jueves, 22 de enero de 2009

30 poemas de Salvatore Quasimodo




Selección y traducción de Teódulo López Meléndez

Y de Repente la Noche (Ed è subito Sera); Invierno antiguo (Antico Inverno); Refugio de Pájaros Nocturnos (Rifugio di Uccelli Notturnui); Oboe Sumergido; Otoño (Autunno); En la Antigua Luz de las Mareas (Nell'Antica Luce delle Maree); Apólion (Apólion); Garza Muerta (Airone Morto); A tu Lumbre Náufrago (Al tuo Lume Naufrago); A Menudo una Ribera (Sovente una Riviera); Isla de Ulises (Isola di Ulisse); En el Sentido de Muerte (Nel Senso di Morte); Ríe la Urraca, Negra Sobre Los Naranjos (Ride la Gazza, Nera sugli Aranci); Camino de Agrigentum (Strada di Agrigentum); La Dulce Colina (La Dolce Collina); Ya vuela la flor Magra (Giá vola il Fiore Magro); Escrito Quizás sobre una Tumba (Scritto Forse su una Tomba); Día Tras día (Giorno dopo Giorno); Carta (Lettera); Color de Lluvia y de Hierro (Colore di Pioggia e di Ferro); Epitafio para Bice Donetti); Las Guitarras Nuertas (Le Morte Chitarre); El Falso y Verdadero Verde (Il Falso e Vero Verde); Qué Larga Noche (Che Lunga Notte); Un Arco Abierto (Un Arco Aperto); Ancla del Infierno (Ancora dell'Inferno); Dar y Tener (Dare e Avere); No he Perdido Nada (Non ho Perduto Nulla); Basta un Día para Equilibrar el Mundo (Basta un Giorno a Equilibrare il Mondo); Tengo Flores y de Noche Invito a los Álamos (Ho Fiori e di Notte Invito i Pioppi).

De Aguas y tierras (1920-1929)


Y de repente la noche

Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra
traspasado por un rayo de sol:
y de repente la noche.

Da Acque e terre (1920-1929) Ed è Subito Sera. Ognuno sta solo sul cuor della terra / trafitto da un raggio di sole: / ed è subito sera.


Invierno antiguo

Deseo de tus manos claras
en la penumbra de la llama:
sabían a roble y a rosas;
a muerte. Invierno antiguo.

Buscaban el mijo los pájaros
y de repente eran de nieve;
tal las palabras.
Un poco de sol, una aureola de ángel,
y después la niebla; y los árboles,
y nosotros hechos de aire en la mañana.

Antico Inverno. Desiderio delle tue mani chiare / nella penombra della fiamma: / sapevano di rovere e di rose; / di morte. Antico inverno. // Cercavano il miglio gli ucceli / ed erano subito di neve; / cosí le parole. / Un po’ di sole, una raggera d’angelo, / e poi la nebbia; e gli alberi, / e noi fatti d’aria al mattino.


Refugio de pajaros nocturnos

En lo alto está un pino torcido;
está atento y escucha al abismo
con el tronco doblado cual ballesta.

Refugio de pájaros nocturnos,
en la hora más alta resuena
desde un veloz batir de alas.

Tiene pues un nido mi corazón
suspendido en la oscuridad, una voz;
está también, a la escucha, la noche.


Rifugio di uccelli notturni. In alto c’è un pino distorto; / sta intento ed ascolta l’abisso / col fusto piegato a balestra. / Rifugio d’uccelli notturni, / nell’ora piú alta risuona / d’un battere d’ali veloce. / Ha pure un suo nido il mio cuore / sospeso nel buio,una voce; / sta pure in ascolto, la notte.



De Oboe sumergido (1930-1932)

Oboe sumergido


Avara pena, tarda tu don
en esta mi hora
de suspirados abandonos.

Un oboe gélido resilabea
alegría de hojas perennes,
no mías, y se desmemoria;

en mí anochece:
el agua tramonta
sobre mis manos herbosas.

Alas oscilan en débil cielo,
lábiles: el corazón trasmigra
y yo soy, yermo,

y los días un escombro.

Da Oboe sommerso (1930-1932) Oboe sommerso. Avara pena, tarda il tuo dono / in questa mia ora / di sospirati abbandoni. // Un òboe gelido risillaba / gioia di foglie perenni, / non mie, e smemora; // in me si fa sera: // l’acqua tramonta / sulle mie mani erbose. // Ali oscillano in fioco cielo, / labili: il cuore trasmigra / ed io son gerbido, / e i giorni una maceria.



Otoño

Otoño manso, yo me poseo
e inclino a tus aguas por beber el cielo,
fuga suave de árboles y abismos.

Aspera pena de nacer
me encuentra a tí unido;
y en tí me desgarro y resano

pobre cosa caída
que la tierra recoge.

