lunes, 29 de agosto de 2011

El concepto de espacio



Teódulo López Meléndez

Comencé a leer el nuevo milenio con la entrada del año 2000, una invención massmediática de muestra de una “humanidad feliz” que comenzó con el toque de tambores ante el asomo del sol en una perdida isla del Pacífico. Observé entonces que se exterminaban lo husos horarios, que moría lo geográfico y desaparecía la extensión. Me limité al tiempo en las primeras lecturas, pero ya estaba asomado lo geográfico y la extensión. La población se mueve y las teorías economicistas lo explican con las desigualdades sociales, con la falta de oportunidades, con la simple búsqueda de una vida mejor. Se explayan los analistas en decisiones individuales o en emigraciones de talento por razones políticas o en la necesidad de enviar remesas en monedas fuertes para una familia desfalleciente.

Una cosa es cierta: los procesos globalizadores, la irrupción de la instantaneidad, la presencia de Internet acabó con el sedentarismo. Cada día apreciamos como se pertenece cada vez menos a un lugar concreto. Yo aquí nací, aquí crecí y aquí morí, es cosa del pasado. Tras la ruptura del tiempo ahora hemos arribado a la ruptura del espacio. Ayuda la crisis del Estado-nación, el surgimiento de un mundo nuevo guiado por principios universales sobre derechos humanos, las nuevas formas políticas que emergen y las viejas de signo totalitario que reaparecen, todo es cierto, pero la verdad es que la tecnología nos está permitiendo conocer al otro, nos está forzando a salir un tanto del aislamiento cínico. El concepto mismo de vivir la vida está cambiando aceleradamente, hemos llegado al punto de considerar a la vida como transnacional y, por supuesto, el espacio se rompe, viejos conceptos como geopolítica se van a la tumba y henos aquí llegando al concepto de un espacio transnacional que no tiene nada que ver con las viejas limitaciones de fronteras, idiomas, documentaciones legales y demás pergaminos de la antigua organización planetaria.

El antiguo espacio territorial se ve ahora afectado por un abandono de la intromisión militar, como se desprende de los empeños del presidente Obama frente a las guerras que heredó en Irak y Afganistán. Ahora se recurre a los métodos comerciales. La lógica del conflicto ha sido cambiada por la gramática del comercio. El verdadero espacio ahora es la electrónica. Los viejos razonamientos de un espacio suficiente para atender a una población han sido sustituidos por un concepto de distribución de tiempo. En infinidad de ciudades hay mercados locales, desde alimentos hasta animales o flores, pero el verdadero mercado es ahora el momento del contacto. Espacio es ahora velocidad. Es lo que Castell denomina “espacio de los flujos”, esto es, una nueva organización de las prácticas sociales en tiempo compartido, lo que se está convirtiendo en territorio compartido,

El mundo ha dejado de ser un recinto con límites. Nos estamos aproximando a un fenómeno social equivalente a la mudanza de las poblaciones rurales hacia los grandes conglomerados urbanos. Partes importantes de la población están sumidas en los disfuncional, ya no pueden estudiarse los movimientos poblacionales con geografía descriptiva y la causalidad de los sucesos políticos ha emigrado con la vieja noción de geopolítica.

El concepto de espacio fue objeto de estudio en primer lugar por la filosofía y después por la física. Las conclusiones que uno va encontrando parecen adecuarse al presente momento, si pensamos, por ejemplo, en Einstein describiéndolo como el continente de todos los objetos materiales. En el campo filosófico Aristóteles implantó el concepto original, al definirlo como un límite inmóvil y Platón identificó espacio con materia, lo que nos lleva a concluir que para él no existía espacio sin materia. Descartes no llevaba su diferenciación de tiempo y espacio más que a lo nominal, pero Leibniz señaló que el espacio era algo simplemente relativo. O Kant o Heidegger. No pretendemos un resumen de las concepciones filosóficas sobre el espacio, simplemente apuntamos algunas porque algo nos dicen sobre este espacio transnacional que ahora se asoma en los fenómenos migratorios.

