martes, 26 de julio de 2011

Las debilidades de una sociedad enmascarada



Teódulo López Meléndez

Sobre el siglo XIX se fijaron las miradas de Tocqueville, Heine, Marx, Burkhard y Nietsche, por ejemplo. Hablaban de una sociedad inmersa en una crisis de legitimación crónica. El siglo XX dio paso a una pléyade de pensadores en medio de los conflictos más atroces. En este inicio del siglo XXI, antes que proclamar de nuevo la muerte de Dios, Stephen Hawking lo que hace es proclamar la muerte de la filosofía. Ahora lo que está deslegitimado y requiere con urgencia de pensamiento son las formas políticas. Hay que revisar, reafirmar o negar sus premisas básicas, desde la manifestación política de la filosofía. El momento es de transición con una caída de los partidismos conocidos y con un proceso de desideologización terminal. Algunos hablan hasta del fin de las constituciones.

Los discursos siempre giraron sobre la falta de legitimación. También ahora, con un cuestionamiento drástico a la representación, pero las teorías políticas decimonónicas tuvieron un efecto retardado, pero lo tuvieron, mientras en esta época vislumbramos la escasez de lo teórico y un esfuerzo no sólo por retener el presente sino, incluso, uno destinado a regresar a las viejas formas. Tenemos que admitir que las soluciones definitivas no existen y por ello hemos llamado a la democracia un ininterrumpido proceso de interrogación ilimitada. El tiempo presente ha determinado la imposibilidad de lo que denominaremos la parábola de la innovación y una interrogación muy profunda sobre la posibilidad de cambiar lo humano a través de la praxis política. El punto es que comienza a hablarse de la pospolítica, mientras otros nos empeñamos en un rediseño de la democracia. La crisis se debe a la caída de las viejas maneras de la política, sólo superable con un llamado a un retorno de la misma necesariamente envuelto en nuevas concepciones que pasan por un llamado a la ciudadanía activa.

La confusión es la norma, pero abajo, en la praxis constante, encontramos una que no se modifica y se niega a ser modificada, con las mismas aberraciones y contratiempos que nos han llevado en esta década a las conclusiones que manifestamos. Nos referimos a la ausencia de la concepción política, a un conjunto de ideas que puedan reestructurar el aparato democrático. Si en la crisis de lo político estamos señalando la década que termina es menester, entonces, plantear la repolitización como el camino, no sin advertir o recordar que el vacío está siendo llenado por algunas praxis revolucionarias disfrazadas de innovación del presente siglo y que irremediablemente conducen a la reaparición totalitaria.

La defensa y progreso de los derechos humanos había tomado una aceleración que parecía determinar los tiempos, pero la lucha antiterrorista los ha golpeado seriamente. La reciente crisis económica ha replanteado la necesidad de la actividad reguladora. Las virtudes de la globalización –por contraste con sus múltiples peligros- están siendo duramente golpeadas especialmente en Europa. La aparente calma –excepción hecha de las guerras locales que aún se libran- se debe fundamentalmente a la inexistencia de algo o de alguien que se aproveche. Saltan por los aires nacionalidad, partidos, viejas construcciones y las respuestas provienen de prácticas de antaño o de encerramiento a ultranza en las maltrechas formas del presente. No es novedad alguna que los hombres se estén aburriendo de la política. Hemos hablado constantemente de un cambio de paradigmas que constituye, cierto es, una exigencia de cambio en las disposiciones subjetivas capaces de alterar el vector político. Ello se refiere, claro está, a que la descreencia se transforme en la convicción de crear realidad desde el pensamiento y desde un ejercicio colectivo de la inteligencia. No hay una conciencia político-filosófica de la posmodernidad. Hasta el último momento del siglo XX vivimos la obviedad de la crisis del constitucionalismo, del estado-nación y del pensamiento político clásico, sin que se produjese una multiplicad de miradas a los eventuales nuevos órdenes que por fuerza surgirían. Algunos llegan a plantear si los hombres sólo pasarán a ser un material necesario a una construcción tecnopolítica. Un antihumanismo creciente podría inducir en ese sentido, sólo que la lectura atenta de quienes en él incurren conlleva a admitir que llegan de retorno al humanismo por el camino de su negación.

