miércoles, 19 de febrero de 2020

Reformular la democracia




Teódulo López Meléndez               

Reformular la democracia, he dicho muchas veces, no requiere de una especie de conversión súbita de las colectividades, sino de un proceso que conlleva  a una acción sobre sí mismas que permita reponer la realidad ocultada muchas veces por los actores a una transformable constantemente, una mostrable con insistencia, una que supere la mera búsqueda de culpables por el encuentro de una solidaridad interior traducida en acción política constante, una sin dueños, una enmarcada en un nuevo concepto de poder, uno de todos los ciudadanos que protegen sus derechos.

Frente a este desafío abundan ahora las democracias-autoritarias, los falsos liberalismos-mandones y los populismos teñidos de mesianismo. La democracia no es sólo votar, a eso pretenden reducirla los tipos de régimen mencionado, la democracia es un constante ejercicio que en él va encontrando las maneras de control efectivo. Hay que hacer de la democracia una mera autorización para gobernar y no un mandato de dominio.

Es necesario reformular la democracia. Las patologías que señalamos aquí son consecuencia de un apego interesado y manipulador de concepciones clásicas. Es menester concederles a los ciudadanos otros derechos hasta ahora no considerados fundamentales, como el de la transparencia en el ejercicio público, la consulta popular deslastrada de las manipulaciones tecnológicas de hoy y una capacidad de denuncia oportuna. Es necesaria la redefinición del poder, tomado como un intercambio entre ciudadanía y unos momentáneamente elegidos. Seguramente en los conceptos emitidos por Jacques Maritain y Hannah Arendt, más como autoridad que como poder o, si se prefiere, tomando el concepto de poder como la capacidad para actuar concertadamente desde un sentido esencial de toda comunidad. Es indispensable que tal ejercicio se haga bajo reconocimiento de aquellos que deben obedecer, esto es, el consentimiento de los gobernados.

La democracia no puede basarse en un secuestro de los intereses colectivos. La relación tiene que ser de principios y de confianza. No puede haber democracia intermitente ni considerar el desiderátum la participación en elecciones. La democracia debe ser permanente y con esa permanencia debe construirse una historia común.

@tlopezmelendez

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 19 de febrero 2020)

miércoles, 12 de febrero de 2020

El ejercicio continuo




Teódulo López Meléndez

La primera queja para explicar el desencanto con la democracia es la de su supuesta ineficacia. Las promesas no se cumplen y los ideales se olvidan. Por supuesto que eso depende de los actores, más entretenidos en conservar el poder y sus beneficios que en la atención a una obra de gobierno.
Sin embargo, ello no es suficiente explicación. Podemos remitirnos al mecanismo con que esos gobernantes son electos. Un cúmulo de factores afectan a las elecciones, desde la intervención tecnológica que manipula mayorías inclusive en países lejanos, hasta su conversión en el deterioro representativo.

Las elecciones están en crisis. Un ciudadano un voto, explicitaba una igualdad que legitimaba las instituciones. Manipulaciones del voto ha habido siempre, magnificadas por la tecnología actual donde a esos votantes se les plena de información manipulada, caso Brexit, o se distinguen sectores mediante el uso inmoral de una información disponible en los grandes servidores. De esta manera, el instrumento democrático por excelencia ha sido viciado, alterando las bases de la democracia conocida, como lo son una representación de la voluntad colectiva y, por ende, la destrucción de los mecanismos de control de esos representantes, tales como referéndum, control de gastos, la selección de los candidatos postulados. El concepto mismo de mayoría ha sido ficcionado.

Los programas de gobierno que los aspirantes al poder enarbolaban como el desiderátum de su acción oficial han perdido sentido. Los llamados electores saben que son papel muerto. Los reclamos por su incumplimiento presiden buena parte del debate público. Las élites políticas se han hecho escurridizas avalando involuntariamente el crecer del populismo que hace de “pueblo” un concepto abstracto.

Los problemas son graves y muchos. Llega a hablarse de democracia poselectoral, lo que de ninguna manera significa dejar de lado las elecciones sino devolverle algunas de sus esencialidades. Para ello es necesario multiplicar la expresión, hacer inviable la unicidad de los organismos monopolizadores de la voluntad general o parcial y renovar antiguos conceptos. O se está en la vida pública ejerciéndola o los monopolios seguirán traduciéndose en regímenes populistas y autoritarios.

