martes, 25 de diciembre de 2012

Unidad nacional o un brazo torcido





Teódulo López Meléndez

El presidente podrá venir o no venir el 10 de enero a tomar posesión de su nuevo mandato. Es algo que no podemos saber ni tiene ya relevancia política. Con un lápiz corrector blanco han eliminado esa fecha del almanaque, aunque veremos la puesta en escena.

Diosdado Cabello ha resultado un político de esos que le callan la boca a sus detractores haciendo uso de una habilidad nata. Lanzó una tesis que más que interpretación constitucional parecía de entrada una “boutade” o un juego peligroso que podría aislarlo o una simple ratificación de lealtad por encima de todo, pero que llevó a ejecución con grandes conversaciones con la oposición y poniendo a Nicolás Maduro ante la disyuntiva de aparecer como un ambicioso que por encima de todo pensaba en la conveniencia de cumplir con la Constitución que llevaría a nuevas elecciones.

La tesis –absolutamente válida- de que al PSUV convenía la pronta realización de elecciones presidenciales para aprovechar el impacto de las regionales fue desmontada hacia el interior del partido de gobierno, pero no hacia la oposición. Esta última sabía perfectamente que esa eventual elección la llevaría a otra derrota y vio la mano de Diosdado casi con la religiosidad de ese dedo de Dios que se admira en la Capilla Sixtina.

Una elección inmediata conllevaba a la inevitable candidatura de Nicolás Maduro, con muy buenas posibilidades de victoria. Había que ganar tiempo y el tiempo había que ganarlo haciendo uso de un lápiz corrector blanco, uno milagroso de alteración del calendario, más que de la Constitución,  para esperar lo que todos consideran inevitable. Había que ganar tiempo y en ello los intereses de Diosdado y de la MUD coincidían a la perfección.

Por su parte, Maduro quedó atrapado en las redes. Mostrarse como un cerrado y ortodoxo intérprete constitucional lo hubiese comprobado como un apresurado, como un deleznable ambicioso que quería elecciones ya para hacerse de la presidencia. Por lo demás, Maduro no ha mostrado una especial habilidad política y fue incapaz de encontrar el tridente de Neptuno para romper la red que le caía encima. Lentamente todos fueron entrando en ella, una de manifestación de solidaridad absoluta con el comandante-presidente que seguía siendo ambas cosas, uno reelecto para el cual el cumplimiento del mandato constitucional del 10 de enero no era más que un mero trámite que bien podría obviarse.

He aquí el milagro del Espíritu de la Navidad. Como un vaporoso manto una especie de unidad nacional impensable ha venido a sustituir la polarización encarnizada y el odio irredento. Los intereses comunes han privado. Lo que se diga en la Asamblea Nacional el 10 de enero carece de importancia. Sea cual sea la vía que aprueben, hablen de lo que hablen (ausencia temporal, juramentación ante TSJ o la tesis de porqué las ranas no echan pelo) el Derecho es absolutamente irrelevante frente al gran acuerdo político.

Habrá disidencias ese día. Alguno de la oposición puede que se rasgue las vestiduras o que toda en ella en conjunto lo haga, por aquello de guardar las apariencias o de hacer lo políticamente correcto. Puede también manifestarse alguna disidencia seria. Ya carece de importancia porque el resultado está escrito. Lo que no está escrito es lo que se hará con el tiempo ganado.

Estamos ante un hecho impreciso: la salud del presidente Chávez. No somos médicos en busca de fama o “periodistas estrellas” para especular al respecto y cuando la imprecisión es la norma no es mucho lo que se pueda determinar de antemano para un comportamiento estratégico y táctico planificado. Para la MUD será un mero aplazamiento, no más. Las mediciones son de Diosdado, pero ya hemos visto es un político habilidoso. A quién más le conviene que el comandante-presidente haga su entrada el 10 de enero en el recinto de la Asamblea Nacional y se juramente hasta su fin es a Nicolás, pues estaría protegido en el lapso. En el mientras tanto Nicolás sigue con el brazo torcido y a punto de no poder lanzar en el play off del beisbol venezolano.

En el lapso, Diosdado seguirá explicando a sus interlocutores de la oposición las ventajas que han podido ver de colocar al país en la calma y en la paz. No voy a usar la expresión de Izarrita “eso es lo que hay”. Prefiero recordar a ese personaje llamado Óscar Yánez y asegurar con él “así son las cosas”.

tlopezmelendez@cantv.net

viernes, 21 de diciembre de 2012

Jugar a cara o sello






Teódulo López Meléndez

En Venezuela no tenemos ningún problema constitucional, tenemos sí un serio problema político que no puede despacharse alegremente.

