Génesis




Teódulo López Meléndez

Requiere la sociedad venezolana un personalismo social y una relacionalidad. La digresión permanente en que parecemos vivir se traduce en incoherencia. Es un requerimiento frente a una mediocridad que tiende a uniformar, una reconsideración social del hombre venezolano que porte a la autoafirmación. Esto es, un planteamiento que lo haga hacerse protagonista de su propia historia y de la historia de los demás. Ahora mismo podemos asumir la del cambio acumulativo como aumento del conocimiento, es decir, la asunción de la complejidad.

Es menester hacer del hombre un espacio de apertura a lo ilimitado. Para ello es necesario recurrir a un nuevo análisis del dinamismo social lo que conlleva a redefinir lo que es real y a meter en la cabeza de nuestros compatriotas que las realidades se construyen.

El hombre venezolano sigue marcado por su “realidad personal” con convicciones pasadas y sin comprender las formas emergentes. La existencia de otros como él aún le sigue pareciendo un ensamblado extraño y el desconocimiento de su poder le lleva a caer en el divertimento de un luego político a todas luces absurdo. Ya no habrá mundos autárquicos volcados hacia adentro, apenas transformados por un leve influjo gatopardiano.

La situación venezolana no admite lecturas lineales o simplistas. Vivimos una hipercomplejidad que hay que analizar recurriendo a “pensamiento complejo” y/o a “pensamiento lateral”. Esto de Venezuela es lo que podríamos denominar un “conjunto borroso”, uno donde cabe un abordaje analítico con conceptos como caos y fractales. La razón lógica siempre conduce a los mismos resultados y en nuestro caso esa parece ser la consabida frase de “no hay salida”. Es necesario plantearle al país que existe una “virtualidad real” en la cual cambia el concepto de poder y las experiencias engendran nuevas realidades.

Hay que recurrir a una dinámica no lineal, a la invocación de análisis capaz de partir de una dinámica caótica. Hay que fomentar un sistema organizativo autógeno. No estamos ante una sucesión lineal de causas y efectos. Desde este punto de vista podríamos reproducir el viejo cuento del vaso medio lleno o medio vacío para asegurar a los venezolanos que esto no es un desorden sino la génesis de un nuevo orden.



Artículo en el diario El Universal (Miércoles 14 de agosto 2019).

Comentarios