sábado, 20 de enero de 2018

Un grupo sin lima



Teódulo López Meléndez

La OEA es una institución arcaica, inmanejable y rancia. Podríamos quizás argumentar lo mismo sobre todas las organizaciones multinacionales pensando en la ONU en la cual el padre Kelsen establecía frenos de todo tipo a los conflictos armados entre Estados cuando hoy en día los conflictos son al interior de los Estados.

La OEA presenta una participación de pequeñas islas una de las cuales, por ejemplo con cien mil habitantes, tiene el mismo voto que un gigante como Brasil, lo que impide la toma de decisiones puesto que  precarias economías las convierten en dadivosas a la espera de petróleo. Pero allá la OEA con su inutilidad. Lo cierto es que el Grupo de Lima nace por la impotencia de esa organización para ocuparse debidamente del caso venezolano.

Nace y se llama de Lima, la ciudad donde fue aprobada la Carta Democrática Interamericana. Ha dicho y hablado sobre nuestra crisis, los países han recibido a nuestra diáspora con solidaridad y respeto con la excepción de algún brote de xenofobia, pero les estamos muy agradecidos, aunque no lo suficiente. Se han centrado en una negociación sobre cuyas perspectivas se ciñe el escepticismo más profundo.

En crisis históricas hay que citar a líderes históricos, en consecuencia es la hora de mencionar a Rómulo Betancourt y su doctrina sobre la ola de golpes de su tiempo. Se rompían relaciones diplomáticas con los países donde se producían y se les aislaba en todos los órdenes. Ante la inminencia de la reunión de este grupo donde los cancilleres de México y Chile debían informar sobre los sucesos en Santo Domingo, se cometió una omisión necia de inasistencia, privando al grupo de la posibilidad de avanzar hacia algo más que la declaración.

Hay que decirle al Grupo de Lima que han estado sin lima y que la situación venezolana amerita más que buenas intenciones. Se le recuerda a Betancourt y el espíritu de la Carta Democrática. Tomen decisiones, porque lo que han visto los cancilleres mexicano y chileno, más los sucesos recientes de este drama, indican ya no hay espacio para su gentil preocupación, sino para tomar decisiones que los honren en el ánimo de la Doctrina Betancourt y en la fuerza de los documentos que este continente aprobó para preservar la democracia.


teodulolopezm@outlook.com 

jueves, 18 de enero de 2018

Negociación y tiempo



Teódulo López Meléndez

Sobre “negociación” se han escrito miles de páginas. Abundan los estudiosos sobre un tema que ha ido suplantando a los tradicionales como arbitraje y otros. Hay especializaciones en las universidades y, si no me equivoco, hasta Harvard tiene un postgrado y diplomacias como la noruega han dado muestras de un ejercicio constante en su perfeccionamiento. En otras palabras, no cualquiera sabe negociar.

Cuando hay desigualdad entre las partes, pongamos el caso de una negociación con un régimen que está lejos de caerse por la fortaleza de su poder interno, especialmente si se sostiene por las armas, la contraparte espera pacientemente que lleguen a sus argumentaciones elementos de presión. Despreciarlos cuando los tiene indica una total carencia de capacidad de negociación.

Cuando se tienen todos los elementos de presión: violación orden interno y normas de Derecho Internacional (caso OP), declaración MinInterior, amenazas a la Iglesia y sanciones UE, entonces no se va. No es el régimen el que gana tiempo, conforme a esa manida y estrafalaria frase. Por lo demás, un político debe ser valiente y tomar decisiones aun cuando contraríen una supuesta “opinión pública” opuesta a lo que consideran necesario hacer. Entregarse, hoy en este mundo, a una claque de trolls implica una falta de carácter abisal.

Somos profundamente escépticos sobre los resultados de esa negociación. Inclusive, si se llegase a un acuerdo, sobre su cumplimiento, pero uno de los elementos que se debe mantener favorable es el de la opinión de esa habitual hetaira que se llama comunidad internacional, por la sencilla razón de que la única alternativa que tenemos es sumar elementos ante nuestra manifiesta impotencia. Negociar no implica dejar de actuar. Quienes eso hacen es porque carecen de luces, porque son unos políticos inhábiles.

La negociación será retomada tarde o temprano sin que medie excusa o explicación sobre la falacia que fue argüida para no asistir el 18 de enero. Imagino a Federica Mogherini, quien situó las sanciones europeas sobre esa fecha como presión, preguntándose por el comportamiento de estos políticos. O a los trolls simplistas que creen al eliminar la negociación cesa el hambre, la hiperinflación y la falta de medicinas.

¿Ganar tiempo? El régimen es el dueño del tiempo y no ha dejado de avanzar en su proyecto ni un segundo. La negociación no le ha otorgado tiempo, como tampoco le ha otorgado aire en su asfixia autoinducida. Si alguien gana tiempo es quien viva obseso por una candidatura presidencial y afina su pequeño instrumento.