Hemos tenido grandes avances en la informática, la tecnología espacial o la biología y en una creciente demanda a favor de los derechos de los homosexuales. Desciframiento del mapa genético, celulares con 3G, GPS y WiFi, la manipulación de embriones o la web 2.O, pero la política ha planteado retos que no han sido abordados con pensamiento complejo capaz de trazar coordenadas en este momento de la historia y de la cultura universal. Ha faltado, diría, la razón poética, esto es, la posibilidad de soñar las nuevas formas de organización comunitaria del hombre desde la luz de la conciencia hasta la creación de un cuerpo especular, lo que se llamaría la función imaginante.

La proclamación de la victoria de la técnica, la falta de sentido como nuevo sentido y la prevalencia del pensamiento débil debe ser contrarrestada con el fuerte resurgir del pensamiento. Es una caída vertical que venimos sufriendo desde más allá de esta década que termina en zona oscura. Si el ciudadano de este siglo deja de padecer como víctima y se decide a realizar las nuevas formas son bastantes probables los nuevos surgimientos, en especial en la política y en las ideas que deben envolverla.

Quizás podamos definir a esta sociedad como una enmascarada que vive su sojuzgamiento como víctima. Es menester transgredir la oscuridad. Se transgrede en momentos de crisis.

teodulolopezm@yahoo.com

Nuevos audios

Hablo del renacer de la extrema derecha europea a propósito de los atentados de Oslo, de la escasez mundial de agua y de la selección venezolana de fútbol:

lunes, 18 de julio de 2011

Oceanía, el continente discreto



Por Teódulo López Meléndez

Oceanía es un vasto continente insular constituida por Australia, Papúa-Nueva Guinea y Nueva Zelanda, así como los archipiélagos coralinos y volcánicos de Micronesia, Polinesia y Melanesia, distribuidas por el Océano Pacífico, poblado de indígenas de diferentes ramas como los polinesios, melanesios, micronesios y papúes, los mestizos, una minoría de negros y mulatos y los descendientes de europeos. El idioma más hablado es el inglés, seguido del francés, mientras en las islas chilenas de Sala, Gómez y Pascua obviamente se habla el español, conservándose las lenguas indígenas. La religión predominante es el protestantismo, seguido del catolicismo y las creencias indígenas.

Geográficamente se le divide en Australasia (Australia, Tasmania y Nueva Zelanda), Melanesia (Nueva guinea, Salomón, Nuevas Hebridas, Nueva Caledonia), Micronesia (Las marianas, islas Carolinas, Islas Palaos, Islas Marshall) y Polinesia (Hawái al norte del ecuador, al sur archipiélagos Fénix, Toquelau, Samoa, Isla de pascua). Se estima su población en algo más de 34 millones de seres humanos repartidos en 17 estados independientes y en numerosas dependencias administradas por otros países o plenamente integrados a ellos, como el caso de Hawái con los Estados Unidos. Aparte de la agricultura tiene oro y carbón.

En el siglo XVI portugueses y españoles se repartieron estos territorios mientras los piratas holandeses e ingleses los acosaban. Sobre el siglo XIX se estableció la presencia británica y francesa y luego la japonesa, alemana y norteamericana, mientras en las últimas décadas de ese siglo y en las primeras del XX comenzaron a desaparecer las posesiones oceánicas. Las victorias militares norteamericanas hizo a Estados Unidos la potencia dominante en el Pacífico, con el establecimiento de numerosas bases navales.

Nueva Zelanda y Australia son los dos grandes países del continente, activos en las dos grandes guerras al lado de británicos y norteamericanos. Después del término de la Guerra Fría Australia ha procurado diversificar sus relaciones económicas en Asia. Seguramente la amenaza más grande para muchas islas oceánicas proviene del cambio climático bajo el temor de que algunas se hundan en las aguas provenientes de los deshielos.