@tlopezmelendez

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 12 de febrero 2020)

miércoles, 5 de febrero de 2020

La ausencia de discurso




Teódulo López Meléndez

Byung-Chul Han, el surcoreano en la cumbre de la filosofía alemana, sostiene que en realidad el hombre que se cree libre está encadenado como Prometeo, se explota a sí mismo  y permanece encadenado: la llamada libertad actual no es más que la reproducción del cansancio. "En realidad, lo que enferma no es el exceso de responsabilidad e iniciativa, sino el imperativo del rendimiento, como nuevo mandato de la sociedad del trabajo tardomoderna", asegura.

En realidad las palabras aburrimiento y cansancio surgen por doquier a la hora de mirar al hombre, especialmente a los jóvenes. Quizás sea necesario recordar que quien se aburre se sabe vacío. Hay contradicciones, inclusive, en su comportamiento político, pues no parece afectarlos el acontecer, pero si la causa asoma sale a destruir sin miramiento, asumiendo la estructura del exterior como causante de su malestar.

Lo que aburre es también una sobresaturación, sobre todo tecnológica Esto es, tienen exceso de abundancia. Como bien se ha dicho es la saciedad la que crea la inapetencia. Las contradicciones en el comportamiento político de los jóvenes muchas veces son explicados por lo que se ha dado en denominar “la rabia en el agotamiento”, una que no lleva al intentado sobre sí mismo sino contra el exterior donde está colocado preferencialmente el sistema político al cual atribuyen la causa de sus propios aburrimiento y cansancio.

En el 2010 me ocupaba de los hikikomori, padecimiento de los jóvenes japoneses encerrados en sus casas o dormitorios por largos períodos. Me parecía una circunstancia no derivada exactamente de su propia cultura, tal vez una situación extensible.

Los hikikomori rechazan la competencia, a veces se ponen violentos, asumen la abulia y el hastío. Este fenómeno salió de los marcos de su primera manifestación para extenderse con variantes. Hay ahora una mescla de pasividad-agresividad contra una sociedad que consideran injusta, paradójica y absurda. Los sucesos son vistos como “hechos sin sentido”.

Los límites entre realidad real y realidad virtual han llegado a disolverse. Los jóvenes se enfrentan a producir una sintaxis que les es más que esquiva. El discurso pasa a ser la ausencia de discurso. La referencia a lo real un efecto de realidad.

@tlopezmelendez

rtículo en el diario El Universal (Miércoles 5 de febrero 2020).

miércoles, 29 de enero de 2020

El hombre que huye





Teódulo López Meléndez

La historia, podríamos argumentar, es la de un hombre caminando. No siempre huía, buscaba. Comenzó a caminar desde África hacia Asia, posiblemente hace 70 mil años, y siguió caminando hacia el resto del mundo.

El hombre aún sigue caminando. En 2019, el número de migrantes alcanzó la cifra de 272 millones. Son el 3,5% de la población mundial, cifra que aumenta cada año, una de la que ahora formamos parte los venezolanos. De ellos 36 millones son niños. Ahora se mueve para escapar de las guerras, por persecuciones  políticas, por violaciones de Derechos Humanos, en busca de mejores salarios y vida, por hambre, a lo que debemos sumar una causa inocultable: el cambio climático.

Estas migraciones de hoy traen separación de la familia, inescrupulosos traficantes, prostitución, racismo y  xenofobia, dramas, conflictos y en muchos casos la muerte. Para enfrentarlo las Naciones Unidas aprobaron la Declaración de Nueva York, para compartir responsabilidades, salvara vidas y proteger derechos. En la práctica, vemos barcos a la deriva en el Mediterráneo a los que se niega un puerto, la construcción de muros o la represión en Centroamérica, sólo para citar pocos ejemplos.

En el papel todo está dicho, desde Nueva York hasta Marruecos, donde una Conferencia sobre Migración del 2018 dejó establecidos los derechos laborales hasta los casos de migrantes desaparecidos. La verdad es del horror y de la consecuente impunidad. Del lado contrario, sin embargo, se recuerda como la migración ha sacado a millones de la pobreza y fomentado el crecimiento económico y como la inteligencia permite a los países receptores una prosperidad adicional por la llegada de los que caminan o navegan. Un detalle es que crece el porcentaje de mujeres universitarias que se van de su país de origen buscando salarios más altos. Las restricciones draconianas a las migraciones perjudican, en primer lugar, a quien las practica.

