martes, 15 de marzo de 2011

La protección ambiental como instrumento de desarrollo sustentable: lo propongo





Teódulo López Meléndez

1. Movimiento social de concientización 2. Concepción inseparable de la diversidad humana 3. Fomento de empleos “verdes” 4. Revisión general de toda la legislación ambiental 5. Incorporación de la conservación ambiental al concepto de desarrollo sustentable 6. Conformación de la Oficina de Impacto Ambiental 7. Humanización de las ciudades. 8. Fortalecimiento de la investigación científica y tecnológica 9.Deducciones impositivas

Las cumbres sobre la salud del planeta giran en torno al calentamiento global y a las responsabilidades de los Estados. Se especula sobre los resultados, generalmente magros, y se aplazan las decisiones hasta la próxima cumbre.

Más allá de ellas es necesario que cada país genere un movimiento social destinado a proteger los recursos naturales y a adaptarse al cambio climático. Lo hemos vivido en Venezuela con las lluvias repentinas y hasta con el cambio de la temperatura.

Ese proceso de concientización debe abarcar muchas cosas, desde la electricidad y el agua potable hasta la violencia contra las mujeres. Lo que quiero significar es que el primer programa en materia ambiental es el de la concientización, uno que excede a los parámetros donde se le ha pretendido restringir para llegar hasta el uso del agua y de su ahorro, de la conciencia de los químicos contaminantes, del uso del transporte masivo en sustitución del auto privado, hasta el aprendizaje en la clasificación de desperdicios y del reciclaje.

Las agresiones contra el medio ambiente, la conservación de los espacios naturales y todos los elementos vinculados a este tema ya no son desconocidos por la generalidad de los ciudadanos. Las advertencias del ecologismo han logrado que la información llegue a ellos, pero ha faltado la instrumentación legal y técnica para la práctica de una política racional en la materia. Es más, ha faltado la conciencia de que la cuestión ecológica puede convertirse en una centralidad estratégica de fuerzas de emancipación social. Por una razón muy sencilla: exagerada o no, catastrofista o no, la denuncia ecológica ha mostrado, por ejemplo, la ruptura de una concepción lineal de la historia, del mito del progreso en ascenso indetenible y de la concepción del hombre como un individuo abstracto.

Ahora los programas de los partidos suelen incluir propuestas ecológicas, generalmente como una vulgar adaptación a la moda. Es precisamente esto lo que ha llevado a la aparición de los partidos “verdes” ya con fuerza política propia en varios países europeos, más el agregado de la insurgencia en Colombia que llegó hasta disputar la presidencia de la república. Los movimientos “verdes” plantean así cambios económicos-políticos para salvar al planeta, pero más allá de la constitución o no de partidos, más allá de que algunos políticos tradicionales asuman el nombre para buscar una salida a la opresión y exclusión a la que los someten los partidos tradicionales, es menester platearse en serio entre nosotros un programa de preservación del ambiente.

Hay que admitir que una política ecologista debe concebirse en un marco económico y en una concepción de la diversidad biológica inseparable de la diversidad humana. Es menester ubicar esta lucha en la concepción que se tiene del país y en la organización socio-política-cultural que se pretende para él. Concepciones como una economía que favorezca los empleos “verdes” y una apuesta decidida por las energías renovables, son indispensables, por lo que necesariamente hay que abordar el tema de la contaminación de nuestras ciudades y de una política destinada a su humanización.

El problema es de alta complejidad y debe incluir también la contaminación tanto en el agua como en el suelo como en el aire, la pérdida de capa fértil, la extinción de especies, la deforestación, la desertización, y las específicamente relacionadas con la salud humana, como olores, enfermedades crónicas, incapacidad laboral, y por supuesto las relacionadas con el mundo animal.

En Venezuela encontramos pocos textos legales sobre la materia, entre los cuales dos decretos presidenciales de 1990. El primero destinado a proteger lo que queda de las reservas forestales, autorizando el desalojo o reubicación de los ocupantes de tales reservas y de lotes boscosos y el del 5 de marzo del mismo año que prohíbe la realización de actividades contrarias a los fines de su creación en reservas forestales y lotes boscosos. Antes, en 1976, el decreto 1569 se prohibía el pago de indemnizaciones por desalojo de las reservas forestales. Más atrás tenemos la Ley Orgánica del Ambiente, de 1966 que establece una serie de parámetros generales en cuanto a señalar que la degradación ambiental será penada. La Ley Forestal de Suelo y Aguas y su reglamento también de 1966 destinada a la protección de los bosques. Existe la Ley Penal del Ambiente de 1992, así como la Ley para la Ordenación del Territorio de 1983.

