sábado, 26 de abril de 2008

Logogrifo: los enigmas del lenguaje poético
por Rafael Rattia



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Dentro del amplio panorama de la poesía venezolana del siglo XX, quién no conoce al magnífico escritor barquisimetano Teódulo López Meléndez (1945). Este escritor e intelectual venezolano posee ya, a estas alturas de nuestro devenir literario, una veintena de libros publicados donde están consignados todos los géneros literarios posibles: desde el ensayo político y literario, pasando por la novela y la traducción hasta el cultivo de la más difícil de todas las formas de escritura que se conocen hasta el presente: la poesía. Recuerdo vivamente cuando me desempeñaba como corrector de pruebas en el Consejo de Publicaciones de la ilustre Universidad de Los Andes; entonces me correspondió "corregir" las pruebas manuscritas de la extraordinaria novela de López Meléndez titulada Selinunte. Al leer ese portento narrativo advertí que estaba ante una poco común sensibilidad finisecular, ante un escritor de esos que no abundan mucho en nuestro país, por su sorprendente dominio del lenguaje literario. Aún resuenan nítidas frases poéticas de esa novela en mi memoria. Ello es motivo de agradecimiento, pues tengo para mí que es buen escritor aquel que marca indeleblemente la cultura del lector para siempre aunque sea con una sola metáfora.
Ahora que tengo en mis manos esa especie de pentacordio lírico que es Logogrifo, editado por la prestigiosa Colección Ateneo de los Teques, signado con el número 37 de la Colección, 1999, puedo corroborar la firme impresión cualitativa que dejó también en mí la grata lectura de otro libro imprescindible del autor; me refiero a Mesticia.
Cinco breves cuadernillos conforman este nuevo poemario de Teódulo López Meléndez, cada uno titulado curiosamente con orgullosas palabras latinas: Unicum, Primiciales, De, Hominal, Ascesis. Cincuenta estremecedores poemas de una extrema economía verbal son suficientes para entrar a un universo de resonancias plurales y de memoriosas imágenes tributarias de la más acendrada tradición alquimista. Es que la materia verbal con que el poeta edifica su canto paradójicamente incomprensible pero hondamente sensible es la misma que usaron los constructores de una singular sabiduría filosófico-literaria que hinca sus raíces en la antigüedad grecolatina y que alcanza su esplendor en la alta Edad Media de la Europa Central.
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En verdad, pudiera parecer desconcertante el lenguaje que utiliza este poeta para elaborar sus textos nada fáciles de entender. Solamente un escritor con una vasta cultura lexicográfica fraguada en el rigor de la más abstrusa traducción plurilingüe es capaz de darnos a leer a los lectores unos textos exigentes por su densidad semántica y su esplendente belleza estética. Terribles palabras rielan las composiciones poéticas de este libro. Por ejemplo, el escritor nos habla de "las arañas de la ruina con el azufre de mi fluido...". Una racionalidad otra, más subjetivizada, sembrada en un hondo idealismo es lo que nos propone este poeta con este libro extraño. Por más que me esfuerzo en buscarle filiaciones literarias a estos versos de López Meléndez no encuentro la gramínea a la cual adscribir esta parca y lapidaria elaboración verbal. Nada logocéntrica es esta poética que postula nuestro escritor; al contrario, toda descentrada, a-céntrica podría definirse sin arriesgar nada que la pueda exponer a ningún tipo de excentricidad.
El poeta nos convence de su magisterio empalabrante cuando expresa su dominio de singular dialéctica de la expresividad. Con palabras antitéticas el poeta construye versos de vertiginosa y sugerente belleza literaria:
Sobre el muro escalo hacia el fondo
subida frenética
al abismo
(Dentro, pág 19)
El escritor verbaliza la idea a partir unidades mínimas de sentido, que aparentemente se excluyen o rechazan en su intención primera y primaria, pero logra un discreto prodigio sólo posible a través de la palabra poética en posesión absoluta de un ser inteligente y audaz, pues se requiere ser extremadamente audaz para decir tanto con tan precaria materia verbal. Únicamente un escritor poseedor de los secretos inauditos de nuestra lengua materna puede entregar a sus lectores una magia de tal calibre. Logogrifo es eso: un libro para lectores despiertos; su lectura debe hacerse desde una perspectiva metalingüística, previa liberación de las esclusas de la imaginería del lector que tenga oportunidad de ser tocado por las iridiscencias de la palabra impoluta de López Meléndez. Que no es poco decir.

*Rafael Rattia, poeta, ensayista y columnista de prensa venezolano

martes, 22 de abril de 2008

La palabra en los ilímites o la poética de Teódulo López Meléndez
Francisco Javier Cubero*
(Texto leído en la presentación de Fin de la Comedia en Barcelona, España, el 30 de marzo de 2007).

He de empezar recordando el verde frescor del césped de un jardín, la cámara avanza ampliando la imagen con mirada casi microscópica, se acerca a las húmedas briznas de hierba, aparece la tierra entreverada, los insectos son hormigas sobre el color herido de la carne, sobre una oreja humana cercenada. Esta imagen pertenece a Blue Velvet , aquel inquietante engendro de David Lynch. Y oigo la voz de Jeffrey cuando dice: «este es un mundo muy extraño»; y una banda sonora que se adhiere a las paredes del cerebro.

En alguna ocasión he pensado que la poesía es como esa oreja seccionada que perfora la realidad y suspende el orden establecido, pero no es momento para las definiciones sino para la celebración por la presencia en Barcelona de Teódulo López Meléndez, poeta venezolano, que ha venido acompañado, felizmente, por Eva Feld.

Gracias a la indiscreta presencia de la imagen en Internet nuestra “cita a ciegas” no requirió un clavel en la solapa ni un ejemplar de prensa bajo el brazo. Ese prólogo a nuestra primera conversación cara a cara sucedió el martes día 27 de este mismo mes de marzo. Quiere esto decir que mi lectura de sus poemas no ha podido reposar y que cuanto diga a continuación será por fuerza insuficiente, pero quisiera mantener la intensidad del aroma de un gratísimo encuentro y de un descubrimiento tan tardío como importante.

He leído Fin de la comedia, no sin antes leer su antecedente Viaje en la comedia, los he acabado leyendo en voz alta, porque el verbo de Teódulo acaba exigiendo una pronunciación elevada, un sonido rotundo.

Así que aquí me tenéis, recordando a Jeffrey y aquella oreja que acabaría dentro de una pequeña bolsa de papel, «este es un mundo muy extraño». Y no es porque aquí se haya cometido ningún crimen, todo lo contrario, sino porque nuestro poeta consigue perforar lo que aparece como real hacia el espacio de lo que con rara precisión ha denominado «ilímites».

En la contracubierta del libro se puede leer que «Fin de la comedia es un desprendimiento de las ataduras terrestres para marchar hacia los límites de un universo que ocupa el espacio de la nada. A sus bordes se asoma y, a pesar de la inutilidad de la palabra, procura con ella disolverse en la inmensidad, una donde la flotación incorpórea permite la visión de la totalidad y la integración a una fuerza universal que canta otro lenguaje, el primigenio».

Y cuando ya se han leído varios poemas del libro, uno advierte que su voz proviene de un piélago de extremos donde la oscuridad es luminosa. Sobre la tierra yerma se presiente el doble fondo en el que aguarda lo que en la superficie es sólo enigma. Viene esa voz de un viento que ha pasado entre rescoldos, herido por las brasas y es parte de un silencio tan feroz como el que habita en las frondas del hayedo. Mundo extraño de contrastes.

Pero si algo caracteriza a la modernidad es la fragmentación, la visión analógica del mundo ya está cuestionada en Goya y en Baudelaire, en Mallarmé o en Ungaretti, en Pound, en Schwitters, en Octavio Paz, en Diego Rivera, en Picasso… por ello no acaba de entenderse la obstinación de algunos en el mantenimiento de una poesía más que decimonónica, o en el conservadurismo de la llamada nueva sentimentalidad o poesía de la experiencia, que viene a situarse junto a la actitud de aquel padre que ante un cuadro de Miró se permite el lujo de exclamar: «eso también lo puede hacer mi niño», sólo porque la imagen no le devuelve la apariencia del mundo acostumbrado.

