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viernes, 12 de septiembre de 2014

Defensa social



Teódulo López Meléndez

Se debe escribir un artículo de opinión mientras se leen las noticias del día sobre las balaceras de la mañana en Caracas y no provoca. Se debe escribir un artículo de opinión mientras las panaderías lanzan alerta sobre sus existencias de harina de trigo y pequeños políticos se tiran de las greñas y no provoca.

A este país la única definición que le es posible es el de uno agredido y cuando un país está siendo agredido por enemigos internos la única posibilidad es organizar una defensa social. Lo hemos planteado repetidas veces a través de las intrascendentes redes sociales. En verdad la defensa individual se ha hecho irrelevante. Si la defensa no es colectiva será inútil.

Tomamos, para ejemplarizar, el caso grave de inexistencia de medicinas y apelamos a una Iglesia para que promoviera su recepción con ayuda de la feligresía y el silencio fue la respuesta. Se debe escribir un artículo de opinión y no provoca.

Sobre lo ocurrido en Maracay hay que esperar informes serios, los que no abundan de ningún lado si uno ve como se utilizan fotografías sacadas de Internet o se ordena promover acciones judiciales contra todos los que informaron sobre el caso. Como se ordena juicio contra un economista por haber realizado un análisis de la situación financiera del país. Todo se resuelve con represión, mientras se acerca octubre, uno que amenaza con convertirse en clave en la historia económica del país.

Para que haya defensa social se requiere partir de la solidaridad. Si ella no preside la acción de este país cristiano no será posible. Se requiere comunicación, una que excede al mero intercambio de información, pues debe ser la identificación de destinos. Y el elemento clave, la voluntad, una que se manifiesta individualmente, pero que no se hace motor del cuerpo social.

Hay que crear líneas de defensa social. Un país agredido debe hacerlo. Entre los agresores el gobierno, uno al que no se le puede creer, pues si dice que en mes y medio se “normalizará” el abastecimiento de medicinas la conclusión será que llegarán algunas para luego desaparecer de nuevo.

Se debe escribir un artículo de opinión para repetirle al país lo que ya se le ha dicho, pero que no internaliza, y no provoca. El país parece cada vez más un campamento en estado de desesperación sin que logre articularse.

El concepto de defensa social es originario del Derecho Penal, pero perfectamente utilizable en el campo de lo social genérico, pues se pena a la transgresión y este es un país transgredido a diario por agentes disolventes que amenazan con conducirlo  a situaciones aún más graves de las que vivimos. El país debe penalizar a los agentes corrosivos.

Organización, voluntad y solidaridad, pero ya hemos mencionado que esos elementos deben obtener como identificación el reconocimiento de destinos. Es precisamente lo que pasa: la ausencia de destinos claramente definidos, pues se trata desde la defensa social amalgamar un nuevo país.

El país está dejando de ser territorio de la materia prima esencial que no es otra que el lenguaje. Aquí puede decirse lo que sea sin que medie una responsabilidad por lo dicho. Hemos devaluado la palabra y el poder se ha convertido en mediocridad extrema garantizada sólo por la orden de proceder contra.

El país es una queja, una solicitud de auxilio, un desgarramiento sin conclusiones. El país debe pasar a ser una defensa social manifestada en cada una de las calamidades que lo acogotan. El país debe defenderse de las agresiones. El país debe tomar aliento y ejercer una legítima defensa. Cuando el país se recuerde de cuáles son las características que lo hacen tal, entonces el lenguaje volverá a merecer la pena.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Narciso el subsidiado





Teódulo López Meléndez

La prioridad del régimen es él mismo. Se mira en las aguas procurando mantenerse coherente, tratando de evitar alguna pieza se le desconecte o alguna facción pueda pensar ha llegado el momento de abandonar el hermoso cuerpo del poder.

