miércoles, 11 de septiembre de 2019

La ciudad humanizada




Teódulo López Meléndez

Hay que incluir la deshumanización de las ciudades dentro del tema ecológico porque llega hasta la concepción de la salud y al malestar social. Nuestras ciudades están fragmentadas, contaminadas y agresivas, unas donde se pasan horas para llegar al trabajo y devolverse a casa.

Hay barreras físicas, simbólicas y psicológicas, desniveles socio-económicos. La educación reaparece como búsqueda de armonía, de tolerancia, de justicia social y de solidaridad. Hay que recurrir a la práctica de la ciudad como entidad educadora en lucha compartida entre organismos nacionales y locales en la difusión de valores y de ideas para el cuidado de los espacios comunes, el respeto, el comportamiento de los conductores, la lucha contra las drogas y la conservación. Encontramos que quien más contamina es quien tiene más necesidades.

La ciudad debe ser considerada como un ecosistema. Los aspectos culturales son un prerrequisito para enfrentar la tarea de humanización. Hay que unificar, sin olvidar variantes, las ordenanzas de protección ambiental y crear un Tribunal de Faltas Ambientales.

Enfrentar la situación de las zonas de “ranchos” será uno de los asuntos más complejos, pero la experiencia existente en otras naciones del mundo bien puede colocarnos en el camino correcto. Si partimos de la ciudad como eco-sistema la enfrentaremos, como todo lo de la ciudad en general, esto es, mirando los recursos vivificantes, la estructura física y la estructura social, la participación comunitaria.

Hay serios problemas de urbanismo. Nuestras ciudades han crecido anárquicamente, no se han construido vías internas en muchos años capaces de absorber el pesado tráfico, pero tampoco se ha establecido un sistema de transporte colectivo que incentive al abandono diario del uso del automóvil particular. Se dice fácil, pero la tarea de humanizar nuestras asfixiantes ciudades constituye un reto de inmensas proporciones, uno que incluye reformas urbanas, vialidad, pero también  educación y cultura. El rompimiento de las barreras, el encuentro en los espacios adecuados para el compartir, el acceso a los medios comunes de desahogo y lo que algunos urbanistas han llamado “el espacio para la vida entre edificios” requerirá del mayor esfuerzo.



Artículo en el diario El Universal (Miércoles 11 de septiembre 2019).

miércoles, 4 de septiembre de 2019

La protección ambiental




Teódulo López Meléndez

El primer programa en materia ambiental es el de la concientización, uno que excede a los parámetros donde se le ha pretendido restringir para llegar hasta el uso del agua y de su ahorro, de la conciencia de los químicos contaminantes, del uso del transporte masivo en sustitución del auto privado, hasta el aprendizaje en la clasificación de desperdicios y del reciclaje.

Las agresiones contra el medio ambiente, la conservación de los espacios naturales y todos los elementos vinculados a este tema ya no son desconocidos por la generalidad de los ciudadanos. Ha faltado la conciencia de que la cuestión ecológica puede convertirse en una centralidad estratégica de fuerzas de emancipación social. La denuncia ecológica ha mostrado, por ejemplo, la ruptura de una concepción lineal de la historia, del mito del progreso en ascenso indetenible y de la concepción del hombre como un individuo abstracto.

Una política ecologista debe concebirse en un marco económico y en una concepción de la diversidad biológica inseparable de la diversidad humana. Es menester ubicar esta lucha en la concepción que se tiene del país y en la organización socio-política-cultural que se pretende para él. Concepciones como una economía que favorezca los empleos “verdes” y una apuesta decidida por las energías renovables son indispensables, por lo que hay que abordar el tema de la contaminación de nuestras ciudades y de una política destinada a su humanización.

Debe incluir también la contaminación tanto en el agua como en el suelo como en el aire, la pérdida de capa fértil, la extinción de especies, la deforestación, la desertización, y las específicamente relacionadas con la salud humana, como olores, enfermedades crónicas, incapacidad laboral, y por supuesto las relacionadas con el mundo animal.

Hay que incorporar las medidas de conservación ambiental al concepto de desarrollo sustentable, es decir, uno centrado sobre el hombre y no meramente sobre el crecimiento económico, uno sobre la erradicación de la pobreza y la obtención de la satisfacción de las necesidades básicas. Nos encontramos de nuevo con la educación, no sólo mediante concientización, sino también con el fortalecimiento de la investigación científica y tecnológica.