Frente a la imagen cómoda de lo tangible, la poesía de Teódulo se inserta plenamente en la modernidad fragmentada que enlaza, o es parte, de una vanguardia vigente y todavía necesaria, porque las palabras, armazón del poema, son limitadas y tienden a mantener esa ilusión de realidad que debe cuestionarse. Significado y significante, lo designado y lo que designa no son equivalentes en ningún caso, el significante es reductor y la sintaxis acaba siendo un corsé apretado que no sirve para expresar el misterio de la existencia, la dimensión de la vida, la realidad no aparente, la oreja desmembrada.
Sin embargo o a propósito, antes de este libro, Teódulo ya había escrito:
Sin palabras un poeta no es hueco en el vacío gangrena

En esa obra lúcida y poética que es Claros del bosque dice María Zambrano: «El conocimiento puro, que nace en la intimidad del ser, y que lo abre y lo trasciende, “el diálogo del alma consigo misma” que busca aún ser palabra, la palabra única, la palabra indecible, la palabra liberada del lenguaje.»
Teódulo López Meléndez avanza en su camino poético al encuentro del conocimiento puro, y sus palabras, libro a libro, muestran una tensión reductora de significantes, pero amplificadora del sentido, hacia la liberación del lenguaje. Consciente de que el encuentro no es consecuencia de la búsqueda sino de la interiorización sintética, se muestra cada vez más austero y más profundo en la sucesión de sus libros, Fin de la comedia está constituido por cinco poemarios que consolidan su obra anterior y son un bloque compacto que tiende a la esfericidad de su obra completa. Una esfericidad un tanto hermética donde la oscuridad tiene la luz del piélago sonoro.

En esa austeridad la adjetivación es parca y precisa, apenas aparecen de forma expresa los valores cromáticos, únicamente los vamos a encontrar en El silencio anterior, primer libro de Fin de la comedia: «Amarillo quede / ahora que otoño / se prolonga hasta mis labios / como las hojas desteñidos». Alguna escasa referencia al rojo, al blanco, al marrón, al azur. En el segundo libro, La edad de siempre, no hay referencias cromáticas, aunque sí aparecen matices de la luz.

El primero de los dos libros citados, producto de la contemplación desolada de la materia, del origen y la memoria, avisa del rechazo del ornato o la retórica, avanza en los objetos hacia una conclusión insobornable: «Las palabras no clarean / Son ellas la oscuridad, / la única prisión que crece».

El tercer libro, La herida más cercana, datado en 2002, recupera el color, pero tiende a la monocromía:

DESNUDO GRIS

Se difumina traza gris hasta el cansancio
la desnudez en el regreso
En los ojos ya no hay lienzo
la lengua larga los últimos vestigios de pintura
Tenue apenas bisbisea el orden

DECOLORACIÓN
Los colores se hacen uno,
citado gris a mis efectos
el asunto llamar se pierde
Significantes y significados se deslíen
en un lejano de desprendidos

No es, por tanto, la superficie del mundo objeto del interés del poeta. En las visiones de lo oscuro o de lo oculto, también se ha diluido el “yo” de sus primeros libros, su mirada pretende un viaje a los ilímites ya citados, a la disolución de lo corpóreo en un todo ascético, en un «Lugar» que cifrará, y transcribo el poema que cierra el quinto libro:

En cualquier parte sin doquier
Sólo un clima para envolver mi certidumbre:
aquél donde uno encuentra
la corrección de oriundo.

Esenciales en todos sus poemas son los silencios que implican los espacios blancos entre grupos de versos que no se corresponden con estrofas y la sintaxis experimental y rota que denuncia físicamente lo que con palabras expresa en el poema

SOBRE EL INCENDIO
Las palabras se hunden
en el sentido del lenguaje original
de los peces que asumen el bajío,
las rutas transitables e intraducibles de los signos
y los caracteres en la piel de los ejes,
la desarticulación y los ojos ciegos
penetrados por la sal de una explosión en reverso,
lo humano
en las primeras gotas que cayeron sobre el incendio

Toda la poesía de Teódulo López Meléndez se apoya en una gran riqueza léxica y semántica que exprime las posibilidades de la lengua castellana en ritmos precisos y cálidos cuyo sonido tiene la densidad de las maderas nobles pulidas con esmero. La articulación constante del oxímoron cuestiona la realidad y la trasciende allí donde lo intangible es presentido y entregado a través de la angustia vital ante el vacío.

Escritura sustantiva y verbal, sin concesiones a la retórica, que recoge no sólo las tradiciones asumidas en la lectura o aquellas que son propias del idioma, las que se adhieren sin remedio a las palabras, sino también las de una concepción trascendente de la poesía como acción vital o como salvación ante el riesgo de sucumbir a la edad de la imagen.

Aún hablando de experimentación, tiene esta poesía la virtud de lo auténtico y una rara pureza si se piensa que surge de las manos de un intelectual. No contamina el ensayista al poeta, no enturbia la razón argumentativa la esencia poética. Ni el novelista irrumpe en el poema, los mundos de Teódulo viajan paralelos, pero su poesía no es un juego intelectual ni es producto de la elucubración o el artificio estético, su viaje, y citaré el poema titulado “Equivalencia”:

Sucedió en equivalencia
de otro modo

Hace sólo tres días que tengo este libro entre las manos, ¿cuántas lecturas serían necesarias para que yo pudiera expresar lo que apenas intuyo?, la poesía requiere un tiempo y un lugar, sirvan estas notas apresuradas como una invitación a la lectura y para celebrar la verdad de una poesía con mayúsculas, la de Teódulo López Meléndez a quien vuelvo a dar la bienvenida y mi agradecimiento.