La Iglesia sale de las catacumbas airada por un “Chávez nuestro” que parece haberla irisado mucha más allá de su deber cívico de pronunciarse sobre la situación del país.

La llamada oposición duerme a la orilla del bosque ya sin mirarse en las aguas bajo un castigo particular de Némesis, la diosa de la venganza, y sólo escucha su propio eco bajo total abandono de la ninfa del mismo nombre.

El discurso al que los venezolanos están habituados es al de la doblez, al del populismo, al de la demagogia. Respuestas no faltan al drama nacional, más bien faltan oídos. Las “verdades” son eternas, pareciera imponer la lógica de la epidemia nacional de “lugarcomunismo”, olvidando que ellas son planteamientos generalmente aceptados que a lo largo de la historia se desploman cuando lo hace la mayoría que las convirtió en Narciso.

La prioridad de cada sector del país es su propio sector, sin que nadie recuerde que su imagen reflejada los obligará a lanzarse a las aguas como consecuencia de tanto amor por sí mismo.

Así, sacudones no son más que anhelos de cohesión interna, sin mirada al bosque donde las penurias de una crisis galopante anida, pero para ello habrá cinco “revoluciones dentro de la revolución” ya que el asunto se trata de hacer la revolución, porque la revolución es bella como Narciso, el mismo que se niega a atender la ninfa de la economía pues miedo le da alguien llegue a ocuparlo por encima de sí mismo. Se le suma que para tal fecha no habrá pobreza, pues haciendo la revolución, revolución habrá.

Los subsidios no son eternos. Pueden y deben aparecer en circunstancias específicas para ser suplantados por empresas focalizadas de producción social, esto es, una preparación previa para luego impulsar el desarrollo sustentable de lo humano. Y vale también para el espíritu, pues la convivencia con quien mantiene subsidios no obvia manifestarse por los presos políticos, por la inflación, por la escasez de alimentos y medicinas, pues habrá que recordar Narciso no es más que un mito.

El lenguaje es la base de todo proceso cognoscitivo. Aquí el discurso parece más bien una letanía, la condena de la ninfa Eco. El discurso obsoleto, la recurrencia sobre el círculo de las pocas palabras de lo “políticamente correcto” es obsolescencia, vencimiento de un tiempo histórico donde hay que insertar otro discurso, pues las estructuras mentales tienen lenguaje y el prevaleciente es tiránico. Con este discurso agotado se reproducirán los mismos resultados y su inmenso árbol caduco impedirá la visión del bosque.

El nuevo discurso no se entiende. Es natural: a los oídos cimentados sólo entra el viejo. Lo importante es que exista un nuevo discurso qué los oídos se enterarán de la existencia de uno. La existencia de otro vocabulario al menos impide el asentamiento definitivo del fracaso. Mientras, “haremos cinco revoluciones”, una multiplicidad revolucionaria, o “llamamos al diálogo gobierno-oposición rezando un Padre Nuestro”  o “protestamos a Nicaragua que ya llegamos al acuerdo de alianza electoral para el 2015”.

Narciso rechaza a diario a su pretendiente país. Esperemos que el país rechazado no se suicide a las puertas de las casas de Narciso. Qué no se repita la versión romana según la cual el vidente Teresias arguyó, frente a la consulta, que Narciso jamás se conocería a sí mismo. No obstante, la versión es ratificada por redes sociales de desahogo incapaces de generar legitimidades sustitutivas de las viejas y sus mitos.





sábado, 30 de agosto de 2014

El desgrane y la criba




Teódulo López Meléndez

Batir o sacudir, lidiar con la humedad, verificar la madurez de los granos, pues las cosechas se pierden si no se desgrana o se trilla, si no se separan a tiempo de las plantas. Presumen que ha habido un cultivo, pues si nada se ha sembrado nada se cosecha. 