Autunno. Autunno mansueto, io mi posseggo / e piego alle tue acque a bermi il cielo, / fuga soave d’alberi e d’abissi. // Aspra pena del nascere / mi trova a te congiunto; / e in te mi schianto e risano: / povera cosa caduta / che la terra raccoglie.


En la antigua luz de las mareas

Ciudad de isla
sumergida en mi corazón,
desciendo en la antigua luz
de las mareas, cerca de sepulcros
a la orilla de aguas
que una alegría desata
de árboles soñados.

Me llamo: se espeja
un sonido en amoroso eco,
y el secreto se endulza, el estremecerse
en amplios desprendimientos de aire.

Un cansancio de precoces renacimientos
se abandona en mí,
la habitual pena de ser mío
en una hora más allá del tiempo.

Y tus muertos siento
en los celosos latidos
de venas vegetales
hacerse menos hondos:

un respirar absorto de narices.

Nell'antica luce delle maree. Cittá d’isola / sommersa nel mio cuore, / ecco discendo nell’antica luce / delle maree, presso sepolcri / in riva d’acque / che una letizia scioglie / d’alberi sognati. // Mi chiamo: si specchia / un eco in amorosa eco, / e il segreto n’è dolce, il trasalire / in ampie frane d’aria. // Una stanchezza s’abbandona / in me di precoci rinascite, / la consueta pena d’esser mio / in un’ora di là dal tempo. / E i tuoi morti sento / nei gelosi battiti / di vene vegetali / fatti men fondi: / un respirare assorto di narici.


De Erato y Apòllion (1932-1936)

Apolión

Los montes en oscuro sueño
supinos yacen abatidos.

La hora nace
de la muerte plena, Apòllion;
soy aún lerdo de miembros
y el corazón pesa desmemoriado.

Te alargo mis manos
de llagas olvidadas,
amado destructor.

Apollion. I monti a cupo sonno / supini giacciono affranti. / L’ora nasce / della morte piena, Apòllion; / io sono tardo ancora di membra / e il cuore grava smemorato. / Le mie mani ti porgo / dalle piaghe scordate, / amato distruttore.


Garza muerta


En el pantano caliente, clavada en el limo,
querida por los insectos, me duele
una garza muerta.

Yo me devoro en luz y sonido;
derrotado, en ecos escuálidos,
de tiempo en tiempo gime un soplo
olvidado.

Piedad, no sea yo,
sin voces y figura,
en la memoria un día.

Airone. Nella palude calda confitto al limo, / caro agli insetti, in me dolora / un airone morto. // Io mi divoro in luce e suono; / battuto in echi squallidi / da tempo a tempo geme un soffio / dimenticato. / Pietá, ch’io non sia / senza voci e figure / nella memoria un giorno.


A tu lumbre naufrago


Nazco a tu lumbre naúfrago,
tarde de aguas límpidas.

De serenas hojas
arde el aire consolado.

Erradicado de entre los vivos,
corazón provisorio,
soy límite vano.

Tu dádiva tremenda
de palabras, Señor,
descuento asiduamente.

Despiértame de entre los muertos:
cada uno ha agarrado su tierra
y su mujer.

Tú me has mirado adentro
en la oscuridad de las vísceras:
nadie tiene mi desesperanza
en el corazón.

Soy un hombre solo,
un sólo infierno.

Al tuo lume naufrago. Nasco al tuo lume naufrago, / sera d’acque limpide. // Di serene foglie / arde l’aria consolata. // Sradicato dai vivi, / cuore provvisorio, / sono limite vano. // Il tuo dono tremendo / di parole, Signore, / sconto assiduamente. // Destami dai morti: / ognuno ha preso la sua terra / e la sua donna. // Tu m’hai guardato dentro // nell’oscurità delle viscere: // nessuno ha la mia disperazione / nel suo cuore. // Sono un uomo solo, / un solo inferno.


A menudo una ribera

A menudo una ribera
irradia de astros solennes,
colmenas de azufre sobre mi cabeza
bambolean.

Tiempo de abejas: y la miel
está en mi garganta
fresca de sonido todavía.
Un cuervo, al mediodía, gira
sobre areniscas grises.

Aires dilectos: quietud de sol
enseña muerte, y noche
palabras de arena,

de patria perdida.


Sovente una riviera Sovente una riviera / raggia d’astri solenni, / bugni di zolfo sul mio capo / dondolano. // Tempo d’api: e il miele / è nella mia gola / fresca di suono ancora. / Un corvo, di meriggio gira / su arenarie bige. / Arie dilette: quiete di sole / insegna morte, e notte / parole di sabbia, / di patria perduta.


Isla de Ulises

Detenida está la antigua voz.
Oigo resonancias efímeras,
olvido de noche llena
en el agua estrellada.

Del fuego celeste
nace la isla de Ulises.
Lentos ríos llevan árboles y cielos
en el estruendo de orillas lunares.