Occidente siempre ha parecido manejar el concepto como lo lleno opuesto a lo vacío. Espacio se está convirtiendo en algo similar a un intervalo. La tecnología nos permite estar en dos o más lugares a la vez, y de lo virtual se pasa a lo real. La resistencia al movimiento de los cuerpos es cada vez más difícil, de modo que la continuidad de los pasos es lo que se hace extensión. Si volvemos a la física tal vez podamos hablar de mecánica ondulatoria como conjunto. El espacio parece hacerse uno solo. Las viejas formas de oponerse se resquebrajan.

teodulolopezm@yahoo.com

lunes, 22 de agosto de 2011

El pensamiento como forma de realidad



Teódulo López Meléndez

Escasean los inventores de mundo. Se requieren protagonistas de la visión teórica de la política. Aquí las verdades se han derruido y hay que ir sobre las nuevas formas de la organización social. Los discursos viejos están deslegitimados. Alguien ha hablado de un ciclo ahistórico. Si no hay planteamiento filosófico-político emancipatorio en el sentido de dotar al sueño de un corpus de ideas tampoco habrá emancipación de los graves problemas que nos afectan.

Nadie habla de un encierro. La filosofía se hace de teoría y praxis. Hay que deconstruir los viejos paradigmas y realizar los nuevos modelos partiendo de la realidad del hoy. Los que se dedican a cultivar el pasado pierden la capacidad de pensar. Este ser humano inteligente está por alzarse del envoltorio terrestre hacia la búsqueda de una nueva casa y debe reorganizarse hacia la aparición de un nuevo orden social. El que no se de cuenta que ha terminado una época jamás estará en condiciones de iniciar otra. El fracaso de las ideologías se debió al intento totalitario de envolver la historia, la naturaleza y la vida. Debemos hacernos de un pragmatismo atento a las incitaciones del presente y a los desafíos de las circunstancias teniendo en la mano las respuestas de una filosofía política renovada. El amontonamiento de hechos y más hechos al que nos fuerza este presente de transición exige pensamiento.

El origen unitario de la vida nos obliga a la concepción de un humanismo global hacia un comunitarismo de entendimiento y aceptación de la diversidad. La diversidad del mundo nos obliga a revalorizar la solidaridad en un gran gesto de conciencia. Tenemos deudas pendientes por saldar: el diálogo intercultural, la admisión y el respeto de las diferencias, la ruptura de los lastres arrastrados por las viejas formas de organización política. El hombre de este tiempo vive la ruptura con un mundo que se tambalea. Hay que darle respuestas partiendo del principio de que el pensamiento es una forma de realidad.

Ya no se requiere un corpus homogéneo, lo que se requiere es un intercambio fluido y permanente de diversas comprensiones. Algunos hablan de ofrecer no una mirada sistemática sino sintomática. Hablamos sobre una realidad, no sobre la inmortalidad del cangrejo. Es lo que otros denominan la teorización de la política y la politización de la teoría.

Tiene que haber una relación entre la teoría política y el funcionamiento de las democracias, hay que darle una respuesta común a las exigencias cotidianas de la democracia, por la muy sencilla razón de que la globalización ha tenido un efecto particular: todos los hombres, en buena medida, se están enfrentado a los mismos problemas, lo que para nada lleva al olvido de las particularidades, las que, por el contrario, se hacen manifiestas al pedir políticas de reconocimiento.

La filosofía política teoriza sobre como deberían ser los fenómenos políticos. No se encarga de estudiar cómo fueron, son y serán. De ello se encarga la ciencia política. Es obvia su vinculación con la ética al preguntarse sobre las formas adecuadas para lograr la forma de vida mejorada, sobre la legitimidad y limitación del poder y sobre los deberes y derechos. Hay una vecindad con la sociología del conocimiento, de manera que algunos hablan de una sociología de la filosofía.

La sociología del conocimiento nació porque se daba por sentada la relación esencial entre pensamiento y sociedad. Temas políticos y filosóficos entremezclados están ya en Lao Tse o en el profeta Isaías. La cultura griega es prolija para estos ejemplos. Al fin y al cabo hablar sobre la Polis era un método de decir y escuchar lenguajes. El discurso filosófico sobre la política tiene un ejemplo en La República de Platón. Si la oratoria “propiamente” política es sometida a una mirada incisiva vemos de inmediato su aspecto filosófico. Quizás podamos recurrir a una expresión un tanto extraña, como asegurar que la filosofía se encuentra en una discusión política de plaza. Grecia tenía dentro de sí el impulso crítico que le permitía revisar las concepciones sociales. O el uso de la tragedia como expresión de las aporías de la ciudad. O los historiadores en la búsqueda de una explicación para el obrar humano. O más acá la lectura de Shakespeare. Quién podría ahorrarle a Maquiavelo el título de filósofo de la política, aunque algunos prefieran llamarlo el fundador de las Ciencias Políticas.