Es tal el déficit ético en la Venezuela del presente que no sólo se debe parecer honesto sino serlo, pues debemos voltear la expresión dicha de Pompeya Sila, la segunda esposa de Julio César, en cuanto “la esposa del Cesar no solo debe ser honesta, sino parecerlo”, pues el juego de las apariencias es lo que preside la vida pública venezolana de hoy y no la esencia para la asunción de un comportamiento de cara al país.

Vivimos en la contradicción aparente, en una medición constante de hasta dónde se puede llegar en el abuso de la poda de las plantas antes de esperar que los granos vayan perdiendo su verdor y se muestren listos para el consumo. Se pide al gabinete que ponga sus cargos a la orden y pasan los días sin nuevo gabinete o se impone un control de consumo para luego señalarlo como voluntario. A medida que el régimen se hace inviable en su tarea de podar al país, el país se hace inviable por falta de siembra y de cosecha.

El país requiere de ejemplos como prédica. El país no requiere de bacanales exhibicionistas de búsqueda de candidaturas porque la única candidatura es el país. El país necesita saber que hay gente que coloca los intereses nacionales por encima de los suyos. El país no está para edulcorantes ni mediatintas. Hay q hablarle con una sinceridad rayana en la crudeza extrema: la siembra que hemos hecho como nación a lo largo de nuestra larga existencia requiere de criba para limpiar el grano de paja y tallos.

No podemos permitirnos otro grave retardo histórico similar al que nos ocurrió el siglo pasado. No podemos autorizarnos a entrar en una involución que nos va retardando como país. Debemos cambiar el retroceso por un acelerado desafío de futuro. Hasta el cansancio hemos hablado de la necesidad de un cambio histórico, uno que pasa por los desafíos entre los cuales consideramos el esencial hacer entrar a este país al siglo XXI. Para ello, el desgrane, la madurez del grano, y la criba, para limpiarnos de la paja encarnada en este país somnoliento en un continuo recurrir a lo intrascendente, a lo banal, a lo secundario, a lo meramente superfluo.

Poner a este país en el siglo XXI, es el foco y el objetivo que todo lo abarca, en un siglo cuyo comienzo en verdad parece retrógrado, pero desafiante como todas las épocas de transiciones y aleccionador para el espíritu emprendedor de una nación que produzca alimentos materiales y espirituales, que esquive los vientos tormentosos y se aposente sobre la seguridad y la confianza a alzarse pragmáticamente como sitio hacia dónde se volteen las miradas y en dónde se encuentren ideas y realizaciones.  

El país debe limpiar los granos de la paja. El país se consume en un accidente histórico propio de quien no tiene por costumbre limpiar los terrenos de cultivo. Es nuestra tradición, dejar a la arbitrariedad del clima la tierra o para que se erosione o para que por inercia asome tímido algún tallo. Ya basta con nuestra inoperancia. Los pésimos gobiernos autoritarios del siglo XIX o los ideologizados del XX, los manuales del caudillismo de uno y los manuales del activista del otro, deben ser suplantados por el encuentro de un cambio histórico que preciso de manera tajante en “entrar al siglo XXI”.

El astrónomo, poeta, geógrafo y filósofo griego Erastótenes se dedicó a medir la Tierra y luego a dirigir la Biblioteca de Alejandría hasta su fin. Cuando estaba ciego y ya libros no había cuentan que decidió morir de hambre. Aquí debemos hacer, para este país,  de este anaquel vacío, una fructífera travesía por este imperfecto siglo que nos tocó en suerte y de la falta de alimentos, los del cuerpo y los del espíritu, fuerza para sacarlo de la ruina.








jueves, 21 de agosto de 2014

Lo biométrico como 'polibiología"




Teódulo López Meléndez

Desconocemos si existe la palabra “polibiología”. Seguramente no, pero lo biométrico nos autoriza a inventarla, pues todos los diccionarios nos dicen es estudio estadístico de los fenómenos o procesos biológicos. De manera que llamar de tal manera a un método de control de consumo de alimentos (en latín captahuellas, en griego tarjeta de racionamiento) debe implicar una relación entre política y biología, algo así como un interés del Estado en examinar los procesos internos de los órganos de quienes habitamos en esta república desposeída.