La Constitución señala una fecha precisa para la toma de posesión del presidente electo que en este caso es el mismo saliente y cuya ausencia por enfermedad es obvia.

La burlas sobre la salud del presidente me han llevado a llamar constantemente la atención sobre la necesaria seriedad con que hay q abordar este asunto, pero en las redes sociales se celebra muerte anticipada con un desparpajo que mueve a reflexión. No se trata solamente de una inexcusable manifestación de odio, sino de una inconsciencia rayana en la más atroz irresponsabilidad.

Si no logra percibirse lo delicado del momento político andamos muy mal. Lo que está planteado es el estado de salud del Jefe del Estado encarnado por un líder fuerte que ha presidido a su voluntad al país por más de 14 años. Jamás en la historia la eventual sustitución de alguien de esas características ha sido fácil, como no podemos recordar una transición donde no se produzcan luchas por cuotas de poder.

Las declaraciones originales producidas por el presidente de la Asamblea Nacional que llevan a esta reflexión, solicitando una interpretación del texto constitucional y sugiriendo una, las tomamos de entrada como un ejercicio político, como una jugada de preservación de su propio poder, no sin advertir que cuando se juega sobre un asunto de especial sensibilidad nacional se corren riesgos que pueden salirse de control. No obstante, quizás para no caer en la jugada de quien debería ser el presidente encargado si se produje la ausencia del titular –demostración de un desprendimiento del poder que forma parte de la jugada- el vicepresidente, no sin dejar claro que para él el testamento es preciso y contundente, ha abierto también la posibilidad de una consulta ante el Tribunal Supremo de Justicia. Y más grave aún, la presidenta del máximo órgano judicial comenzó a asomar una tesis sobre la “continuidad” que nos hace mirar la situación más allá de una “boutade” o de un simple movimiento de acomodo de poder frente a los hechos.

El país corre graves riesgos con esta maniobra, pero el chavismo también. Buscar la quinta pata del gato con interpretaciones dónde no caben puede conllevar para el partido de gobierno la pérdida de una muy buena posibilidad de victoria del elegido gracias al impulso de los resultados de las elecciones regionales, pero también al callejón sin salida de perseverar en un gobierno cuya legitimidad y constitucionalidad sería puesta en duda y con un presidente Chávez cuya salud nadie puede garantizar. Colocar al país en una situación de desconocimiento de la Constitución puede desatar los fantasmas. Me he permitido decir que quien abre las puertas del Averno es el primero en ser devorado por los demonios.

Ya existe chavismo sin Chávez, como lo demuestran las elecciones regionales, hay un movimiento allí consolidado que sería arrastrado al limbo si deciden tomar el camino de aplazar inconstitucionalmente la toma de posesión presidencial. La oposición, por su parte, estaría desafiada a un llamado de calle pues entre sus filas nadie entendería una omisión frente a una jugada disfrazada de interpretación constitucional.

De manera que la situación en esta Navidad es altamente preocupante. No hay ganancia para nadie en el cuadro hipotético que se asoma, menos para el país. Quizás resulte para algunos inocente llamar al mantenimiento de la sindéresis y de una frialdad de mente frente al hecho. Sin embargo, debemos hacerlo. La suerte de la república no se puede jugar a cara o sello.

martes, 18 de diciembre de 2012

Inventario de una derrota





Teódulo López Meléndez

“Cubazuela”, han estado gritando por años algunos de los más dedicados opositores del gobierno venezolano. En ejercicio de una “boutade” que a la hora de la verdad no parece tanto, me atreví a hablar de “Mexizuela”, pues lo que aquí parece consolidarse es una experta manera de ganar elecciones con la perfección del PRI.

No se puede realizar un análisis de la contienda electoral que la oposición perdió estrepitosamente este pasado domingo 16 de diciembre sin comenzar por reiterar el absoluto divorcio entre lo que se expresa en redes sociales como Twitter y la realidad del país, lo que debe mostrar no sólo un uso inadecuado y contrario al que se le ha dado en numerosos y recientes episodios de la historia mundial, sino una muy especial incultura política de la clase media.