*Poeta, profesor y ensayista catalán. Dirige la revista www.eldigoras.com

lunes, 21 de abril de 2008

"Viaje en la comedia" de Teódulo López Meléndez
por Kristina Mäckelmann*

Un gran poema es un andamiaje de palabras; cada una sostiene a la otra en perfecto equilibrio. Hoy somos testigos de la perseverancia con la que Teódulo López Meléndez se ha atenido a este principio de creación. Su considerable trayectoria artística, en la que como poeta, ensayista, narrador y traductor ha demostrado una y otra vez un auténtico compromiso con el lenguaje, sin duda le confiere un rango excepcional dentro de la literatura venezolana de nuestros días. Ahora López Meléndez nos entrega una selección de textos que da cuenta de su labor poética en las últimas tres décadas. Viaje en la comedia (Caracas: Ala de Cuervo, 2000, 221 pp.) es el título de la antología que reúne trabajos provenientes de un total de cinco poemarios que López ha venido publicando desde el año 1972, además de dar a conocer dos libros inéditos, escritos en 1997 y 1999, respectivamente. Esta selección viene precedida de un notable y enjundioso ensayo de Ennio Jiménez Emán sobre la carrera poética del autor. Escribir poesía es un acto de ardua búsqueda y de ansiada liberación. La presente antología nos brinda la oportunidad de contemplar la evolución de un lenguaje propio, único e intransferible, sometido a la exigencia de encerrar en sus signos la dinámica de una experiencia vital en permanente cambio. Vemos que en la primera etapa de producción el autor recurre a un lenguaje en prosa. Alienación itinerante (1972), Los folios del engaño (1979) y Mestas (1986) son tres poemarios que, en términos generales, reflejan una apuesta del poeta por un lenguaje de largo aliento y hasta cierto punto caudaloso. En Mester (1997), en cambio, el empleo de la prosa se ajusta al estilo más reciente de López Meléndez, quien a partir de Mesticia (1996) opta por el poema breve con una expresión cada vez más condensada y compleja y en ocasiones hermética. El esfuerzo por hallar la clave de una exégesis satisfactoria en poemas como los incluidos en Logogrifo (1999) o La muralla del último farol (1999) nos remite a autores tan esenciales como es el caso de Ungaretti, Montale o Quasimodo, con quienes López Meléndez (que los ha traducido al español) comparte una serie de recursos estilísticos que en esta etapa lo convierten en un poeta "difícil". Muy poco revela una mirada que se detiene en la constatación de estructuras formales por sí mismas. El carácter de éstas sólo se hace sustancial en cuanto recoge e interioriza las sensaciones divergentes que ellas suscitan en el receptor. Así como ocurre con todo poema en particular, vemos que también cada poemario de López Meléndez posee un ritmo y un tono propios, los que marcan el acento correspondiente al carácter de la vivencia en un determinado momento creador. En un flujo ininterrumpido de visiones y sensaciones exacerbadas, Alienación itinerante se constituye en el punto de partida de su itinerario poético. Aquí el poeta emprende la búsqueda de un lenguaje eficaz que se haga cargo de traducir el dolor que experimenta en un mundo hostil y extraño, de cuyo origen y devenir el yo poético sin embargo no puede desvincularse del todo. Si su voz emerge desde la desolación, será el mismo poeta quien decidirá acallarla, convencido de su intrascendencia e inutilidad. La indagación acerca del sentido de la labor poética, la sospecha de la insuficiencia del lenguaje, la pregunta por los orígenes y el desvarío en la contingencia de un devenir infinito; éstas son algunas de las constantes temáticas en López Meléndez. En el caso de su primer poemario, ellas se abordan con pasión y desenfreno, reflejo del desgarramiento interno que se torna ira y desprecio. Contrastando este "delirio poético" con el segundo libro, Los folios del engaño, vemos que en éste la expresión se hace menos exacerbada e inmediata. El poema en prosa se fragmenta y cobra una mayor distancia reflexiva, si bien no prescinde de la elaboración de imágenes intensas que traducen violentas pulsaciones, equiparables a la experiencia vital del yo poético del primer libro. Asistimos a la construcción de un espacio con alcances cósmicos, en el que la voz imagina la construcción de un "planeta alternativo" (al que llama Zeta Ele 4), distinto al mundo anteriormente desahuciado. En ese contexto, la misión asignada al poeta consiste justamente en fundar un nuevo orden, situándose en el misterio de los orígenes del mundo y confiriéndoles un sentido original a las palabras que ahora se escurren en el intento de plasmar una experiencia de extrañeza y dolor. Descubrimos una visión ambigua de la realidad, que fluctúa siempre entre la esperanza del logro expresivo y la impotencia ante su fracaso, y en la que se prolonga la búsqueda de la trascendencia por medio de la palabra. Pese a la semejanza estructural con Los folios del engaño, en Mestas percibimos un giro significativo en el nivel de la expresión. El yo poético ahora parece recluirse en el silencio y la inmovilidad de una melancolía particular. Levemente transportado por las aguas y los vientos de un entorno natural cuyos detalles se perciben con agudeza e intensidad, la voz narradora apenas se distingue en tal devenir eterno, y sólo emerge temerosa como un susurro o suspiro para continuar extenuado en la soledad y el exilio. Con Mesticia se inicia la condensación del estilo poético que de ahora en adelante caracterizará la obra de Teódulo. La novedosa experimentación con el lenguaje explota los efectos de la concisión y del silencio del espacio en blanco, a fin de afianzarse paulatinamente como un modo para aprehender lo esencial. Alcanzado este punto, el lector se enfrenta a una enunciación poética cuyo tono revela una angustia que colinda con el desencanto. Ya no estamos ante el desgarramiento traducido con fervor, sino que hallamos un desasosiego más sombrío, apagado y paralizante. Aparece aquí un nuevo cuestionamiento sobre la identidad del yo, desde el cual el poeta presiente el poder desestructurador de su angustia, tan intensa que parece disolver toda estructura predeterminada de la realidad, y con ella al poder expresivo del lenguaje. En la segunda parte del libro hallamos una fuerte presencia de la temática amorosa. Pese a la promesa de sosiego y plenitud que el amor parece significar para el yo poético, vemos que tampoco ella se libra de ingresar a un plano de percepción ambivalente, en el que la dicha del momento corre el peligro permanente de ser desplazada por la incertidumbre. Y es justamente la intuición de una realidad antitética lo que se expresa en el poemario Mester, cuyo lenguaje recurre frecuentemente al oxímoron y da cuenta de una profunda conciencia acerca de la alteridad como algo presente pero inasible. Aquí ya no prima ninguna sensación única; la enunciación en prosa es más sobria con respecto a la desrealización que se viene efectuando. Al otro lado de la realidad que entrevemos se halla la nada, el vacío. Probablemente extraemos significados de la ilusión que ellos proyectan, sea en el amor o en la poesía. Entre certezas y aciertos que muy pronto se desvanecen, el poeta se siente condenado a la perplejidad. Aproximándonos ya al estilo más reciente de López Meléndez, Logogrifo y La muralla del último farol representan tanto una continuidad como un quiebre frente al libro anterior. Por un lado, ya no se abandonará la visión paradójica de la realidad, sino que más bien se insistirá en la verdad del enigma; por otro lado, nos encontramos con una nueva forma de expresión breve y hermética, por medio de la cual el lenguaje se ha convertido en el instrumento encargado de recoger los fragmentos de una realidad inestable y, por ende, impenetrable. Tal como el destello momentáneo de una realidad que es instante y que se resiste a ser plenamente desentrañada, las palabras en su combinación parecen adquirir una pura identidad circunstancial, abriéndose a una polisemia que raya con el misterio absoluto. Y, sin embargo, ellas dicen el enigma. Más allá de la disolución de los elementos materiales que nos circundan, del hecho de que la realidad no sea captada en su profunda unidad por ser tan compleja y contradictoria, y de la imposibilidad de un amor perdurable, el lenguaje es el último recurso para dar cuenta del "caos apacible" que el poeta experimenta en la presente estación tras un largo proceso de maduración y padecimiento.
* crítica, traductora y poeta peruana.




















Los cinco primeros poemarios de Teódulo López Meléndez

Por Marisol Marrero


Los poetas son imprudentes con
sus propios sucesos; los utilizan
Nietzsche


Alienación Itinerante (1972)
Los folios del engaño (1979)
Mestas (1986)
Mesticia (1996)
Logogrifo (1999)


El primer libro: Alienación Itinerante:







Es muy cierto aquello de que en el primer libro están todos los fantasmas





Según la psicología profunda, el fantasma es también una aparición del yo, de un desconocido que surge de lo inconsciente, que inspira un miedo casi pánico, por lo cual se le hace retroceder a las tinieblas. El aparecido sería la soledad negada, temida. El psicoanálisis ve allí un retorno de lo rechazado, de los retoños del inconsciente.

Dada la importancia del primer libro para analizar al escritor, nos serviremos de la física cuántica. La función onda contiene numerosas probabilidades y no depende de nadie más, sólo de nosotros mismos, determinar cuáles de ellas serán producidas. Cada uno de nosotros acarrea dentro de su propio sistema nervioso la historia completa de la vida biológica del planeta. Así, en este primer libro observamos extrañados la capacidad de captación del mundo cuántico que tenía en sus años juveniles. Afirma: "Cuando era origen en verdad era final/Fui una nube de uranio, una congestión de manzanas y serpientes". "Mi tristeza viene desde allá. Desde los inicios. / Desde los remotos inicios. Sube desde los pies de la eternidad doliente/hasta la cabeza de un hombre que soy yo".

Según las teorías en boga, el universo está constituido del mismo material del cuerpo humano y se mantiene unido por la misma dinámica de aquel. Cuerpo, nube de uranio. Es el yo cuántico el que aflora en esta poesía: " Yo maté dinosaurios boquiabiertos/con el fémur de un ermitaño. / Yo fui aquel guerrero que desolló mil cimientos./Yo fui el carpintero que templó el acero...". Igualmente está "...diseñando un toro altamirano de cabeza erguida/de pequeñas pezuñas húmedas y ojos con lágrimas violetas". En él está la historia del planeta, la lleva consigo muy de cerca en la prominencia de la frente: "De polvo cósmico son los catarros fallecidos/ y las mujeres son de aluminio planetario". De hecho, el cerebro humano es una compleja matriz de sistemas superpuestos y entretejidos que se corresponden a diferentes estadios de la evolución y el ego, que surge de ellos, es algo así como una ciudad que se ha ido construyendo capa sobre capa a través de la historia. La arqueología psicológica de este autor incluye un nivel prehistórico, uno medieval, uno renacentista, uno que otro edificio moderno. Está aquí, en sus inicios como poeta.

La cuántica comprueba que entre partículas aparentemente separadas en el tiempo (Prehistoria-Edad Moderna) y en el espacio, existen efectos de correlación no locales (acción a distancia). De allí la importancia del primer libro, de la acción a distancia con relación a la actual escritura de este autor. En Alienación itinerante se lanzan los primeros tentáculos hacia el futuro; recuerda a la Lisboa que no ha conocido (en la cual vivirá años después)y que será recipiente de su ensayo sobre Fernando Pessoa. También está aquí el origen de Mesticia, su tercer poemario, ("La tristeza se me convirtió en saliva... /Me tienen colgado del pellejo/con un gancho de saliva..." y de Selinunte, su primera novela ("...hombres brillantes de planeta intoxicado/constelaciones alarmantes/aquella luz roja que me asombra/miren con preferencia el universo risible/que se come los cartílagos/ y provoca amar sin tapujos y sin límites. O esto otro: Los pueblos son juncos de trapo conque durmieran siglos/al soñar con países de jóvenes sedientos e iracundos,/comandantes de pecho atomizado en meteoritos sangrantes que marchan al espacio...partiendo las costillas/de los sistemas planetarios/sin aire envenenado/en las constelaciones que subsisten"…Los pueblos son terribles en el amanecer de la ira". Anuncia los innumerables viajes que ha realizado por el mundo: "Yo vine para ser un testigo con alma de emigrante..." En realidad, se adelanta a la literatura posterior que escribirá al proclamar que "ratificado en labios de mayores fantasmas/quedé vagando en arenas duras y quebradas soleadas/donde pateé mundos y me disgregaron seres de cabellos quemados...". O cuando afirma "las gotas huyeron por entre la tierra magra..." o cuando dice: "Ven. Quiero mostrarte algunas cosas que existen. / Mira esas nubes que se estrujan, /esos peces que se asfixian, /ese pescador que se marchita,/ ese pensador carnada de sus propios pensamientos". Pero siempre "regresa mi fantasma de la playa seca..." o "yo te tengo miedo fantasma arquitectónico, /tú sabes a arena, a costra entre los labios/a pedazos de lienzo enmarañado con perdón y demencia,/ yo te tiemblo, fantasma ineludible..." Teódulo López Meléndez lo asegura y lo practica: "Seguimos trazando itinerarios..." Y la oferta-exigencia: "Voy a colocar mis fantasmas en fila india/y los voy a matar a todos con una ametralladora grande. /Será una gran matanza, como aquella de diciembre./Todos se reirán./Será mi pago para que me dejen en paz. Definitivamente".

