miércoles, 20 de octubre de 2010

Se solicita condominio





Teódulo López Meléndez

Este planeta que habitamos no será eterno. Está demostrado que la estrella que llamamos Sol se extinguirá arrastrando en su desaparición a los planetas que la orbitan. Faltan miles de millones de años para que ello suceda, pero una conclusión es irrefutable: si el género humano pretende sobrevivir deberá establecerse en otra parte.

Stephen Hawking no cree que falte tanto tiempo para esta mudanza obligatoria. Según él tenemos alrededor de mil años para colonizar otros planetas, no sin obviar que una supernova, un agujero negro o un asteroide nos destruyan antes, si no es que el propio hombre por una acción guerrera o por su instinto egoísta de consumación de los recursos logre el objetivo en 200 años.

No hay duda que el único futuro posible del hombre está en el espacio exterior. Y vamos hacia él inclusive por un instinto natural, porque está allí y si está allí debemos conocerlo, descubrirlo, explorarlo. En la incalificable jugada, boutade, anticipo o aproximación a la verdad The Sunday Times lo puso hace algunas semanas sobre el tapete al asegurar que la astrofísica malaya Mazlan Othman había sido nombrada Embajadora de Naciones Unidas para el Espacio. Ella, en realidad, es directora de la oficina de la ONU para el espacio exterior (Unoosa, por sus siglas en inglés). El diario británico le atribuía a la supuesta nueva funcionaria la tarea de coordinar la respuesta de la humanidad al momento de producirse el contacto con una raza alienígena. La versión fue inmediatamente desmentida tanto por el organismo internacional como por la propia doctora Othman, pero sigue siendo una verdad no demostrada que no estamos solos en el inmenso universo o en los otros universos que la ciencia constata existen. Ese contacto se producirá tarde o temprano, aunque Hawcking lo considere peligroso y asegure debemos evitarlo. Al fin y al cabo los astrónomos de todo el mundo se afanan por conseguir señales inteligentes provenientes del espacio y la propia NASA ha enviado por esos predios espaciales “Across the Universe” de los Beatles.

Está más que justificada, entonces, la inversión en los descubrimientos espaciales. Buscar un planeta fuera de nuestro propio sistema solar no es una actividad vieja y son relativamente pocos los años en que comenzamos a descubrirlos. Si bien Marte podría servirnos como alojo largo y los planes para construirle una atmósfera están claros, nunca olvidamos que debemos salir de nuestro sistema planetario. Muchos planetas han sido descubiertos, pero por vez primera hemos encontrado uno cuyas características de temperatura y composición indican que tiene todos los requisitos para albergar agua y vida. Gira alrededor de una estrella roja, una de las cien más cercanas a nuestro sistema solar. Tiene una temperatura similar a la terrestre y, como decíamos, está cerca en términos galácticos: 193 billones de kilómetros. Algunos científicos aseguran su certeza absolutamente en cien por cien que allí existe vida. Un astrónomo sin sueño, creo que australiano, hace un par de año aprovecho una noche clara para observar el universo y recibió una señal de luz que identificó como proveniente de un rayo láser. Al producirse el descubrimiento del planeta que relatamos declaró que era de allí que provenía la señal captada y un rayo láser es señal de inteligencia desarrollada. Lo sabremos con precisión cuando la NASA lance en 2015 el satélite Darwin, de manera que no estamos nada lejos de saber si conseguimos otra vida inteligente o si el planeta copia del nuestro está allí esperándonos como la posible casa nueva.