El mundo que hemos conocido fue determinado por los desplazamientos masivos. El mundo por venir lo será por estas masas de migrantes a los que hoy vemos en su drama. Quizás deberíamos hablar de la construcción de una superficie apta para la vida. Dicho de otra manera, este relato hay que insertarlo en el concepto de justicia global.

@tlopezmelendez

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 29 de enero 2020)

miércoles, 22 de enero de 2020

El hombre con hambre




Teódulo López Meléndez

El hombre tiene hambre. Las cifras varían, pero basta detenerse en los informes de la ONU y sus organismos, más los de las ONGs, para comprobar cuán lejos estamos de los buenos propósitos y de los planes anunciados.

Las cifras rondan entre 795 y 925 millones de seres privados del más elemental de los Derechos Humanos, el de alimentarse. Las causas son múltiples, desde los conflictos armados internos, realidad de hoy, hasta el cambio climático, desde la inestabilidad política hasta la infraestructura deficiente, desde la discriminación hasta la ineficiencia de los gobiernos, pasando por una sempiterna injusticia social llamada pobreza.

En el planeta unos 150 millones de niños sufren retraso de crecimiento. En América Latina se estima que 32 millones están subalimentadas lo que se dispara a 16.5  si se incluye el Caribe. En nuestro subcontinente se asevera la pobreza extrema llegó a su nivel más alto en 10 años.

Los ángulos son múltiples, la forma en que producimos y consumimos, la escasez creciente de tierras fértiles, el clima, el agua, la exclusión. De más está decir que el hambre, es decir, el acceso restringido a una cantidad suficiente de alimentos, la privación de nutrientes y/o la incapacidad de absorberlos, la ingesta insuficiente de calorías, es un drama presente. El hambre se transmite de generación en generación, desde la madre en el embarazo hasta la desnutrición en los primeros meses de los bebés.

El sistema alimenticio está roto. Hay que comenzar por reducir las desigualdades, no sólo el acceso a los alimentos de manera directa sino a las decisiones, la implementación de políticas, a las que se suma ahora la crisis ambiental.

El hombre con hambre se hace dependiente, manipulable por los regímenes que se plantan en controlar el acceso a los alimentos como fórmula para garantizarse lealtad. El hombre con hambre se hace estadísticas para los discursos. El problema del hambre es político y no se resuelve con el paliativo de envíos más o menos frecuentes de comida. Pasa por eliminar, o evitar en lo posible las guerras internas, por la instauración de gobiernos estables y democráticos en momentos en que la democracia misma es mirada con recelo y desconfianza. Pasa por el renacer del sentido de justicia.

@tlopezmelendez

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 22 de enero 2020)

miércoles, 15 de enero de 2020

El clima del hombre




Teódulo López Meléndez

Las primeras advertencias se originaron en la década de los 50 del pasado siglo. De allí en adelante siguieron los Informes de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). No había duda, eran los humanos los responsables emitiendo gases invernaderos como el dióxido de carbono, metano y óxidos de nitrógeno.

Comenzaron los acuerdos, desde Kioto hasta París, incumplidos, con abandonos de gobiernos que creen eso es una falsificación que afecta su producción interna. La escasez de voluntad queda patente en el último evento, la Conferencia de las Partes (COP25), el órgano de decisión de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático celebrada en Madrid.

Ya el objetivo de los 1,5ºC. quedó atrás, la temperatura terrestre subirá al menos dos grados. Vista la falta de voluntad política de los gobernantes, los científicos se plantean la ingeniería climática futura. Si no hay política habrá ciencia, parece ser la consigna. Se lanzarán partículas de aerosol para desviar luz solar hacia el espacio, tal vez cuando millones comiencen a salir de la India. Pero ¿y la acidificación de los océanos? Se lanzarán nutrientes al mar en lugares seleccionados para aumentar la producción de fitoplancton, se nos dice.

La lista es larga: aerosoles de sulfato, reflectores espaciales, aerosoles estratosféricos, cultivar biomasa, aumento de alcalinidad oceánica. Quizás cuando las capas de hielo de la Antártida hayan colapsado o cuando la hambruna produzca más desplazados.