Los folios del engaño:

Este libro tiene un tono whitmaniano dado que en él se da rienda suelta a los elementos; una rabia primigenia arrasa los folios; es la fuerza inicial de la fiera ante el peligro; es la "serpiente de colmillos huecos" que anida en el Ser: "Vuelvo a las furias que heredé de las grandes concentraciones de fuego. Salgo de mi cuerpo y de todos los cuerpos. Vuelvo a la rebelión y a los grandes alzamientos. Soy preso de la ira y bajo mis pies estallan los grandes terremotos"... soy dueño de mis grandes rabias… Anuncio hago que vuelvo a arder..." Cólera reprimida que sublima en el trabajo creativo. Todos nosotros alguna vez hemos sentido ser devorados por algún afecto. Sabemos como esa emoción repentina puede con nosotros como la parte animal, instintiva, salta desde nuestro subconsciente, indetenible, avasalladora, arrasante. En este momento, la conciencia del "ego" queda anulada y el cuerpo cae bajo el poder de una fuerza sin control. El escritor, al sentirse "fuera de sí" por la rabia, "consumido" por los celos o "poseído" por la lujuria, no puede imaginar que está por encima de la bestia. El apaciguamiento viene por la mediación de la palabra; ella ensalma, cura, acerca: "Las palabras se quedan pequeñas e inútiles, murmuran y caen cansadas. Las palabras se enflaquecen como una abuela vieja". O:"Las palabras resienten las misiones que damos. Las palabras se encogen como materia que regresa a la tierra. Las tortugas arrastran de sus patas las palabras..." Tal vez una autorecriminación: "...porqué me empeño en dar a las palabras potencia de linterna". O la esperanza: "Alguien me ha dicho de una palabra que ensalma, de una palabra que al invocarla acerca los confines. Alguien me ha dicho de esa palabra y me lanzo desde mis orillas en las tardes quietas...” Blake dijo que "el coraje del león es la sabiduría de Dios". Tomar contacto con nuestras emociones nos pone "fuera de sí", produce adrenalina, bombea fuertemente la sangre, se oxigenan nuestros pulmones, uniéndonos, así, a las fuerzas recónditas del universo. Sin embargo, subsiste el peligro de ser "devorado" por el inconsciente, lo que equivaldría a la proximidad de la locura, a la liberación total de los elementos. No obstante, la fuerza del león es ambivalente, puede, a la vez, dar vida y destruirla. Su orgullo y ansias de poder son legendarios, aunque también el ansia de redención. La ira es una fuerza arquetípica que también tiene poder creativo de forma consciente, caso en el cual no le permitimos que acabe con nosotros mismos. En el poema "Zeta Ele 4 fue llamado el planeta" se asoma el planeta Selinunte, posteriormente novelado: "El nuevo planeta recibe un nombre extraído del abecedario y se la adjunta un número para darle sabor a heredad abonada". Y asume "la responsabilidad del fundador", como lo hará posteriormente Teseo, el gobernador de los hombres en el texto novelístico. Permanentemente, López Meléndez reitera "el poder de trazar itinerarios", en este caso "a las aguas y de dar el tono al verde de los campos extendidos..."Al final..."los peces se engulleron mis palabras y ellos me acusaron de no respetar la ecología y de andar contaminando las aguas estancadas".

Mestas:
El lunático, el enamorado y el poeta
lo son de la imaginación
Shakespeare



El título indica confluencia de dos o más corrientes. Allí se desarrolla la poesía en este delirio verbal, pero en la parte del intenso dolor, en el choque de corrientes de distintas dimensiones, energías y soledades. Hay dolor en el frío, en los chisporroteos de la chimenea, en la escritura ("Escribo en la lava del ombligo vertical"). Aquí Eros se desparrama, fuerza de dudosa reputación, puesto que tiene la ambivalencia de una relación con las fuerzas más altas del espíritu, pero también con la animalidad del ser humano. Demasiada animalidad trae problemas al hombre civilizado, pero también demasiada civilización enferma al animal humano ("prescribo collares a los itinerarios de cada mañana"). Platón llamó al Eros "el deseo de persecución de la totalidad"; la fragmentación de esta totalidad conduce al dolor, como la de cualquier arquetipo, al igual que vivir la fuerza instintiva resulta en desequilibrio, en ventisquero del alma que seca los adentros: "Estoy de pie en la palabra viento...estoy con la palabra viento...escribo una carta donde la palabra viento seca". Sí, también las separaciones: "Raspo para olfatearla de frente a la separación coladora de ruidos. Quemo tabaco para preservarla de la arremetida de los últimos meses". Viene, lógicamente, "la soledad de puntas", de púas, de espinas, soledad soledosa en la urdimbre de la trama amorosa en la que "la melancolía hace morada por los callejones de la tarde" y "la tortuga estampa las baldosas por las plazas", "porque morir en aquel lugar, sería largo, interminable, eterno".

Emerge la saliva arquetípica, la saliva que se esparce por todos los libros de Teódulo López Meléndez: "Siembro saliva, no sé hacer otra cosa". Para López Meléndez, la saliva es una secreción mágica, sin saber que ella tiene un posible doble efecto, une o disuelve, cura o corrompe: "Sobre el potro la saliva sin huesos y vestido..." En este caso, la saliva es el potro de los tormentos, separa, conduce a "los viajes al silicio...". La saliva también tiene virtudes de líquido seminal (crea) y de allí podemos encontrar en la literatura numerosos "héroes" originados en la saliva. Si nos preguntamos quién se crea en esta historia, debemos responder con un poema revelador: "Crezco/desde este nacimiento que veo/acurrucado en las estaciones/con los que parten".

De esta confluencia de dos corrientes, o mestas, se originarán el dolor y la pena posterior reflejados en Mesticia.

Mesticia: la mujer es el lugar de la palabra:

Aquí la experiencia literaria se revela esencialmente como un acto amoroso. El escritor, a través de la palabra poética, busca la mitad perdida. A diferencia del Génesis, la carne (la mujer) se hace verbo y el escritor se deleita con la palabra, aunque sea amarga, lejana, impredecible. Mediante la palabra- en exorcismo- se elimina la angustia. A diferencia del psicoanálisis, no se le cuenta al psiquiatra, sino al lector, por lo que éste tiene la posibilidad de analizarlo, comprenderlo, buscar sus motivaciones ocultas.

En este libro se observa claramente la diferencia entre el narrador y el poeta. Yo decía que en Denzil Romero "el verbo se hace carne en Catalina", porque a través de la palabra los personajes se hacen, viven, toman cuerpo; en cambio, en el poeta, se parte de un objeto concreto (en este caso la mujer) y se hace palabra y al hacerse palabra "entrega los demonios", como diría Romero. Entrego al lector el amor, la ira, la angustia, porque el arquetipo del amor conlleva un intenso dolor, un mórbido dolor desde el principio de los tiempos. Somos los demonios que entregamos - el amor es uno de ellos - de ojos sulfurosos, ojos de sal. Así, López Meléndez entrega la palabra "mujer-objeto del amor": "Las sílabas/caen por doquier/heridas". Caen desintegradas, escudriñando el polvo, pero son inmunes al desasosiego, pues, aún así, ella: " La palabra/regresó en tu lengua/y se me clavó en el paladar/con la fuerza de un ancla".