Quizás fue el marketing o una publicidad bien calculada lo que llevó al escándalo con el último libro de Stephen Hawking, The grand design. En verdad no hay un pronunciamiento sobre la fe o la teología pero sí una tajante afirmación de que la filosofía ha muerto y la conclusión de que para explicar la génesis del cosmos no es necesaria la hipótesis de Dios, lo cual no es ninguna novedad en la historia de la cosmología. Dejando de lado lo que llamaremos el escándalo publicitario hay cosas más interesantes de que ocuparse en ese texto, como la idea de universos múltiples. Se denomina la teoría M o teoría de todas las cosas según la cual el universo en que está nuestro planeta no es más que una parte de una serie infinita de universos o multiversos. Recordemos que unificar la teoría de la relatividad de Einstein –la gravedad- con la mecánica cuántica –las fuerzas que rigen los átomos- es una de las tareas más álgidas que ha enfrentado la ciencia. Sobre los años 70 se planteó la llamada teoría de las cuerdas que describía la existencia de siete dimensiones que agregar a las tres ya conocidas, pero llegó a tener demasiadas versiones y fue apartada. De allí la teoría M, considerada una red de teorías, o una familia de teorías interconectadas, cada una de las cuales describe su propia versión de la realidad. Para ello está la teoría de la inflación cósmica, esto es, el mismo proceso que dio origen a nuestro universo puede haber ocurrido muchas veces lo que conlleva a la existencia de muchos universos. En esa multiplicidad de universos es obvio que existirían muchos planetas como el nuestro y tal vez una raza humana como la nuestra, con el problema de que nunca lo sabríamos porque se expanden a tal velocidad que nunca veríamos su luz. O tal vez el Big Bang fue el estallido de un universo previo.

Los secretos siguen guardados, pero los grandes telescopios otean ya miles de galaxias y el acelerador de partículas reproduce condiciones. Hawking utiliza una metáfora: los seres humanos somos como peces en una pecera redonda viendo una realidad distorsionada que otros seres fuera verían de manera diferente.

La prisa comienza a manifestarse. La propuesta ha llegado suave y sin mucho ruido. En Journal of Cosmology, Dirk Schulze-Makuch, de la Universidad de Washington y Paul David, físico y cosmólogo de la Universidad Estatal de Arizona, advierten que la hora ha llegado y debemos enviar cosmonautas a Marte sin boleto de regreso. El propósito sería establecer una inicial colonia en el planeta rojo. Alegan que la humanidad está ya en condiciones de poner al hombre allí, pero los problemas están en el costo de traerlos de vuelta.

Proponen enviar dos naves con dos tripulantes cada una, tripulantes que jamás regresarían. Previamente se habrían enviado materiales, herramientas, vehículos y provisiones llevados por misiones no tripuladas. Su misión, construir un campamento base para acoger a futuros nuevos colonos.

Los argumentos de fondo son los que hemos mencionado, la vulnerabilidad del planeta que habitamos, uno que puede ser víctima de cualquier acontecimiento cósmico como el impacto de asteroides y cometas o la explosión de supernovas. Lo que proponen, en pocas palabras, es que la preservación de la raza humana debe comenzar de inmediato.
Cuando uno se pregunta sobre voluntarios para esta misión sin regreso, para esta primera colonización del espacio exterior, para el inicio de esta aventura humana que puede preservarla, se consigue con una sorpresa: la NASA dispone de una lista de voluntarios que llenan todos los requisitos. Y los requisitos son: haber superado la edad reproductiva, tener esperanzas de vida por debajo de los 20 años, que al menos uno sea un físico experimentado y que se tengan amplios conocimientos científicos y técnicos y un fuerte compromiso con la investigación.

Deberán enriquecer el terreno para hacerlo apto para el cultivo, construir los refugios para los nuevos colonos y construir su propia bioesfera .En diez años la primera colonia podría llegar hasta 150 miembros y entonces se planearía el nacimiento de los primeros marcianos.

Tendríamos así nuestra primera nueva casa, pero saldríamos a buscar otras. Algún día la raza humana recordará su origen terráqueo como un emigrante de varias generaciones recuerda la proveniencia de los abuelos. Aunque no seamos los únicos seres inteligentes –lo que seguramente no somos- debemos intentar nuestra preservación en casa nueva. Por ahora está Gliese 581g, a la espera de develarnos si ese condominio está libre u ocupado.