La ciencia trata de responder, sobre el clima del planeta, pero nadie trata de hacerlo sobre el clima interior del hombre. Prevalece la economía, la suprema responsable de índices de producción y de los climas políticos internos que permiten la conservación del poder y la influencia planetaria. Esas perturbaciones -se dice- hay que evitarlas, hay que decir progreso y mostrar cifras, aunque una realidad realenga haga decir a los observadores que la economía está detrás de los conflictos que lanzan las manifestaciones callejeras.

Ya no se está al servicio del hombre, se está de las apariencias, con populismo y remedos. El reclamo exige la supervivencia del hombre y la de este pobre planeta que aún es su casa.

@tlopezmelendez

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 15 de enero 2020)

viernes, 10 de enero de 2020

El nuevo orden mundial




Teódulo López Meléndez

De nuevo orden mundial se ha hablado desde siempre. En la historia moderna recordamos la expresión está en los catorce puntos del presidente Woodrow Wilson al final de la Primera Gran Guerra. Se popularizó de nuevo con el final de la Guerra Fría. Bush y Gorbachov la usaron a placer. En el presente ha vuelto con el Brexit, la presidencia de Trump, el retorno de la influencia rusa, el terrorismo y el calentamiento global.

La velocidad introducida por Internet hace especialmente arriesgado aventurarse en un siglo en el cual termina apenas la segunda década. Apenas podremos hablar de este año redondo 2020, de los elementos que presenta y de los síntomas que anuncia.

Una cosa es evidente, el orden establecido presenta resquebrajaduras. Miremos lo actual, el creciente enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán en pleno desarrollo y cuyas consecuencias alteradoras del Oriente Medio están por verse. Es obvio que un orden mundial siempre existe, aunque sea el orden del desorden. La presente lucha por el poder y las zonas de influencia anulan lo que podríamos denominar una predictibilidad asertiva. Podría argumentarse, en contrario, que siempre ha sido así y es verdad, pero lo evidente es que se está rompiendo  lo que podríamos denominar el “arreglo” sobre los roles a jugar y sobre los principios a regir entre los actores del escenario mundial. Sólo, entonces, podemos partir de la aseveración de que un “orden”, o un mundo, se está deshilachando y otro se asoma indeciso e indeterminado. Cuando un mundo se cae y el sustituto no termina de aparecer suele usarse la palabra crisis como definitoria. Hoy no son sólo los Estados los que juegan, sino una multiplicidad de actores no estatales, muchos de los cuales económicos. Estamos asistiendo a este proceso sin que se haya producido el fin de una conflagración mundial, más bien a las guerras internas, a las milicias afines, al terrorismo religioso, a la desaparición de un mundo bipolar no transformado en multipolar, a la inexistencia de uno unipolar, con el muestreo de un renacimiento ruso y de una creciente influencia china y a una disgregación notable en Oriente Medio, convertido este en el más peligroso lugar de los juegos de los actores en busca de zonas bajo influencia o control.
Fue Huntington en señalar que lo que había emergido era un sistema uni-multipolar, con una potencia que podía hacer lo que le viniera en ganas y otras menores clamando por lo contrario. Lo de Estados Unidos es relativo, con un presidente como Donald Trump que negocia con Corea del Norte, con los talibanes afganos y que al tiempo denuncia tratados internacionales, se aísla y no deja de cometer hechos como el asesinato de un alto funcionario de un país en el territorio de otro soltando las alarmas sobre la evolución de los acontecimientos en la zona más peligrosamente conflictiva del mundo.

Contra la globalización ahora se alzan los nacionalismos. Contra el declive del Estado-nación aparece el populismo reclamando “patria”. Contra la unidad de Europa los británicos se enredan con su necio Brexit. Contra la lucha que intenta preservar la salud climática del planeta se producen retiros de los tratados vigentes y los fracasos en las cumbres convocadas a tales efectos. Estados Unidos se queja y se lamenta de su porcentaje de gastos en la OTAN, pero muestra contradicciones en cuanto a su presencia militar y a la realidad de sus acciones bélicas. La Rusia de Putin trata de rescatar su influencia y China sigue su camino con cuidado, ganando influencia a punta de inversiones. La economía se alza como nunca entre los factores de perturbación y en los realineamientos estratégicos. En realidad sería más apropiado hablar de un mundo no-polar.