Es el escape hacia adelante. Mientras el país se cae a pedazos en áreas vitales el régimen ratifica que el problema es el contrabando y una “guerra económica”, asuntos para los cuales recurre a métodos biométricos que bien pueden traducirse como abandono de toda racionalidad económica y persistencia en el “manual para activistas”.

Las advertencias han llovido desde todos los sectores, incluidos los afines al oficialismo, pero he aquí que de nuevo se nos plantea una “puesta a la orden” de los cargos del ejército de ministros con total sordera a las encuestas que muestran descenso creciente o a los análisis que señalan un agotamiento del tiempo para recurrir al pragmatismo.   
                 
El país, mientras tanto, traga grueso, traga sin masticar. Los “dirigentes” se resumen en profundidades como “queremos Maduro renuncie ante el pueblo”. Otros observamos como las redes sociales resultan inútiles para generar cualquier posibilidad de cambio, en un proceso regresivo de su antiguo esplendor de cuando la “primavera árabe” o desde los “indignados” europeos.  El país chancea frente a cada nueva turbulencia y lo hace desde una patética inercia que nos hace preguntarnos si los análisis biométricos serán capaces de revisarle estómagos e intestinos.

Frente a tal estulticia uno admite la existencia de extraterrestres, pero también la discusión sobre si son o no inteligentes o vuelve a recurrir a una necesaria Antología del Absurdo sin que ninguno de nuestros excelentes humoristas declare asumir la tarea. O vuelve a reclamar la presencia de la inteligencia del interior del país asumiendo una rebelión contra una clase política parasitaria, sin olvidar que hemos oscilado en esa propuesta, oscilación seguramente originada en el hecho de que llamar la atención del país sobre su inercia ya se hace tarea vana.

Con inusitada frecuencia vuelca una gandola en estas carreteras nuestras y resulta saqueada. Lo primero es lo extraño, lo segundo no, lo que nos hace recurrir a una perversa imagen asimétrica (al fin y al cabo uno se contagia con la métrica) para pensar que si este país se vuelca saqueadores no faltarán.

Una visión retrospectiva de nuestra ya larga historia nos indica que servirle al país es una de las tareas más difíciles, puesto que el país hace tiempo tiene el habito de renegar de quien quiere servirle. Momentos históricos, en alguna medida similares a éste, deben abundar, pero bajo un común denominador de pesadumbre: este país siempre ha sido una indefinición, entre otras variadas razones porque desconoce su pasado y carece absolutamente de memoria.

Dudamos si esperar por el “cambio de gabinete” para escribir esta expiación semanal, pero nos asalta el enroque como medida defensiva en el ajedrez –aunque esto sea en verdad una partida de damas chinas- y las sabias palabras del gran maestro cubano Capablanca cuando indicó la vida era muy corta para pasársela jugando ajedrez.

Confiemos, pues, en la capacidad biométrica de suplantar insumos en hospitales y productos en las estanterías de los supermercados, dado que los alfiles (léase ministros) cabalgan sobre los peones y el Rey no se da por enterado de la eventualidad de un jaque. El día del envío de este artículo carece de interés. Al fin y al cabo las cuentas y mediciones sobre el cuerpo social hay que hacerlas con ábaco, como en la antigua Mesopotamia. 


viernes, 15 de agosto de 2014

El país desalmado



Teódulo López Meléndez

El trágico accidente aéreo que costó la vida al candidato presidencial de los socialistas brasileños Daniel Campos nos mostró a un país. La conmoción fue total, desde la gente en la calle hasta los más conspicuos líderes políticos, desde el gobierno hasta sus adversarios. La campaña electoral fue suspendida de inmediato y la presidenta declaraba duelo nacional.