A pesar de todos los esfuerzos, la raza humana será difícil de extinguir.

teodulolopezm@yahoo.com
En Twitter: @teodulolopezm

jueves, 14 de octubre de 2010

Hikikomori




Teódulo López Meléndez

La palabra japonesa hikikomori significa aislamiento. Lo está padeciendo uno de cada diez jóvenes japoneses. Se encierran en su casa o incluso en sus propios dormitorios durante largos períodos, duermen de día y en la noche se refugian en la televisión o en el computador. Algunos dicen que viven de la imaginación. Los psiquiatras hablan de enfermedad social. Otros se refieren al asunto como consecuencia del crecimiento de la economía japonesa en la segunda mitad del siglo XX. Los interesados en los problemas culturales ven a los hikikomori como una consecuencia de las mentiras incrustadas en los valores históricos de la sociedad japonesa que celebran la soledad. Los psiquiatras vuelven a la carga y hablan del papel asignado a la madre que debe cuidar a estos chicos hasta que entran en la madurez.

A veces se ponen violentos. Son, tal vez, el extremo de la pasión por la cultura digital y un rechazo extremo a la vida de competencia. En cualquier caso crean un espacio ficticio, uno donde paran el tiempo y limitan a extremos al espacio. Es lo que Star Trek se llamaba holosección. La psiquiatría aún no habla de síndrome, pero la verdad es que implica ya la desaparición del acontecer cotidiano de un millón de jóvenes japoneses.

Cuando los escritores nos aislamos para cumplir nuestra tarea o cuando los mayores ya consideran haber visto lo suficiente podemos parecernos a una conducta que fue llamada “síndrome de Diógenes”. Sin embargo, este abandono de los hikikomori en la abulia y el hastío no proviene de ninguna causa relacionada con dolencia física y aparentemente ninguna psíquica que pueda ser descrita dentro de los manuales conocidos. Tal vez pudiéramos llamarla una nueva enfermedad del siglo. Por lo demás, quien encarna a la perfección el síndrome atribuido a Diógenes de Sinepe es el matemático ruso Grigori "Grisha" Yákovlevich Perelmán, considerado el más grande de entre todos los matemáticos vivos, quien resolvió la famosa conjetura de Poincaré, propuesta en 1904 y considerada uno de los problemas abiertos más importantes y difíciles en matemáticas. Rechaza premios, vive con su madre, sale apenas a comprar comida y viste casi con harapos.

Pero mostrada la excepcionalidad del gran matemático de los suburbios de San Petersburgo es menester hacer notar que el fenómeno hikikomori tal vez no sea una particularidad de la sociedad japonesa. En el Reino Unido se habla ya de “hikikomori social”, denominado NEET en sus siglas en inglés (Not currently engaged in Education, Employment o Training). Pueden estarse acercando a una cifra millonaria y no quieren saber nada de contacto social o competitividad económica o laboral. Mi contacto con adolescentes me indica una norma: duermen hasta muy tarde, prefieren la noche, son pesados en sus reacciones, no manifiestan interés por el mundo circundante.

Mientras más se le estudia más se encuentra un rechazo pasivo-agresivo a una sociedad que consideran injusta, paradójica y absurda. La cultura es un producto de la conciencia humana, un producto de la mente del hombre. La palabra crisis se refiere a comportamientos críticos y refieren una insostenibilidad. Sobre ella se va creando una nueva subjetividad colectiva y una nueva apropiación simbólica. Jamás se puede plantear como la reconquista de una unidad perdida. Tal vez con Habermas podríamos hablar de un actuar dramatúrgico. La anulación de la visibilidad implica una disolución de la identidad. Es evidente que el mundo requiere una reconstrucción de identidad, lo que pasa por la elaboración de una nueva versión de la realidad y de la vida.