Norberto Bobbio en Teoría General de la Política es prolijo es explicar y definir ciencia política y filosofía política. A la primera asocia metodología de las ciencias empíricas y a la segunda la construcción de un modelo de Estado fundado en un postulado ético, la búsqueda del fundamento último del poder, la determinación del concepto de política y el discurso crítico sobre premisas de verdad que buscan la teoría de la óptima república. En cualquier caso incluye a El Príncipe como obra referente en la historia de las ideas políticas junto a Utopia de Tomás Moro y Leviatan de Hobbes.

Pero lo que nos interesa no es una calificación de Maquiavelo sino interrogarnos sobre el porqué el abandono actual de las ideas en el campo de la política y Bobbio nos es útil cuando señala las tres preguntas filosóficas básicas: ¿Qué me cabe esperar?, ¿Cómo debo de actuar?, ¿Qué puedo saber? Quizás estas sean exactamente las tres preguntas que el hombre contemporáneo no se está haciendo sobre la política y por ello no genera ideas y se hunde en el estancamiento político mientras genera innovaciones en el campo de la ciencia. Dos veces hemos mencionado política en el párrafo anterior en una repetición intencional. Así, porque entramos de inmediato en otro territorio que es el de la presencia constante de pensadores políticos, el de una población humana en cuyas formas de organización social no se refleja ese pensamiento y en el de unos gobernantes que siguen actuando con viejas fórmulas y ancianos conceptos.

Se han preguntado sobre la libertad y la han calificado en negativa y positiva (Isaiah Berlin), han definido a sus ensayos de metapoética como filosofía política (Felix Oppenheimhttp://i.ixnp.com/images/v6.51/t.gif) o han llamado a la filosofía política norteamericana como decadente por carecer de ideales (Leo Strauss). Cito al azar, sin pretender hacer un listado que resultaría interminable. Lo que quiero significar es que no ha faltado quien se interrogue y ofrezca sus respuestas. En medio de la actual crisis de transición el pensamiento es rechazado y los políticos no ejercen lo político, no recurren a la forma de conocimiento superior que permita hacer inteligible la realidad política. Tal vez el quid se encuentre en una racionalización efectista de la práctica política y en una consecuencia de la llamada muerte de las ideologías, sin darse cuenta que lo que esto último implica no es el abandono de un corpus de ideas sino una libertad adicional para afrontar los problemas concretos sin tapaojos.

En apoyo a mis constantes exigencias de un pragmatismo con ideas, hoy se acepta que resulta imposible establecer previsiones de tipo nomológico-deductivo y ni siquiera regularidades de larga duración en el camino de la política. Y muchos menos son susceptibles de verificación, medición o cuantificación. Todo conocimiento político a ofrecerse lo he definido, también hasta el cansancio, como una interrogación ilimitada. Para medirse con la creciente complejidad de las exigencias de la política de esta etapa de transición habría que usar la expresión del filósofo vienés Otto Neurath (Philosophical Papers) sobre la nave en situación de circularidad, que habla de cómo los marineros se empeñan en reparar la nave en mar abierto, sosteniéndose sobre viejas estructuras e imposibilitados de llevarla al muelle para proceder a reconstruirla.

teodulolopezm@yahoo.com

lunes, 15 de agosto de 2011

De la democracia conocida a la democracia por hacer



Teódulo López Meléndez

La sociedad venezolana está omitiendo el replanteamiento de que es la democracia. Lo que no se renueva perece; lo que ante los ojos de la gente es ya conocido, con sus virtudes y vicios, carece de la atracción de la novedad. Hay que conceptuar para la demostración práctica de una democracia sin adjetivos, sólo ubicada en un contexto de tiempo: siglo XXI, con todo lo que ello implica.

