domingo, 5 de octubre de 2008

WILLIAM SHAKESPEARE: DIVAGACIÓN SOBRE LOS SONETOS




por Teódulo López Meléndez

El renacimiento literario inglés se sucede en la época del reinado de Isabel. Tiene dos fases: una imitación de lo clásico, a través de Italia y, otra, de libertad de pensamiento bajo la influencia de los pensadores germánicos y que conduce al orgullo nacional y a la separación de la Iglesia Anglicana. Una de las características de este renacimiento, en lo literario claro está, es la armonía entre lo culto y lo popular. Por esta razón, en Inglaterra, el renacimiento se une al medioevo sin violencia, de una manera suavemente renovadora. Con Shakespeare se produce la cumbre de una época. El poeta, desde sus primeros dramas, girará en torno a la visión convencional típica de su cultura y de su tiempo, para ir, poco a poco, dejando entrar la realidad con todos sus elementos (el tiempo, la muerte, la angustia, los impulsos oscuros del alma humana). Shakespeare procura dar un orden a esta realidad, teniendo en sus últimos dramas una actitud “positiva”, de dialéctica entre las contradicciones del ser y la búsqueda de símbolos de reconciliación y de renacimiento de los valores.

El estilo de Shakespeare es complejo, iniciado con la simple exposición de los temas (dramas juveniles) hasta llegar a tratar la relación de una serie de sentimientos con otra. Esta capacidad la desarrolla con mayor fuerza en los sonetos. Se puede decir que aquí Shakespeare enacarna el descubrimiento renacentista del Yo. El soneto y el Yo reafirman una relación que los une desde los tiempos de Petrarca.

El volumen titulado Shakespare sonets fue publicado en 1609. La edición era desordenada, lo que ha llevado a la crítica a asegurar que el poeta no participó para nada en la edición. Los sonetos eran 154 (menos los dos últimos que se deben considerar no parte del contexto porque eran solamente una variación de la Antología Palatina). Los 152 que quedan se pueden dividir en dos grupos, del I al CXXNVI en cualquier manera conectados con un bello joven y del CXXVI al CLII en cualquier manera conectados con una dama morena. Se podrían hacer subdivisiones, como organizar juntos aquellos donde se propone matrimonio al joven bajo una desenfrenada pasión. La dama morena es, evidentemente, parte del entourage amoroso del joven amigo. Como vemos, lo sonetos de Shakespeare constituyen un conspicuo canto de homosexualidad, lo que no significa, no lo sabemos, que Shakespeare haya sido homosexual. Más interesante resulta saber que la segunda edición es de 1640 y que aparece un orden distinto, pues hay grupos titulados y fueron suprimidos 8 textos, aparte de que se cambia “amigo” por “amiga”, como buscando mitigar el escándalo que aún persistía. La tercera edición es de 1776, la cuarta de 1790 y la quinta (Cambridge) de 1864. No puede decirse que de edición a edición los textos hayan sido mejorados. La fecha misma de los sonetos ha sido puesta en discusión; al menos dos habían sido publicados antes de la primera edición y uno de ellos “The mortal Moon”, ha desatado numerosas especulaciones.

A lo largo del tiempo los estudiosos se han dividido: hay quienes encuentran en los sonetos de Shakespeare sólo ejercitaciones literarias a las maneras francesa, inglesa e italiana, escritas sólo para demostrar habilidad, en manera tal que no se debe buscar en ellos ningún rasgo autobiográfico. No creemos que este sea el caso, aunque en la época isabelina abundan ejemplos en este sentido. Otros críticos sostienen que existen en los sonetos tantas situaciones humanas particulares que es imposible pensar que se trate de simples ficciones. Lo que parece absolutamente normal en que en estos textos aparezcan temas, situaciones y expresiones propias del cancionero de aquellos tiempos. Finalmente, no falta quien asegure que los sonetos fueron escritos por cuenta de un tercero, lo que no parece históricamente válido.

Volvamos a nuestra primera división, una parte en la que se canta al joven amigo y en otra en la que canta a la dama morena. Esta última (26 sonetos) canta la aventura extraconyugal del autor, aventura meramente sexual que Shakespeare no trata, de ninguna manera, de justificar o espiritualizar, pero que es tan fuerte que le permite el descubrimiento de nuevos secretos humanos. Los críticos han discutido también sobre la identidad de la dama morena y si era una muchacha que Shakespeare conocía desde la primera juventud, lo que ha motivado una discusión sobre si los sonetos 153 y 154 son dedicados también a la misteriosa señora.

En esos sonetos se canta a lo “moreno” como sinónimo de belleza, se cuentan penas de amor, se despliega un fuerte erotismo, se manifiestan celos y, finalmente, el compromiso, convencido el poeta que semejante dama no puede proporcionar fidelidad. La “dark lady” va desde el soneto 127 en adelante y una de las tantas interpretaciones que se han hecho es que esta mujer, en un preciso momento, entorpeció las relaciones de los dos amigos(recordemos el joven al que van dedicados los primeros sonetos). Hay también ironía y sarcasmo, acusaciones a la mujer de haber roto la fidelidad conyugal ( lo que nos indica que era casada) y de haber incitado al poeta al mismo delito. Recordemos en el teatro de Shakespeare el sentido de repugnancia que le inspira el adulterio. Pareciera que la profunda naturaleza del hombre lo impulsa a una gran escrupulosidad moral, al mismo tiempo que se concede a un libertinaje ejercido con abandono y cordialidad, con un divertido sentido de liberación. Los ejemplos son muchos y variados: en el soneto 127 defiende el color moreno; en el 131 se lamenta de la crueldad de la amada; en el 147: “My love is as fever longing still...”

Sobre el lenguaje de Shakespeare en relación con su tiempo se han hecho numerosos estudios que abarcan desde los contrastes con la tradición y sus nexos con ella, hasta los planos estilísticos y expresivos en conexión con la poesía metafísica del seiscientos inglés. Detenerse en los vericuetos del inglés isabelino parece absurdo, siendo preferible destacar la eficiencia y calidad del lenguaje, las imágenes y metáforas y el uso de ciertos símbolos. Hay que advertir que en los tiempos de Shakespeare no existía preocupación alguna por la originalidad de los temas, era la calidad de la poesía, en el uso del lenguaje y en la fuerza de las imágenes, donde se ponía el interés. Por lo demás, Shakespeare usó en sus sonetos una técnica dramática con un sentido de secuencia, de continuidad, que hasta cierto punto nos podría conducir a hablar de “narración” de una aventura humana. Agreguemos que el amor en Shakespeare es neoplatónico, que prevalecen en los sonetos una intensa musicalidad interna y que es un tanto discursivo. La vejez y la muerte asoman entre los versos y todo se lo recuerda, los objetos, el poniente, las flores que se marchitan.

teodulolopezm@yahoo.com

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