueda de una conciencia. Y como nunca terminamos de preguntarnos quienes somos tendemos a descifrar carencias y expectativas, a mostrar una visión político-histórica social de América. Literatura política propiamente dicha la ha habido, pero no se trata de dedicarse a hacerla. Se trata de un cometimiento mucho más ambicioso que el de hacer panfletos. Se trata de recuperar un sentido filosófico-político de respuestas que bien pueden partir de la simple y compleja condición humana en un mundo globalizado.

Lo que trato de reclamar a la literatura de hoy es una categoría epistémica de alta densidad teórica que sirva para conceptualizar y que implique rescatar para el arte de la palabra escrita su estatuto de acción sobre el mundo. En otras palabras, un divorcio preventivo de la decadencia y una ubicación anticipativa del futuro.

jueves, 13 de enero de 2011

El poder político del rechazo





Teódulo López Meléndez

Los ciudadanos tenemos como sacudirnos a un poder que nos oprima. Sin embargo, muchos pueblos que quieren liberarse de un poder opresor no hacen otra cosa que incurrir en la servidumbre voluntaria. Muchas veces sucede porque el problema excede a cortar la cabeza de la tiranía y así liberarse de ella porque quedaría a la muestra de todos un cuerpo social deforme.

Lo hemos visto en la primera reunión de la nueva Asamblea Nacional, muestra inequívoca de que este país no tiene una clase dirigente. No basta así con el rechazo a la dictadura sino con un proyecto que vaya mucho más allá y que implique la transformación del cuerpo social que celebra el circo ante sus ojos presentado.

Es entonces necesario un cambio total de la mirada y el encuentro de una línea de fuga que vaya hacia la conformación de una alternativa que excede al régimen para incluir la edificación de una nueva comunidad. Lo que se mostrado es una desnudez pavorosa de la cual hay que desertar.

Así, la pregunta no es por qué se rebelan sino por qué no lo hacen. Alguien dijo una vez que ese era uno de los problemas fundamentales de la filosofía política, esto es, por qué los hombres pelean por su servidumbre. La respuesta está dada, seguramente, en que el cuerpo social decapitado se vería muy mal ante el espejo. De manera que aquí podríamos argumentar que es bastante probable que la mayoría del país ya no esté con el régimen, sólo que no sabe lo que eso significa.

El régimen ejerce una disciplina que incluye las salidas al recreo de los alumnos, verbigracia “debate” en la Asamblea Nacional. Cuando los diputados se desgañitan en sus peroratas lugarcomunistas responden a una compulsión interna dictada por esa disciplina. Esto es, los diputados actuantes se disciplinan a sí mismos y se entregan y con su elocuente discurso producen el dominio desde su subjetividad.

La congregación vengadora que celebra se le haya dicho cuatro lugares comunes al régimen
podría ser transformada en multitud impositora. Eso es lo que más teme el régimen totalitario y alimenta el espectáculo desde la propia mediocridad de sus propios diputados. En otras palabras, el régimen totalitario trabaja sobre la base de controlar, pero no de destruir, pues se perdería el equilibrio de las apariencias y las armas mismas del control. Podríamos decir que coloca a la “oposición’ descontrolada en un “no-lugar”.

Al mismo tiempo, satisface un anhelo largamente aplazado por los controlados, el aparente compartir del éter. Esto es, el acceso a la pantalla. Una vez entremezclados los dos sonidos de la polarización dañina se convierte el dominado en algo menos que un residuo. No hay nada más democrático que ofrecer el éter.

Es por ello que, en frase seguramente incomprendida mientras hablaba de insurgencia, llamaba a un término ontológico. Lo he dicho así: la política no se hace de afuera hacia adentro, se hace de adentro hacia afuera. El régimen se nutre de la superficialidad de los componentes sociales. Cuando todo a ese cuerpo le parece lo más natural del mundo, y se despliega a exorcizar con insultos, ha hecho exactamente lo que el totalitarismo del siglo XXI permite, es decir, el brote de la superficialidad y ejecuta lo que totalitarismo quería, el abandono de toda imaginación trascendental.

Llegamos de esta manera a una incoherencia de gran coherencia. El poder se ha desplegado sutilmente y la conformación social lo retroalimenta. El régimen, así, ha creado su propio modelo ontológico al cual hay que oponer otro mediante otras medidas de valor y hacer que lo trascendente vuelva a determinar las formas, las medidas, los procedimientos y el comportamiento.

He dicho que no espero un milagro en el sentido de que el cuerpo social venezolano se haga otro muy distinto. Creo que basta llamarlo a la insurgencia, como lo he estado haciendo, una que implica el reclamo y la readopción de la trascendencia política.