Artículo en el diario El Universal (Miércoles 4 de septiembre 2019)

miércoles, 28 de agosto de 2019

El combate a la inseguridad




Teódulo López Meléndez

La inseguridad ataca en todo el mundo, aunque en Venezuela, por razones generales y específicas, seamos el escenario de una multiplicación delictiva que nos coloca entre los países más peligrosos del mundo. El asunto del delito está enmarañado en las relaciones sociales y políticas, hasta el punto que los teóricos atacan el problema de la criminalidad como empresa. Existe el crimen organizado y el crimen ordinario. En Venezuela tenemos ambos.

El segundo grave problema es el de la posesión ilegal de armas. Sin una operación de desarme efectiva será imposible erradicar el delito violento, el que en infinidad de casos ejecuta sin necesidad.
Tenemos un ingrediente político: se ha sembrado el odio social y se ha llegado a intolerables justificaciones. El hampa entre nosotros bien podría ser considerada como instrumento de siembra de miedo.

El combate se debe dar con policías y jueces honestos, pero aun teniéndolos son de hecho sometidos a presiones intolerables. Es obvio que no podrá darse efectividad al combate con tribunales que violan todos los lapsos procesales.

Dedicar los recursos necesarios al combate contra la inseguridad es una exigencia obvia, pero no basta. Los anuncios en este sentido no son más que reacciones frente al clamor de la gente y muestra de una ausencia de política criminal. Adicionemos el problema de las cárceles, con hacinamiento y fuerte “educación especializada” en delinquir. La desesperación ante el vencimiento de los lapsos procesales hace disparar la paciencia de los hacinados.

La delincuencia se combate con educación, salud, empleo, con una determinación de acabar con la discriminación y la exclusión, por lo que toda lucha contra el delito y la inseguridad va inserta también en el programa de lucha contra la pobreza. Hay que prevenir, como primera política. Si en este país todas las denuncias se formulasen nuestros índices delictivos se dispararían, pero no se denuncia porque no se tiene confianza y porque la respuesta ante la denuncia es una sin consecuencias.

Me permito recordar que en muchos barrios peligrosos de América Latina la falta de alcantarillado, de energía eléctrica y de gas, de desempleo juvenil, son causas fundamentales del crecimiento delictivo.


Artículo en el diario El Universal (Miércoles 28 de agosto 2019)

miércoles, 21 de agosto de 2019

Salud como cohesión social






Teódulo López Meléndez

Universalmente se reconoce la Seguridad Social como un derecho humano de acceso a una protección básica para satisfacer estados de necesidad. La expresión ya fue usada por Bolívar en el Discurso de Angostura. La OIT y la Asociación Internacional de la Seguridad Social (AISS), publicaron en 1991 un documento donde se lee: "Es la protección que la sociedad proporciona a sus miembros mediante una serie de medidas públicas, contra las privaciones económicas y sociales que, de no ser así, ocasionarían la desaparición o una fuerte reducción de los ingresos por causa de enfermedad, maternidad, accidente de trabajo o enfermedad laboral, desempleo, invalidez, vejez y muerte y también la protección en forma de asistencia médica y de ayuda a las familias con hijos".

En el 2002 salió en Gaceta Oficial el nuevo régimen de seguridad social de Venezuela, la llamada LOSS, pero está en una especie de vacatio legis. En este campo también asistimos a una desconcertante ausencia de voluntad política. Agreguemos la ausencia de estadísticas que nos permitan establecer  programas sobre epidemias que reaparecen y una política de prevención.

Hay que establecer acceso de los no asegurados a los sistemas de salud y medicinas y un sistema de atención médica a domicilio. Hay que devolver a los entes locales la administración de los hospitales y centros de prestación de servicios. La regionalización debe permitir el incremento de la capacidad operativa de los sistemas, la descentralización administrativa y la participación de la comunidad en la solución de sus problemas de salud.

Hay que involucrar a las universidades en el desarrollo del Plan Nacional de Salud y una cuidadosa evaluación de los egresados de algunas instituciones sobre las cuales caben dudas razonables. Otro asunto prioritario es el aumento de la calidad del servicio prestado lo que se puede lograr mediante una estrategia adecuada a cada nivel de complejidad y obtener así indicadores en cada sitio de prevención, de hospitalización y de intervención sanitaria. Ante las emergencias constantes que vemos en las redes sociales es menester la creación de un depósito estratégico de medicamentos.

Hagamos de la salud la base de la restauración de la cohesión social.