En suma, un país. Uno recuerda a los ilustres venezolanos fallecidos sin que un acuerdo de duelo haya sido emitido e, incluso, hasta las celebraciones poco disimuladas por la muerte de un adversario o los deseos de fallecimiento para otros. Esto es, un país que transcurre su drama desalmadamente. 

Nos hemos echado a perder como país. Hemos sustituido la humanidad propia de un conglomerado que se sabe tal por una especie de incordia incontrolada. La siembra artificial del odio entre venezolanos, la caracterización de una falsa lucha de clases y la conversión de la política en batalla sin escrúpulos pesará a largo y hará difícil el reencuentro de la unidad nacional y el retorno a un juego político civilizado.

Cierto el mundo no anda bien. Las matanzas indiscriminadas y las guerras civiles con ribetes religiosos, la inestabilidad del Oriente Medio, el irrespeto por la vida mujeres y niños no combatientes, son características que signan al año en curso. En el escenario de nuestro continente vemos los intentos de pacificación de Colombia, de una Colombia con más de medio siglo de violencia, un esfuerzo q conllevaría a proclamar a nuestra América como libre de combates intestinos y no sin pesar la incomprensión fatal de un sector de sus actores políticos.

El mundo sigue en su drama: lo viejo no se muere y lo nuevo no termina de nacer o, si se quiere, los conflictos asemejan a un vertiginoso regresar de épocas históricas indeseables. En Venezuela hemos tenido violencia y muerte sin que haya degenerado en un conflicto total, uno que, sin embargo, no podemos borrar del escenario por arte de magia. Los síntomas son de descomposición social. Baste mirar a la criminalidad con los cuerpos que aparecen descuartizados o lanzados a autopistas y ríos. Se mata sin necesidad alguna al objetivo del delincuente de apoderarse de los bienes ajenos, pero también -se constata en la obviedad de las noticias- por encargo, por eso que llaman sicariato.

Los índices que nos colocan en los primeros lugares de la criminalidad mundial muestran una ruptura de todo freno que incluye desprecio total por la vida humana. Se han roto los diques. Han caído las paredes de los embalses.

Sin embargo, lo que los venezolanos llamamos con la generalidad “inseguridad” es sólo un aspecto del drama. Lo más profundo es que no vemos futuro aceptable, lo que fuerza a la emigración, al desconsuelo o al encierro preventivo. Los venezolanos solo recibimos mentiras, acrobacias, desparpajo, distracciones, obra bufa. Los actores de nuestra vida pública muestran rutilante incapacidad para abrir vías a las posibilidades, a perspectivas que hagan de la gran enfermedad nacional llamada pesimismo una curable o desterrable.

Los venezolanos se mueven en el lamento, en el lanzar su disconformidad como forma de alivio, sin que se apresten al rescate de un entorno civilizado dentro de lo fáctico de un mundo revuelto. Siguen ahogándose en paradigmas agotados, en formas políticas del pasado, en la construcción de liderazgos superfluos.

Por supuesto que el país tiene tiempo mal, no es una novedad, la novedad –si es que la palabra cabe- es que sus pesares se acentúan y comprueban que los países no tienen fondo cuando van en barrena dado que siempre puede ser peor. Es obvio que la principal responsabilidad la tienen quienes ejercen el poder, más aún cuando se dedican al pregón de una felicidad inexistente o al abuso permanente de la propaganda para tapar su ineptitud. Es también obvio que la responsabilidad es de toda una clase dirigente sin respuestas. Cuando eso sucede corresponde al cuerpo social asumirse, pero este parece desencajado y maltrecho como para aprestarse a tal tarea.


viernes, 8 de agosto de 2014

Los calorones de agosto





Teódulo López Meléndez

Se puede aparecer en pantalla convirtiendo una precaución en una obra de envergadura para los barrios. Otra cosa no sucedió en la pasada cadena de radio y televisión del jueves efectuada por Maduro. Bajo la apariencia de retomar el proyecto Barrio Tricolor, nombrado por enésima vez, se ocultó la creación, o el intento de creación, de una barrera protectora contra eventual “pérdida de paciencia” de los sectores populares.