Es aquí donde los venezolanos deben compenetrarse con la idea del rechazo como poder político. Creen no tener uno o creen ser activistas democráticos emocionándose con lo banal, sin percibir en toda su magnitud la gran fuerza del rechazo. Es por eso que digo que no basta ser mayoría, sino saber para que se es. Para ello es necesario no aplaudir a la mediocridad y darse cuenta que la primera tarea no es salir del dictador, sino reactivar la fuerza de la imaginación y colocarse en un plano superior sustitutivo. El poder de rechazo hará evaporarse al dictador. Podríamos denominarlo más gráficamente aún, como una consolidación del deseo.

Como transformar ese deseo en una realidad sólo se puede mediante una diseminación omnilateral. La acción común es irrepresible y no me refiero a una multitud enfrentando a una fuerza de disuasión o represiva, me refiero a la constitución de una voluntad común dado que aquí no se trata de una dictadura militar más sino de una envuelta en ropajes ideológicos. Hablo de una capacidad para derretir los “valores” que vienen del poder omnímodo. Si queremos llevarlo al lenguaje de hoy, el asunto radica en llevar lo virtual a real. He dicho muchas veces que las realidades se construyen. Lo que estoy diciendo es que debemos reemplazar una capacidad reactiva o negativa por una capacidad positiva de imposición instituyente de formas distintas. El poder político del rechazo para ser efectivo debe irse autoadecuando al no permitir que el régimen seleccione y extinga los impulsos liberadores e imponiéndole su reducción aparentemente imperceptible hasta que se haga residuo. La multitud creativa tiene facultades de los que no dispone el poder.

Los valores que crea la multitud o alimentan o desgastan a este nuevo poder totalitario, inédito y de manejo múltiple de la represión. Quitarle el dominio del cuerpo social y reducirlo a mero poder encerrado en sí mismo, es el camino. Para eso la multitud debe liberarse y entonces el poder entrará en un decline indetenible. Lo demás es ejercicio estratégico y variantes tácticas sobre la praxis del accionar político.

teodulolopezm@yahoo.com

lunes, 10 de enero de 2011

11am: Minuto de silencio




Teódulo López Meléndez

Los detalles los sabemos, basta enumerarlos sucintamente: la página web de Sarah Palin apuntando con una diana a los supuestamente más débiles candidatos demócratas o la recolección de fondos por parte del aspirante del Tea Party a desplazar a la representante Gabrielle Giffords en sesiones de disparos de M-16. Los detalles del detenido por los hechos ya los sabemos: joven fracasado, marihuana de vez en cuando, alegatos en Internet.

Los detalles son los de un crimen. La creación de un clima de violencia mediante un exacerbado leguaje que se siembra en un muchacho como muchos. La prensa norteamericana es dada a los detalles y averigua entre vecinos y compañeros de estudio. Qué haya fumado marihuana puede ser hasta irrelevante. El mismo Bill Clinton confesó en alguna ocasión haberlo hecho mientras estudiaba en la universidad. Lo relevante es que la siembra del extremismo siempre consigue una mente propicia a convertirse en gatillo alegre. Los venezolanos lo sabemos bien.

El asunto realmente interesante es el trasfondo de una sociedad. Un presidente empeñado en cambios importantes y un viejo Estados Unidos que se revuelve sobre sí mismo. La aparición del Tea Party condicionó las pasadas elecciones legislativas y colocó al viejo Partido Republicano bajo una presión extraordinaria de concesiones en aras de obtener la victoria. Las consecuencias se dejan ver.

Parece evidente al momento en que escribo que lanzar acusaciones directas es un absurdo y una irresponsabilidad. El presunto asesino actuó solo, nadie le ordenó disparar. Una simple mente propicia a convertir en hechos un lenguaje irracional de violencia. Pero hay un trasfondo, un clima, una realidad en la vida norteamericana. En primer lugar la reacción contra toda iniciativa del gobierno que exige reducirlo a su mínima expresión. He dicho que eso lo hace a uno recordar otras épocas, como los grandes ataques de Henry Ford contra Franklin Delano Roosevelt.

La crisis financiera que azotó al país del norte fue producto de la ausencia de normas capaces de restringir la avaricia y la acción desenfrenada de los mercados. Apenas saliendo de la crisis irrumpe el Tea Party contra el “gran gobierno” que estaba obligado a controlar las fluctuaciones salvajes y a poner orden. Los Estados Unidos conservador, el país subterráneo del rifle y de los anhelos de retorno a lo primitivo, brotó con toda su fuerza y frente a un presidente reformador, demócrata y de color. La contradicción es evidente entre la necesidad de control para mantener al país en la superficie y lo que brotó desde debajo de esa superficie.