Los gritos de venganza caen ahora sobre los abstencionistas, un segmento cuya cifra llamaremos sin precisión aún oficial, casi la mitad del país. Pareciera que esos compatriotas venezolanos ya no contarán más, que han sido desaparecidos del futuro y que algunos no tendrán la “gentileza” de dirigirse a ellos en ocasión alguna. Todos los medianamente informados sabíamos la abstención sería alta, como siempre lo ha sido en elecciones regionales, y que aumentaría o disminuiría por los últimos acontecimientos relativos a la salud del presidente Chávez. Aumentó y a estas alturas uno parece tener la sensación que el suceso mencionado no tuvo una injerencia determinante.

Las causas de la derrota oposicionista se remontan al hecho de haber aceptado el orden de las elecciones, primero presidente, segundo gobernadores y tercero alcaldes, en un proceso de renovación de los poderes públicos de arriba hacia abajo que resultaba inaceptable. Luego las fechas, para que el día electoral hayamos sido testigos de “líderes políticos” lamentándose como vírgenes plañideras de lo perjudicial de votar un 16 de diciembre cuando la gente anda ocupada en reencontrar familiares o comprar sus cosas para pasar la Navidad.

Esa inconsistencia, para ser benignos en el término, es lo que caracteriza a una “dirigencia” inventora de excusas. Agréguenle un organismo electoral absolutamente tolerante con los abusos oficiales y esos mismos abusos en sí, como candidatos inaugurando obras como si de aspirantes se hubiesen convertido en ya designados, más todos los excesos de poder que por archiconocidos es innecesario inventariar.

Eso es lo que viene del poder actual, pero hay que inventariar lo que viene de los fallidos aspirantes al poder. La elección regional se producía, como hemos visto al recordar el orden de las tres elecciones, luego de la derrota en las presidenciales, porque hay que convertirse en Perogrullo para señalarles que una derrota fue, dadas las maniobras para disimular que van de trapecio en trapecio sin red.

La llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD) no es más que una alianza electoral de partidos reducidos que, por afán de no se sabe quién, pretendió erigirse como algo más. Señalé desde siempre que esa “concertación” jamás sería alternativa válida frente a Chávez y que la única vía era la constitución de una “unidad superior”. Se recordará perfectamente mi planteamiento de una “tercera opción”, inviable en apariencia por la cantidad de recursos que se requerirían en intentarla y por la falta de recursos humanos de los cuales el país parece hacer ostentación.

No se puede enfrentar a un claro proyecto de país como el que encarna Chávez sin un proyecto de país alternativo. Se entró entonces a discutir entre “vieja” y “nueva” política con una exacerbada adoración por unos muchachos inexpertos y a mostrar una incoherencia mental producto de la inmadurez, de la falta de formación y, sobre todo, del pequeño tamaño de unos “políticos” con absoluta carencia de experticia.

El país venezolano carece de una clase política que merezca tal nombre. He hecho esfuerzos porque esa reaparición de la intolerante polarización debida a la enfermedad del presidente se reduzca y he llamado a alzar la mirada. Los síntomas mostrados el mismo día de la elección no parecen ayudar, pero es mi deber insistir en un necesario diálogo que pasa por no hacer uso abusivo de los resultados electorales y por avanzar hacia la condición indispensable que es una decisión favorable sobre presos y exiliados.

Lo más conveniente a los intereses del país sería que el presidente Chávez pudiera juramentarse el 10 de enero, pero si las circunstancias no lo permitiesen sabemos bien deberemos ir a una nueva elección presidencial y sobre ella es menester hacer las reflexiones finales.

Hay que barajarlo todo. Suponemos, en este caso, será Nicolás Maduro el candidato del gobierno, en acatamiento a la voluntad del presidente Chávez, pero no podemos dar supuestos en el campo de la oposición. Henrique Capriles Radonsky no debería hacer prevalecer su victoria en el estado de Miranda ni su condición de electo en primarias para rescatar para sí la condición candidatural. Debería, por el contrario, llamar a un gran diálogo nacional con absoluto desprendimiento porque de lo contrario lo único que lograría sería batir un nada envidiable récord de perder dos elecciones presidenciales en cuestión de meses.