Cultura ya no es un complejo de conocimientos. Es el vocabulario con el cual leemos el texto. El conjunto de símbolos heredados está conllevando a una ruptura de conocimiento de la vida y de las actitudes hacia ella. Los códigos internos de sistemas de significación no están reconociendo la realidad social y menos formas de interpretación, a no ser este paroxismo aislacionista en que una parte de la juventud se está refugiando. El distanciamiento implica un abandono del hecho histórico y la intuición se usa para rechazar lo que se considera “hechos sin sentido”. Se abandonan las convenciones y se asume una especie de arte figurativo virtual. Para los hikikomori no hay posibilidad de transformación de los hechos sociales en relato. Es tan deleznable la historia que transcurre –piensan- que la poesía se oculta imposibilitada de ser una vía a la reconstitución del ser.

La forma para ellos no proviene de la vida y las reglas de construcción se limitan a crear un efecto de realidad. Los límites entre realidad real y realidad virtual han llegado a disolverse. Los jóvenes hikikomori son incapaces de producir una sintaxis. El discurso pasa a ser la ausencia de discurso. La referencia a lo real es un efecto de realidad. Este desdibujamiento conduce a una representación atemporal. Marginarse pasa a ser la forma argumentativa predilecta. La renuncia a la exposición procura la ruptura de la continuidad narrativa. Lo que los hikikomori buscan de manera inconsciente tal vez sea esta ruptura y sustitución por una especie de ilusionismo. Sin embargo, la conexión es demasiado tenue y se pierde la degradación de la herencia cultural y de la realidad que se rechaza. No se poseen los códigos y sus claves de acceso, el aislamiento pretende constituirse en símbolo sustitutivo. Al fin y al cabo desde el poder se les ofrece un teatro y desde la oposición al poder otro similar. Los hikikomori resisten una hegemonía cultural y en el fondo se aproximan como nunca al nihilismo. Tal vez eso sean, unos nihilistas categorizados en una nueva versión del nihilismo generalizado del hombre contemporáneo que apenas comienza a vislumbrar las transformaciones hacia un nuevo mundo. Ciertamente la transición es exigente.

teodulolopezm@yahoo.com
En Twitter: @teodulolopezm

jueves, 7 de octubre de 2010

Said, el intelectual de la piedra contra el tanque





Teódulo López Meléndez

El 25 de septiembre de 2003 moría el gran intelectual palestino Edward Said, luego de haber luchado por largo tiempo contra la leucemia. No lo habíamos olvidado, sólo que el día 26 se produjeron elecciones legislativas en Venezuela.

Said, el de la dura palabra contra lo que él llamaba prejuicios euro-céntricos contra los pueblos árabes-islámicos y su cultura. El fundador de la orquesta Diván Este-Oeste con Daniel Beremboim y de quien el gran músico israelí-palestino dijo que en realidad el oriundo de Jerusalén era un músico. El Premio Príncipe de Asturias 2002. El columnista de importantes diarios del mundo y el que resumió un rol de manera terminante: “Un intelectual es el autor de un lenguaje que se esfuerza por decirle la verdad al poder”.

Orientalismo es seguramente su libro más famoso. Al fin y al cabo fue traducido a más de treinta idiomas. Imágines estereotipadas de Oriente y occidente construidas sobre el imaginario occidental etnocentrista, el manejo de cultura e imperialismo como clichés ideológicos, el poder colonialista para impedir que surjan otros relatos, el análisis de los movimientos de resistencia, la mirada sobre los estereotipos culturales racistas, el implacable análisis sobre la administración Bush. Por allí andaba y anda este libro.

Said, quien rompe con Arafat por los llamados Acuerdos de Oslo, el que mira la derrota del pueblo palestino, el que se ata al tumulto de la historia contemporánea, el que queda marcado por la trágica guerra civil del Líbano, el que asiste a la segunda intifada. El profesor de Columbia cumple su rol, de intelectual mientras imparte clases a sus alumnos. Se desgarra frente a la destrucción de las bibliotecas y museos de Irak, tragedia magistralmente narrada por el venezolano Fernando Báez.

