miércoles, 17 de abril de 2019

La sociedad enmascarada




Teódulo López Meléndez

Quizás podamos definir a esta sociedad de las primeras décadas del nuevo milenio como una sociedad enmascarada que vive su sojuzgamiento como víctima. Es menester transgredir la oscuridad. Se transgrede en momentos de crisis. Ya Tucídides utilizaba la palabra en la Guerra del Peloponeso.

Crisis las ha habido de todos los tipos y de todas las duraciones. La crisis se debe a causas endógenas en lo institucional, en lo cultural y en lo político. Está claro que esta turbulencia del presente es transicional hacia un nuevo mundo, pero el sistema social padece ahora tal sacudimiento que debe conducirnos a desechar componentes y a incorporar las indispensables innovaciones. De esta presente decadencia puede venir el colapso con la reaparición plena del totalitarismo o un renacimiento sobre las nuevas ideas y las nuevas formas políticas. Este es un tiempo de decisión, de empujones que alienten los nuevos caminos.

Los pasados enterrados readquieren falsa vitalidad en situaciones como la presente, lo que disfrutan los conservadores a ultranza que sólo confían en lo conocido que precisamente nos condujo a este punto. La acumulación de fallas puede conducir a una crisis general que se manifestaría en todos los ángulos, en el conjunto de lo que podríamos llamar la reproducción social, esto, es, lo que se acostumbra llamar ‘crisis mixta”, pero que en la presente década tiene como causa fundamental la política y sus ejecutores.

Las crisis civilizatorias se enfrentan no con retornos sino con saltos hacia adelante. Con rigidez no se superan los marcos civilizacionales agotados. En otras palabras, estamos en un mundo envejecido y no podemos pretender que sólo con la técnica basta para el escape. No es posible la colocación de parches. No podemos responder así a la era de la incertidumbre. Esto es un laberinto fáustico, muy propio de las acciones humanas. Todo determinismo está excluido. No hay una determinación histórica causalista. La disutopía en que estamos abre espitas para el pensamiento y las nuevas prácticas sociales.

Estamos inmersos en un presente que parece eternizarse y al cual debemos administrar una intensa dosis de pragmatismo e ideas. Ambas cosas debemos entrelazarlas en un abanico de tiempo nuevo.

teodulolopezm@outlook.com

miércoles, 10 de abril de 2019

Poshumanismo




Teódulo López Meléndez

Hemos hablado de un cambio de paradigmas que constituye, cierto es, una exigencia de cambio en las disposiciones subjetivas capaces de alterar el vector político. Ello se refiere a que la descreencia se transforme en la convicción de crear realidad desde el pensamiento y desde un ejercicio colectivo de la inteligencia.

No hay una conciencia político-filosófica de la posmodernidad. Hasta el último momento del siglo XX vivimos la obviedad de la crisis del constitucionalismo, del estado-nación y del pensamiento político clásico, sin que se produjese una multiplicad de miradas a los eventuales nuevos órdenes que por fuerza surgirían. Algunos llegan a plantear si los hombres sólo pasarán a ser un material necesario a una construcción tecnopolítica. Un antihumanismo creciente podría inducir en ese sentido.
Hemos tenido grandes avances en la informática, la tecnología espacial o la biología y en una creciente demanda a favor de los derechos de las minorías. Desciframiento del mapa genético, celulares con 3G, GPS y WiFi o la manipulación de embriones, pero la política ha planteado retos que no han sido abordados con pensamiento complejo capaz de trazar coordenadas en este momento de la historia y de la cultura universal. Ha faltado, diría, la razón poética, esto es, la posibilidad de soñar las nuevas formas de organización comunitaria del hombre desde la luz de la conciencia hasta la creación de un cuerpo especular, lo que se llamaría la función imaginante.

La proclamación de la victoria de la técnica, la falta de sentido como nuevo sentido y la prevalencia del pensamiento débil debe ser contrarrestada con el fuerte resurgir del pensamiento. Es una caída vertical que venimos sufriendo desde más allá de esta década que termina en zona oscura. Si el ciudadano de este siglo deja de padecer como víctima y se decide a realizar las nuevas formas son bastantes probables los nuevos surgimientos, en especial en la política y en las ideas que deben envolverla.

La disutopía en que estamos envueltos abre las espitas para el pensamiento y las nuevas prácticas sociales. Hay que convencerse de que el pasado ha perdido su función, a no ser el propio de un muestrario de los caminos que nos condujeron hasta la situación presente.


Artículo en el diario El Universal (Miércoles 10 de abril 2019)

miércoles, 3 de abril de 2019

La pospolítica




Teódulo López Meléndez

Sobre el siglo XIX se fijaron las miradas de Tocqueville, Heine, Marx, Burkhard y Nietsche, por ejemplo. Hablaban de una sociedad inmersa en una crisis de legitimación crónica. El siglo XX dio paso a una pléyade de pensadores en medio de los conflictos más atroces. En este inicio del siglo XXI, antes que proclamar de nuevo la muerte de Dios, Stephen Hawking lo que hizo fue proclamar la muerte de la filosofía. Ahora lo que está deslegitimado y requiere con urgencia de pensamiento son las formas políticas. Hay que revisar, reafirmar o negar sus premisas básicas, desde la manifestación política de la filosofía. El momento es de transición con una caída de los partidismos conocidos y con un proceso de desideologización terminal. Algunos hablan hasta del fin de las constituciones.