Las abejas, amada, nos aportan el oro:
tiempo de las mutaciones, secreto.

Isola di Ulisse. Ferma è l’antica voce. / Odo risonanze effimere, / oblio di piena notte / nell’acqua stellata. // Dal fuoco celeste / nasce l’isola di Ulisse. / Fiume lenti portano alberi e cieli / nel rombo di rive lunari. / Le api, amata, ci recano l’oro: / tempo delle mutazioni, segreto.


En el sentido de muerte


Cerúleos árboles
donde el más dulce sonido emigra
y nace gusto por las lluvias nuevas.

En una frasca, dócil
la luz oscila
al casarse con el aire;

en el sentido de muerte,
heme aquí, asustado de amor.

Nel senso di morte. Ceruli alberi / dove più dolce sueno migra / e nasce gusto alle piogge nuove. // Ad una fronda, docile / la luce oscilla / alle nozze con l’aria; // nel senso di morte, / eccomi, spaventato d’amore.



De Nuevas poesías (1936-1942)


Rie la urraca, negra sobre los naranjos
Tal vez es un signo verdadero de la vida:
en torno a mí muchachos con ligeros
movimientos de cabeza danzan en un juego
de cadencias y de voces a lo largo del prado
de la iglesia. Piedad del ocaso, sombras,
reencendidas sobre la hierba tan verde,
bellísimas al fuego de la luna.
Memoria os concede breve sueño;
ahora, despertaos. He aquí que cruje el pozo
con la primera marea. Esta es la hora:
no más mía, abrazados, remotos simulacros.
Y tú, viento del sur, fuerte de azahares,
empuja la luna adonde desnudos duermen
muchachos, fuerza al potro sobre los campos
húmedos de pisadas de yeguas, abre
el mar, levanta las nubes de los árboles:
ya la garza se adelanta hacia el agua
y husmea lenta el barro entre las espinas,
ríe la urraca, negra sobre los naranjos.

Da Nuove poesie (1936-1942) Ride la gazza, nera sugli aranci. Forse è un segno vero della vita: / intorno a me fanciulli con leggeri / moti del capo danzano in un gioco / di cadenze e di voci lungo il prato / della chiesa. Pietà della sera, ombre / riaccese sopra l’erba cosí verde, / bellisime nel fuoco della luna! / Memoria vi concede breve sonno; / ora, destatevi. Ecco, scroscia il pozzo / per la prima marea. Questa è l’ora: / non più mia, arsi, remoti simulacri. / E tu vento del sud forte di zàgare, / spingi la luna dove nudi dormono / fanciulli, forza il puledro sui campi /umidi d’orme di cavalle, apri / il mare, alza le nuvole dagli alberi: / giá l’airone s’avanza verso l’acqua / e fiuta lento il fango tra le spine, / ride la gazza, nera sugli aranci.


Camino de Agrigentum

Allá persiste un viento que recuerdo encendido
en las crines de los caballos oblicuos
que corren a lo largo de las llanuras, viento
que mancha y roe la arenisca y el corazón
de los telamones lúgubres, supinos
sobre la hierba. Alma antigua, gris
de rencores, tornas a aquel viento, olfateas
el delicado musgo que reviste
a los gigantes arrojados del cielo.
¡Cuán sola al espacio que te queda!
Y más te afliges si oyes aún el sonido
que se aleja amplio hacia el mar
donde Venus ya serpentea matutino:
el birimbao tristemente vibra
en la garganta del carretero que reasciende
el cerro nítido de luna, lento
entre el murmurio de olivos sarracenos.

Strada di Agrigentum. Lá dura un vento che ricordo acceso / nelle criniere dei cavalli obliqui / in corsa lungo le pianure, vento / che macchia e rode l’arenaria e il cuore / dei telamoni lugubri, riversi / sopra l’erba. Anima antica, grigia / di rancori,torni a quel vento, annusi / il delicato muschio que riveste / i giganti sospinti giú dal cielo. / Come sola allo spazio che ti resta! / E piú t’accori s’odi ancora il suono / che s’allontana largo verso il mare / dove Espero già striscia mattutino: / il marranzano tristemente vibra / nella gola al carraio che risale / il colle nitido di luna, lento / tra il murmure d’ulivi saraceni.



La dulce colina


Lejanos pájaros abiertos al atardecer
tiemblan sobre el río. Y la lluvia insiste
y el silbido de los álamos iluminados
por el viento. Como toda cosa remota
retornas a la mente. El verde leve
de tu vestido está aquí entre las plantas
abrasadas por los rayos donde se levanta
la dulce colina de Ardenno y se oye
el azor sobre los abanicos de sorgo.