Artículo en el diario El Universal (Miércoles 21 de agosto 2019)

miércoles, 14 de agosto de 2019

Génesis




Teódulo López Meléndez

Requiere la sociedad venezolana un personalismo social y una relacionalidad. La digresión permanente en que parecemos vivir se traduce en incoherencia. Es un requerimiento frente a una mediocridad que tiende a uniformar, una reconsideración social del hombre venezolano que porte a la autoafirmación. Esto es, un planteamiento que lo haga hacerse protagonista de su propia historia y de la historia de los demás. Ahora mismo podemos asumir la del cambio acumulativo como aumento del conocimiento, es decir, la asunción de la complejidad.

Es menester hacer del hombre un espacio de apertura a lo ilimitado. Para ello es necesario recurrir a un nuevo análisis del dinamismo social lo que conlleva a redefinir lo que es real y a meter en la cabeza de nuestros compatriotas que las realidades se construyen.

El hombre venezolano sigue marcado por su “realidad personal” con convicciones pasadas y sin comprender las formas emergentes. La existencia de otros como él aún le sigue pareciendo un ensamblado extraño y el desconocimiento de su poder le lleva a caer en el divertimento de un luego político a todas luces absurdo. Ya no habrá mundos autárquicos volcados hacia adentro, apenas transformados por un leve influjo gatopardiano.

La situación venezolana no admite lecturas lineales o simplistas. Vivimos una hipercomplejidad que hay que analizar recurriendo a “pensamiento complejo” y/o a “pensamiento lateral”. Esto de Venezuela es lo que podríamos denominar un “conjunto borroso”, uno donde cabe un abordaje analítico con conceptos como caos y fractales. La razón lógica siempre conduce a los mismos resultados y en nuestro caso esa parece ser la consabida frase de “no hay salida”. Es necesario plantearle al país que existe una “virtualidad real” en la cual cambia el concepto de poder y las experiencias engendran nuevas realidades.

Hay que recurrir a una dinámica no lineal, a la invocación de análisis capaz de partir de una dinámica caótica. Hay que fomentar un sistema organizativo autógeno. No estamos ante una sucesión lineal de causas y efectos. Desde este punto de vista podríamos reproducir el viejo cuento del vaso medio lleno o medio vacío para asegurar a los venezolanos que esto no es un desorden sino la génesis de un nuevo orden.



Artículo en el diario El Universal (Miércoles 14 de agosto 2019).

miércoles, 7 de agosto de 2019

De la reconstrucción





Teódulo López Meléndez

Será necesario enfrentar serios problemas de gobernabilidad provenientes de la estructura misma del Estado y de una frondosa reglamentación heredada. Es decir, en el mismo primer año será necesario plantearse una reforma constitucional, sobre lo cual hay algunas ideas. La primera es establecer la elección del vicepresidente con la del presidente: no podemos seguir en esta variación continua y caprichosa de nombres. Luego, hay que restituir la cámara del Senado. De joven me inclinaba por el parlamento unicameral, pero la experiencia me indica que es necesario un equilibrio que serviría, además, de refuerzo invalorable a la descentralización. Todo lo que ayude a este principio debe ser promovido.

Otra cosa que es cierta es que la división político-territorial de la república no responde a ningún criterio de desarrollo y menos a hechos históricos relevantes. Antes de entrar en un conflicto con los estados prefiero instituir mecanismos compensatorios, tales como la creación de cinco Consejos Regionales de Desarrollo (Centro, Oriente, Andes, Llanos, Centrooccidente y posiblemente un sexto específico para el Zulia) integrado por los gobernadores y alcaldes. Es cierto que tuvimos las Corporaciones Regionales de Desarrollo, en mala hora eliminadas.

Igualmente creo necesario eliminar los Consejos Legislativos Estadales y su sustitución por una Asamblea de Alcaldes que cumpliría las funciones hoy atribuidas a esos entes, tales como la aprobación del presupuesto, el control político, la aprobación de leyes locales y todas aquellas que las constituciones regionales establecen. Nadie mejor que los alcaldes para pelear por una distribución presupuestaria equitativa que haría bajar el poder al ente local. Esas reformas tienen que incluirse en el texto constitucional, aparte de que deberá procederse de inmediato a liberar los poderes secuestrados y con cuya permanencia será muy difícil el ejercicio del gobierno.

Lo importante es atenazar la posibilidad de gobernar real y efectivamente y para ello hay que tener claro que nos enfrentaremos a la situación más conflictiva y difícil imaginable. Hay que abordar los grandes temas de la reconstrucción. La mejor manera de superar el presente es imaginándolo desde el futuro.