La palabra es símbolo de la actividad creadora de Dios, además de ser función ordenadora, aspecto que toca también López Meléndez en sus libros anteriores, pero, aquí, se mezcla con la saliva, la de ambos, estableciéndose una relación simbólica palabra-esperma-saliva; es decir, hay una relación de estos elementos con las fuerzas creadoras; como sabemos, en cada una de estas palabras se alberga el inconsciente, o más bien el hombre eterno, el hombre arquetípico, como veremos.

El poeta para conquistar a la mujer se transformó en Poseidón: En la segunda parte del libro, "Cuando la palabra regresó en su lengua", aparece Medusa, la única de las Gorgonas que era mortal y visible a los hombres. Poseidón, el más grande de los dioses, se transformó en pájaro para poseerla, profanando el templo de Atenea, quien, irritada, transformó los cabellos de Medusa en serpientes.

La sombra avanza en este libro, las serpientes se hacen viento venenoso y retumba la tierra hosca, arca de naufragios. ¿En que se transformó el poeta para seducir a "su" Medusa? Indudablemente en pájaro, el cual representa, simbólicamente, la espiritualización, el estado superior del ser, pero, también, en su origen, símbolo fálico, amante "metamorfoseado": "Era una medusa/suplicante/de los bálsamos de la tierra/Yo los vertí todos/desde mi alma transformada". La transformación para conquistar equivale a engaño, pero el amor se vale de estos ardides. Ortega y Gasset dice: "Una psicología del amor tiene que ser muy suspicaz en cuanto a la autenticidad del sentimiento que analiza" porque "se ama al amor y lo amado no es, en razón, sino un pretexto". Para ello, el poeta recurre a la alquimia: "Yo cociné en una olla de cobre/las algas que habrían/de atarme a ella". Si el amor muere, esta muerte ha dado origen al libro y en sus páginas se dan las claves de los errores que la propiciaron: "Tal vez/venga/a confirmar/la parsimonia/del engaño/No existe salvación..."Y el poeta se pregunta: "¿Fui yo culpable de omisión/ante la aurora?". O lo que es lo mismo, ¿qué olvidé en mi transformación para que se provocara "ese extraño adiós" al margen de la palabra?

Para olvidarla es Perseo: El poeta transforma la palabra-mujer en la Medusa de las alas de oro, de cuello cubierto de escamas de dragón y con ojos con el poder de dejar petrificado a quienes la miraban. No olvidemos que, en definitiva, fue abatida por Perseo, quien ofreció su cabeza a Atenea, la diosa de la concentración y la fuerza simbólica. Exiliado de ti, del amor, te elimino de mi mente con un esfuerzo de concentración y me transformo en Perseo para hacerlo. ¿Cómo logra esta tarea? Utilizando un mecanismo psicológico de mucha efectividad. Stendhal decía que el hombre sólo ama lo digno de ser amado, así que para olvidarla se convierte a la mujer amada en un monstruo (Medusa). Otro mecanismo es convertir al lenguaje en una explosión en que el poeta anula al ser amado bajo el peso del amor mismo; entonces, este amor se convierte, como diría Barthes, en "un lugar de palabra".

La mujer es, también, el lugar de la palabra, porque los poetas dotamos al amor de una extraña realidad. Como diría Ortega y Gasset, "se ama el amor y lo amado, no en rigor se usa como un pretexto para decir". Cada poeta llena los códigos del arquetipo del amor según conviene al propio yo, a la propia historia, proyectando en el otro la desazón, el dolor, el desencuentro. Ya no soy el otro, de aquí en adelante la soledad, la excisión.

Al final del libro regresa la palabra, sí, la palabra de él flotando en la saliva de ella, la saliva de ella flotando en la palabra de él, él flotando en la saliva de ella. No más subterfugios, la palabra irrumpe, gira en la saliva del sentimiento arquetípico y arrastra el lenguaje hacia la destrucción del que ama y del amado.

Logogrifo, sólo para iniciados:


En este poemario la palabra urge al autor como hueso; él lo dice en un poema. La palabra se exprime en la boca y queda sin una gota de saliva. El poema nace así insólito, como un mantra. En la palabra sola, íngrima, lúcida, compacta, áspera. Palabra astringente como el alambre. Yendo a lo formal del título, logogrifo significa la red del discurso. Especie de enigma que consiste en buscar una palabra cuyas letras diversamente combinadas forman otras palabras que es preciso adivinar. El sentido de la letra no es ya el suyo, porque el poeta la hace enigmática a través de metáforas y similitudes. La conveniencia del poeta las hace casi ininteligibles. Habla como si la vida se limitase a operaciones alquímicas, por lo que nos cuenta de destilaciones, sublimaciones, disoluciones, que no son más que una especie de muerte.

Sin embargo, como lo hace notar Ennio Jiménez Emán, el poema en este libro es un "enigma breve". El sujeto poético pasa por una serie de transformaciones alquímicas, como lo hace el don Juan de Castaneda, que accede a distintas realidades, éste por un proceso de drogas alucinógenas, nuestro poeta por una iniciación a través del verbo, palabra alucinada y alucinante que nos envuelve en una atmósfera rara y extraña, la cual, a ratos, parece ahogarnos. A través de diferentes "yoes" procede a integrar un único y solo hombre, salvándose así de la desintegración, del detritus equivalente de la muerte. Los elementos de la alquimia se revuelven en todo Logogrifo como si el poemario fuese el gran mortero de los caldos: mercurio, azufre, fuego, incienso, metales derretidos, hierros imantados, argamasa, haciéndolo a uno, lector, viajero hacia el enigma.

Teódulo López Meléndez

Comedia

(Antología poética mínima)


Con un ensayo introductorio de Ennio Jiménez Emán
DESNUDO PRODIGIO: LA POESIA DE TEODULO LOPEZ MELENDEZ