Quien detenta el poder tiene la mayor responsabilidad en lo que habrá de venir. En este sentido me permito recordarle a Nicolás Maduro, luego de haber hecho la observación a Capriles, que él no es Chávez. Trate de parecerse a Eleazar López Contreras, en el sentido de comprender que sería transición y que toda transición exige apertura.

tlopezmelendez@cantv.net

lunes, 17 de diciembre de 2012

Entrevista en Buenos Aires: Análisis del 16-D



Entrevista en Buenos Aires

Teódulo López Meléndez analiza resultados del 16-D

Por Analía Gómez Vidal*



El domingo 16 de diciembre, Venezuela volvió a las urnas. Las elecciones regionales arrojaron otra derrota a la Mesa de Unidad Democrática, que sólo obtuvo 3 gobernaciones contra el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), el partido oficial. Entre sus victorias, la oposición volvió a asegurar el estado de Miranda en el liderazgo de Henrique Capriles. Sin embargo, se evidencia que queda mucho por trabajar en la construcción de la oposición venezolana. Teódulo López Melendez analiza los resultados y la evolución de la política en Venezuela mientras advierte: “Es necesario llamar a un gran diálogo nacional con absoluto desprendimiento”.

El optimismo de la oposición venezolana, que supo alcanzar una derrota digna de la mano de Henrique Capriles en octubre, contrasta con el resultado de las elecciones del 16 de diciembre. ¿Cuán representativos cree que son estos resultados para usted?

En primer lugar, no se puede realizar un análisis de la contienda electoral que la oposición perdió estrepitosamente sin comenzar por reiterar el absoluto divorcio entre lo que se expresa en redes sociales (Facebook, Twitter) y la realidad del país. Esto demuestra  no sólo un uso inadecuado y contrario al que se les ha dado en numerosos y recientes episodios de la historia mundial, sino una muy especial incultura política de la clase media. 

¿Cuál es el peso real de la clase media venezolana? ¿Existe una sobrevaloración de sus percepciones que se proyecta y desinforma sobre la situación real de la política en Venezuela?

En Venezuela, se ha generado ascenso social con inserción en una clase media baja. La vieja clase media, que se mantuvo por décadas ajena a los asuntos públicos, reclama ahora soluciones mágicas que no aparecerán. He dicho muchas veces que los dirigentes políticos son producto del cuerpo social. Si no hay un cuerpo social que genere dirigentes para el momento histórico, siempre se sentirá sin protección. Los viejos elementos protectores (partidos, sindicatos, gremios, etc.) están en el máximo de la debilidad y esa sociedad a la deriva no logra tomar conciencia de su propio poder. Por otra parte, hay una escasez brutal en cuanto a la generación de ideas y pensamiento, trasnochados como andan los “dirigentes” en repetir desde hace medio siglo y, por supuesto, un cuerpo social que no presta la menor atención a lo que se genera.

En ese contexto que plantea, el nivel de abstención electoral de las elecciones del domingo fue cercano al 46%, un dato que muchos han remarcado como clave. ¿Está de acuerdo con su importancia? ¿A qué lo atribuiría?

Todos aquellos medianamente informados sabíamos que la abstención sería alta, como siempre lo ha sido en elecciones regionales, y aumentaría o disminuiría por los últimos acontecimientos relativos a la salud del presidente Chávez. Finalmente, aumentó, pero a estas alturas uno parece tener la sensación de que no tuvo una injerencia determinante. En definitiva, la abstención es apenas un elemento más en la consideración de los resultados.

Volviendo al análisis de la derrota opositora, ¿Cuánto de este resultado global se fundamenta en la exacerbación del apoyo chavista como demostración de apoyo aún ante sus circunstancias personales?¿Se puede seguir apostando por una oposición cuya fortaleza in crescendo pueda disputarle el poder a Chávez y el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV)?

Las causas de la derrota oposicionista se remontan al hecho de haber aceptado el orden de las elecciones: primero para presidente, después para gobernadores y luego para alcaldes, en un proceso de renovación de los poderes públicos de arriba hacia abajo que resultaba inaceptable. Luego, la aceptación de las fechas, por las que “líderes políticos” se lamentarían posteriormente de lo perjudicial de votar un 16 de diciembre cuando la gente anda ocupada en reencontrar familiares o comprar sus cosas para pasar la Navidad.

Esa inconsistencia, para ser benignos, es lo que caracteriza a una “dirigencia” inventora de excusas. Sumado a ello, un organismo electoral absolutamente tolerante con los abusos oficiales más todos los excesos de poder que por archiconocidos es innecesario inventariar.


¿Usted cree entonces que la derrota opositora reside más sobre las heridas provocadas por la ineficiencia estratégica de la oposición que por la capacidad de convocatoria y el aparato chavista?

Si no se entiende a un país, no se puede ganar ese país. Es cierto que la maquinaria chavista es fuerte y está sustentada sobre las mieles que el poder ofrece, pero también sobre una poderosa participación popular.  Para ganarse a un país hay que plantársele delante y decirle con meridiana claridad: “Esto es lo que queremos hacer de esta nación”.