Tal vez en aquel vuelo de espirales cerradas
se confiaba mi deludido regreso,
la aspereza, la vencida piedad cristiana,
y esta pena desnuda de dolor.
Tienes una flor de coral en los cabellos.
Pero tu rostro es una sombra que no cambia;
(tal la muerte). Desde las oscuras casas
de tu aldea escucho el Adda y la lluvia,
o quizás un rechinar de pasos humanos,
entre las tiernas cañas de las orillas.

La dolce collina. Lontani uccelli aperti nella sera / tremano sul fiume. E la pioggia insiste / e il sibilo dei pioppi illuminati / dal vento. Come ogni cosa remota / ritorni nella mente. Il verde lieve / della tua veste è qui fra le piante / arse dai fulmini dove s’innalza / la dolce colina d’Ardenno e s’ode / il nibbio sui ventagli di saggina. // Forse in quel volo a spirali serrate / s’affidava il mio deluso ritorno, / l’asprezza, la vinta pietá cristiana, / e questa pena nuda di dolore. / Hai un fiore di corallo sui capelli. / Ma il tuo viso è un’ombra che non muta; / (cosí fa morte). Dalle scure case / del tuo borgo ascolto l’Adda e la pioggia, / o forse un fremere di passi umani, / fra le tenere canne delle rive.



Ya vuela la magra flor

No sabré nada de mi vida,
oscura monótona sangre.

No sabré a quien amaba, a quien amo,
ahora que aquí limitado, reducido a mis miembros,
en el corrompido viento de marzo
enumero los males de los días descifrados.

Ya vuela la magra flor
desde las ramas. Y yo espero
la paciencia de su vuelo irrevocable.

Già vola il fiore magro. Non sapró nulla della mia vita, / oscuro monotono sangue. // Non sapró chi amavo, chi amo, / ora che qui stretto, ridotto alle mie membra, / nel guasto vento di marzo / enumero i mali dei giorni decifrati. / Già vola el fiore magro / dei rami. Ed io attendo / la pazienza del suo volo irrevocabile.



De Día tras día (1947)


Escrito quizás sobre una tumba

Aquí, lejanos de todos, el sol da
en tus cabellos y los reenciende en miel,
y a nosotros los vivos, desde su arbusto,
nos recuerda ya la última cigarra del verano,
y la sirena que ulula profunda
la alarma sobre la llanura lombarda.
Oh, voces abrasadas por el aire. ¿Que quereis?
Todavía sube aburrimiento de la tierra.

Da Giorno dopo giorno (1947) Scritto forse su una tomba. Qui lontani da tutti, il sole batte / su i tuoi capelli e vi riaccende il miele, / e a noi vivi ricorda dal suo arbusto / già l’ultima cicala dell’estate, / e la sirena che ulula profonda / l’allarme sulla pianura lombarda. / O voci arse dall’aria, che volete? / Ancora sale la noia de la terra.


Día tras día

Día tras día: palabras malditas y la sangre
y el oro. Os reconozco, mis símiles, oh monstruos
de la tierra. Bajo vuestro mordizco ha caído la piedad
y la cruz gentil nos ha dejado.
Y no puedo regresar ya a mi elíseo.
Alzaremos tumbas a la orilla del mar, en los campos desgarrados,
pero no uno de los sarcófagos que señalan a los héroes.
Con nosotros la muerte ha jugado muchas veces:
se oía en el aire un batir monótono de hojas,
como en el matorral si con el viento de siroco
la foja palustre sube a la nube.

Giorno dopo giorno. Giorno dopo giorno: parole maledette e il sangue / e l’oro. Ti riconozco, miei simili, mostri / della terra. Al vostro morso è caduta la pietà, / e la croce gentile ci ha lasciati. / E piú non posso tornare nel mio eliso. / Alzeremo tombe in riva al mare, sui campi dilaniati, / ma non uno del sarcofaghi che segnano gli eroi. / Con noi la morte ha piú volte giocato: / s’udiva nell’aria un battere monotono di foglie, / come nella brughiera se al vento di scirocco / la folaga palustre sale sulla nube.


Carta

Este silencio detenido en las calles,
este viento indolente, que ahora resbala
bajo, entre las hojas muertas, o remonta
a los colores de las banderas extranjeras...
tal vez el ansia de decirte una palabra
antes que se cierre otra vez el cielo
sobre otro día, tal vez la inercia,
nuestro más vil mal...La vida
no está en este tremendo, oscuro, latir
del corazón, no es piedad, no es más
que un juego de la sangre donde la muerte
está en flor. ¡Oh!, mi dulce gacela,
te recuerdo aquel geranio encendido
en un muro acribillado por la metralla.
Oh, ¿ni siquiera la muerte ahora consuela
más a los vivos, la muerte por amor?