La intemperancia se asomó con fuerza brutal. La reforma sanitaria impulsada por el presidente Obama procurando equiparar a su país a aquellos que tienen una cobertura a la totalidad de la población fue convertida en un reclamo de protección a los propios intereses dado los costos que involucraba cubrir a los nuevos millones de beneficiados. “El gran gobierno ha terminado”, volvió a escucharse desde los sectores conservadores de la ultraderecha encarnada en el Tea Party y desde un Partido Republicano casi asombrado ante el brote y al cual debía hacer concepciones para lograr la victoria electoral. Una victoria electoral costosísima porque los disparos y la muerte en Tucson colocan al país frente a serios dilemas. Todo ha sucedido en Arizona, donde no podemos olvidar la existencia de una extrema ley anti-inmigración.

El presidente Obama ha sido enormemente prudente. Ha llamado a recapacitar, ha proclamado que sucesos como estos que tienen en terapia intensiva a la congresista Gabrielle Giffords y que dejó varios muertos no debe repetirse, mejor, nunca deben sucederse en una sociedad libre. El presidente actúa con equilibrio, sin buscar beneficios políticos inmediatos, como tiene que ser, pero como líder de la nación sabe muy bien la procesión de fondo que sacude al país que gobierna no se apaciguará fácilmente. Nadie puede anticipar los efectos de este suceso sobre la carrera política de Sarah Palin o sobre la fuerza del Tea Party, pero ya hasta ello parece secundario. Estados Unidos vive un delicado momento. Si bien la violencia, incluso magnicida, es por todos conocida en el ejercicio político allí, vemos en el caso de la representante demócrata un tumor maligno que sólo un altísimo grado de responsabilidad por la clase dirigente norteamericana podrá enfrentar con éxito.

Puede que estemos mirando a una vieja América que no comprenda que el imperialismo terminó y que es la hora de manejar las cosas de manera muy distinta.

El presidente ha llamado a sus conciudadanos a un minuto de silencio este lunes a las 11 am. Los que no somos ciudadanos de ese país por el contrario debemos hablar.

teodulolopezm@yahoo.com

viernes, 7 de enero de 2011

La salud del estornudo




Teódulo López Meléndez

Las respuestas parecen salidas de la demagogia, de los convencionalismos y de la mediocridad. Los hechos son respondidos con frases de ocasión, con repeticiones de un pasado inexistente, con criterios menguados por la devaluación de las ganas de pensar.
La capacidad de análisis parece depositada en un viejo baúl y olorosa a naftalina. Se responde desde parámetros obsoletos o con la intención de congraciarse o desde el lado oscuro que la vieja política atesoraba y atesora como valor supremo: quién puede marchar hacia el poder, quién tiene posibilidades de gobernar mañana, de quién obtengo un agradecimiento inmerecido.

He dicho infinidad de veces que la primera obligación es llamar a las cosas por su nombre. Por ejemplo, en el caso de las universidades no se admite que la suspensión de la promulgación no es más que un simple reflejo táctico elemental: si la situación está recalentada procedo a un enfriamiento, si el recalentamiento luce innecesario y conflictivo procedo a dar un paso atrás. No más.

A las universidades les recordé desde hace mucho tiempo que la mejor manera de evitar le hagan a uno la revolución es haciéndola uno mismo y que deberían llamar a reforma, pero las universidades todo lo centraron en el dinero, las explicaciones de sus falencias se encontraban en la falta de presupuesto y así corrieron a protagonizar hechos de segunda, como que no las atendieron o que el ministro se escondió o que a la espera de la marcha estaba la GN. De las universidades esperábamos hechos de primera, lo que resumí diciendo que mientras las casas de estudio pedían dinero el país pedía luces.

En este ejemplo concreto es evidente la intención oficial de ponerle la mano a las universidades. Cuando Chávez dice que entrega al nuevo presidente de la Asamblea Nacional guiar el debate sobre qué clase de universidad el país quiere, se debe entender que entraremos en un proceso de agitación interna, en algunas concesiones y en el mantenimiento de las líneas básicas y fundamentales del proyecto aplazado por razones tácticas. Una universidad no puede discutir si debe estar al servicio del socialismo y si vivirá bajo un control estatal que rompe su esencia misma de libertad. Vista la falta de respuesta universitaria sobre el fondo y las repetidas declaraciones sobre su intención de llevar propuestas a la celebérrima discusión anunciada, me pregunto qué dirá la universidad venezolana, ¿será acaso que quiere seguir siendo como es y que lo único que le falta es presupuesto? (UCV, puesto 1776 en el ranking mundial de universidades y no figura entre las 50 primeras de América Latina).