Difícil es abordar y presentar en forma explicativa la poesía. Sabemos que ella se encarga de explicarse por sí misma. El exégeta o ensayista sólo puede, si acaso, pretender una aproximación, un roce, proveniente de una lectura personal de los textos de un autor, máxime si se trata de una obra como la del poeta venezolano Teódulo López Meléndez (Barquisimeto, 1945), culta, compleja, hermética. Hay que señalar que la cultura y complejidad expresiva de nuestro autor no se manifiestan en una escritura meramente conceptual, ideológica o retórica sin sustancia e imposible de penetrar. Detrás de sus textos, a veces oscuros, se suele percibir la vida, se transparenta la humanidad del poeta, se capta al hombre de carne y hueso y no esa neutra impersonalidad tan característica de la poesía de nuestro tiempo.
El poema breve, en prosa o en verso, con excepción de su primer libro, es la forma expresiva preferida por el poeta para captar y presentar visiones, emociones, sensaciones, ideas, esenciales. La escritura creativa explicativa y de largo aliento la deja el autor para su obra literaria en prosa, constituida, fundamentalmente, por textos narrativos y últimamente concretada en cuatro ambiciosas novela[TLM1] s Selinunte (1997), El efímero paso de la eternidad (1998), La forma del mundo 2001) y El indeterminado de cabeza de bronce (2004) plenas de significativos hallazgos escriturales. Dichas instancias sensoriales, emotivas, intuitivas, visionarias, se cristalizan, pues, en los poemas, a través del despliegue de un conjunto de imágenes que a la vez dan cuenta precisa de la aventura existencial del sujeto poético. Sustentada en destellos y refulgencias imaginísticas, esta es una poesía que no apunta a la simple inteligencia del lector, sino, más bien, como es el caso de quien la escribe, a su capacidad imaginativa, sensible, emocional. Igualmente, poesía melódica, visual, colorística: todos estos atributos dan cuerpo a textos vivaces, bien acabados, armoniosos, lejos del formulismo meramente abstracto y conceptual, trivial o facilista que está presente, muchas veces, en la forma breve escrita en nuestro país, producto de simples elucubraciones intelectuales, sin base anímica y vivencial profundas. Su poesía aúna y resuelve la imagen y la emoción con la idea, lo plástico con lo discursivo.
Lejos de pensar en una probable deshumanización o descarnalización del poema dado su registro breve, precisamos que, más bien, se trata de captar lo esencial en el verbo expresando a través de éste una honda valoración y examen de lo humano y su existencia en relación con el tiempo, el erotismo, el lenguaje, la soledad, la muerte, temas eternos que el poeta, como diría el crítico español Pablo del Barco refiriéndose a los textos de Joao Cabral de Melo Neto, asume con " la precisión del desnudo lenguaje, cortado a pico, tan puro que es capaz de completar la frase con ausencias sin perder facultad definidora".
En algunos poemas en prosa, a través de la alquimia verbal el sujeto narrativo registra atmósferas y espacios enrarecidos, apuntando sus orígenes geológicos o planetarios, inventariando el presente, auscultando el pasado o presagiando el futuro. La exploración de este mundo particular, en el que a ratos se percibe la impronta biográfica, implica igualmente la exploración de la raíz del lenguaje. El discurso verbal se repliega, se hace introspectivo y se pone al servicio de un buceo en la interioridad.
En otros textos el sujeto narrativo elabora una pequeña cosmogonía verbal. En ella, los folios cubren los cuatro puntos cardinales de un planeta recién creado por dicho sujeto (o demiurgo verbal) y se funden con la textura del cosmos, que a su vez se convierte en escritura. En algunos, a partir de la nada (la página en blanco) da vida, pues, a un microuniverso poético.
Para López Meléndez, como para otros poetas modernos en esta rica tradición de las modulaciones cósmicas y existenciales en el verbo: Claudel: El libro de Cristóbal Colón; Valéry: El cementerio marino; Perse: Mares; Quasimodo: Agua y tierra; Reverdy: La libertad de los mares; Pessoa: Oda marítima; Ashbery: Ríos y montañas, Derek Walcott: El mar es historia, para citar solo algunos nombres, el mundo puede suceder, acaecer, en la página. Así, López Meléndez está igualmente formulando una incipiente y particular reflexión sobre la poesía y el poema. En efecto, aparte de constatar como sustancia básica del libro la presencia y concurrencia de los períodos de la naturaleza a través de instancias geográficas elementales, percibimos al sujeto empeñado en construir un ámbito verbal (el poema) donde protegerse o guarecerse. El sujeto funda así su identidad con la naturaleza a través del microuniverso linguístico, explorando la raíz misma que ese lenguaje le suministra y le sugiere.
En realidad, pensamos que el gran logro compositivo de estos textos poéticos de López Meléndez, descansa evidentemente en su musicalidad y en el eco que los mismos dejan en nuestra psique, memoria e imaginación, gracias a su ritmo y movimiento. Esto, como pensaba Eliot, es una de las características básicas de la poesía moderna que, alejada de la poesía rimada tradicional, tiende, gracias a esa musicalidad, a ser memorizada inconscientemente, musicalidad que, incluso, a nivel de escritura puede anteceder y dar origen a las ideas o a las imágenes. El criterio sobre la musicalidad manejado por López Meléndez, puede analogarse un tanto con el que Eliot poseía de la misma: "la sensación de la sílaba y del ritmo que penetra mucho más abajo de los niveles conscientes de pensamiento y sensación, dando vigor a cada término; hundiéndose hasta lo más primitivo y olvidado, retornando a los orígenes y trayendo algo de vuelta".
En sus últimos libros el lenguaje se torna cerrado, casi críptico; por tal razón, quizás sea difícil percibir su poesía directamente y de una sola lectura. La clave final de la misma parece estar a medio camino, como dice el crítico José María Valverde, al hacer una lectura de cierta poesía oscura, entre lo "mágico" y lo "comunicativo", de ahí su hermetismo, el cual se nos revela o aclara, retomando a Valverde "por una suerte de intuición simultánea de toda su atmósfera, sin parar mientes en la conexión lógica de cada frase y al papel racional de cada objeto y nombre".
Este proceso de desciframiento y despojamiento interior, de disolución del yo, se presenta a través de un lenguaje -alquimia verbal- construido por fragmentos aparentemente inconexos que reconstruyen una imagen desdibujada, pero esencial; un lenguaje que se torna hermético; el poeta juega con la paradoja, con lo interior y lo exterior, con la dualidad entre lo abstracto y lo concreto, el sujeto y el objeto, sustentados en una escritura de versos cortados e inconclusos, de notaciones crispadas - abiertas a las tendencias adivinatorias del alma -, donde, a través del espejeo imaginístico y metafórico, el sentido se hace impreciso oscureciendo el significado del texto.
¿Qué queda, pues, al sujeto poético en este despojamiento ascético e iniciático?: lenguaje desnudo, la mente despejada, abierta a la fijeza del instante; vislumbre del conocimiento, encuentro con el ser.
Los libros finales que pueden leerse como un solo poema fragmentado en varias estancias anímicas, es un tributo a una suerte de cábala personal, donde palpamos al sujeto lírico extraviado ante una barrera misteriosa que le impide trascender más allá de ciertos límites. Y aquí pareciera que la poesía de López Meléndez está cerrando cierto círculo que arranca con sus primeros poemas y donde ya planteaba, entre otras cosas, la situación del yo extraviado en el laberinto del lenguaje.
El yermo psíquico del poeta en este libro describe el combate de una tragicididad ontológica que se lleva a cabo en su interior: la arena es la psique del poeta enfrentada a su obra, alejado de todo racionalismo, abierto al chisporroteo y sucesión de las imágenes. En el ensimismamiento de la mente, está, sin embargo, plegado a la conformación de una voz individual, intentando, simultáneamente, una liberación y una aniquilación del yo. El yo opulento y sensual de sus textos anteriores parece explorar aquí una nueva y extraña tierra donde, en una suerte de estado ascético, se encuentra extraviado ante “la muralla del último farol”.
El dilema de la identidad y la otredad asaltan continuamente al yo lírico deparándole una situación de extrañeza. El yo sólo trasciende por medio del lenguaje y sólo por las palabras se arma el rompecabezas existencial. Las palabras brindan un ligero sosiego. Por la alquimia verbal accedemos a una iluminación de nosotros mismos, de la otredad, del erotismo.

Ennio Jiménez Emán*
* Licenciado en Letras de la Universidad Central de Venezuela. Ensayista.



De Los folios del engaño (1979)


MI HIJO Y EL MAR
1
Sobre las arenas recién descubiertas quedaron vasijas. Dentro de ellas un líquido espeso. Allí puede mirarse pagando con un creciente escozor de los ojos. El humo de cada vasija únese en un solo humo, el líquido de cada vasija es el pie común de todos los humos. Es una crineja de un solo humo tejida hacia arriba que sujeta el planeta a los tiempos de la combustión y los espasmos.
2
He sido señalado como el originador de las cópulas sólo por haber ensartado folios borroneados con mis manos inexpertas.
3
Ahora vengo a las playas como veraneante y traigo conmigo a Roberto para explicarle el surco que tracé arrastrándome y tratar de describirle la crineja de humo. El me mira apenas un momento y luego me deja para jugar con la arena mojada de mar. Yo miro su pie y sonrío.


ES PEQUEÑO ESTE CUARTO
1
No tengo interés alguno en vigilar mis años. La columna tengo arqueada de buscar el sueño. Hago ejercicios y escupo flema manchada de resinas. Exhalo cada mañana ante los vecinos que se despiertan y se van.
2
No consigo la manera de deshacerme en los finitos límites. Mucho me temo que la condena será larga. Es pequeño este cuarto. Nadie puede acusarme de exagerar la magnitud de mi presencia.



De Mestas (1986)


VIENTOS
1
En el silencio, pequeño monstruo saltamontes de esta campiña anegada, estoy con la palabra viento. Oscuros los sentidos del exilio y altana la memoria, niño con los verdes gusanos, fermentado con las vides jugosas. Huelo a hombre que el viento esparce.
2
De humillación, los días. Sé a humo negro de carne de río y de agua de fuente. Vulnerables los cielos oscuros portan consigo dientes y uñas. Se quiebran las luces y repito al caletre los nombres. Alzo los perros a pastorear los vientos. Sin un grito se queman.
3
Los olores presiento sustituyendo la lluvia. En las costas de la tierra lejana se encabrita el agua. Misteriosos animales marchan en los ojos con que envuelvo mis pies. Cuento en respuesta las estrías en las nubes. Escribo una carta donde la palabra viento seca.



UN SILBIDO DE SILUETA
1
Rastros serpenteantes las sombrillas sobre los gritos donde se aboveda el viento. La sierpe es solitaria en la carne arenosa. Metido estoy debajo de los techos grises levantados por el hundimiento de las costas y por mis viajes al silicio empegostado al tórax de las olas.
2
Las cortinas se remueven con vagidos amoldados a las formas en los vientos del inicio. El ruido, quebranto. Oh, tormenta, escape, te miro desde el retiro de las algas y desde las formas propicias que avanzan al acantilado.
3
Las barbas crecen cobrizas de las máscaras que las nubes asumen y un dictado se abre en los frascos de colores de los viajeros de las aguas. Los leños se hacen morisquetas a los caminos de la cera y a la ringle de párpados hinchados. En la piel de la frente de las hojas juega con el viento un tallo.
4
Busco la aquiescencia cuando los dados fríos resbalan la pendiente. La sal se condensa en el cuero de licor de convento y se ensarta cual hilo sosteniendo los bordes de los belfos. Oh, horizontal ondulación, hiende el aire un silbido de silueta que se inclina cual gaviota.