Australia es el factor clave de la geoeconomía continental pues provee de materiales de primera importancia como minerales de hierro y manganeso a la industria del acero y la bauxita para la metalurgia del aluminio, amén del azúcar y algunos productos manufacturados, a ese gran bloque conformado por Japón, los NICs, Hong Kong (Región Administrativa Especial de China), Singapur , Corea del Sur , Taiwán y, más recientemente, Tailandia , Indonesia , Filipinas y Nueva Zelanda.

La política exterior australiana es de discreto perfil, ajena a todo protagonismo, pero manejando con habilidad los escenarios del futuro. Junto a Nueva Zelanda forman parte de la Commonwealth of Nations. No obstante esos lazos parecen debilitarse entre los estrechos lazos con Estados Unidos y la pujante presencia asiática. Sigue conformándose con el aporte de numerosos inmigrantes, entre los cuales cabe mencionar ahora a los venezolanos. En términos generales la presencia de Oceanía en la economía mundial es pequeño dado que aporta apenas un 1.4 por ciento de la producción total. La gran isla ha procurado crear iniciativas tecnológicas y de innovación mediante un programa denominado Tecnologías Emergentes de Comercialización (COMET). No olvidemos que posee el mercado de Internet más extenso de Asia-Pacífico. Con la absorción anual de más de 120 mil inmigrantes muy calificados continúa su desarrollo.

La principal organización panregional es el Foro de las Islas del Pacífico (Pacific Islands Forum, en adelante PIF), nacido en el año 2000 a raíz del Foro del Pacífico Sur (South Pacific Forum), que sucediera en su momento al South Pacific Bureau for Economic Cooperation. El PIF es el principal interlocutor de la región para asuntos de todo tipo. Otros países con influencia en la región son Japón y China, con problemas esta última por los fuertes lazos de algunos con Taiwán.

USA, China y Australia

Australia y Estados Unidos no encontraron en el USA-Australian Free Trade Agreement (AUSFTA), uno de mucha trascendencia. China actúa sin presionar, ante un inicial y suave interés australiano en la cooperación energética y uno de igual resistencia al ingreso de productos chinos actitud en rápida modificación. Australia mantiene también con otros productores Agrícolas mundiales (como Argentina y Brasil) el Grupo Cairns de Comercio y finalmente firmó con Estados Unidos un Tratado de Libre Comercio que no ha dejado de ser polémico en la política interna australiana.

Allí se debate la aceptación de la influencia china como una de las políticas a concretar en las próximas décadas. En efecto, ya la relación entre Camberra y Beijing crece aceleradamente. Los chinos aseguran que el establecimiento del área de libre comercio con Australia y Nueva Zelanda es fundamental para el desarrollo de la región Asia-Pacífico y para la liberación del comercio mundial. Australia, por su parte, ve incrementadas sus exportaciones al gigante asiático, mientras los miles de estudiantes chinos en Australia indican que las observaciones sobre la espera de décadas para el logro de unas relaciones estrechas parecen notablemente acortadas. En el plano de la energía, China, empeñada en convertirse en una gran potencia en el plano de la construcción de reactores nucleares, comenzará a importar uranio australiano. La cooperación en materia de gas natural licuado también ha sido establecida por un período de 25 años y la exportación de carbón se incrementa, lo que también presenta un paso estratégico en el resguardo de la seguridad de las rutas comerciales oceánicas, lo que no implica para nada una intención australiana de abandono de su papel en el Pacífico Sur.

Australia se está moviendo. Otra cosa no significa el Centro de Investigación en Tecnologías Verdes (GFreen IT), la investigación vía tecnología de la Información (eResearch), reducción de las emisiones de carbono y despliegue de banda ancha. Ayuda a estos propósitos la Red Académica y de Investigación de Australia (AARNet) y el Centro para Telecomunicaciones Eficientes desde el Punto de Vista Energético (CEET). Igualmente adelanta la construcción de un tren eléctrico de alta velocidad (A-HSV) para unir todo el territorio.

