domingo, 11 de septiembre de 2011

Desobediencia cultural



Teódulo López Meléndez

Filosofar en el siglo XXI es también usar las posibilidades tecnológicas mediante la reflexión en el diálogo. La política es entonces ensayo colectivo y dialogal para enfrentar los peligros de derrumbamiento, en este caso del siglo XXI, de un mundo cuya desaparición parecemos mirar con asombro. Para que no surjan nuevos dogmas es menester pensar siempre. Algunos pensadores como Raúl Fornet llaman a esto “desobediencia cultural” por analogía con la “desobediencia civil”, esto es, arribar a una filosofía intercultural que impida una estabilización que tranque de nuevo unos mecanismos que deben estar en permanente movimiento para impedir o la aparición de renovados totalitarismos o en un mero aparato formal como le sucedió a la democracia representativa. Es lo que denominado un poder instituyente que impida la sacralización sobre dogmas que se hacen antifilosóficos por esencia y por ende antidemocráticos.

Los grandes referentes caen cada día y ante los vacíos no nos queda más, a cada uno de nosotros, que ir a nuestro propio mundo interior aunque se produzca lo que Fernando Sabater llamó despectivamente “el cacareo on-line de la guardería virtual”. No ha habido quien no hable montado en su tiempo y mirando los requerimientos que cada día llegan sin pausa. Filosofar es hoy buscar el pragmatismo. Es en buena medida el punto del cual partieron Feuerbach y Marx, volver a pensar al hombre real. Hasta aquí, pues los dos escribieron en sus tiempos y otros eran los planteamientos

Este hombre tiene, cuerpo, historia y memoria. Una antropología filosófica no se refiere a una esencia inmutable, sino a un agente de la transformación política y social. Quiere decir, debe producirse un giro epistemológico en las investigaciones. Como nunca hay que esclarecer las relaciones entre el sujeto humano y el mundo objetivo. La ética es asunto clave en la política del siglo XXI. Hay que aprehender nuevas formas de decodificar la realidad. Edgar Morin (Los siete saberes necesarios para la educación del futuro), lo plantea como la necesidad de una reforma de pensamiento, paradigmática y no programática. Es necesario pensar para una realización de humanidad.

Hay muchas maneras de estudiar la política: la Ciencia Política, la Filosofía Política, la Teoría Política, la Sociología Política, la Economía Política, el Derecho Político, la Historia Política, la Antropología Política, la Psicología Política la Geografía Política y también la más reciente, la Geoeconomía, como la Ecología Política y la Axiología Política. Todas se diferencian o todas se imbrican, es lo de menos. Lo importante es buscar la mejor forma de gobierno, de la naturaleza de la “politicidad” y de la metodología. Bobbio y Sartori han dejado oír sus voces al respecto. Lo que hay que hacer es poner ideas y valores que muevan a la acción política. No se pueden ofrecer certidumbres, pero sí una acción inteligente. Muchos sostienen que la antropología política es el fundamento de la Filosofía Política moderna, pues a toda propuesta en el campo político la preside una imagen del hombre, de sus necesidades e intereses y de sus representaciones valorativas. Una antropología no destinada al estudio de formas remotas sino al presente de transformación. Y una axiología política para escudriñar en los valores políticos, porque la democracia y la política son valores y porque hay que avanzar hacia una ética de lo colectivo.

teodulolopezm@yahoo.com

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