VISPERA
1
Oficio, palmas secas y rugido cercano. Hierbajos con sombra de mareas, busco piedras. Brillor, en las escaramuzas del cuerpo. Desnudo, el gran libro en las rodillas, leo para el vuelo del coco hasta el miedo limítrofe.
2
Barahúnda, tonsura. Descifro incrustaciones de mi cuerpo esquelético. Encuentro cosas perdidas. Es noche, memoria que me guía. Me pregunto si sumergirme ha sido cosa vana.
3
Mi medida será la suave brisa. Pasaré páginas tantas como hisopos al murmullo. Me mojaré tanto como las rocas de las aves nocturnas. Laceraré mientras la luna. No hay presagios, apenas sílabas con tallos.

De Mesticia (1996)
MARIPOSA MUERTA

Ha comenzado:
una mariposa muerta
la aurora.

RITORNO
La palabra
regresó en tu lengua
y se me clavó en el paladar
con la fuerza de un ancla


MEDUSA 13

La paz se hizo profunda,
de alta mar

Supe que estaba listo
para beberme tu sexo
y los secretos
ELLA ME BESÓ SOBRE EL AZUL

Ella me besó
sobre el azul
y las serpentinas se regaron

cera derretida

Un ciervo se alzó
majestuoso

y el cielo se hizo rosado
como un tañer de tierra alborotada

Ella me besó
sobre el azul
y un caballo al centro del espacio
se encabritó
como mi alma
De Mester (1997)


LA GUITARRA SE DESTIÑE

1
En las calles de su cuello la materia primera. Escasa saliva en mi ojo el agua de la amante.
2
Croan los batracios en las manos de los brujos, muertos.

3
A cincel la anemia corroe los cabrestantes de los ganglios. Los bandoneones, apenas, al dolor del oráculo.
4
Avento la piel oscurecida en frazada sobre el río. Destemplo la osamenta, mendiga. De mis cicatrices escarnio la guitarra se destiñe.


ME QUEDA UN VIAJE A MATAR UN PAJARO
1
Un breve murmullo en el aire sin ruido en la calle ignorada, estampida de algas en un mar sin agua, trampas en las hojas marrones, escobas que pasan.
2
Me queda un viaje a matar un pájaro, en lluvia de ranas, las arterias con furia en las garras hasta la última trampa. El olvido y oscuro sin lápida y llagas.


De Logogrifo (1999)

DESDE EL OTRO LADO

Sin peso

los escalones
de lapislázuli
y los hierros imantados
hacen de la muerte
conocimiento de lo humano
La tragedia de este día oscuro
ha venido desde fuera
desde el otro lado


DESDE LA MUERTE

Desde la muerte
la mirada cambia
una palabra


LOGOGRIFO

Indagad en la palabra,
y descubrireis mi enigma


De La muralla del último farol(1999)

EN LA INTIMIDAD DE LOS RESTOS
Se trata de los átomos
en estampida
sin pez que los embarre a este viento
de desierto escurridizo y relincho

de dejarlos
laderas circos collados
estribos nudos ventisqueros

a la soledad de los buitres
en la intimidad de los restos
de esta voz
desde no sé donde


ME INCLINO A CREER

Suelta de alforja
se me avisa la polvareda
en el largor. Han visto
- se me anuncia - la muralla con los ojos de otros.
Hablan de una danza en cada torreón de largos
seres blancos

Me inclino a creer



VISION
Algunos dátiles apuntan al suelo
como los senos de la pasada mujer seca
sombra de día sin comenzar
y el farol adivinado mortecino
en aquel punto
bajo mi manto de curtientes


DE SERENIDAD QUE ESPANTA
Escribo
los signos
por mí colocados
en ese farol
de serenidad que espanta


De El silencio anterior (2000)

HORNO

Barro en triple pared
y ceniza en capa

aovado dentro

se quema en tabaco
el universo




CARBONES

Los carbones
recogidos en la mañana
sin anuncio de tormenta
ardieron una huida


RESULTADO

El resultado es
en el cual enloquecen las palomas


ALBEDO

Sobre esta página en blanco
debajo de los fuegos
la ebriedad reservada a la certeza
Poesía y amor ya he tenido
piedad
debajo de mi nombre ilegible


LA QUIETUD PERPLEJA DEL OLVIDO

En el combés
los vestigios
zaheridos de salitre
al unísono
saben el fondo,
la quietud perpleja del olvido


ÁNCORA

Retenido por orden de los peces
los sextantes enloquecen
las híbridas voces de los seres acuáticos
sobre el áncora


SOBRE MI PIEL POR ARRIBAR

Pulpa blanca en los entrecejos
de los roquedos
la mujer perdida cabeza sobre mi pecho
arde sobre mi piel por arribar


ENTENDER EL FINAL

Entiendo el final sobre tierra
como un esparcir
en la muerte de la tormenta
el resto desovado


POSIBILIDAD

Tal vez sobre la soledad
la crin del caballo en retroceso
cuando de noche invento el fuego y leo
y puedo evaporar para impedir las huellas
cerca de mi mano pase
y acierte en el final
a asirme de una cerda


EL PELIGRO DE PERDERME

Desisto en coordenadas
de fracasos en ojo de molusco
e insomne al de un lagarto
el peligro de perderme


NEGRAL

Si al hablar
ebrio
yazgo inmutable
despanzurrar pretendo
el leopardo
en este negral desconcertante


HABITUADO COMO ESTOY

Si abriese
no podría partir
habituado como estoy
digo el silencio
con el esfuerzo de quien borra


LA DEMUDEZ IRREFLEXIBLE

Aún cuando conozco
sin mí no existirían,
yo sin ellos,
lanzo adventicios pájaros
a navegar la demudez
irreflexible de la noche


CON FIN PARIDO EN LA NEGRURA

No diviso
arena ni mujer desnuda
masturbándose
con fin parido en la negrura



ES DIFÍCIL ADMITIR EL EXTRAVÍO

Sea de muecas
del hurgar debajo el puente
la cortedad de mi lengua extranjera
de ninguna dirección reconocida

Es difícil admitir el extravío
cuando a ninguna parte iba



MI NOMBRE

Mi nombre me ha llamado
en griego
de intentos y no más

así igual
en los sonidos al mundo


MIS APELLIDOS

De lo desértico
anunciados del silencio anterior
apenas sobre la noche caliente


LA ÚNICA PRISIÓN QUE CRECE

Las palabras no clarean
Son ellas la oscuridad,
la única prisión que crece


BIOGRAFÍA

Y busqué quien me curara
más acá de lo nombrado


De La edad de siempre (2001)

DETRÁS EN MÍ

Detrás en mí
hosco se clava
dicho en la membrana
Al inicio
desnuda a los espacios helados
lo que queda de mí
y luego calla


RONDA

En la ronda
empozada en mi memoria
traduzco al azar
de entre lo que se me aposenta


MADUREZ

En la bóveda del silencio
abierta
bajo el giróstato
se desanda
Atisbo
el instante deviene
hilillo de grava
de esta madurez perpleja



LA PERPETUIDAD DEL DESORDEN

Observador del marasmo
me volteo
al cuarto sin ventanas
Agita mi mano
la perpetuidad del desorden
intraducible a pánico


CUERVO NEGRO

No hay donde protegerse
del unísono
grueso cuervo negro
extraído del pecho


EN SENTIDO OPUESTO

Plantearse el tiempo
es cortar el vacío
de los bordes
en sentido opuesto
nosotros recogemos
del universo que se expande


EL INSTANTE

Mientras avanzamos
el instante
absorbe un fluido mordaz
por la palabra
en el diluirse


CABALGADURA

Para inferir
un azote sobre las ancas
del carbón apagado
resoplo
sobre el ojo extinto


LOS ANILLOS DE LA INCERTIDUMBRE

En el corte del correaje
la cola de briznas
concedida al aspaviento
se marcha
a corretear gozosa los anillos
de la incertidumbre


DONDE EL SILENCIO ES LA MATERIA

El borde del origen
en la marea
busca el opuesto
Las preguntas
donde el silencio
es la materia


ILÍMITES

Creen un lugar distante
de silencio y vacío
Es sólo
sin detrás ni adelante
en el cual
jamás se comienza
ni jamás se termina
Una sola cosa son
lo que permite llegar
y lo que llega


LA EDAD DE SIEMPRE

Nadie ha vivido
más que la joven muerte
La esfera tiene su edad
increada y sin tiempo
sin comienzo ni fin


De La herida más cercana (2002)

DESAPODERAMIENTO

La herida
a medida de retorno
y volvemos a primero
sin cicatriz que la recuerde
sin escozor de costra