Estamos ante una política pragmática que teme al poderío militar chino y se cubre con el paraguas estadounidense, pero aumenta sus relaciones comerciales con China. Ya el porcentaje comercial de intercambio es superior al que mantiene con Estados Unidos, pero las inversiones norteamericanas en la isla del Pacífico Sur aún son superiores a las chinas, aunque el juego estratégico podría hacer cambiar ese balance. Habría que agregar que muchos analistas militares consideran que China ya ha transformado el balance en este campo en el Asia-Pacífico, mientras otros simplemente anotan que va en ese camino sin haberlo concretado aún.

teodulolopezm@yahoo.com

martes, 12 de julio de 2011

Los caminos de China



Teódulo López Meléndez

Asia Oriental alberga a tres países con herencia cultural emparentada y con muchos rencores históricos entre sí: China, Japón y Corea. Aún subsisten las heridas de la colonización japonesa sobre Corea y la ocupación del territorio chino, pero también la división de dos de ellos. Allí están las Coreas y Taiwán. Es necesario, entonces, un entendimiento político mayor para que el Asia Oriental en su conjunto sea una fuerza determinante en la política mundial del siglo XXI y especialmente en los demás “mundos’ de este continente. No podemos adelantarnos a la posibilidad de unos acuerdos que hoy tocan lo más álgido de la región. En cuanto al terremoto y tsunami japonés todos los expertos indican sólo tendrán un impacto negativo en el comercio rápidamente recuperable por la demanda que exigirá la reconstrucción.

China planteó en su momento adherirse al tratado de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), sobre la base de la fórmula "diez + uno". Y Japón siguió su ejemplo, sugiriendo la fórmula "diez + tres" (China, Japón y Corea del Sur). No ha faltado quien proponga que China, Japón e India se conviertan en los pilares de una versión asiática de la OTAN.

Como ya hemos dicho, es posible que China se convierta en la primera economía mundial para el 2020. Su mezcla entre sistema económico abierto y sistema político cerrado aún presenta problemas, tanto en el sistema financiero como en el atraso de sectores colectivistas, en problemas de transporte y en una recurrente corrupción. Su acción en el medio internacional se nota en la influencia ejercida para aminorar la reciente crisis económica, procurar la reforma del sistema financiero internacional y contribuir a la recuperación.

Una de las mejores decisiones chinas ha sido el de poner límite de edad a sus dirigentes, los cuales deben retirarse a los 70 años. Ello permite el recambio generacional y creemos que ayuda al abandono de la obsesión por el crecimiento económico centrándose en los efectos de orden social y ambiental. Es posible también que China supere la concentración en las exportaciones y dedique tiempo a la conformación de un mercado interno sólido. Si atendemos a lo que dicen sus líderes actuales en efecto están apuntando a una pauta de consumo interno que sostenga el proceso. Encontramos a una China preocupada seriamente por el bienestar de su población, por un desarrollo científico autónomo, por el incremento de la eficiencia energética y por la protección del medio ambiente. Uno de los asuntos centrales será la creación constante de empleos.

En el plano exterior continúa tejiendo una red de influencia en todo el mundo, especialmente en Asia. Allí, como hemos mencionado, tiene el asunto de Corea del Norte, donde juega en todos los sentidos, manteniendo la ayuda económica parasitaria, presionando o no para la desnuclearización, pero preparándose igualmente ante la eventualidad de una reunificación. Busca proteger a Irán de sanciones de la ONU porque considera que la presión norteamericana sobre los persas forma parte de su política de contención a China. Desde 2009 es el principal socio comercial de Irán, aunque esté por detrás de Angola y Arabia Saudita en el suministro petrolero a su creciente voracidad. La Corporación Nacional China de Petróleo se mantiene en plena actividad inversora, como en el caso venezolano. El pulso con los Estados Unidos por la revaluación del yuan (renmimbi en chino) reaparece constantemente.