Lo de la universidad es un simple ejemplo, uno vital claro está, porque debe ser ella la que por antonomasia produzca los líderes, pero el cuadro es el mismo en todas las áreas donde el régimen ataca con su propósito claro de consolidar, de terminar de soldar el envoltorio total que ya ejerce sobre el cuerpo social.

Lo que quiero destacar es la falta de una concepción de lucha, la incomprensión de que liberarse del envoltorio gratificante en la paz de los sepulcros que el régimen teje, pasa por un salto cualitativo, uno de la imaginación creadora, de liberación de las fuerzas yacentes en la sociedad y en las que aún quiero creer. Los diagnósticos sobre lo que representa todo el paquete de leyes que nos pusieron al cuello con cerrojo está muy bien, pero se señalan los males sin un desarrollo neuronal que siempre he llamado salto hacia adelante, imposición de un pensamiento, comprensión de abandono del conservadurismo que lleva a concluir que hay que mantenerse en el status quo y que no puede llamarse de otras manera que reaccionaria.

Aquí estamos en revolución y en consecuencia la revolución la hago yo, podría ser la frase determinante, pero para ello es menester entender que no se puede restituir el ancien régimen ni declararse víctima a diario, sino dirigirse al planteamiento de una nueva concepción de las nuevas instituciones y montarse sobre una construcción que implica nuevas organizaciones sociales, ideificación de nuevos procedimientos, establecimiento de una voz que cohesione a los sectores sociales ya convencidos de estar una etapa superior a la del pasado. Sin embargo, estornudan como toda respuesta y estornudando creen mostrar una salud a toda prueba apenas afectada por un resfriado.

Es lo que he denominado insurgencia, que también puede conceptuarse como dejar de estornudar y demostrar la salud con un tsunami de ideas y praxis, con la avalancha de un país que rompe este envoltorio satisfaciente que el régimen le impone y reponer la seguridad en un marco propio, en uno de una sociedad en proceso de liberación que rompe la cáscara y sale a imponer su voluntad. Pero para tener una voluntad se requiere de un estiramiento de las alas, de un intentar volar, del alzamiento del pico hacia el desafío del azul del cielo.

Se requiere de concentración de voluntades. En la praxis política la he denominado unidad superior. En la praxis de un alma nacional alzando vuelo podemos llamarla ciudadanía, podemos llamarla conformación de una persona colectiva, podemos llamarla la creación de un espíritu nacional. El país debe dejar de estornudar. El país debe rugir. El país debe dejar de invernar. El país debe comprobar que tiene los pies firmemente puestos sobre la tierra y hacer que sus pasos la hagan temblar y marcar el territorio de nuestras fronteras como un espacio libre donde sus habitantes edifican el destino.

teodulolopezm@yahoo.com

martes, 4 de enero de 2011

2011: año de la insurgencia





Teódulo López Meléndez
El cuerpo político de esta república está ya dentro de la estructura de la maquinaria del poder. No cumple ya otra función que la de un engranaje virtual en lo que Foucault llamó el poder biopolítico. Uno ve el comportamiento de los cuadros dirigentes reuniéndose con los propietarios del control y mira en detalles los arreglos que le interesan (adónde llegará cada manifestación, donde se sentarán y cómo abrirán la boca) y concluye que son la expresión acabada de una sociedad plenamente incorporada a una relación afectiva. Si mira las reacciones de esa sociedad, interesada en el sitio de donde sale la alegre caminata o si el poder concesivo le aumentó los dólares anuales del sistema de control, concluye que está subsumida dentro de un poder ya introyectado en los núcleos de la estructura social.

Ya la sociedad venezolana reacciona como un solo cuerpo. Podrá la mitad estar reunida en una parte y la otra en sitio distinto, pero si se mira bien se concluye que el disfraz de la polarización no es más que eso, puesto que en el fondo son una única conciencia dado que las relaciones sociales están ya definidas en la manera del enfrentamiento real o ficticio. Ambas partes son una totalidad social sobre la cual el poder ejerce un dominio comprenhensivo. El poder ya se hizo enteramente biopolítico, la vida está completamente infiltrada y ya es capaz de administrarla. Mirando el comportamiento de esta sociedad unificada uno concluye que el poder es ya capaz de reproducir y administrar la vida misma.