Lo que se mostró, -con maquinaria, factores ideológicos, premisas de desarrollo- no fue más que un plan de seguridad disfrazado de proyecto de cirugía urbana. El acompañamiento de un trato, que no sabríamos como calificar, al aumento anunciado de la gasolina, hace más evidente lo señalado. Ahora no es necesario ese aumento, es un simple correctivo que deberá tomarse, pero puede ser en dos o en diez años.

Por si fuera poco, Maduro elogió al general encargado del proyecto por lo que llamó esfuerzo sobrehumano de recorrer lo que llaman callejones en tiempo récord, como si esa misión no hubiese sido anunciada hace meses y de repente había que recurrir a esfuerzo extra, a prisa inaudita, a carrera contra el tiempo.

Estos elementos por tratar de convertir una medida de seguridad en una acción gubernamental de aparente asistencia a los sectores de las barriadas populares pasó a ser un aquelarre. A todo el que siguió la cadena con ojos atentos, quiere decir casi nadie, le quedó patente un tablero con todas las alarmas encendidas. El gobierno está más que nervioso por el eventual comportamiento de los pobres que dice defender y encarnar.

Recordemos que el inefable presidente había anunciado previamente la adquisición de nuevos equipos represivos para “combatir terroristas” y que en las redes sociales había corrido la versión –cuya veracidad desconocemos- de muy especiales convocatorias a la Guardia Nacional para mirar a los nuevos y eventuales escenarios.

Conjuntamente el superpoderoso Rafael Ramírez había anunciado que nuestra empresa en Estados Unidos, CITGO, estaba a la venta a quien realizase la oferta conveniente, en un paso acariciado años atrás por razones ideologizantes, y ahora reforzado por falta de efectivo y por compromiso con China de elevar nuestra cuota de suministro petrolero. Es obvio que ello equivaldría al abandono del mercado norteamericano, en una acción de alto riesgo.

Es tal la complejidad del mundo en estos momentos, y sobre todo en los que están por venir, que cualquier acontecimiento en Venezuela no entraría en la primera página de quienes andarían muy ocupados con sus propios dilemas. Tenemos a un gobierno nervioso y una economía colapsada. La preocupación del gobierno es notoria como patética, pero nadie, aparte de los íntimos del régimen, parece, fuera de él quiero decir, estar haciendo un seguimiento a los temblores, ocupados como andan en las maniobras secundarias para mantenerse vigentes y frente a un país que, como hemos dicho hasta el cansancio, se ocupa de las minucias sin percibir las alarmas de tsunami.
La cadena fue realizada sin ninguna explicación de las razones por las que se suspendía el viaje de Maduro a la toma de posesión de Santos y exactamente a la misma hora, como para reforzar la tesis de una tranquilidad conventual. El que quedó muy mal fue el sempiterno Uribe que había alegado tal presencia como excusa para producir el hecho histórico de que por vez primera en la historia de Colombia una oposición no asistía a una toma de posesión presidencial. Pero fuera de los actos en Bogotá hay que explicar que la reunión sostenida días atrás en Cartagena de Indias no era justificativo para la inasistencia, dado que estos actos sirven para ver a docenas de mandatarios extranjeros y representantes de alto nivel de los organismos internacionales.
Este ha sido un agosto, y sigue siendo, uno muy particular, uno en el cual el régimen asegura no haber visto nunca antes tantos alegres viajeros, cuando IATA advierte Venezuela se acerca al aislamiento aéreo y la gente hace las más espectaculares conexiones para tratar de ver a sus familiares emigrados, número in crescendo como es fácil advertir. Agosto tiene calorones.