El Ministerio del Ambiente deberá convocar a una comisión de los más reputados ambientalistas venezolanos, con participación de asesoría extranjera, para revisar, estudiar y actualizar toda nuestra legislación en la materia. Deberá conformarse la Oficina de Evaluación de Impacto Ambiental. Ya existe el decreto 1257 de 1996 sobre evaluación de actividades susceptibles de degradar el ambiente y se cubren actividades como minería, hidrocarburos, agroindustrias, camaroneras, disposición de desechos y otros, pero nos parece que no tiene la organización que proponemos. En medio de una burocracia lenta y pesada que se convierte en obstáculo al desarrollo de cualquier proyecto con permisología la más de las veces absurdas es menester no agregar otra, sino una expedita y clara. Además, agreguemos deducciones impositivas a inversiones destinadas a la protección del medio ambiente o que las incluyan.

Hay que incorporar las medidas de conservación ambiental al concepto de desarrollo sustentable, es decir, uno centrado sobre el hombre y no meramente sobre el crecimiento económico, uno sobre la erradicación de la pobreza y la obtención de la satisfacción de las necesidades básicas. Nos encontramos de nuevo con la educación, no sólo mediante intensivas campañas de concientización, sino también mediante el fortalecimiento de la investigación científica y tecnológica en materias ambientales.

Humanización de las ciudades

Hay que incluir la deshumanización de las ciudades dentro del tema ecológico porque llega hasta la concepción de la salud y al malestar social. Nuestras ciudades están fragmentadas, contaminadas y agresivas, unas donde se pasan horas para llegar al trabajo y devolverse a casa.

Hay barreras físicas, simbólicas y psicológicas, desniveles socio-económicos. La educación reaparece como búsqueda de armonía, de tolerancia, de justicia social y de solidaridad. Hay que recurrir a la práctica de la ciudad como entidad educadora en lucha compartida entre organismos nacionales y locales en la difusión de valores y de ideas para el cuidado de los espacios comunes, el respeto, el comportamiento de los conductores, la lucha contra las drogas y la conservación. He dicho anteriormente que los más pobres contaminan más porque no tienen como evitarlo y para su sobrevivencia deben afectar en manera creciente bienes primordiales.

La ciudad debe ser considerada como un ecosistema. Los aspectos culturales son un prerrequisito para enfrentar la tarea de humanización. El retardo injustificado e intencional de la elección de concejales es entre nosotros una muestra de perversión contra el Municipio en aras de un proyecto de reorganización territorial inaplicable. Hasta el Parque del Este, el maravilloso pulmón de Caracas, ha sido intervenido por causas políticas, como lo es la eliminación de una de las carabelas de Colón para sustituirlo por un proyecto que terminó en un inmenso hueco que ahora rellenan porque existen “otras prioridades”. Hay que unificar, sin olvidar variantes, las ordenanzas de protección ambiental y crear un Tribunal de Faltas Ambientales.

Enfrentar la situación de las zonas de “ranchos” será uno de los asuntos más complejos, pero la experiencia existente en otras naciones del mundo bien puede colocarnos en el camino correcto. Si partimos de la ciudad como eco-sistema la enfrentaremos, como todo lo de la ciudad en general, esto es, mirando los recursos vivificantes, la estructura física y la estructura social, la participación comunitaria.

Hay serios problemas de urbanismo. Nuestras ciudades han crecido anárquicamente, no se han construido vías internas en muchos años y capaces de absorber el pesado tráfico, pero tampoco se ha establecido un sistema de transporte colectivo que incentive al abandono diario del uso del automóvil particular. Los urbanistas tendrán que trabajar duro y las inversiones milmillonarias deberán llegar. Se dice fácil, pero la tarea de humanizar nuestras asfixiantes ciudades constituye un reto de inmensas proporciones, uno que incluye reformas urbanas, vialidad, pero también educación y cultura. El rompimiento de las barreras, el encuentro en los espacios adecuados para el compartir, el acceso a los medios comunes de desahogo y lo que algunos urbanistas han llamado “el espacio para la vida entre edificios” requerirá del mayor esfuerzo.

Es así, como expresamos algunas ideas sobre el ambiente. Como siempre, el político tiene ideas de lo que sueña ver realizado. Las materializarán los equipos de gobierno aptos y capaces. Lo propongo.

teodulolopezmm@yahoo.com

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