Con América Latina mantiene relaciones diplomáticas y económicas con casi todos los países, realiza inversiones ya vitales para este subcontinente y ha comenzado a otorgar créditos para el desarrollo. Con África igual, pero también forma parte de las misiones militares de la ONU y hecho inversiones en agricultura, sistemas de riego y de salud, involucrándose en programas del organismo mundial para mejorar la situación en Uganda, Ghana y Mozambique. Se ha involucrado en el espacio ex-soviético convirtiendo a Kazajstán en su segundo aliado comercial. Su presencia en las actividades de la ONU ha crecido notablemente. Se ha hablado mucho de la voracidad china por el petróleo. En efecto tal voracidad existe, pero también una conciencia de generar fuentes alternativas y de cuido al medio ambiente. Está claro que tal consumo de energía sigue siendo un tercio de lo que consume Estados Unidos.

¿Hacia dónde va China? Peter Franssen escribió un libro bajo este título, uno del cual se puede discrepar o coincidir, pero que, en cualquier caso, constituye una visión absolutamente necesaria para hacerse una idea clara sobre este país por la cantidad de valiosa información que contiene producto de una investigación a fondo. Si marchamos o no hacia una nueva guerra fría a mediados de este siglo, cuáles serán las inclinaciones finales del gigante chino o si asistiremos a una mejoría notable en el campo de los derechos humanos y de la vida democrática (hoy mancillados con la represión o censura contra Internet por miedo al contagio de las revueltas que sacuden a parte del mundo y con la intolerable prisión de buen número de disidentes) son cosas que están por verse.

teodulolopezm@yahoo.com

miércoles, 6 de julio de 2011

Audio "El abuso de la fecha patria"




Teódulo López Meléndez analiza las abusos cometidos el 5 de julio, fecha bicentenaria de Venezuela


http://tinyurl.com/5vvb8o3

Mirada en julio al junio español



Teódulo López Meléndez

El surgimiento de los “indignados” españoles ha sido la muestra más fehaciente del agotamiento de un modelo económico y político. Podríamos ir más allá y asegurar que el de un contrato social. Asistimos entonces a un reclamo de participación y decisión que encarna a la Europa en crisis y al deseo, cada vez más manifiesto, de los pueblos por empoderarse de su destino.

Las razones del movimiento que sacudió en junio de 2011 a España son claros: la crisis económica patentada en ejecución de hipotecas, desempleo y falta de oportunidades; una crisis política derivada del agotamiento de una actuación de los dirigentes sobre la base de una institucionalidad pervertida y de una complicidad con los medios que los exponen al público; una incapacidad de las instituciones existentes para procesar los problemas colectivos, una que incluye desde las tradicionales organizaciones intermedias supuestamente disponibles para mediar o servir de enlace entre el poder y los ciudadanos hasta las parlamentarias y de justicia; la crisis de un sistema económico que ha llevado al derrumbe del estado de bienestar.

Sería, no obstante, limitativo enumerar causas llamémoslas reales o materiales sin introducirnos en algo más profundo que no es otro que el deseo creciente de protagonismo de las sociedades prescindiendo de intermediarios viciados. En otras palabras, los “indignados” son una muestra precisa, en territorio europeo, de un esfuerzo de empoderamiento que caracterizará al siglo XXI.

El ser apático o narcisista o nihilista encuentra ahora que tiene delante de sí desafíos que rompen con su abulia y dirigentes e instituciones que ya no son capaces de resolvérselos y, en consecuencia, descubren que deben asumir protagonismo. La lógica económica-financiera les parece conformada para satisfacer unos intereses que no son propiamente los del colectivo y así cada uno comienza a mirar al otro y entendiéndose vía redes sociales van conformando lentamente una nueva alianza ciudadana que los lleva a la actuación pública.

En diciembre de 2010 fue publicado en España Indignaos de Stéphane Hessel, el viejo luchador del Consejo Nacional de la Resistencia Francesa, y de allí el nombre asumido por la protesta española. Sus planteamientos no constituyen un cuerpo sustitutivo de lo existente, pero sí unos planteamientos generales suficientes para inflamar la primera oleada. Exigencias de seguridad social y salud, prevalencia del trabajo sobre el dinero, ruptura de los monopolios, redistribución de la riqueza, democracia económica y social, prensa independiente, escuela con reales posibilidades de ingreso y de espíritu crítico, ataques contra las maniobras bancarias y de los mercados financieros y sobre todo el llamado a la responsabilidad colectiva.