Pareciera que nos encaminamos hacia la presencia de un grupo de Estados que arreglándose entre ellos permitan un cierto orden. Aún tenemos esperanzas en el avance de conformaciones supranacionales como la Unión Europea, a pesar de su estancamiento. Aquí es preciso nombrar el ascenso de potencias en Asia, uno al cual se había sumado el gobierno de Obama firmando el Acuerdo Transpacífico, pero del cual también se retiró Trump. Ahora es China es el líder. Siempre señalamos que en el siglo XX los conflictos condujeron a las dos Grandes Guerras, uno que ahora parece suicida con el perfeccionamiento de armas de destrucción masiva, hasta el punto que Putin, en plena Navidad de 2019, anuncio el despliegue de su misilística invisible. De manera que no parece tengamos una repetición de un orden mundial surgido al fin de una conflagración, aunque los conflictos localizados extenderán o acortarán el poder.

¿Carrera armamentista? Irán ha dicho, como respuesta a la muerte de Soleimani, que entrará en la cuarta  fase de su reducción del acuerdo nuclear de 2015 en su planta de Fordo de enriquecimiento de uranio con 1.044 centrifugadoras. Rusia, en plena Navidad 2019, anunció el despliegue del “invencible” sistema de misiles hipersónicos Avangard. El crecimiento de la población mundial es un hecho, calculándose que el 66% vivirá en megaurbes. Se pone en duda la capacidad de crecimiento económico y de la oferta de empleo, lo que ha llevado a los economistas al uso de la expresión “estancamiento secular”. Paradójicamente el avance tecnológico podría estar determinando nuevas desigualdades sociales. En el campo político la ineficiencia y la corrupción seguirán produciendo sacudidas violentas. El autoritarismo por encima del Derecho se remarca a cada instante. . Los jóvenes parecen marcados por la ira y la frustración. Hay una fragmentación del poder que contribuye a las interrogantes sin respuestas.

Imposible la realización de retratos del futuro inmediato. Sólo podemos agregar que los desafíos ameritan respuestas y que esta ocasión ellas deberán ser de iniciativas, de acciones y de decisiones urgentes, constructivas, aún en medio del desorden global.



miércoles, 8 de enero de 2020

La era de los mitos




Teódulo López Meléndez

El progreso fue presentado como el logro, lo tangible que habría de cobijarnos. Quizás debimos estar atentos a que sería de inteligencia artificial. El hambre campea, los poderosos evaden el tema del calentamiento global, millones de refugiados tratan de encontrar cobijo.

Como nunca se habla y se defienden los Derechos Humanos, mientras a más seres se les violan. Se declara sobre ellos y se le adjuntan denuncias y documentos, pero allí siguen los tormentos.

El siglo XXI se aprestaba a las grandes uniones continentales, pero ahora tenemos nuevos brotes de nacionalismo, de racismo y xenofobia. La política se aleja de todo sentido ético para convertirse en esfuerzos por perpetrarse en el poder. El Estado encarnando a una nación hace retumbar los gritos de “patria”.

No entremos a discutir si este redondo 2020 marca el inicio de una nueva década, baste recordar que estamos saliendo simplemente de la vuelta de un astro sobre otro para recomenzar.

Los pronósticos sobre los caminos no son optimistas. En el siglo XX se “resolvió” con dos conflagraciones mortales. A estas alturas del 2020 la interrogante es cómo se enfrentará la caída de los mensajes pletóricos, aunque recordemos que las guerras globales han sido sustituidas por las locales, con una organización mundial que se estableció para prever la guerra entre Estados, siendo hoy al interior de los Estados.

Han cambiado muchas cosas en el enfoque de lo cotidiano, como, por ejemplo, el trabajo. Uno observa el comportamiento de los jóvenes (millenial, zeta y algún otro nombre dado por la sociología) y encuentra cansancio, hasta tal punto que quizás sea una combinación de aburrimiento y cansancio lo que hace al hombre de hoy. Sin excluir exigencias de otro tipo, estos elementos están presentes en muchas de las rabias sociales que han estallado en 2019 por el mundo, incluida América Latina. Sumemos la percepción de injusticia.

El líder populista, frente a lo evidente, ha sido la única respuesta que la política nos ha suministrado. La literatura tiende a hacerse guion cinematográfico y la filosofía nos describe el hartazgo. Las preguntas sobre el devenir del Ser son cosas del pasado.

Son ciclos, puede argumentarse. No lo discutimos, sólo dejamos constancia de estar en uno.

@tlopezmelendez

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 8 de enero 2020)