La escasa influencia del pensamiento sobre la democracia en la democracia misma se debe a la crisis de todo pensamiento trascendente en un mundo de bodrios repetitivos, de insustancialidad y a la ausencia de lo que diagnostica de modo diferente a como se construyeron las ideologías derruidas. No se trata de un plano que se proclame poseedor de la verdad ni pretenda proclamar la solución de los problemas del hombre. Se trata de un conjunto de diagnósticos y de advertencias. Las clases medias, actores claves en toda acción política, sólo se movilizan cuando creen amenazados sus derechos. Son las clases medias el ejemplo de inacción funcional inducida por la pantalla-ojo o por los activistas políticos colapsados o el instrumento manipulable para los intereses particulares disfrazados de colectivos.

Bien podría argumentarse que la sociedad civil se ha convertido en un simulacro de lo social. El poder que amenaza con surgir en el siglo XXI trabaja –ya lo hemos dicho hasta la saciedad- con la velocidad y con la imagen, más con la velocidad de la imagen. Su alzamiento por encima de una sociedad civil débil le permite recuperar el sueño del dominio total, de la modelación de los “contemporáneos” (antes ciudadanos) a su leal saber y entender. Así, el poder de la dominación se hace total. En el campo del sistema político la democracia comienza a ser mirada como un impedimento, como un estorbo.

Hay nuevas formas de poder y también nuevas formas de política, sólo que la tendencia es a la eliminación de esta última, es decir, a un neo-totalitarismo. Debemos admitir que la nueva estructura política pasará por un entramado de redes de acción y presión. Lo que hay que entender es que la política dejó de ser un espacio de acción individual o uni-organizativo para convertirse en una gran red de redes de transmisión de información, creación de coaliciones y alianzas y en articulación de presión política.

En su postdata sobre Las sociedades de control, Gilles Deleuze nos recuerda el proceso, con Foucault, de las sociedades disciplinarias de los siglos XVIII y XIX, en plenitud en los principios del siglo XX, donde el hombre pasa de espacio cerrado a espacio cerrado, esto es, la familia, la escuela, el cuartel, la fábrica y, eventualmente, la prisión, que sería el perfecto modelo analógico. Este modelo sería breve, apenas sustitutivo de las llamadas sociedades de soberanía, donde más se organiza la muerte que la vida. Deleuze considera el fin de la II Guerra Mundial como el punto de precipitación de las nuevas fuerzas y el inicio de la crisis de lo que llamamos sociedad civil. En otras palabras, entran con fuerza las sociedades de control que sustituyen a las sociedades disciplinarias. Virilio habla así de control al aire libre por oposición a los viejos espacios cerrados. El gran diagnóstico sobre este proceso lo hace, qué duda cabe, Foucault, pero es a Deleuze a quien debemos recurrir para entender el cambio de los viejos moldes a lo que él denomina modulaciones. La modulación cambia constantemente, se adapta, se hace flexible. La clave está en que en las sociedades disciplinarias siempre se empezaba algo, mientras que en las de control nunca se termina nada, lo importante no es ni siquiera la masa, sino la cifra. Es decir, hemos dejado de ser individuos para convertirnos en “dividuos”. He definido esta era como la de la velocidad, pues bien, el control es rápido, cambiante, continuo, ilimitado. Si algunos terroristas colocan collares explosivos a sus víctimas, la sociedad de control nos coloca un collar electrónico.

Esta república desanda, retrocede, recula, repite. Esta república marcha hacia cuando no era república. Volvemos a ser una posibilidad de república, una harto teórica, harto eventual, harto soñada por los primeros intelectuales que decidieron abordar el tema de esta nación y de su camino. Nos están poniendo en un volver a reconstruir la civilidad y en el camino de retomar el viejo tema de civilización y barbarie. Hay que plantear una democracia del siglo XXI, hay que dotar a este país de herramientas que le permitan salir de la inconsciencia de los retrocesos, hay que extinguir la mirada biliosa. Aquí lo que cabe es reconstruir las ideas, darle una patada en el trasero a la Venezuela decimonónica y a la Venezuela “sesentona” para hacerle comprender que estamos en el siglo XXI. Este país necesita pensamiento, no abajo-firmantes; esta nación necesita quien la tiente a la grandeza de espíritu, no amodorrados en silencio; este país necesita quien proyecte un nuevo sistema político, no quienes vengan a repetir el viejo lenguaje podrido o a convertirnos en objetos de estudio psiquiátrico. Ello implica abandonar viejos temas que se insisten en poner sobre el tapete evitando una discusión seria sobre los nuevos modos del deber ser del cuerpo social.