Esta “organización” es corrupta porque a pesar de todos sus significativos avances las nueva forma política aún debe hacer concesiones de apariencia, sus mecanismos finales aún no están definitivamente establecidos y, en consecuencia, se entremezclan los hechos reales corruptos con otra forma de corrupción aún más perversa: una que toca a la entidad y a la esencia, una donde la efectividad y el valor no encuentran satisfacción. Así, en la administración que el control hace de los otrora poderes independientes, recurre a ejercicios de policía que nada tienen que ver con administración de justicia o con criterios jurídicos, más bien con una expansión de enfermedad que está presente en todas las condiciones de la gente, en todo lo que hacen o emprenden. Así, mientras el poder se come todas las formas del comportamiento, da muestras de atender unas exigencias mínimas convirtiendo todo lo que los ingenuos creen hacer en defensa teórica de valores superiores indeterminados, en un evento que la sociedad absorbida sigue con empatía o a través de la TV o participando en ella, alegremente, creyendo poner su disidencia en manifiesto, cuando no hace otra cosa que ejecutar los rituales del control.

Los venezolanos se comportan confiando en la historia del día, en el acontecimiento donde bien pudieron haberse inventado un héroe, entregados en la historia objetiva que los medios reseñarán (fue pacífica, o fue reprimida, o hubo enfrentamientos) dejando en el olvido, en el más profundo entierro de la inconsciencia, el poder de la multitud para hacer historia.

Es por ello que he dicho que este 2011 debe ser el año de la insurgencia, para encontrar en los inteligentes compatriotas respuestas como que debe ser el año de la resistencia. La metástasis está tan avanzada que ya no basta con resistir. No resistieron, envueltos como andaban y andan, en el comportamiento de una clase “dirigente” que cumple los rituales del poder. Debe ser de la insurgencia (lo que no significa de modo alguno conspiraciones o complots) bajo el convencimiento de que ya no hay procesos aislados, unos que se llamen políticos o económicos o culturales. Los procesos ahora son políticos-económicos-culturales-sociales, son una complejidad multifacética. Deben entrar, en consecuencia, en juego, los factores de la subjetividad, actuando sobre el presente histórico. Esto es, hace falta una multiplicad de actos racionales rechazando el orden hegemónico y forjando itinerarios alternativos constitutivos. He llamado, por ejemplo, a la inteligencia nacional a salir del letargo, pues una inteligencia existe en numerosos individuos capaces, pero esos individuos capaces duermen el sueño de los justos. He llamado a la sociedad venezolana a parir nuevos líderes, pero parece temerosa de los dolores de parto y en la profundidad de su psicología no desea otra cosa que una cesárea.

Ya no hablamos de una enfermedad del poder, ya debemos hablar de una sociedad enferma debatiéndose entre las evasivas y el humor de mala muerte. Si no se produce una insurgencia que va desde la psicología individual hasta la colectiva, desde la asunción del destino por parte de un conjunto súbitamente despertado, la historia no volverá a volar jamás en esta república de marionetas. Manifiesto un deseo, es obvio, pero uno que contiene subjetividad y praxis. O creamos nuevos espacios y nuevas formas de comunidad o seremos deglutidos en las entrañas de la realidad envolvente prefabricada, establecida y asumida.

Debemos instituir esas nuevas formas, difícil asunto, sólo que algunos, en medio de la aparente incomprensión general, manifestamos la búsqueda de un deseo inmanente que organice la multitud, el apelo a una función profética que la haga capaz de crear y producir contrapoder, en una función constituyente, instituyente si queremos ir un paso adelante, capaz de trastocar ontológicamente desde una multitud creadora.

teodulolopezm@yahoo.com

sábado, 1 de enero de 2011

Nuevo e-book de Teódulo López Meléndez


Empoderamiento (Sexta lectura del nuevo milenio)




Índice 2

Praefatio. La escritura como política 3

Sexta lectura del nuevo milenio 9

Catálogo de incertidumbres 10
La ilógica contra el Islam
La nueva imbricación de política y religión
La Alianza de Civilizaciones 17
Turquía, “la niña de tus ojos” 21
Mediterráneo: Guía para perplejos 23
El planeta herido 31
Las autopistas científicas asociales 36
La pobreza como expresión de desigualdad 38
El desarrollo de lo humano

Crociverba 41

El desarrollo humano en cultura 42
Educar la incertidumbre 45
El desgaste de la obra humana 48
Literatura y política: habitar el lenguaje 50
Retrato involuntario de Venezuela 52
Las bacterias de arsénico o los frijoles blancos 55


https://acrobat.com/?i=uwy8II943kW2HKBNtsc*PQ

http://www.scribd.com/doc/46135478/Empoderamiento-Sexta-Lectura-Del-Nuevo-Milenio

http://www.komedi.com.br/escrita/leitura.asp?Texto_ID=15070