Lettera. Questo silenzio fremo nelle strade, questo vento indolente, che ora scivola / basso tra le foglie morte o risale / ai colori delle insegne straniere... / forse l’ansia di dirti una parola / prima che si richiuda ancora il cielo / sopra un altro giorno, forse l’inerzia, / il nostro male piú vile...La vita / non è in questo tremendo, cupo, battere / del cuore, non è pietà, non è più / che un gioco del sangue dove la morte / è in fiore. O mia dolce gazzella, / io ti ricordo quel geranio acceso / su un muro crivellato de mitraglia. / O neppure la morte ora consola / piú i vivi, la morte per amore?


De La vida no es sueño (1946-1948)


Color de lluvia y de hierro


Decías: muerte silencio soledad;
como amor, vida. Palabras
de nuestras provisorias imágenes.
El viento se ha levantado liviano cada mañana
y el tiempo, color de lluvia y de hierro
ha pasado sobre las piedras,
sobre nuestro cerrado zumbido de malditos.
Todavía está lejana la verdad.
Y, dime, hombre quebrado en la cruz,
y tú, el de las manos hinchadas de sangre,
¿cómo responderé a aquellos que preguntan?
Ahora, ahora, antes que otro silencio
entre en los ojos, antes que otro viento
suba y otro rencor aflore.

Da La vita non è sogno (1946-1948) Colore di pioggia e di ferro. Dicevi: morte silenzio solitudine; / come amore, vita. Parole / delle nostre provvisorie immagini. / El il vento s’è elevato leggero ogni mattina / e il tempo colore di pioggia e di ferro / è passato sulle pietre, / sul nostro chiuso ronzio di maledetti. / Ancora la verità è lontana / E dimmi, uomo spaccato sulla croce, / e tu dalle mani grosse di sangue, / come risponderò a quelli che domandano? / Ora, ora: prima che altro silenzio / entre negli occhi, prima che altro vento / salga e altra ruggine fiorisca.


Epitafio para Bice Donetti

Con los ojos a la lluvia y a los elfos de la noche,
está allá, en el campo quince, en Musocco,
la mujer emiliana que amé
en el tiempo triste de la juventud.
Hace poco fue jugada por la muerte
mientras miraba quieta el viento del otoño
sacudir las ramas de los plátanos y las hojas
desde la casa gris de periferia.
Su rostro está todavía vivo de sorpresa,
como en la infancia, fulminado
por el traga-fuego alto sobre el carro.
Oh, tú que pasas, empujado por otros muertos,
detente un minuto a saludar
a aquella que no se dolió jamás del hombre
que aquí está, odiado, con sus versos,
uno como tantos, obrero de sueños.

Epitaffio per Bice Donnetti. Con gli occhi alla pioggia e agli elfi della notte, / è là, nel campo quindici a Musocco, / la donna emiliana da me amata / nel tempo triste della giovinezza. / Da poco fu giocata dalla morte / mentre guardava quieta il vento dall’autunno / scrollare i rami dei platani e le foglie / dalla grigia casa di periferia. / Il suo volto è ancora vivo di sorpresa, / come fu certo nella infanzia, fulminato / per il mangiatore di fuoco alto sul carro. / O tu che passi, spinto da altri morti, / davanti alla fossa undici sessanta, / fermati un minuto a salutare / quella che non si dolse mai dell’uomo / che qui rimane, odiato, coi suoi versi, / uno come tanti, operaio di sogni.


De El falso y verdadero verde (1949-1955)


Las guitarras muertas


Mi tierra está sobre los ríos ceñida al mar,
ningún otro lugar tiene voz tan lenta
donde mis pies vagan
entre juncos pesados de caracoles.
Cierto, es otoño: en el viento a jirones
las guitarras muertas levantan las cuerdas
sobre la boca negra y una mano agita los dedos
de fuego.
En el espejo de la luna
se peinan muchachas de pechos de naranjas.
¿Quién llora? ¿Quien azota los caballos en el aire
rojo? Nos detendremos en esta orilla
a lo largo de las cadenas de hierba y tú, amor,
no me lleves delante de aquel espejo
infinito: allí adentro se miran muchachos
que cantan y árboles altísimos y aguas.
¿Quién llora? Yo no, créeme: en los ríos
corren exasperados chasquidos de una fusta,
los caballos oscuros los relámpagos de azufre.
Yo no, mi raza tiene cuchillos
que arden y lunas y heridas que queman.

Da Il falso e vero verde (1949-1955) Le morte chitarre. La mia terra è sui fiumi stretta al mare, / non altro luogo ha voce cosí lenta / dove i miei piedi vagano / tra giunchi pesante di lumache. / Certo è autunno: nel vento a brani / le morte chitarre sollevano le corde / su la bocca nera e una mano agita le dita / di fuoco.// Nello specchio della luna / si pettinano fanciulle col petto d’arance. / Chi piange ? Chi frusta i cavalli nell’aria / rossa ? Ci fermeremo a questa riva / lungo le catene d’erba e tu amore / non portarmi davanti a quello specchio / infinito: vi si guardano dentro ragazzi / che cantano e alberi altissimi e acque. / Chi piange? Io no, credimi: sui fiumi / corrono esasperati schiocchi d’una frusta, / i cavalli cupi i lampi di zolfo. / Io no, la mia razza ha coltelli / che ardono e lune e ferite che bruciano.