El intelectual Said se pregunta desde la invasión de Napoleón a Egipto finales del siglo XVIII y sobre este constructor semimítico del hoy que olvida la variedad de pueblos, lenguajes, culturas, relegados a un banco de arena. Es implacable el hijo de Jerusalén. Y se alza la mirada estereotipada sobre el demonio extranjero. Y se proclama humanista y cuando se le dice como puede estar tan cerca de Foucault, de pensamientos estructuralistas y postestructuralistas, alega que para ser humanista hay que ser un crítico feroz del humanismo. En algún momento escribí que el antihumanismo de muchos los hacía cada vez más humanistas. Said lo entendía como un modo de romper los grilletes y usar el pensamiento histórica y sabiamente para un entendimiento reflexivo, más un sentido de comunidad con otros intérpretes.

Dedicó su tiempo y esfuerzos a la defensa de los derechos del pueblo palestino sin olvidar jamás los sufrimientos a que fue sometido el pueblo judío y abogó por una coexistencia pacífica que lo llevó a plantear la tesis de un Estado dos naciones. El profesor hablaba en Columbia de Giambattista Vico, filósofo y filólogo napolitano cuyas ideas anticiparon a pensadores alemanes como Herder y Wolf, y después a Goethe, Humboldt, Dilthey, Nietzsche, Gadamer, y finalmente a los grandes filólogos del siglo XX, como Erich Auerbach, Leo Spitzer y Ernst Robert Curtius. Resaltaba el interés de Goethe por el Islán y de sus ideas de todas las literaturas del mundo como si fueran un todo sinfónico que pudiera aprehenderse teóricamente preservando la individualidad de cada trabajo sin perder la visión del todo. Se alza la voz de
Said contra la estandarización de las ideas.Critica a los gobiernos árabes incapaces que reprimen a su propia población y a la falta de entendimiento de lo que es Estados Unidos como sociedad. En lugar de choque o enfrentamientos aboga por la reunión de las culturas. Llama a leer en todas las formas posibles del mundo. Su interpretación del fatídico ataque contra las torres gemelas como originada en la guerra y el uso del sentimiento islámico contra el comunismo, como lo podemos constatar en la guerra afgana contra la invasión soviética, más el fracaso político de algunos países musulmanes, lo que conllevó a la idea de la religión como una repuesta a los problemas modernos, le valieron suficientes críticas.

Su condena al terrorismo palestino fue clara y contundente. Una de sus frases alegaba que había que hacer entender a los israelíes el daño que hacía a su pueblo sólo con palabras. Le molestaba de manera suprema que el debate sobre el Islam se pareciese a una controversia teológica cuando debía ser política e intelectual. Orientalismo y cultura e imperialismo es otro de sus libros imprescindibles. La soledad del intelectual aparece en toda su dramática magnitud, aunque alega que es preferible este destino a dejar gregariamente que las cosas sigan su curso habitual. Sus memorias tituladas Fuera de lugar lo atestiguan. El ataque israelí contra Cisjordania en 1967 lo mete de cabeza en la política, pero también aparece The question of Palestina. Toma de posiciones, escritos políticos, crítica literaria-cultural. El intelectual Said escribe, reflexiona y actúa. Repite su oposición a todo movimiento, sociedad o estado teocrático o religioso llámese cristiano, sionista o islámico. Y vuelve: el papel del intelectual es elevar la libertad y el conocimiento. Lo describe en Representations of the Intellectual. Y es siempre contra las autoridades que deben ser responsables ante los ciudadanos. Caricaturizado, acusado de resentimiento filosófico, señalado como envidioso y lleno de desaliento, Edward Said cumplió su papel en este mundo, el muy desgraciado de ser un intelectual lúcido. Cuando murió hasta sus más acérrimos críticos debieron expresar su pesar, porque había muerto una voz inigualable del pueblo palestino. Tal vez sea un desconocimiento de su metodología, la de la trilogía que concluye con Cubriendo el Islam.

Para este breve recuerdo hemos utilizado la imagen del brillante intelectual que desesperado al ver como se destruye el sembradío de un palestino toma una piedra y la lanza contra un tanque. Quizás en esa imagen del hombre que alegaba sólo debía recurrirse a las palabras quede de manifiesto la impotencia del intelectual.

teodulolopezm@yahoo.com

En twitter: teodulolopezm