teodulolopezm@yahoo.com

domingo, 7 de agosto de 2011

Indignados israelíes, indignaos de verdad



Teódulo López Meléndez

Si en algún lugar debían aparecer “indignados” era en Israel. Hay razones suficientes para un enojo con el gobierno de Benjamín Netanyahu. Y en efecto, aparecieron, reclamando sobre todo por la carestía de las viviendas, por los impuestos y el alto costo de la vida. A medida que pasan los días se suman nuevas demandas sobre asistencia social, educación, salud y política económica, especialmente sobre los salarios.

Desde el obnubilado poder se responde que se estudiará una respuesta, pero que no se puede distraer fondo alguno de la defensa para atender gastos sociales porque el Estado de Israel quedaría en grave peligro. Uno se pregunta si el “grave peligro”, vista la situación de los países árabes, es la de un pueblo palestino exigiendo a la ONU la creación de su Estado o es que se espera un ataque iraní mientras aumentan los rumores de una decisión israelí de atacar a Irán.

Los “indignados” israelíes deberían, entonces, poner los ojos en la política exterior de su país y encontrar explicaciones a buena parte de la crisis socioeconómica que viven. Habría que recordarles que los palestinos han pedido a las Naciones Unidas el reconocimiento como Estado. Previamente el presidente Obama pidió un regreso de Israel a las fronteras de 1967 lo que provocó una respuesta contundente del parte del gobierno de derecha. Hay que recordar que todos los judíos del mundo no caben en Israel y que las decisiones del Consejo de Seguridad son abundantes y precisas, todas incumplidas. Ya más de cien países reconocen a Palestina como Estado, pero recordemos a los “indignados israelíes las resoluciones mencionadas.

La resolución 181 del 29 de noviembre de 147 que recomendaba la partición de Palestina en un Estado judío, un Estado árabe y una zona bajo régimen internacional particular. 14.000 km², con 558.000 judíos y 405.000 árabes para el Estado judío, 11.500 km², con 804.000 árabes y 10.000 judíos para el Estado árabe, 106.000 árabes y 100.000 judíos para la zona bajo control internacional que comprende los Santos Lugares, Jerusalén y Belén. Entre los dos estados se debe establecer una unión económica, aduanera y monetaria. Jamás aplicada, el Estado de Israel fue proclamado el 15 de mayo de 1948 y seis meses después comenzaba la primera guerra árabe-israelí.

La resolución 194, del 11 de diciembre de 1948, de la Asamblea General, que decidió, a consecuencia de la expulsión forzada de centenares de miles de palestinos: "que hay lugar para permitir a los refugiados que lo deseen regresar a sus hogares lo más pronto posible y vivir en paz con sus vecinos, y que se deben pagar indemnizaciones a título de compensación por los bienes de aquellos que decidan no regresar a sus hogares y por todos los bienes que hayan sido perdidos o dañado, en virtud de los principios del derecho internacional o en equidad, esta pérdida o este daño debe ser reparado por los gobiernos o autoridades responsables".

La resolución 242, del Consejo de Seguridad del 22 de noviembre de 1967, seis meses después de la guerra de los seis días, la resolución “exige la instauración de una paz justa y perdurable en Oriente Medio”, que pasa por “la retirada del ejército israelí de territorios ocupados durante el reciente conflicto” y el “respeto y reconocimiento de la soberanía y la integridad territorial y la independencia política de cada Estado de la región, y su derecho a vivir en paz en el interior de fronteras reconocidas y seguras, al abrigo de amenazas y actos de fuerza”. La versión inglesa es más ambigua, habla de los “territorios” lo que probablemente podemos traducir como “el territorio”. Esta resolución, permanece en todas las negociaciones posteriores, sentando las bases de la paz en el Oriente Medio: la evacuación de Israel de los territorios ocupados y el reconocimiento por los Estados árabes del derecho de Israel a la paz dentro de unas fronteras estables.