El falso y verdadero verde

Tú no me esperas ya con el corazón vil
del reloj. No importa si abres
o fijas el esqualor: quedan horas
erizadas, desnudas, con batido de hojas,
improvisas sobre los vidrios de tu
ventana, alta sobre dos calles de nubes.
Me queda la lentitud de una sonrisa,
el cielo oscuro de un vestido, el terciopelo
color óxido envuelto en los cabellos
y suelto sobre los hombros y aquel tu rostro
hundido en un agua apenas ondulada.

Golpe de hojas toscas de amarillo,
pájaros de hollín. Otras hojas
ahora cuartean las ramas y ya se sueltan
enrolladas: el falso y verdadero verde
de abril, aquel guiño desatado
del seguro florecer. Y tú ¿no floreces,
no agregas días ni sueños que emerjan
desde nuestro más allá, no tienes ya tus ojos
infantiles, no tienes ya manos tiernas
para buscar mi rostro que se escapa?
Queda el pudor de escribir versos
a diario o de lanzar un grito al vacío
o en el corazón increíble que lucha
todavía con un tiempo derrumbado.

Il falso e vero verde. Tu non m’aspetti piú col cuore vile / dell’orologio. Non importa se apri / o fissi lo squallore: restano ore / irte, brulle, con battito di foglie / improvvise sui vetri della tua / finestra, alta su due strade di nuvole. / Mi resta la lentezza d’un sorriso, / il cielo buio d’una veste, il velluto / colore ruggine avvolto ai capelli / e sciolto sulle spalle e quel tuo volto / affondato in un’acqua appena mossa. / Colpi de foglie ruvide di giallo, / uccelli di fuliggine. Altre foglie / ora screpolano i rami e già scattano / aggrovigliate: il falso e vero verde / dell’aprile, quel ghigno scatenato / del certo fiorire. E tu non fiorisci / non metti giorni né sogni che salgano / dal nostro al di là, non hai piú mani tenere / per cercare il mio viso che mi sfugge? / Resta il pudore di scrivere versi / di diario o di gettare un urlo al vuoto / o nel cuore incredibile che lotta / ancora con il suo tempo scosceso.


Qué larga noche

Qué larga noche y luna rosada y verde
a tu grito entre azahares, si tocas
a una puerta como un rey de Dios
punzante de rocío: “Abre, amor, abre”.
El viento, en cuerdas, desde los Iblei desde los conos
de las Madonie arranca himnos y lamentos
sobre tímpanos de grutas antiguas como
el ágave y el ojo del bandolero. Y la Osa
todavía no te deja y sacude los siete
fuegos de alarma encendidos en las colinas,
y no te deja el ruido de los carros
rojos de sarracenos y cruzados,
tal vez la soledad, también el diálogo
con los animales estrellados, el caballo
y el perro la rana las alucinadas
guitarras de cigarras en la noche.

Che lunga notte. Che lunga notte e luna rosa e verde / al tuo grido tra zagare, se batti / ad una porta come un re di Dio / pungente di rugiade: / “Apri, amore, apri”. / Il vento, a corde, dagli Iblei dai coni / delle Madonie strappa inni e lamenti / su timpani di grotte antiche come / l’agave e l’occhio del brigante. E l’Orsa / ancora non ti lascia e scrolla i sette / fiochi d’allarme accesi alle colline, / e non ti lascia il rumore dei carri / rossi di saraceni e di crociati, / forse la solitudine, anche el dialogo / con gli animali stellati, il cavallo / e il cane la rana le allucinate / chitarre di cicale nella sera.


De La tierra incomparable (1955-1958)

Un arco abierto


El ocaso se fragmenta en la tierra
con trueno de humo y el pequeño buho
marca el tú, dice sólo
el silencio. Las islas altas, oscuras
aplastan el mar, en la playa
la noche entra en las conchas.
Y tú mides el futuro, el principio
que no queda, divides con lenta
fractura la suma de un tiempo ya ausente.
Como la espuma se ciñe
a las rocas, pierdes el sentido del escurrir
impasible de la destrucción.
No sabe la muerte mientras muere
del canto cerrado del buho, intenta en torno
su caza de amor, continúa
un arco abierto, revela su
soledad. Alguien vendrá.

Da La terra impareggiabile (1955-1958) Un arco aperto. La sera si frantuma nella terra / con tuono di fumo e l’assiolo / batte il tu, dice solo / il silenzio. Le isole alte, scure / schiacciano il mare, sulla spiaggia / la notte entra nelle conchiglie. / E tu misuri il futuro, il principio / che non rimane, dividi con lenta / frattura la somma di un tempo già assente. / Come la schiuma s’avvinghia / ai sassi, perdi il senso dello scorrere / impassibile della distruzione. / Non sa la morte mentre muore / il canto chiuso del chiú, tenta intorno / la sua caccia d’amore, continua / un arco aperto, rivela la sua / solitudine. Qualcuno verrá.


