martes, 15 de enero de 2013

Un presente representado por la ausencia





Publicado originalmente en el diario "Tal Cual" el 14 de enero 2013

Teódulo López Meléndez

 El mundo que asoma no puede ser enfrentado con simplismos y menos con paradigmas anticuados. Si algo comienza y avanza lo que sabemos de él es necesariamente incompleto y toda respuesta, por ende, es inacabada. Todo proceso implica por definición movimiento permanente. La noción de exactitud no existe. Estamos en un mundo de incertidumbre y la única manera de abordarlo es desde las probabilidades y esta conclusión no excluye a lo que en el pasado fueron llamadas ciencias exactas, porque las ciencias en cuanto modo de conocer han sido superadas por lo que ha sido llamado un nuevo paradigma epistémico.
    La forma de mirar las relaciones entre el hombre y la realidad es lo que nos debe conducir hacia una revalorización de lo humano sobre una razón mecanizada. Son tales los procesos y subprocesos en lo social, en lo político y en el conocimiento, que podrían ser definidos como metaprocesos o metafenómenos a enfrentar con una visión de pensamiento complejo y con transdicisciplinariedad.
  Veamos el ángulo de la explicación. La tecnología nos ha alterado. Estamos articulados, ya somos híbridos con constantes presencias posthumanas, con modificación sustancial de los flujos de sentido. La tecnología nos ha sembrado en la ausencia. En las redes sociales percibimos el vacío de las subjetividades o una multiplicidad de subjetividades extrañas. No se puede escribir de la misma manera. El inexistente futuro no existe, dado que parecemos en un eterno presente, pero la literatura debe hacerlo. No estamos frente a un juego de paradojas, lo que estamos es ante un revolcón de eso que hemos definido como cultura.
   En otras palabras, el discurso humanístico convencional cae, entre otras razones, porque parece difícil discernir un sentido en estos momentos de interregno en la organización humana. En el siglo XXI ya el tiempo no se reduce al futuro, como lo plantearon las vanguardias del siglo XX. La literatura está cuestionada como primacía cultural, ha pasado a ser apenas un modo más entre los múltiples de la comunicación, al igual que ha dejado de ser el continuun al resquebrajarse sus vínculos con la temporalidad.
   Estamos, hay que admitirlo, ante un cuestionamiento muy serio de la literatura lo que obliga a plantearse su destino en un contexto epistémico por la consecuencial pérdida de su jerarquía. En este mundo profundamente dominado por la técnica se tiene a superar el pasado, mientras la literatura sigue amarrada a él. Sólo la ruptura que la lleve a moverse en la velocidad de lo actual puede mantenerla, una que le permita reconstruir anticipadamente.
   La tecnología ha alterado las formas identitarias, pareciera posible la construcción sin agendas del pasado, en un presente que tiende a hacerse perpetuo, uno representado por la ausencia.

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