La resolución 446, del Consejo de Seguridad del 22 de marzo de 1979, declara que la creación de asentamientos por parte de Israel en los territorios árabes ocupados desde 1967 no tiene validez legal y constituye un serio obstáculo para el logro de una paz completa, justa y duradera en el Oriente Medio. Además, exhorta a Israel para que, como potencia ocupante, respete escrupulosamente el Convenio de Ginebra relativo a la protección de personas civiles en tiempo de guerra, rescinda sus medidas anteriores y "desista de adoptar medida alguna que ocasione el cambio del estatuto jurídico y la naturaleza geográfica y que afecte apreciablemente la composición demográfica de los territorios árabes ocupados desde 1967, incluso Jerusalén, y, en particular, que no traslade partes de su propia población civil a los territorios árabes ocupados".

La resolución 478, del Consejo de Seguridad del 20 de agosto de 1980, que considera la decisión israelí de ocupar Jerusalén como violación del Derecho Internacional y determina que la Ley de Jerusalén y todas las demás medidas y actos legislativos y administrativos adoptados por Israel, la potencia ocupante, que han alterado o pretendan alterar el carácter y el estatuto de Jerusalén "son nulos y carentes de valor y deben dejarse sin efecto inmediatamente".

Habría que recordarles a los “indignados” israelíes los sucesivos fracasos de las negociaciones bilaterales, el mantenimiento de la construcción de asentamientos ilegales en territorio palestino, el bloqueo de Gaza y, finalmente, que los palestinos han decidido presentar su solicitud ante las Naciones Unidas en procura de un Estado.

Agotadas, como están, otras vías, Palestina intenta su declaración unilateral de independencia con las fronteras de 1967 a Naciones Unidas. Será un simple gesto, pero se conseguirá una mayor presión internacional, pues ella seguramente irá acompañada de una resistencia no violenta, de manera que veremos a los soldados israelíes contra manifestantes pacíficos batiendo sobre la conciencia del mundo y en especial de los norteamericanos.

Entendemos que la propaganda puede hacer de los manifestantes unos violentos o simplemente provocarlos hasta que se conviertan en ello, pero el asunto aún más grave es que si Israel persiste en sus asentamientos en Cisjordania se hará prácticamente imposible la separación de los dos Estados y para los árabes que allí están la única salida sería hacerse ciudadanos israelíes y entonces no habría el Estado Judío de Israel pues la mayoría sería árabe, a menos que se recurriera a un apartheid a la sudafricana. Los gobernantes en Tel Aviv aún se cierran sobre el entendimiento entre la autoridad palestina y Hamas, como algo inaceptable, pero lo que no aceptan es que era necesaria una reconciliación entre las facciones palestinas.

Como ya hemos dicho la iniciativa no concluirá con la creación del Estado Palestino porque no basta la declaratoria abrumadora de la Asamblea General, dado que se requiere la aprobación del Consejo de Seguridad. Quizás veamos a los Estados Unidos ejerciendo su derecho al veto. Mientras tanto, Israel mantiene una intensa campaña diplomática ante la proximidad de septiembre, uno que ya se califica de “negro”. Desde el Ministerio de Relaciones Exteriores se han cursado instrucciones para presionar a países y medios de comunicación con el mensaje de que si la ONU adopta el camino solicitado por Palestina se hará definitivamente imposible la tesis de los dos Estados. Del lado Palestino el temor está en que una abrumadora votación a favor despierte las celebraciones, acompañadas de la frustración, y que los planes de resistencia pacífica se conviertan en una nueva intifada. Por su parte, Israel ha ido pasando a la amenazas, a la ONU y a la Unión Europea, una que anuncian será de “medidas unilaterales” sin precisar. Es posible anexe grandes bloques de asentamientos israelíes construidos ilegalmente en la Cisjordania ocupada.

Quizás la solución a esta crisis sólo pueda venir desde el interior de Israel, de una decisión de su pueblo de vivir y convivir con el pueblo palestino amparado por el paraguas jurídico de un Estado. Deberían indignarse los israelíes por algo más que sus salarios, por el costo de la vida y por el precio de sus viviendas. Deberían indignarse por las tropelías de su gobierno contra un pueblo oprimido. Entre pueblos deberían entenderse. De allí que hay que pedirle a los “indignados” israelíes que se indignen de verdad.

teodulolopezm@yahoo.com