Ancla del infierno

No nos digais una noche gritando
en los megáfonos, una noche
de azahares, de nacimientos, de amores
apenas comenzados, que el hidrógeno
en nombre del Derecho quema
la tierra. Los animales los bosques se funden
en el Arca de la destrucción, el fuego
es un muérdago sobre los craneos de los caballos,
en los ojos humanos. Después a nosotros los muertos
vosotros muertos nos direis nuevas tablas
de la ley. En el antiguo lenguaje
otros signos, perfiles de puñales.
Balbuceará alguno sobre las escorias,
inventará todo otra vez
o nada en la suerte uniforme,
el murmullo de las corrientes, el crepitar
de la luz. No direis la esperanza
vosotros muertos a nuestra muerte
en los embudos de barro hirviente,
aquí en el infierno.

Ancora dell'inferno. Non ci direte una notte gridando / dai megafoni, una notte / di zagare, di nascite, d’amori / appena cominciati, che l’idrogeno / in nome del diritto brucia / la terra. Gli animali i boschi fondono / nell’Arca della distruzione, il fuoco / è un vischio, sui crani dei cavalli, / negli occhi umani. Poi a noi morti / voi morti direte nuove tavole / della legge. Nell’antico linguaggio / altri segni, profili di pugnali. / Balbetterá qualcuno sulle scorie, / inventerá tutto ancora / o nulla nella sorte uniforme, / il mormorio delle correnti, il crepitare / della luce. Non la speranza / direte voi morti alla nostra morte / negli imbuti di fanghiglia bollente, / qui nell’inferno.



De Dar y tener (1959-1965)

Dar y tener


Nada me das, no das nada
tú que me escuchas. La sangre
de las guerras se ha secado,
el desprecio es un deseo puro
y no provoca ni el gesto
de un pensamiento humano,
fuera de la hora de la piedad.
Dar y tener. En mi voz
hay al menos un signo
de geometría viva,
en la tuya, una concha
muerta con lamentos fúnebres.

Da Dare e avere (1959-1965) Dare e avere. Nulla mi dai, non dai nulla / tu che mi ascolti. Il sangue / delle guerre s’è asciugato, / il disprezzo è un desiderio puro / e non provoca un gesto / da un pensiero umano, / fuori dall’ora della pietà. / Dare e avere. Nella mia voce / c’è almeno un segno / di geometria viva, / nella tua, una conchiglia / morta con lamenti funebri.


No he perdido nada

Aquí estoy todavía, el sol gira
a mis espaldas como un halcón y la tierra
repite mi voz en la tuya.
Recomienza el tiempo visible
en el ojo que redescubre la luz.
No he perdido nada.
perder es andar más allá
de un diagrama del cielo
en movimientos de sueños, un río
lleno de hojas.

Non ho perduto nulla. Sono ancora qui, il sole gira / alle spalle come un falco e la terra / ripete la mia voce nella tua. / E ricomincia il tempo visibile / nell’occhio che riscopre la luce. / Non ho perduto nulla. / Perdere è andare di là / da una diagramma del cielo / lungo movimenti di sogni, un fiume / pieno di foglie.


Basta un día para equilibrar el mundo


La inteligencia la muerte el sueño
niegan la esperanza. En esta noche
en Brasov, en Los Cárpatos, entre árboles
no míos, busco en el tiempo
una mujer de amor. El bochorno quiebra
las hojas de los álamos y yo
me digo palabras que no conozco,
derramo tierras de memoria.
Un jazz oscuro, canciones italianas
pasan volcadas sobre el color de los iris.
En el crujido de las fuentes
se ha perdido tu voz:
basta un día para equilibrar el mundo.

Basta un giorno a equilibrare il mondo. L’intelligenza la morte il sogno / negano la speranza. In questa notte /a Brasov nei Carpazi, fra alberi / non miei cerco nel tempo / una donna d’amore. L’afa spacca / le foglie dei pioppi ed io / mi dico parole che non conosco, / rovescio terre di memoria. / Un jazz buio, canzoni italiane / passano capovolte sul colore degli iris. / Nello scroscio delle fontane / s’è perduta la tua voce: / basta un giorno a equilibrare il mondo.