Los discursos siempre giraron sobre la falta de legitimación. También ahora, con un cuestionamiento drástico a la representación, pero las teorías políticas decimonónicas tuvieron un efecto retardado, pero lo tuvieron, mientras en esta época vislumbramos la escasez de lo teórico y un esfuerzo no sólo por retener el presente sino, incluso, uno destinado a regresar a las viejas formas.

El tiempo presente ha determinado la imposibilidad de lo que denominaremos la parábola de la innovación y una interrogación muy profunda sobre la posibilidad de cambiar lo humano a través de la praxis política. El punto es que comienza a hablarse de pospolítica,

La defensa y progreso de los derechos humanos había tomado una aceleración que parecía determinar los tiempos, pero la lucha antiterrorista los ha golpeado seriamente. La reciente crisis económica ha replanteado la necesidad de la actividad reguladora. Las virtudes de la globalización –por contraste con sus múltiples peligros- están siendo duramente golpeadas especialmente en Europa. La aparente calma –excepción hecha de las guerras locales que aún se libran- se debe fundamentalmente a la inexistencia de algo o de alguien que se aproveche. Saltan por los aires nacionalidad, partidos, viejas construcciones  y las respuestas provienen de prácticas de antaño  o de encerramiento a ultranza en las  maltrechas formas del presente. Así deja de ser novedad que la gente se aburra de la política.


miércoles, 27 de marzo de 2019

Consideraciones a PROSUR




Teódulo López Meléndez

Obvia la necesidad de un sistema comercial y financiero abierto y no discriminatorio o del acceso libre de aranceles y cupos de exportaciones de los países menos desarrollados o el problema de la deuda o de la sugerencia de un porcentaje del PIB de los países donantes. Los petitorios están en todos los documentos que analizan la situación del comercio y de las relaciones económicas internacionales.

Se ha dicho que con los actuales avances tecnológicos, conocimientos y recursos financieros, es posible superar la pobreza extrema, mientras se recuerda el déficit en la asistencia para el desarrollo y su mala calidad. Y nadie ha pasado por alto que las políticas comerciales siguen negando a los países pobres una participación justa en la prosperidad global.

Se requiere una distribución más equitativa y políticas fiscales con poder de transformación social. En el plano de la ayuda internacional todavía encontramos que por cada dólar destinado a la cooperación se gastan diez en presupuestos militares. Las desigualdades estructurales es el comercio persisten. Más allá, se recuerda que el comercio es un medio y no un fin en términos de desarrollo humano.

Este consiste en libertad y en formación de capacidades y las condiciones básicas son tener una vida larga y saludable, disponer de educación y de acceso a los recursos necesarios, una activa y decisoria participación en la vida comunitaria y en la determinación política de la sociedad en que viven. La desigualdad es freno fundamental al desarrollo de lo humano y causa esencial de la pobreza. Con este flagelo no puede haber cohesión social.

Hablamos en términos de derechos humanos. La cuantificación debe hacerse en términos más allá de lo financiero, debe hacerse en términos sociales y políticos, esto es, debemos combatir el acceso desigual a los recursos y en la distribución del poder. El desarrollo de lo humano supera la esfera de la economía para introducirse en los individuos como personas. Más allá de las consideraciones técnicas sobre el ingreso per cápita o los índices de productividad hay que mirar hacia el capital social y la formación de ciudadanía. Hay que accionar sobre ese imaginario de cultura en procura de un desarrollo integral colectivo.


miércoles, 20 de marzo de 2019

Encargo a la multitud




Teódulo López Meléndez

Debemos marchar hacia la construcción de la nueva realidad. La nueva realidad se gesta como consecuencia de la acción de una serie de elementos preexistentes, de la concurrencia de circunstancias fortuitas y de la generación de elementos nuevos inexistentes previamente. A esto me refiero cuando llamo la atención del pensamiento. Mientras más elementos novedosos se inserten en la realidad que enfrenta bifurcaciones más posibilidades habrá de una nueva.

No basta, claro está, que los nuevos significados lleguen al destinatario, es menester perseverar y verificar su grado de modelación. Algunos ensayistas han llamado a esta sociedad democrática que he descrito como instituyente, y en permanente movimiento, una “sociedad de transformación”. Está basada, obviamente, sobre la auto-organización, una donde la interacción cumple su papel de mejorar mediante una toma de conciencia. Esto es, mediante la absorción del valor de las relaciones simbióticas, lo que implica un cambio de valores.

El vencimiento de los paradigmas existentes, o la derrota de la inercia, debe buscarse por la vía de los planteamientos innovadores e inusuales que, con toda lógica en los procesos humanos, serán descartados ab inicio por el entorno institucionalizado. El derribo de los dogmas no es un proceso fácil ni veloz, pero el aporte de las nuevas tecnologías del intercambio comunicacional podríamos convertirlo en un desencadenador clave, uno que implica también el combate permanente a sus distorsiones.

Nuevos paradigmas requieren, generan o adoptan nuevos actores. Cuando los nuevos prendan en la conciencia entraremos en un “encargo a la multitud”. Los nuevos paradigmas comienzan a bullir en la lingüística, en la geografía y en la comunicación, sólo por nombrar algunas áreas. Deben aparecer también en el campo de la política y recuperar la subjetividad de lo humano.

La gente está demasiado sola. Requiere la proximidad de la comprensión para hacerse activa y transformadora. En la praxis política, una que deberá ser asumida como parte integrante de la cotidianeidad, encontramos que el líder es aquel que más se parece a un nosotros. Aquí encontramos la salida al totalitarismo emergente, más que nunca vestido de populismo y de anti.


(Artículo en el diario El Universal (Miércoles 20 de marzo 2019) www.eluniversal.com/el-universal/35757/encargo-a-la-multitud