Artículo en el diario El Universal (Miércoles 7 de agosto 2019).

miércoles, 31 de julio de 2019

La protección ambiental




Teódulo López Meléndez

El primer programa en materia ambiental es el de la concientización, uno que excede a los parámetros donde se le ha pretendido restringir para llegar hasta el uso del agua y de su ahorro, de la conciencia de los químicos contaminantes, del uso del transporte masivo en sustitución del auto privado, hasta el aprendizaje en la clasificación de desperdicios y del reciclaje.

Las agresiones contra el medio ambiente, la conservación de los espacios naturales y todos los elementos vinculados a este tema no son desconocidos. Las advertencias del ecologismo han logrado que la información llegue, pero ha faltado la instrumentación legal y técnica para la práctica de una política racional en la materia. Es más, ha faltado la conciencia de que la cuestión ecológica puede convertirse en una centralidad estratégica de fuerzas de emancipación social. Por una razón  muy sencilla: exagerada o no, catastrofista o no, la denuncia ecológica ha mostrado, por ejemplo, la ruptura de una concepción lineal de la historia, del mito del progreso en ascenso indetenible y de la concepción del hombre como un individuo abstracto.

El problema es de alta complejidad y debe incluir también la contaminación tanto en el agua como en el suelo como en el aire, la pérdida de capa fértil, la extinción de especies, la deforestación, la desertización, y las específicamente relacionadas con la salud humana, como olores, enfermedades crónicas, incapacidad laboral, y por supuesto las relacionadas con el mundo animal.

Hay que incorporar las medidas de conservación ambiental al concepto de desarrollo sustentable. Hay que incluir la deshumanización de las ciudades dentro del tema ecológico porque llega hasta la concepción de la salud y al malestar social. Nuestras ciudades están fragmentadas, contaminadas y agresivas, unas donde se pasan horas para llegar al trabajo y devolverse a casa. La ciudad debe ser considerada como un ecosistema.

Nuestras ciudades han crecido anárquicamente, no se han construido vías internas en años. La ruptura de barreras, el encuentro en los espacios adecuados para compartir, el acceso a los medios comunes de desahogo y lo que algunos urbanistas llaman “el espacio para la vida entre edificios” requerirá de esfuerzo.

teodulolopezm@outlook.com

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 31 de julio 2019)







miércoles, 24 de julio de 2019

Hacia una socioeconomía




Teódulo López Meléndez

Cerrarse en la defensa exclusiva y excluyente de una economía de mercado no es más que una excentricidad económica. Equivale al desconocimiento de la necesidad de abrir posibilidades a nuevas formas que, organizadas al margen de la simple acumulación de capital, permitan una organización ciudadana autogestionaria de producción, distribución y consumo de bienes y servicios.

No es un ataque a la propiedad privada, la que viene respetada con las sujeciones jurídicas archiconocidas. La economía social es una forma expedita de crear ciudadanía  pues la solidaridad está presente en la base misma del planteamiento. La economía social está dirigida, sobre todo, a satisfacer necesidades básicas como alimentación, salud, vivienda, educación y conocimiento.

La economía social no puede ser excluyente, como se pretende al tratar de utilizarla como alternativa a la propiedad privada, sino un espacio que convive pacíficamente con ella. Es un orden que se contrapone tanto al capitalismo puro como a la planificación socialista. Es una forma de propiedad privada sobre el principio de la cogestión. Debe moverse en un orden económico de libertad con la vigilancia fundamentada en lo social del derecho y bajo la ética de una doctrina de promoción social.

Se le llama sector voluntario, tercer sector solidario, economía solidaria o de iniciativa social, a esta realidad que está entre la economía capitalista y aquella pública. Esto es, las bases son democracia, interés social y justicia distributiva.

En el desarrollo de una socieconomía no hay escisión de los agentes económicos de sus identidades sociales y menos del mundo simbólico que llamamos cultura. El listado puede ser grande: cooperativas, servicios personales solidarios, ahorros hacia el crédito social, formación e investigación continuas, asociaciones de productores autónomos, redes de ayuda mutua. Ni una lógica capitalista ni un Estado socialista planificador a ultranza pueden no mirar con suspicacia lo que es la economía social.

La economía debemos colocarla entre las Ciencias Humanas y no entre las Ciencias Exactas. La economía fue convertida en una religión que denota la precariedad de gruesas poblaciones humanas. Comencemos a hablar de una sociedad cívica,


Artículo en el diario El Universal (Miércoles 24 de julio 2019)