Tengo flores y de noche invito a los álamos

Mi sombra está sobre otro muro
de hospital. Tengo flores y de noche
invito a los álamos y a los plátanos del parque,
árboles de hojas caídas, no amarillas,
casi blancas. Las monjas irlandesas
no hablan nunca de muerte, parecen
movidas por el viento, no se maravillan
de ser jóvenes y gentiles: un voto
que se libera en las ásperas plegarias.
Me parece que soy un emigrante
que vela encerrado en sus cobijas,
tranquilo, por tierra. Tal vez muero siempre.
Pero escucho gustosamente las palabras de la vida
que jamás he entendido, me detengo
en largas hipótesis. Ciertamente no podré eludir;
seré fiel a la vida y a la muerte
en cuerpo y espíritu
en cada dirección prevista, visible.
A intervalos algo me supera,
ligero, un tiempo paciente,
la absurda diferencia que corre
entre la muerte y la quimera
del latir del corazón.
(Hospital di Sesto S.Giovanni, noviembre de 1965).

Ho fiori e di notte invito i pioppi. La mia ombra è su un altro muro / d’ospedale. Ho fiori e di notte / invito i pioppi e i platani del parco, / alberi di foglie cadute, non gialle, / quasi bianche. Le monache irlandesi / non parlano mai di morte, sembrano / mosse dal vento, non si meravigliano / di essere giovani e gentili: un voto / che si libera nelle preghiere aspre. / Mi sembra di essere un emigrante / che veglia chiuso nelle sue coperte, / tranquillo, per terra. Forse muoio sempre. / Ma ascolto volentieri le parolle della vita / che non ho mai inteso, mi fermo / su lunghe ipotesi. Certo non potró sfuggire; / sarò fedele a la vita e a la morte / nel corpo e nello spirito / in ogni direzione prevista, visibile. / A intervalli qualcosa mi supera / leggero, un tempo paziente, / l’assurda differenza che corre / tra la morte e l’illusione / del battere del cuore. (Ospedale di sesto S.Giovanni, novembre 1965).

sábado, 10 de enero de 2009

SALVADOR GARMENDIA, EL FIERO PASANTE DE LO OSCURO




por Teódulo López Meléndez

La decisión de asumir la palabra no duele. Se toma con alegría y hasta con desenfado. Luego la palabra comienza a punzarnos las yemas de los dedos, a quitarnos la respiración, comienza a concientizarse en una elección de soledad y a hacer de nuestros ojos tizones que se incendian al mirar el teatro de títeres. Léase Salvador Garmendia en su encuentro con lo urbano.

Salvador está fondeado en la ruptura con lo rural, es el gran maestro de la narrativa urbana, pero miremos bien en sus “pequeños seres” y comprobemos que descubrió el arte como speculum y que sus textos no son realidad, son mucho más: son efectos de realidad. Sus pasos por “la mala vida” son descripciones desgarradas de un ser que mira y sufre, mucho más que una simple ojeada sobre las cuevas de la ciudad donde se amontona la miseria humana. Es la descripción de un drama propio, de algo ineluctable, de algo que pasa porque tiene que pasar. En Garmendia la ciudad no es más que feria, una herida que vivimos. Lo cotidiano es espectáculo. Utilizando una frase suya diría que la habitan “zoológicos flotantes”, una simulación de vida. Los habitantes de este teatro del absurdo son piezas escapadas de un mecanismo frente al cual el narrador es una postergación sin fin. Salvador aprende que todo se hace sombra. Él asiste a la representación como sentado en una butaca de actor y saca sus cuadernos para anotar las paradojas de la aparente fiesta, para registrar el baile desenfrenado de unos personajes que se exhiben como si él, escritor, tuviese la obligación de anotar sobre sus carnes, sobre sus pesadillas y sobre los trozos de materia que van largando sobre las aceras interminables y sobre los proscenios urbanos de los autobuses, de los bares de putas y sobre los que albergan solitarios dispuestos a bosquejar novelas en la barra del mostrador. Los ojos de Salvador Garmendia se sumergían en la realidad como fiero pasante de lo oscuro.

Sí, tenían la forma mecánica de lo desvencijado, la blancura que la noche da a la carne, la alegría de portar consigo la muñeca hermosa del contraste con la propia presencia desgarrada. Los personajes de Salvador Garmendia emergían de los bares, de los colectivos, de la soledad de una ventana, a buscarlo, a exigir la anotación del escritor, a reclamarlo para que participase en la constatación, y él los complacía haciendo de sus dedos sobre el teclado complicidad, goteo de memoria, implacable índice de registro donde quedaba todo, desde la imagen surrealista de un paraguas destrozando un ojo hasta el espectáculo nocturno donde iban a rugir los sobrevivientes del día. Desde los torsos y nucas atravesados en la visión de quien se siente acorralado por la presencia hostigante hasta la certificación del amontonamiento de la concurrencia pugnando por apretujarse en la primera fila en ansia desesperada de ser protagonista en las páginas del registrador de la palabra. Y el animador de la farsa, como en alguno de los cuentos de “Difuntos, extraños y volátiles”, al mismo tiempo huye y busca la multitud de la cual es el órgano escriturario. Podemos ir a sus libros a mirar el cuadro de la danza.