Así, fundamentalmente los jóvenes españoles, expresaron su indignación ante un cuadro de fracaso social que ni en su estructura ni en su gestión política tiene calidad humana. No hay duda que esa indignación será un signo determinante de este interregno donde se cae a pedazos el viejo mundo y el nuevo se asoma con timidez. He repetido infinidad de veces la necesidad de que el pensamiento político traduzca a tesis claras ese sentimiento ético-utópico de la gente sobre la necesidad de regenerar el tejido democrático y de suplantar las viejas estructuras socio-políticas.

Las instituciones intermedias producen justificadas sospechas, en especial los partidos políticos. De allí que los indignados exijan supresión de privilegios, transparencia en los financiamientos, una nueva ley electoral con listas abiertas y referéndum sobre temas vinculantes. Sobre todo apuntan a los bancos, pidiendo prohibir rescates e inversiones en paraísos fiscales y toda una serie de reivindicaciones en inmigración, medio ambiente, y en los puntos álgidos que afectan la calidad de vida.

Una cosa es cierta: la política ha perdido legitimidad. El sistema bipartidista de alternabilidad en el poder ha sufrido el embate de un reclamo representado por una variante independiente de organización ciudadana. No prejuzgamos el futuro de este movimiento como alternativa de poder, uno que por lo demás no se plantean, ni tampoco las acusaciones de manipulación –siempre en estos casos se intentan- ni las acusaciones de ser de izquierda o de derecha. Lo obtenido es que gruesos sectores de la población española probaron las mieles de la movilización y tomaron conciencia de algo que he repetido indispensable para la renovación del mundo: que los ciudadanos tienen el poder y deben ejercerlo.

No tiene sentido hablar del resultado de las elecciones que sucedieron a la sacudida, más bien de la reacción del 19-J que muestra como poco probable un abandono por efecto de resultados en las urnas o por la práctica de la alternabilidad. En este punto es necesario precisar que el movimiento no tenía como objetivo derrocar a un gobierno. El propósito, surgido al calor del momento, y más que propósito logro, fue ver a la gente sentada en círculos discutiendo sobre todos los temas y el más alto de todos por supuesto que la gente estuviera ocupando los espacios públicos para ello. Si alguna palabra deberíamos utilizar es repolitización de la sociedad española y eso se traduce como un despertar, como una ruptura con la costumbre de dejar que los políticos decidan y actúen en nuestro nombre.

Nadie puede esperar que un movimiento de este tipo se aparezca cargado de programas y con una definición certera del futuro. Podrán hacerlo o no, o simplemente cargarse de tal cúmulo de planteamientos que entre todos se hagan irrisorios. Ante esos señalamientos han llovido las respuestas. Me detengo en una, la reacción de “Democracia Real Ya”, uno de los principales grupos del movimiento, frente al llamado “Pacto del Euro 1” firmado el 11 de marzo y posteriormente ampliado como “Pacto del Euro Plus 2” y firmado por 17 gobiernos de la Eurozona y otros seis países. La crisis obligaba a la toma de medidas sobre temas como rescates y multas, las que fueron supeditadas por la UE al Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), al Banco Central Europeo y en alguna medida al FMI. En otras palabras la UE procuraba combatir por esta vía los déficits excesivos y aplicar recortes a los gastos sociales con la consecuencial reducción del consumo, recortes salariales e incremento del desempleo. Así mismo, se determina la creación de un mercado financiero común que se estima no favorece los intereses del ciudadano y sí de las grandes corporaciones bancarias. La respuesta de DMY alega que las condiciones financieras y fiscales fueron usurpadas a la soberanía de los pueblos, estableciendo, a mi entender, una contradicción falsa entre las decisiones supranacionales y el poder ciudadano.