DECOLORACIÓN

Los colores se hacen uno,
citado gris a mis efectos
el asunto llamar se pierde
Significantes y significados
se deslíen
en un lejano
de desprendidos


DE LAS APARIENCIAS

De las apariencias
se desaparece
pues
menos que el humo
de pensar
más allá de ellas


LA IMPERCEPTIBLE ESFERA

Sin persistencia
las proporciones
a lo inmarcesible
el vasto océano vacío
respira del silencio
la imperceptible esfera
del origen


RECUERDOS

Sin la violencia del alud
se descosen
ingrávidos
a formar parte
del reposo


TRANSPARENCIA

Alejado
se puede ver
del agua de un riachuelo
sólo su murmullo
Raras las visitas
no hay imágenes
a identificar
La gota danza
en la transparencia


DE LAS SEMILLAS

Ahora que las aves duermen
en la profundidad de la noche
se meten en la habitación
y debemos recurrirlas
Podríamos explorar
de las semillas


MEDITACIÓN

Las aves obedecen
el mandato
de rondar mansas
sobre el parteluz
Cavilo y escribo
sobre la ciega
limitación de la vida


CIRCULAR

Sin polvo levantado
sube la cuesta
en el camino que rodea
la montaña y baja
hasta que decide circular
sin afanarse


MULTIPLICIDAD

En círculo se anda
a encontrar
las diferencias
Hay pues muchos mundos:
basta entregarles los ojos
y dejarlos


EN UNA SILLA DE MIMBRE

Capaz
de los primeros estallidos
acompasados en mi memoria
de animal colectivo
véoslos fulgurar
del enfriamiento
y de la población
de árboles rojos
que se secan
y traslucen minerales
de los huesos enderezados
amparando
Asisto
sentado en una silla de mimbre
colocada de espaldas
en una estratégica colina


LUGAR EN NINGUNA PARTE

Ya sé
y puedo atestar:
opto por el lugar en ninguna parte
sólo conocido por los peritos
en desconcertarse


LA HERIDA MÁS CERCANA

Hoy me ha dado
por arreglar cosas:
retiro un viejo cordón inservible
saco de la pared unos clavos oxidados
tapo unos huecos con cemento blanco
recojo en un instante
todo
desde el inicio
y dudo en irme
pues podría suceder
y la herida más cercana la he dejado
en el fulgor


De La forma del ensayo (2002-2003)

PLACENTA

Después de las erupciones
subyace
la inercia de lo invariable
en la placenta


DEFINICIÓN

Definimos muerte
como estación
desde donde
para no ir
del equipaje
único idioma
ella misma


EUFONÍA

Suena
en el movimiento
de la expansión
en eufonía
al pronunciarnos
por la mudez


LAVATORIO

Imploro algo que contar
y en la biblioteca
sólo encuentro la intimación
de la memoria invertida
Ahora se los digo:
frenéticamente borro


LA ÚLTIMA PALABRA

Finjo
para acercarme
y dar respuesta a la pregunta:
el vasto silencio
siempre tuvo la palabra


TODO

En cualquier instante
puede suceder
el olvido
Debemos prepararnos
para saberlo todo


A TODO EFECTO

El conjunto se llama fin

a todo efecto
acopio
sobre último


SOBRE EL INCENDIO

Las palabras
se hunden en el sentido
del lenguaje original
de los peces
que asumen el bajío,
las rutas transitables e intraducibles
de los signos
y los caracteres
en la piel de los ejes,
la desarticulación
y los ojos ciegos
penetrados por la sal
de una explosión en reverso,
lo humano
en las primeras gotas
que cayeron sobre el incendio


APORTE

No vivimos
ante mirada alguna,
sólo hablamos


SUSTITUCIÓN

Efímera
hacia la inteligencia
de los grandes números
la evolución ha terminado
y la sustitución es inefable


DUDA

Ahora que tomo
la vieja senda sobre la arena
en el regreso
desde la condición amenazada
tildo, lo he dicho,
sobre decir lo inevitable
¿Lo debo desamparar
incluso la palabra remembranza?


LA QUIEBRA DE LA MUERTE

La quiebra de la muerte
será consonante

de mi raza intervenida

me acompaño
una ucronía


ÍNDICE

Desnudo prodigio: la poesía de Teódulo López Meléndez,
por Ennio Jiménez Emán

De Los Folios del engaño:
Mi hijo y el mar
Es pequeño este cuarto

De Mestas:
Vientos
Un silbido de silueta
Víspera

De Mesticia:

Mariposa muerta
Ritorno
Medusa 13
Ella me besó sobre el azul
De Mester:

La guitarra se destiñe
Me queda un viaje a matar un pájaro

De Logogrifo:

Desde el otro lado
Desde la muerte
Logogrifo

De La muralla del último farol:

En la intimidad de los restos
Me inclino a creer
Visión
De serenidad que espanta

De El silencio anterior:

Horno
Carbones
Resultado
Albedo
La quietud perpleja del olvido
Áncora
Sobre mi piel por arribar
Entender el final
Posibilidad
El peligro de perderme
Negral
Habituado como estoy
La demudez irreflexible

De La edad de siempre:

Detrás en mí
Ronda
Madurez
La perpetuidad del desorden
Cuervo negro
En sentido opuesto
El instante
Cabalgadura
Los anillos de la incertidumbre
Donde el silencio es la materia
Ilímites
La edad de siempre

De La herida más cercana:

Desapoderamiento
Decoloración
De las apariencias
La imperceptible esfera
Recuerdos
Transparencia
De las semillas
Meditación
Circular
Multiplicidad
En una silla de mimbre
Lugar en ninguna parte
La herida más cercana

De La forma del ensayo:
Placenta
Definición
Eufonía
Lavatorio
La última palabra
Todo
A todo efecto
Sobre el incendio
Aporte
Sustitución
Duda
La quiebra de la muerte

[TLM1]

Nombre: Teódulo López Meléndez

Lugar y fecha de Nacimiento: Barquisimeto, Venezuela, 27/4/45
E-mail: tlopezmelendez@cantv.net

Estudios: Abogado. Universidad Central de Venezuela (UCV),1967.


Libros publicados:

Ensayos Políticos:
"Introducción a la Política"(gobernación del Ed.Lara,1969).
"El venezolano amaestrado"(Editorial Fuentes-5 ediciones-1978.
"Reflexiones sobre la República"(Editorial Fuentes,1978).

Ensayos Literarios:
"Jardines en el mundo"(Academia Nacional de la Historia,1986).
"Pessoa,la respuesta de la palabra"(Academia Nacional de la Historia,1992).
“Por el país del hombre (Primera lectura del nuevo milenio)(Editorial Ala de cuervo, Caracas 2002)
“El último texto (Segunda lectura del nuevo milenio)(Ala de cuervo, Caracas, 2006)

Poesía:
"Alienación itinerante"(Gobernación del Ed.Lara,1972).
"Los folios del engaño"(Monteavila,1979).
"Mestas"(Universidad de los Andes,1986).
"Mesticia"(Universidad de los Andes,1996).
“Mester".1997 (en la antología.
“Logogrifo” (Ateneo de Los Teques,1999).
“La muralla del último farol”(en la antología).
“Viaje en la comedia” (Antología)(Editorial “Ala de cuervo”,Caracas,2000)
“Fin de la comedia (cinco poemarios) (Editorial Ala de cuervo, 2007)

Narrativa:
"Los escribientes moriremos" (Universidad "Lisandro Alvarado",1978)
"Los álbumes son libros en blanco cuyas hojas se llenan"(Ibid,1992).
"Selinunte" (novela).Universidad de los Andes,1996.
“El efímero paso de la eternidad”.(novela).Edit. Memorias de Altagracia.1998.
“La forma del mundo” (novela)(Editorial “Ala de cuervo”, Caracas, 2001)
“El indeterminado de cabeza de bronce” (novela)(Editorial Ala de cuervo, 2004)
“En agonía” (novela) (Editorial Ala de cuervo,2005)

Traducciones:
“Poemas inéditos de Fernando Pessoa”(Del portugués).Fundarte,1991, 4 ediciones.
"Antología poética de Giuseppe Ungaretti”(Del italiano).Ediciones JOB,1992.
“Novecento” (Montale. Quasimodo, Ungaretti) (Ediciones Arquitrave, Bogotá, Colombia, 2005)

Libros sobre su obra literaria:

“Teódulo López Meléndez, el escritor de la palabra delirante”, de Marisol Marrero (Editorial Ala de cuervo, Caracas, 2006).

La novelística de Teódulo López Meléndez: escribir desde la fisura, de Luis Benítez (Editorial Ala de cuervo, Caracas, 2007).