¿Cuáles serían, desde su punto de vista, los pasos obligados de la oposición para mantener y ganar espacios hasta las próximas elecciones? ¿Cómo podría la oposición capitalizar su posición conciliadora para avanzar sin profundizar la polarización?

La llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD) no es más que una alianza electoral de partidos reducidos que pretendió erigirse como algo más. He señalado que esa “concertación” jamás sería alternativa válida frente a Chávez y que la única vía era la constitución de una “unidad superior”. No se puede enfrentar a un claro proyecto de país como el que encarna Chávez sin un proyecto de país alternativo. Se entró entonces a discutir entre “vieja” y “nueva” política con una exacerbada adoración por unos muchachos inexpertos.

El país venezolano carece de una clase política que merezca tal nombre. Los síntomas mostrados el mismo día de la elección no parecen ayudar. Lo más conveniente a los intereses del país sería que el presidente Chávez pudiera juramentarse el 10 de enero, pero si las circunstancias no lo permitiesen, sabemos bien que deberemos ir a una nueva elección presidencial. Suponemos, en ese caso, que será Nicolás Maduro el candidato del gobierno, en acatamiento a la voluntad del presidente Chávez, pero no podemos dar supuestos en el campo de la oposición.

Henrique Capriles Radonsky no debería hacer prevalecer su victoria en el estado de Miranda ni su condición de electo en primarias para rescatar para sí la condición candidatural. Debería, por el contrario, llamar a un gran diálogo nacional con absoluto desprendimiento porque de lo contrario lo único que lograría sería batir un nada envidiable récord de perder dos elecciones presidenciales en cuestión de meses. 

Respecto a la salud de Hugo Chavez, cabe remarcar que las elecciones regionales del 16 de diciembre fueron las primeras transcurridas en ausencia del lider bolivariano. Esto abre la posibilidad a una serie de especulaciones sobre el futuro de Venezuela, con la pregunta obligada: ¿Hay Chavismo después de Chavez?

“Cubazuela” han estado gritando por años algunos de los más dedicados opositores al gobierno venezolano. En ejercicio de una “boutade” que a la hora de la verdad no parece tanto, me atreví a hablar de “Mexizuela”, pues lo que aquí parece consolidarse es, en realidad, una experta manera de ganar elecciones con la perfección del PRI. 

Manteniendo su analogía entre el PSUV y el PRI, ¿cree usted que podría replicarse la experiencia mexicana  de transición sin violencia de 2000 en Venezuela, a la luz de la polarización que reina en la actualidad? Más allá de la posición oficialista de enaltecer la figura presidencial, ¿Cómo ve la recepción social de dicha estrategia en el futuro cercano?

La creo posible, y más que posible, imprescindible. Para ello, hay que hacer un esfuerzo de diálogo. En términos generales, debo decir que un liderazgo como el de Chávez no es sustituible, de manera que me permito observar que Nicolás Maduro debe insertarse en una dirección colectiva. En cuanto a la pervivencia de un chavismo sin Chávez, no mantengo dudas. La recepción social sigue, y seguirá siendo, grande, porque el chavismo dio voz y participación a los olvidados. En Venezuela podemos decir que hay otro país, uno que muchos no logran ver ni distinguir en su nueva cultura política. Pero quien detenta el poder tiene la mayor responsabilidad en lo que habrá de venir. En este sentido, me permito recordarle a Nicolás Maduro que él no es Chávez. Debe tratar acercarse más a un parecido con Eleazar López Contreras, en el sentido de comprender que sería transición y que toda transición exige apertura. 

¿Considera que los herederos chavistas, con Nicolás Maduro al frente, podrían ser parte de una transición pos-chavista exitosa? ¿Considera, en última instancia, que la clase política venezolana está a la altura del desafío que se presenta?

 No puedo adelantar una respuesta. Si es exitosa, dependerá de una visión de Estado que estoy reclamando con todas mis fuerzas. Deberán brotar nuevos liderazgos, lo que es fácil de decir y difícil de ver. He reclamado a mis compatriotas despojarse de las gríngolas y de los anteojos de suela. Los intelectuales solemos ser desoídos.

* Periodista independiente, Economista, Master en Política Internacional, Analista Junior en Federación Iberoamericana de Bolsas, Blogger in South American Business Forum, Presentador en FM 90.7 Autopista
Universidad Torcuato di Tella
Université Paris Dauphine