Parece no entender esta parte de los ‘indignados” que ya es imposible la resolución de los problemas en el ámbito nacional, que los Estados-nación son impotentes ante la magnitud de las crisis. He insistido en que el mundo marcha hacia una transferencia del antiguo concepto de soberanía hacia los órganos surgidos de los diferentes procesos de integración, en el caso europeo encarnado en la UE. No se trata de discutir en este texto sobre las medidas anunciadas y su real efecto, se trata de poner el ejemplo como uno claro de la caída del estado de bienestar y de un modelo económico e incluso político, si admitimos que las estructuras europeas son insuficientes por culpa propia, al no haber desarrollado sus instituciones hasta el límite de las exigencias de este interregno. La Constitución, por ejemplo, no podía ser votada nación por nación, debía ser votada por los europeos, aunque recordemos que en ella se obviaba todo pronunciamiento sobre una democracia renovada para seguir enfatizando en una democracia representativa.

Lo que quiero significar es que al igual que lo supranacional debe ocuparse de los grandes problemas por la superación de los límites de los Estado-nación y de sus capacidades, al mismo tiempo es menester la conformación de una sociedad civil supranacional. Por supuesto que los ciudadanos deben oír su voz e imponer criterios, pero lo que resalto como una muestra de imprecisión en DRY es contraponer la necesaria supranacionalidad de buena parte de las decisiones a la voluntad ciudadana nacional, cuando en el proceso de glocalización en marcha ambos elementos se conjugan, siempre y cuando deje de entenderse la nacionalidad como un envoltorio capaz de proteger, para pasar a otro concepto, el de nacionalidad europea, una que, en conjunto, debe tener a su alcance todas las posibilidades de ejercer predominio sobre temas de este “Pacto del Euro” tales como reforma del mercado laboral, edad de ir a pensión y todas las demás involucradas. El modelo económico fracasó, es lo que debería dejar claro el movimiento “indignado’. He allí el problema, no en falsas oposiciones.

Esta caída del modelo ha sido denominada “el colapso ralentizado de Europa”. Cierto es que el movimiento indignado ha comenzado a tener repercusión en otros países europeos, pero a veces las decisiones que los gobiernos van tomando al adentro de sus Estados-nación hacen perder la comunidad en la conjugación de programas comunes. Podemos admitir que estamos pidiendo demasiado a un movimiento de corta vida cuyas confusiones seguramente se irán disipando, pero señalarlas creo no le hace ningún daño.

Es, pues, menester, atribuirles el nacimiento de una conciencia de participación cívica, hasta tal punto reconocible que podemos asegurar que ha aparecido un nuevo actor histórico. Allí ha quedado palpable un cuestionamiento a la legitimidad de las élites políticas, mediáticas y económicas, una denuncia que de por sí transforma la realidad denunciada. El cómo desempeñará este rol está por verse, pero allí se ha asomado una posibilidad de democracia del siglo XXI, ante una democracia enraizada en los siglos XIX y XX. Las angustias por las formas y los procedimientos pueden parecer razonables, pero serán creados a medida de los avances de la teoría política que no tiene nada de estanque inamovible.

Tal como lo he dicho en innumerables ocasiones la crisis de representatividad ha hecho eclosión, ya no da para regular los conflictos sociales. Los viejos procedimientos, en especial los que se practican en la política de cada día y en las instituciones llamadas representativas, están agotados. Nadie venga a invocar formalidades a un movimiento naciente, a asegurar de nuevo que la única posible es una democracia formal, muchos menos en momentos en que la tecnología ha puesto a disposición de los ciudadanos un inmenso poder que puede convertirse en práctica de la nueva democracia más allá de servir para las grandes convocatorias. Sea el sostenido uso tecnológico o las formas que la imaginación humana consiga en el camino, lo cierto es que la vieja democracia ya no da para más y el nuevo pacto social deberá permitir a los ciudadanos sentirse como lo que son, los dueños del poder. Ello pasa por varios planteamientos que he repetido de manera insistente, como reducir de nuevo la economía al control de la política, mediante la reducción de los indicadores macroeconómicos a un nivel inferior al de una economía fijada en el desarrollo sustentable de lo humano. La glocalización es el marco donde se construirán las novedades políticas, sociales y económicas. De ello debe estar absolutamente consciente la juventud europea.